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Ni blanco, ni negro, ni todo lo contrario

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

La información que nos va invadiendo es tan variada y dispar que, a mi parecer, lo único que provoca es desconcierto, desconfianza y potencia nuestro desconocimiento, como intento explicar en este escrito.

Esta mañana hemos oído que el ChatGPT dispara el consumo de energía y de agua. Todos suponíamos que el uso de la inteligencia artificial (IA) tiene elementos negativos, pues nada es inocuo; pero muchos desconocíamos que, según ha comunicado National Geographic, cada consulta que crea un texto de 100 palabras, de media, consume 519 mililitros de agua, para refrigerar el sistema. Así, cada vez que el mencionado chat responde 10 preguntas, gasta 1 litro de agua. Consumo que se ha multiplicado estos días, con la moda de convertir una fotografía en ilustraciones de manga, pues, cada una de estas imágenes con sume entre 0,01 y 0,1 kilowatios / hora. Y esa gran cantidad de energía hace que los servidores se calienten y para refrigerarlo necesita el equivalente a una cucharada de agua. 

‘(…) Y en ese informe se indica que, si sólo el 10% de la población activa en los EUA hiciera servir este chat semanalmente, el consumo anual de agua ascendería a más de 435 millones de litros de agua, lo que sería suficiente para proveer todas las casas de un estado como Rhode Island, de un millón de habitantes, durante un día y medio.

Cada respuesta del chart, de 100 palabras, implica un consumo medio de 0,14 Kwh, suficiente para alimentar 14 bombillas LED durante una hora; y multiplicado por millones de usuarios, el impacto es enorme. Y si el 10% de los trabajadores de los EUA usase esta tecnología semanalmente, el gasto anual de electricidad equivaldría al consumo energético de todos los hogares de Washington, D. C., de más de 600.000 habitantes, durante 20 días.

El Chat de IA comporta un consumo energético entre 4 y 5 veces que una búsqueda en Google, ya que la potencia de la IA efectúa una búsqueda mucho más potente.

Y esa tarea genera una gran cantidad de calor, que se ha calculado que produce el 2 % de las emisiones mundiales de carbono, una cifra que podría multiplicarse por 10, en el año 2030.

Ante estas cifras, de cada vez más alarmantes, las empresas de IA se han comprometido a diseñar circuitos cerrados que permitan reutilizar el agua. Por ejemplo, Microsoft firmó un acuerdo para comprar toda la energía generada por el reactor nuclear de Three Mile Island, cerrado desde 2019, que permite reducir el consumo eléctrico en su centro de datos, pero el reactor no estará operativo hasta finales del 2028, y persisten preocupaciones sobre la gestión de residuos radiactivos.

Por su parte, Google se ha comprometido que, en el 2030, se pueda reposar el 120% del agua utilizada, pues, actualmente, sólo consiguen reciclar el 18% del agua que se consumió el 2023.  Otras empresas intentan reducir el gasto energético, enfriando los servidores con aire acondicionado, si bien eso también supone un aumento del consumo eléctrico.

(fuente: Marta Sánchez Iranzo, Elnacional.cat, 2 de abril del 2025)

Como he señalado, ninguna acción humana es neutra, pues, al margen de las posibles ventajas, siempre tienen negatividades, ya que dejan una huella en el sistema.

‘(…) Según un informe de Aguasresiduales.info, el 70% de la huella hídrica a nivel mundial, está relacionada con lo que comemos. Según la Organización de las UN para la Alimentación y la Agricultura (FAO), para producir alimentos se requieren enormes cantidades de agua, siendo la carne el producto que más litros precisa para su elaboración (15.400 litros de agua para producir 1 kg de ternera; 8.700 litros, para 1 kg de cordero; cerca de 6.000 litros, para 1 Kg de cerdo; y 4.300 litros, para 1 Kg de pollo). 1 kg de lechuga, necesita 13 litros de agua; 1 Kg de patatas, 25 litros; 1 litro de leche, 1.000 litros de agua; 1 Kg de arroz, 1.700 litros de agua; 1 Kg de trigo, 500 litros de agua; 1 caña de cerveza, 106 litros de agua; 1 botella de vino, 720 litros de agua; 1 taza de té, 35 litros de agua; etc.

