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Una vez efectuado el balance del 2022, y señalados los proyectos para el 2023 con la precisa guía para su consecución, es importante recordar dónde estamos y las cadenas que nos atenazan, ya que, desgraciadamente, no partimos de cero, la ‘tabula rasa’ sólo era posible en las tablillas de cera que permitían escribir y, calentándolas, se podían alisar y reescribir de nuevo.
Todos tenemos nuestra historia, nuestras vivencias, nuestra psico-fisiología, nuestros genes y nuestro entorno, evidentemente; por lo que son incorrectas las teorías de Platón (427 a.C. – 347 a.C.), Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.), John Locke (1632 – 1704), etc., que postulaban que los seres humanos nacemos con la mente vacía, sin cualidades innatas, y que todo el aprendizaje es fruto de las percepciones y experiencias propias.
Por eso, centrándonos en la situación político – social de nuestro pequeño país, Catalunya, me parece ilustrativo reproducir un comentario de la periodista alemana, Krystyna Schreiber, autora del libro ‘La independencia: cómo lo explican los catalanes, y cómo lo acabamos entendiendo nosotros’ (Die Übersetzung der Unabhängigkeit. Wie die Katalanen es erklären, wie wir es verstehen’, edit. Fabian Hille, Dresde, 2015).
Es preciso señalar que esta periodista a finales del siglo pasado estudió en Barcelona, en la Universidad Pompeu Fabra, donde obtuvo un diploma de traducción para alemán, catalán y castellano. Y desde el 2012 ha venido participando con organizaciones sociales en Catalunya, publicando entrevistas y ensayos políticos sobre el movimiento independentista catalán. Es decir, que es una periodista con amplios conocimientos de nuestra problemática.
El texto en cuestión, que data de octubre del 2015, pues su autora lo leyó en la presentación del citado libro, en la Universidad Humboldt de Berlín, desde entonces corrió por las redes sociales, y hoy, un compañero de manifestación diaria en la avenida Meridiana de Barcelona, me lo ha reenviado y recordado, y es el siguiente:
‘El hacha y el bonsái
(…) llevamos 300 años desconfiando de los catalanes, temiendo que se hiciesen lo suficientemente potentes como para dejarnos. Eso nos ha hecho tratarlos como un bonsái (los pequeños árboles japoneses): asfixiándolos (sin que se note) con alambres para que crezcan poco y bajo control, en una maceta pequeña y con el agua a cuenta gotas.
Les damos competencias, pero las justas y además nos quedamos las funciones (en Alemania la educación depende de los ‘Länder’, no del Ministerio central como aquí). Les damos dinero, pero el justo, haciendo que siempre estén endeudados y dependientes. Les damos infraestructuras, pero tarde y siempre algo por debajo de lo acordado. Les damos, sí. Pero poco, porque recelamos que el bonsái se nos escape de las manos. La verdad, no entendemos por qué el desagradecido roble quiere dejar de ser bonsái, con lo bien que queda en nuestra estantería. Pero, obstinado, él sueña con ser árbol.
Y como vemos que los alambres no bastan ya, ahora le enseñamos nuestra hacha. Hecha con nuestra afilada Ley.
Después de la consulta participativa del 9-N en Catalunya, la Fiscalía Superior de Catalunya está siendo presionada por el gobierno de España y la Fiscalía del Estado para presentar una querella contra el presidente de la Generalitat, Artur Mas, su vicepresidenta, Joana Ortega, y la ministra de Educación, Irene Rigau, por presunta desobediencia, malversación y prevaricación de funciones y obstrucción de justicia.
Su crimen consiste en haber facilitado que más de dos millones de ciudadanos europeos pudieran expresar su opinión en una encuesta popular sobre el futuro político de su pueblo, derechos inalienables de las personas y de los pueblos, recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (…)’
(https://quatrebarresblog.wordpress.com/2015/10/24)
Y todos sabemos que, tras esa consulta del proceso participativo sobre el futuro político de Catalunya efectuado el 9 de Noviembre del 2014, tres años después, el 1 de Octubre del 2017, nos atrevimos e hicimos un referéndum, que ganamos los independentistas, a pesar de tener todo un estado con sus cloacas en contra. Y, desde entonces, nos reprimen todavía más.
