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¿De qué hablamos cuando hablamos de educación?

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) el pasado martes 5, publicó su Informe Pisa, (Programme for International Student Assessment’; Programa Internacional para la evaluación de los estudiantes) que mide la capacidad que tienen los alumnos de 15 años, en 79 países, para resolver problemas, tener un pensamiento crítico y comunicarse correctamente, es decir, evalúa tres competencias: competencia matemática, científica y lectora. Y que, desgraciadamente, no se evalúen competencias en áreas humanísticas (historia, filosofía, arte, etc.), no es más que un triste reflejo de la sociedad en la que vivimos.

Es obvio que la incidencia de la pandemia afectó en todos los países, pero, es evidente, también, que las familias con más recursos económicos, indistintamente del país, tenían, tuvieron y siguen teniendo más y mejores opciones para posibilitar la cualificación de sus hijos.

Pero, también es obvio que, a nivel global, estadísticamente, los datos resultantes en ese informe facilitan una fotografía puntual, que, permite ver la evolución, la tendencia. Y esa evolución es realmente importante, claro; pero su análisis ha de ser debidamente ponderado, en función de las múltiples particularidades que inciden.

En mi escrito de ayer, comenté que Anna Simó Castelló, la ‘consellera’ de educación de la Generalitat de Catalunya había valorado que los pésimos resultados en Catalunya eran debidos a una sobrerepresentación de la población estudiantil inmigrante. Vistas las inmediatas críticas, por su tinte xenófobo, por la tarde emitió el siguiente mensaje por la red X (anterior twitter): ‘Sobre PISA, no hay excusas. Tenemos un problema que tenemos identificado y que estamos trabajando para resolver. Esto va de pobreza infantil y segregación escolar, y este Gobierno está trabajando como nadie para abordarlo’. Es decir, que la muestra adoptada para el estudio Pisa, por lo visto, fue correcta.

Es evidente que Catalunya está infrafinanciada, desde hace muchas décadas, pero, aún así, nunca había quedado como una de las peores comunidades autonómicas españolas.

También es cierto que Catalunya es la comunidad autonómica con mayor concentración de inmigrantes, pues, según el instituto nacional de estadística (INE), en este año 2023, en el total del estado español, los extranjeros representan el 11,44% de la población, en Catalunya, el 15,96%, y en Madrid, que es la siguiente con mayor índice, es Madrid, con el 15,79%.

Y en ese índice no se incluyen, como es lógico, los nacionalizados, los que tienen doble nacionalidad, pues, a todos los efectos, esa población, esas familias, son plenamente catalanas, en nuestro caso. Y tampoco están los ‘sin papeles’.

Ese fenómeno tiene una similar incidencia este año, como en años precedentes, si bien ha ido aumentando sustancialmente respecto al año 2000, que la población inmigrante en España representaba el 2,28% y en Catalunya el 2,90%; y, claro, a pesar de la infrafinanciación de Catalunya, la Generalitat ha de hacer frente a la problemática que comporta un incremento de casi 13 puntos.

Otro aspecto a resaltar es que las comunidades consideradas locomotoras de la economía española, como son Madrid, Catalunya, Valencia y Andalucía, son las que tienen mayor número de escolarización concertada (centros privados con financiación pública), en los cuales, los niños deben abonar unas cuotas que oscilan entre los 200 y los 500€, si bien el coste de la matrícula depende de las instalaciones. El 56% de los estudiantes asisten a la educación pública, el 36% a la concertada y el 8% a la privada.

La financiación de la educación concertada se basa en un contrato de concierto entre el centro educativo y la administración, así, la Generalitat abona los salarios del profesorado de los centros concertados, y otros gastos, como la subvención adicional de la Generalitat a la concertada, que oscila entre los 700 y los 1000€, por niño, siempre que acoja a más de un 10% del alumnado con necesidades educativas específicas (riesgo de pobreza, origen extranjero, o con alguna discapacidad)

Y esa concentración de la escolarización concertada, es debida a diferentes factores: la distribución geográfica de los municipios, la dispersión de la población, etc., pero, también, y fundamentalmente, la ideología liberal, en gran medida, de sus respectivos gobiernos autonómicas, si bien Andalucía había sido gobernada casi durante cuatro décadas por el PSOE, por lo que requiere un análisis más preciso.