La huella hídrica (HH) es un indicador medioambiental que define el volumen de agua dulce total usada para producir los bienes y servicios que habitualmente consumimos. La HH puede variar, atendiendo a su origen: HHverde (lluvia, nieve, etc.), HHazul (fuentes naturales), HHgris (agua contaminada reciclada). 

Y según la Fundación Aquae, España es el segundo país con mayor HH de Europa. 

(https://search.app/SPBRUvTcrCvKps6AA)

Evidentemente, la mayor parte de las industrias tienen su HH, y las textiles reflejan datos espectaculares, pues, para producir unos pantalones vaqueros (jeans), se requieren 7.000 litros de agua, pues el algodón precisa gran cantidad de agua; a nivel mundial, el cultivo de algodón supone el consumo de más del 3% de agua consumida en el planeta.

Las empresas de alimentación, confección, energéticas, productos químicos y farmacéuticos y la minería, en conjunto, consumen el 70% del agua.  Asimismo, en la agricultura y la ganadería, se desperdicia el 57% del total utilizado, por las ineficientes estructuras de riego.

Es evidente que, si globalmente no nos espabilamos para desalinizar agua del mar, dejaremos a nuestros nietos un planeta invivible, similar al presentado en la mítica película ‘Blade Runner’, dirigida por Ridley Scott en 1982, y en otras películas distópicas.

Ahora bien, ante este panorama, no es aceptable ni moral ni éticamente, que se acumulen las grandes fortunas en pocas manos; muchas de ellas directamente implicadas en el despilfarro de los recursos hídricos y energéticos.

La revista Forbes publicó ayer la lista de los más ricos del mundo, y vemos que Elon Musk (X y Tesla), con 316.401 millones de dólares, ostenta el primer lugar; Mark Zuckerberg (Meta) con 199.970 millones de %, ocupa el segundo lugar; Jeff Bezos (Amazon) con 198.902 millones, el tercer lugar; Larry Ellison (Oracle), con 177.624, el cuarto lugar; etc.

Y no es admisible, que esas grandes corporaciones, mediante la ingeniería financiera, y la utilización de paraísos fiscales, encima, se libren de pagar los impuestos que les corresponden.

Es evidente que todo avance en determinado campo, comporta un retroceso en otro u otros. Por eso, deberíamos concienciarnos, mundialmente, para reducir la HH. Y, a nivel particular, deberíamos actuar glocalmente (pensar globalmente y actuar localmente); pero, claro, las tentaciones son infinitas, y no estamos dispuestos a dejar de efectuar viajes, cuanto más lejos mejor, con todo lo que comporta. Y, encima, ahora, como sabemos, consumiendo recursos hídricos y energéticos, por la utilización de los servidores telemáticos.

Y claro, ante una situación tan compleja, deberíamos estar gobernados por verdaderos estadistas, con visión global; pero no es así, tenemos unos mediocres personajillos entretenidos mirándose su ombligo.

Por eso, es necesario que dejemos de ser egoístas y, asimismo, dejar de seguir engañados, para poder discernir los pros y contras de todo tipo de actos.

Tengo un claro ejemplo pues, hace un par de días, visitamos la exposición ‘Amazônia’ de Sebastiào Ribeiro Salgado, musicada por Jean-Michel Jarre, y comisariada y diseñada por la esposa de Salgado, Lélia Deluiz Wanick Salgado. Y, evidentemente, esta exposición me pareció excelente, con una salvedad, yo creo que, si bien las fotografías en blanco y negro tienen un encanto y una gran estética, a mi me parece que sacrificar el color, es una gran pérdida, ya que la selva, los indígenas con sus vestidos y tatuajes, etc., tienen una riqueza expresiva, que es una pena no poder contemplarla.

