Buscar

Constante campaña de españolización

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Desde los mencionados decretos de nueva planta firmados entre 1701 y 1719 por el primer Borbón, Felipe V (1683 – 1746), los catalanes hemos ido sufriendo una constante represión en todos los órdenes (derechos, cultura, economía, etc.), represión multiplicada con el franquismo, pero que continúa en la actualidad, aplicada, ahora, por el represor Salvador Illa, como explico a continuación.

Desde la investidura de Salvador Illa como 133 president de la Generalitat, el pasado 8 de agosto del 2024, hemos ido viendo sucesivos pasos de españolización de las instituciones catalanas, subordinándolas a la gobernanza del estado central (convirtiéndose en la sombra de Felipe VI y de Pedro Sánchez, en todas sus visitas a Catalunya), y llegando al extremo de introducir la bandera española en su antedespacho de president, es decir, forzando todos los formalismos, para reflejar la predominancia de la simbología españolista (incluso tergiversando festividades como la Diada de Sant Jordi, con una celebración paralela en Madrid)

Y una de las estrategias de esa españolización pasa, inexcusablemente, por la instrumentalización de 3Cat (TV3), la televisión catalana, reduciendo la notoriedad de las noticias catalanas (especialmente si corresponden al sector independentista), para dar cabida, de cada vez más, a noticias, incluso intrascendentes, del reino español; y, claro, introduciendo, de cada vez más el castellano, incluso en gran cantidad de los anuncios publicitarios.

Lo hemos visto por la gran cantidad de tiempo dedicado a la selección española de fútbol  femenino, así como a cualquier comentario sobre paridas de dirigentes del PP, especialmente, de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; y, por citar un tercer ejemplo, la propaganda de un concierto minoritario de la cantante Ana Belén (María del Pilar Cuesta Acosta) el pasado 26 de julio, en los Jardins de Terramar (Sitges) y, claro, entrevistando a varios asistentes, mayoritariamente en castellano, que tienen esa cantante, como a Víctor Manuel, Joan Manel Serrat y Joaquín Sabina, como referentes culturales.

Unos ‘referentes’ culturales que, como la supuesta ‘intelectualidad,’ (artistas, escritores, periodistas, etc.) siempre han sido españolísimos, por encima de todo; y con un republicanismo descafeinado, sometido al monarca Borbón, claro.

Y eso me lleva a descalificar a esos considerados (y autoconsiderados) ‘intelectuales’, pues, en todo momento, han mostrado una absoluta falta de carácter crítico respecto al statu quo, mientras han vertido toda su bilis contra los independentistas.

Y entre los que descalifico, incluyo a catalanes, obviamente, pues muchos de ellos, salvo honrosas excepciones, han permanecido callados o contrarios al movimiento independentista. Evidentemente que pueden discrepar y ser nacionalistas españoles, pero eso no quita para que sean críticos con la represión efectuada.

Y esos ‘referentes’, al tener un gran eco mediático, tienen, o deberían tener, una mayor responsabilidad social, y, por ejemplo, levantar su voz contra el genocidio que se está produciendo en Gaza, o contra el expolio de las obras de Sixena en el MNAC.

El pasado 27 de julio leí un artículo clarificador al respecto, de Assumpció Maresma Matas, titulado ‘Cuando la Generalitat no hace su papel, la sociedad civil ha de actuar: no dejemos solo al MNAC’. En ese artículo, escribió:

‘(…) ¿Os imagináis a Miró, Tàpies o Pau Casals de brazos plegados mientras ven lo que pasa? Es impensable. Es preciso más compromiso también por parte de los artistas, ellos pueden internacionalizar el problema, mostrar las caras de la verdad. De Barceló a Plensa, hay muchos artistas que pueden alzar su voz y demostrar un compromiso con la historia y el arte. No olvidamos la respuesta que han dado algunos museos conservadores. Los exconsellers de cultura hicieron un manifiesto y el Parlament una declaración. Pero nada más. No podemos claudicar

(…)

Y ahora, más que nunca, es preciso desnudar los discursos oportunistas que dan alas a asociar Sixena con el expolio, cuando no ha sido nunca así, ni hay razones rigurosas para argumentarlo. El caso más cínico y paradigmático ha sido el del asesor del Departament de Cultura, Manuel J. Borja-Villel – que está en nómina de la Generalitat con un sueldo de muchos ceros -, que en una entrevista a El País se permitió decir que no podía opinar sobre Sixena porque no sabía suficiente -esperamos que haya aprovechado el tiempo para estudiar y aplicarse – e insinuó que no querer el traslado de las pinturas puede estar relacionado con actitudes coloniales. No entiendo como todavía no le han pedido la dimisión (…)’

(Vilaweb)

Todo forma parte de la campaña, nada sibilina, de españolización; pues es seguir la estrategia mencionada ayer, de conseguir el efecto y que se note el cuidado. Por eso deberíamos ser más críticos y utilizar las diferentes redes sociales, para evidenciar esa falta de referentes y de compromiso, pero, en primer lugar, debemos descabalgar a los presuntos actuales, y limitarlos a su estricta área profesional: cante, pintura, novelas, etc., sin adjudicarles valores adicionales.

Pero si, es una pena que esos intelectuales no levanten su voz ante injusticias como las de Gaza, Sixena, etc.

Por eso deberíamos ajustar la definición del ‘intelectual’, pues su posible alto nivel de conocimiento en determinada especialización o técnica, no les confiere, forzosamente, un gramo de inteligencia emocional, de empatía, ética, moral, etc.