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Atender las Desigualdades en México es un asunto de seguridad nacional: Raymundo Campos, CEEY

• La movilidad social es casi inexistente: 3 de cada 4 mexicanos que nacen en pobreza se quedarán pobres toda su vida.

•       1 de cada 3 estados han sido capaces de desarrollarse en los últimos 40 años. Chiapas el día de hoy es más pobre en términos de PIB por habitante que en 1980. Y es el estado con menor movilidad social ascendente.

•       La esperanza de vida de una persona pobre es, en promedio, 20 años menor que la de una persona de mayores ingresos.

•       55% de las mujeres no tienen trabajos remunerados, y quienes sí perciben un salario, reciben 23% menos que los hombres.

•       A causa de la discriminación y estereotipos de género, el 80% de las mujeres indígenas vive en pobreza.

Ciudad de México, 15 de noviembre de 2022. En México la movilidad social ascendente es casi inexistente: solo 4 de cada 100 personas logran entrar en el grupo de mayores ingresos económicos. En contraste, 3 de cada 4 mexicanos que nacen en la pobreza se quedan pobres toda su vida. Por otro lado, solo 1 de cada 3 estados han sido capaces de desarrollarse en los últimos 40 años. Por ejemplo, Chiapas —el estado más pobre del país— tiene menor ingreso por habitante hoy que hace 40 años. “El desarrollo incluyente es un asunto de seguridad nacional. La integridad del país depende de que el crecimiento económico llegue a todos los rincones y regiones de México”, advierte Raymundo Campos, autor de Desigualdades. Por qué nos beneficia un país más igualitario, la más reciente publicación del CEEY.

En nueve capítulos, el autor proporciona evidencia sobre cómo las diferentes desigualdades afectan a México y reflexiona sobre su alcance, profundidad y consecuencias. Afirma, por ejemplo, que desde 1895 no se han cerrado las brechas económicas y sociales entre el sur y el resto del país. Así, la desigualdad regional no se ha podido disminuir en al menos 130 años. Este resultado “no es algo natural, si no una decisión en política”.

México es un país que vive múltiples desigualdades y afectan a todas las personas. La más notable es la de ingresos. Pero el país sufre de otras desigualdades como son la de riqueza y la de oportunidades —que están estrechamente vinculadas con la infraestructura de escuelas, hospitales, transporte, espacios públicos o recreativos, trabajo y el hogar—; o la desigualdad en el trato, es decir la discriminación.

Con respecto a la desigualdad por motivos de género, Raymundo Campos refiere un estudio realizado junto a Eva Arceo (profesora de la Universidad Iberoamericana), que consistió en enviar miles de currículas falsas a diferentes empresas, el cual concluyó que a las mujeres las juzgan más por su apariencia, personalidad y estado civil al momento de postularse a puestos de trabajo, que a los hombres.

Si tan sólo el 40% de las mujeres desocupadas se integrarán al campo laboral, el PIB de México aumentaría 43% en algunos años. Actualmente, el 55% de las mujeres no tienen trabajos remunerados, y quienes sí perciben un salario, este es 23% menor que el de los hombres. Además, tienen poca estabilidad laboral, realizan trabajos más precarios y se enfrentan a tener que dedicar más horas al trabajo doméstico. Por si fuera poco, la discriminación y los estereotipos de género contribuyen a que el 80% de las mujeres indígenas vivan en pobreza.

Con respecto a la discriminación por el tono de piel, Campos señala que las personas blancas perciben ingresos 54% mayores a los ingresos de una persona morena, y resalta la sobrerrepresentación de personas blancas en puestos directivos o cargos públicos de alto nivel. En gran medida, el autor atribuye la falta de soluciones a lo poco que se ha abordado el tema de la discriminación en estudios sobre economía y ciencias sociales realizados por economistas mexicanos, pues halló que de todos los estudios realizados entre 2000 y 2017, sólo 1% habla sobre discriminación y apenas 4 artículos mencionan la palabra indígena.

Por otro lado, en el país la esperanza de vida de una persona pobre es en promedio 20 años menor que una persona de mayores ingresos. Esto principalmente se debe a la falta de infraestructura y de servicios, además de la violencia que padecen las comunidades más rezagadas.

Las desigualdades nos terminan afectando a todos. Un país más igualitario nos ayudaría a tener un desarrollo económico más equilibrado y más justo. “Un Estado más fuerte y capaz es la única fuerza que puede reducir la desigualdad. Si el Estado no cambia, nos quedaremos sin armas para luchar contra ella”, concluye Campos.

Sobre el autor

Raymundo Campos Vázquez es doctor en economía por la Universidad de California, Berkeley, maestro en economía por El Colegio de México y licenciado en economía por el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Desde 2009 es profesor-investigador en el Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México. Asimismo, es investigador asociado externo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias.Ha obtenido diversos premios: Premio de Investigación 2018 otorgado por la Academia Mexicana de Ciencias, el primer lugar en el Premio Nacional de Finanzas Públicas otorgado por la Cámara de Diputados (2014 y 2016), el primer lugar en el Premio de Investigación en Economía Víctor Urquidi (2012), entre otros.