Como vemos, analizar este tema es muy complejo, pues deberían contemplarse las condiciones laborales (salariales, horarios, formativas, rotación, etc.) de los profesionales, su ‘prestigio y reconocimiento social’ (que actualmente es muy bajo), etc. Y, claro, desde hace unas décadas, los políticos y las familias, por comodidad, por falta de tiempo o por capacitación, hemos delegado / traspasado muchos ámbitos educativos a los profesores: la educación sexual, la cívica, la sanitaria, el feminismo, el cambio climático, etc.; y eso influye en la sobrecarga de los docentes, y en una merma de las horas dedicadas a las materias troncales. Y esos docentes, además, en determinados colegios, tienen en sus aulas una verdadera torre de babel, con su compleja problemática para asimilarlos / integrarlos.

Por eso, me parece claro que, tras 40 años de gestión por parte de la Generalitat, ahora, la ‘consellera’ diga: ‘Tenemos un problema que tenemos identificado y que estamos trabajando para resolver. Esto va de pobreza infantil y segregación escolar, y este Gobierno está trabajando como nadie para abordarlo’.

Es evidente que no sólo va de aplicar nuevos planes de estudio, ni de introducir mejoras cosméticas, pues, como dijo el pedagogo Gregorio Luri, que cité ayer: ‘en el sistema educativo catalán ‘se ha confundido la mejora con la innovación, hemos sustituido lo que es bueno por lo que es nuevo, si una cosa se plantea como nueva e innovadora, ya parece que le hemos de abrir las puertas. Y ahora Pisa nos demuestra que esto no funciona (…)’

Esta confusión no se da únicamente en el área de la educación, en la empresa privada también pasa exactamente así, cualquier nuevo fichaje, cualquier nueva contratación, era y es, considerada como mucho mejor, que los trabajadores veteranos; eso lo he vivido muchísimas veces, en mis más de 4 décadas en una multinacional.

Por todo esto, mientras ahora todos los políticos, politólogos y tertulianos se creen especialistas en educación (como antes se consideraban epidemiólogos, abogados, economistas, vulcanólogos, según el problema de cada momento); unos defendiendo el sistema actual, otros criticándolo. Y, claro, así no iremos a ningún lugar ni solucionaremos el problema.

Esta situación me ha recordado que en el año 2007, el escritor japonés Haruki Murakami publicó un libro titulado ‘De qué hablo cuando hablo de correr’, en el que explica sus diferentes fases vitales (regentando un pub, novelista, y corredor de maratones y triatlones, como hobby, desde sus 33 años, etc., con diferentes pensamientos, centrados, fundamentalmente, su vida, (como si se tratara de sus memorias) y, en menor medida (a pesar del título), en su esfuerzo como corredor, entre ellos los siguientes, y el autor remarca, en diferentes momentos, que ‘al escribir, no es que ponga por escrito lo que piensa, sino que pienso mientras escribo’:

‘Mientras corro pienso, de improviso, que tampoco pasa nada si no consigo mejorar mis marcas. He envejecido y el tiempo se ha cobrado sus cuotas. Nadie tiene la culpa. Son las reglas del juego

(…)

Mientras corro, tal vez piense en los ríos. Tal vez piense en las nubes. Pero, en sustancia, no pienso en nada. Simplemente sigo corriendo en medio de ese silencio que añoraba, en medio de ese coqueto y artesanal vacío. Es realmente estupendo. Digan lo que digan.

(…)

Los días que hace frío, pienso un poco en el frío. Los días que hace claro, pienso un poco en el calor

(…)

Tengo un mal perder, no me gusta nada, pero estoy bastante acostumbrado a perder. Hay en este mundo un montón de cosas que exceden mi capacidad, y un montón de adversarios a los que jamás vencería.

Es decir, Murakami, al correr, si piensa, piensa en mil cosas, no exclusivamente en la carrera. Y así, al hablar de la educación, no sólo debemos hablar de sus problemas, si no que debemos enmarcarlos en los problemas de nuestra sociedad, con todas sus complejidades.

Pero, como he comentado más arriba, las familias, por lo general, hemos delegado / traspasado muchas responsabilidades a los docentes; y, a la vez, la ciudadanía, en general, considera que al tratar cualquier tema: todo acaba politizándose, que todos los políticos son unos corruptos, etc., es decir, de forma mayoritaria, consideran que debe desvincularse la política de la vida cotidiana. Un craso (*) y grave error, pues, si vivimos en comunidad, todos somos políticos y todo es política. Según los griegos clásicos, el idiota (idios) era la persona a la que solo le interesaban sus asuntos privados y despreciaba e ignoraba los asuntos públicos. Otra cosa es diferenciar esa política, de la política partidista y electoral, que, ésta sí, en gran medida, merece muchas críticas.