En el Decreto de Nueva Planta (1716), entre otras medidas para arrasar todo lo que representaba Catalunya, Felipe V (el primer Borbón) adoptó medidas para castellanizarnos con medidas de todo tipo, desde las más duras y represivas, hasta las sibilinas, ‘para que se consiga el efecto sin que se note el cuidado’, pues, en ese mismo texto decía que ‘los catalanes son apasionados a su patria, con tal exceso que les hace trastornar el uso de la razón y solamente hablan en su lengua nativa’; afirmando, asimismo:
‘(…) pero como a cada nación parece que señaló la naturaleza su idioma particular, tiene esto mucho que vencer el arte y se necesita de algún tiempo para lograrlo, y más cuando el genio de la nación como el de los catalanes es tenaz, altivo y amante de las cosas de su país, y por eso parece conveniente dar sobre estos instrucciones y providencias muy templadas y disimuladas, de manera que se consiga el efecto sin que se note el cuidado (…)’
Pero desde el 2014, al estado español, en su barbarie, ya le es indiferente que se note el ‘cuidado’, es más, quieren que ese ‘cuidado’ sea bien visible, ejemplarizante y que sirva de escarmiento ante futuros nuevos intentos secesionistas. Y si bien, el citado decreto de 1716 reconocía Catalunya como nación, con su genio tenaz y altivo, ahora, en tiempos del Borbón actual, ya ni esto nos reconocen. Este es el progreso español.
Un estado democrático moderno, haría todo lo posible para que todos sus ciudadanos estuvieran a gusto en su estado, y no quisieran marchar, por más que pudiesen hacerlo. Pero, al revés, en su defectuosa ‘democracia’ prefieren tenernos atados, encadenados, que soportemos su maltrato y explotación, mantenernos como bonsáis controlables, disminuidos y capados y, claro, enseñándonos amenazadoramente el hacha de su ley de su constitución.
Y sabemos que en la sopa del estado español hay ingredientes de todo tipo, pues están todos los poderes, entrenados y dispuestos para ir contra los independentistas catalanes, y, entre esos poderes, como no, también están los medios de comunicación, mejor dicho, de propaganda. Y así, crean su relato, que la ciudadanía unionista / españolista come, llenándose completamente los carrillos, sin tener después una pesada digestión, pues ya están acostumbrados y satisfechos con esa ‘sabrosa’ sopa.
Por eso, es importante recordar que el filósofo y matemático Bertrand Russell (1872 – 1970) defendía que ‘de una afirmación falsa se puede deducir cualquier cosa’.
En una conferencia, alguien entre el público formuló al filósofo una cuestión provocativa:
‘Si dos más dos son cinco, ¿se sigue de ello que yo soy el papa?’
Russell aceptó el desafío y, con una agilidad mental increíble, se sacó de la manga una ingeniosa respuesta:
‘Si dos más dos son cinco, cuatro es igual a cinco. Si restamos tres a ambos lados de la ecuación, tenemos que uno es igual a dos. El Papa y yo somos dos. Como dos es igual a uno, entonces yo soy el Papa’.
Obviamente, ser ético y coherente, comporta un coste, Russell, en 1916, fue multado por negarse a alistarse para participar en la Primera Guerra Mundial, y por sus convicciones pacifistas perdió la cátedra en el Trinity College (Cambridge), y fue encarcelado seis meses.
Siguiendo con su filosofía, y aplicándola a nuestra situación, debemos huir de las formulaciones tautológicas del estado español, de su relato, que considera que son verdaderas sea cual sea el valor de verdad asignada a sus componentes proposicionales elementales.
(en lógica, una tautología es una fórmula o afirmación que es cierta en todas las interpretaciones posibles. Un ejemplo: x = y; o x ¹ y; es decir, la pelota es roja, o la pelota no es roja).
Por lo tanto, todos los catalanes, independentistas y ‘dependentistas’ (pues incluso el término unionista está incorrectamente aplicado, ya que, en el relato del estado español, a los catalanes se nos considera colonizados; los conquistadores castellanos nunca se nos asimilarán ni dejarán que nos asimilemos), por eso, todos los catalanes deberíamos ser demócratas, deberíamos querer crecer, dejar de ser un mero y artificial bonsái, dejar de temer al hacha de los verdugos, y dejar de comulgar con afirmaciones que nos digan que ‘dos más dos son cinco’.
En definitiva, que todos deberíamos querer SER lo que SOMOS y lo que DEBERÍAMOS SER.
Y ese debería ser nuestro principal propósito para este 2023.