Ahora bien, como he dicho, toda actuación tiene sus negatividades, y sé que el fotógrafo Salgado, desde hace décadas, ha tenido y tiene críticas considerables, pues, si bien es reconocido como una súper estrella en la tradición de Robert Capa, Chim y Henri Cartier-Bresson, etc., también ha recibido serías críticas:

‘(…) Jean-François Chevrier (Le Monde) le acusó ‘de hacer ‘voyeurismo sentimental’ y de aprovecharse del sufrimiento de los demás para hacer arte (…) Parafraseando a Javier Ferreira, el fotógrafo podría convertirse en un coleccionista de la miseria ajena y un retorcido recopilador de la crueldad y la injusticia para transfigurar al sujeto, morbosamente, en objeto de contemplación artística. Incluso se le ha calificado de frívolo y de dramatizar excesivamente el sufrimiento ajeno hasta convertirlo en un ‘esteta de la miseria’’.

Susan Sontang también arremetió contra Salgado: ‘Una foto puede ser terrible y bella. Otra cuestión: si puede ser verdadera y bella. Este es el principal reproche a las fotografías de Sebastiâo Salgado. Porque la gente, cuando ve una de sus fotos, tan sumamente bellas, sospecha. Con Salgado hay otro tipo de problemas. Él nunca da nombres. La ausencia de nombres limita la veracidad de su trabajo. Ahora bien, con independencia de Salgado y sus métodos, no creo yo que la belleza y la veracidad sean incompatibles. Pero es verdad que la gente identifica la belleza con el fotograma y el fotograma, inevitablemente, con la ficción’.

Lewis Hine dotó de nombre y apellidos a sus niños trabajadores para convertirlos en personas y no en objetos. Como anota Michael Kimmelmann ‘los nombres convierten a las personas en individuos’ Salgado es el protagonista de su obra donde se arguye que sus sujetos se convierten en mera escenografía del genial y épico drama salgadiano. ‘En las fotografías espléndidas -pero repetidamente- compuestas, su dominio de la luz, estilo reconocible e incansable idealización, abordan el escenario central, dejando a los trabajadores en papeles segundones del drama en el que el fotógrafo es la verdadera estrella (…) La belleza es una llamada a la contemplación, y no a la acción’

(…) 

Si Richard Avedon se enriquecía cobrando sumas exorbitantes por un retrato sencillo y firmó el primer contrato por un millón de dólares con Vogue, parecía perdonársele porque estaba en el mundo de la moda. Pero ¿se le perdona a un embajador de la UNICEF como Salgado?

(…) 

Como indica Levi-Strauss, algunas de las críticas que recibe el brasileño Salgado, se enraízan en las ideas de Walter Benjamín, plasmadas en su ensayo ‘The Author As Producer’ en donde habla de ‘el modo en que ciertos fotógrafos proceden para hacer de la miseria humana un objeto de consumo’ (…)

(https://search.app/z52JAanAaKZKXw2DA)

En definitiva, me ha parecido interesante juntar en este escrito el consumo energético (en general y de la IA en particular) y las fotografías de Salgado, pues, en ambos casos se contraponen las ventajas y la belleza estética, frente al despilfarro y desprecio humano.

He de reconocer que utilizo los medios telemáticos, y la exposición mencionada me pareció espléndida, excelente, pero, claro, es preciso que sepamos entender / comprender, el trasfondo de todo tipo de actuaciones e informaciones.

De no ser así, en su momento, nuestros nietos podrán sentir, como el replicante Roy Batty en la mencionada película ‘Blade Runner’, en su famoso monólogo ‘Lágrimas en la lluvia’:

‘He visto cosas que vosotros los humanos no os creeríais nunca en la vida. He visto cómo atacaban naves incendiadas más allá de Orión. He visto rayos C que brillan en la oscuridad de la Puerta de Tannhäuser. Todos estos momentos seguro que se perderán con el tiempo … como lágrimas en la lluvia. Es la hora de morir’.