(*) En el siglo I a.C., Marco Licinio Craso formó parte del triunvirato en el año 59 a.C., junto a Cneo Pompeyo y Julio César. Craso, acomplejado por su inferior carrera militar, decidió invadir Partia (actual Irán) y marchó al mando de 42.000 soldados. Los partos sólo tenían 10.000 soldados, pero la mejor estrategia y pericia de Surenas, derrotó a Craso en la batalla de Carras. Esa derrota pasó a formar la expresión ‘craso error’ 

Ayer, en un articulo de la filósofa Eulàlia Bosch (Ara, 6 de diciembre), comentó que en un congreso, conoció al profesor Denis Fraser, catedrático emérito de matemáticas de la McGill University y de Monreal, y le preguntó ¿de qué hablan exactamente las matemáticas?, y el profesor, tras un momento, le contestó: ‘las matemáticas hablan de modelos, detrás de cada uno de ellos, hay una estructura matemática que es calculable’.

Es sabido que las ciencias sociales, y la pedagogía es una de ellas, son interdisciplinares, transversales, y, el investigador, al ser parte del colectivo, nunca es neutro; y, también, que la conducta humana es totalmente abierta, con muchas variables y consecuencias.

Por eso, la conducta humana no es calculable, como las estructuras matemáticas. Pero, sí que en las ciencias sociales se habla de modelos, y precisamente, como sociedad, deberíamos tener claro qué modelo educativo queremos compartir, pues, así, podrán determinarse los programas, las herramientas precisas, evitando, al máximo posible, todo tipo de segregación. A mi modo de ver, debería potenciarse la educación publica, en detrimento de la concertada, que me parece que es un modelo híbrido, difícil de asumir, ya que, en realidad, prima el beneficio privado de su colegio / empresa, 

Y, como sociedad, deberíamos superar los privilegios de clase, deberíamos dejar de primar las escuelas elitistas, obviar los orígenes y las familias de procedencia, únicamente centrarnos y primar las evaluaciones específicas requeridas en cada caso. Nada más y nada menos.

Para finalizar, todo nos lleva a un mismo punto, y es que, para gestionar debidamente nuestras necesidades, debemos tener, forzosamente, la independencia. Sólo gestionando íntegramente los recursos que generamos, podremos superar la situación crítica en la que estamos: según un informe de la UNICEF, publicado ayer, España (y Catalunya) es el segundo país con más pobreza infantil de la UE, pues más de uno de cada cuatro niños viven en una situación de pobreza. Y si se toma como referencia la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE), que incorpora una perspectiva de pobreza infantil que no se limita a los aspectos económicos, los datos son todavía peores, la cifra se eleva al 31,7%

Debemos considerar que todo es política, y que todos somos o deberíamos ser políticos críticos y exigentes, pues, solo así, podremos pedir responsabilidades a los políticos profesionales, exigirles capacidad para definir los verdaderos problemas, establecer modelos para solventarlos, y, claro, explicarlos, de la forma más didáctica, a la ciudadanía, que, sólo así, no será ajena.

Deberíamos exigir políticos profesionales que tengan experiencia en sus respectivos ámbitos, no que ocupen su poltrona por cuotas de género o por la fidelidad a su respectivo partido. Pero, por lo que vemos, tenemos unos políticos mediocres, grises, salvo mínimas excepciones, y si esos nos han de llevar a la República Catalana, que nos cojan confesados, ya que solo se dedican a vender neveras en el polo norte y estufas en el desierto del Sahara, ese es su patrón.

¿De qué hablamos cuando hablamos de educación?, preguntaba al principio: pues hablar de educación es hablar de todo, de la sociedad en su complejidad y con progresiva mayor incidencia de inmigrantes. Y no se puede ‘solucionar’ con parches parciales y puntuales. Necesitamos intelectuales independientes y profesionales expertos en sus respectivas áreas, que se involucren en el gobierno, pero, claro, para ello, los responsables deberían apartar a todos los enchufados que ocupan altos cargos y bien remunerados, por fidelidad y ‘confianza’.

En definitiva, la solución viene y pasa por la ética y la moralidad, en todos los niveles, sólo así superaremos los recelos a los extranjeros, a los inmigrantes ya catalanes, a los pobres, a los sin recursos, en fin, sólo considerándonos una sociedad, una mancomunidad, una familia, podremos superar las actuales dificultades. Pues viendo los problemas en general, priorizándolos debidamente, aún con la infrafinanciación, deberíamos poder presentar una fotografía mucho mejor que la actual.  Y, en paralelo, favoreceríamos que los inmigrantes ya catalanes, se interesen por integrarse, por aprender nuestra lengua e historia; pues eso, también mejorará notablemente a nuestra sociedad.