
Imagogenia
@mar_naa
En el universo de la comunicación política contemporánea, sobre todo si tomamos en cuenta el entorno digital, no existe espacio para la ambigüedad. Cada palabra dicha —o escrita— puede convertirse en munición para una mala construcción de percepciones. Y es que la imagen pública, especialmente en el entorno digital, se construye desde las ideas, pero también en cómo estas se formulan. Por eso, es urgente subrayar la responsabilidad que tienen las figuras públicas al momento de comunicarse. Porque sí, el lenguaje también es poder, pero un poder que, mal usado, o por un mínimo que error se puede volver en contra de quien lo empuña.
Y eso es justo lo que le pasó a la ex primera dama, Beatriz Gutiérrez Müller, que al felicitar en redes sociales a la presidenta Claudia Sheinbaum por su cumpleaños número 63, incluyó una frase que desató la polémica: “que la inteligencia, que NO le sobra, siga siendo su guía”. Más allá de la posible intención amistosa del mensaje, lo que se interpretó —y viralizó— fue una aparente crítica velada a la inteligencia de la presidenta. El error no fue sólo gramatical o de sintaxis; fue estratégico.
¿Por qué? Bueno, en redes sociales, donde la inmediatez prima sobre el análisis profundo, la publicación superó los 23 mil ‘me gusta’ y 3 mil 700 comentarios en unas pocas horas, siendo el post con más interacciones de la autora en lo que va del año, lamentable ¿no? Sin embargo, la mayoría de esos comentarios no celebraban la intención del mensaje, sino cuestionaban su redacción o aprovechaban el supuesto “desliz” para reforzar posturas adversas. Algunos interpretaron el comentario como una traición política, otros como una expresión de “sinceridad” y otros como una exposición pública de animosidad entre ambas. Y lo peor: el mensaje no fue editado, corregido, ni aclarado, ni siquiera horas después de su publicación.
Aquí hay algo que debe quedar claro: los errores, aunque humanos, no pueden tomarse a la ligera cuando se emiten desde una plataforma de poder. Mucho menos cuando la emisora es una académica reconocida y ex primera dama, y la destinataria es la presidenta en funciones. La comunicación política digital debe ser impecable, porque esta no admite margen de error, y si existe, debe corregirse de inmediato. No hacerlo, abre la puerta a la especulación, la desinformación y el desgaste innecesario de las relaciones públicas e institucionales.
Sin duda, Müller debió pasar a revisión el texto con alguno de sus asesores, porque, seamos honestos, las figuras públicas no están solas, cuentan con asesores, equipos de comunicación, especialistas en imagen y estrategia. Y no, no estamos hablando de censura sino de revisar, ajustar, contextualizar para evitar reacciones innecesarias. Porque la ortografía y la semántica no son detalles menores, una palabra mal empleada puede cambiar el sentido de toda una oración.
Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum optó por dar una respuesta diplomática. Agradeció la felicitación y elogió a Beatriz Gutiérrez Müller, restando importancia al incidente -bien hecho ahí, porque es evidente que fue un “error de dedo”-. Pero el que haya tenido que aclarar algo que debió ser una cortesía simple, evidencia el poder de las palabras.
A final, debemos entender que muchas veces este tipo de errores se magnifican, por lo que, en un mundo ideal, es responsabilidad de una figura pública -política o no- trabajar el doble: para cuidar lo que dice, y a su vez anticipar cómo será interpretado, en la medida de lo posible porque desde ahí se construye parte de la imagen de dicha figura. Filtrar los mensajes a través de asesores no es signo de debilidad, sino de profesionalismo y a su vez, es un proceso que dará cierta tranquilidad porque evitará que existan errores. En el entorno digital, las palabras permanecen, y muchas veces, se quedan para condenar.