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En todo momento es fácil detectar detalles que nos confirman el nivelito ético, moral y estético, de nuestros políticos, como intento exponer en este escrito.
En primer lugar, el pasado jueves (31/07), Alberto Núñez Feijóo, tras efectuar su balance del curso político, en la sede de su partido del PP, acabó diciendo:
‘Si pueden descansar unas semanas, les felicito. Los que no puedan descansar, que sepan que las vacaciones están sobrevaloradas’.
Y este domingo, Feijóo, en un acto actuando como gran mestre en el capítulo serenísimo de la LXXIII festa do albariño de Cambados (Galicia) se vio obligado a matizar ese comentario, diciendo:
‘Que era una broma, el otro día dije que las vacaciones, para quienes no pueden tomarlas, para millones de autónomos, para millones de parados, también para miles de enfermos o para gentes que están estudiando, estaban sobrevaloradas, y se lio un pequeño asunto en redes sociales (…) bueno, a quien no sabe distinguir una broma yo le diría, tómate un vi .. un albariño y descansa (…) mucho ánimo a quienes tienen que trabajar en agosto’.
Es evidente que hay personas que no estamos dotadas para hacer chistes, que somos patosos, pero claro, un líder político, con su equipo de asesores, no puede hacer tantos errores, y multiplicarlos en su intento de rectificación, pues:
¿Es ético decir a los que no pueden descansar, que las vacaciones están sobrevaloradas?, y, como matizó, si ese mensaje iba dirigido a los millones de autónomos, a los millones de parados, a los miles de enfermos, a los que tienen que estudiar, está claro que no es ni ético ni estético.
Y a pesar de que estuviera en una fiesta del vino albariño, y que el vino forme parte de las costumbres y hábitos sociales, es decir, de la moral, es preciso recordarle a Feijóo, que no todas las costumbres son éticas ni estéticas (por ejemplo, las corridas de toros), así, ¿es ético aconsejar a los que no aceptaron esa ‘broma’ (parados, enfermos, autónomos, etc.), que se tomen un albariño y descansen?
Es evidente que las vacaciones son un derecho, como lo es la vivienda, el trabajo, etc., y sabemos que gran parte de la población no tienen posibilidades para hacer vacaciones. Por eso, los políticos, si realmente fueran empáticos con la ciudadanía, a la que dicen representar, deberían tener una mínima sintonía con ellos.
Y, en esa línea, el impresentable represor Salvador Illa, que usa y abusa del logo ‘el govern de tothom’ (el gobierno de todos), sigue mostrando una nula empatía con los millones de independentistas, pues: ¿es ético y estético que repita sus vacaciones con Pedro Sánchez en el palacete de La Mareta (Lanzarote, Islas Canarias), y regalo de Husein I de Jordania en 1970?
Seguro que Illa puede ‘argumentar’ que se haya convertido en la sombra de Felipe VI y Pedro Sánchez en sus excesivas visitas a Catalunya, incluso puede intentar venderlo como que es parte de su obligación (mal entendida, a mi modo de ver), pero ¿compartir vacaciones, es decir, un tiempo personal y al margen de los ‘requisitos’ protocolarios, con Pedro Sánchez, es empatizar con todos los catalanes, seguro?, ¿o, precisamente, ambos quieren mostrar que son los que mandan y que están por encima de todo y de todos?, y, en este caso, ¿es ético y estético?
Otro tema sería la ponderación de los costes de las vacaciones, desde las de los diferentes miembros de la casa real, hasta las de Pedro Sánchez, y no solo por la utilización de edificios patrimonio real y/o nacional, con un mantenimiento anual elevadísimo, y con escasa utilización, cuando deberían ser revertidos para uso y disfrute de la ciudadanía: visitas, paseos, centros cívicos, etc.; si no, por los costes adicionales de seguridad que, curiosamente, este año se han multiplicado, ya que el propio Pedro Sánchez ordenó reforzar el dispositivo de su seguridad que le acompaña en estas vacaciones, ‘el más grande de su etapa como presidente, pues el operativo está compuesto por un mínimo de 40 personas (grupo 1 del GRS, grupo de reserva y seguridad), y este año, los anillos de seguridad se han ampliado de 200 a 400 metros, para proteger el convoy presidencial, formado por diferentes vehículos, incluido un coche oficial blindado de alta gama, etc.
La seguridad de los políticos es cara, y necesaria, es evidente, y supongo que no es fácil poner límites, y por eso, la tendencia es caer en el exceso, en la exageración, por precaución.
Pero ¿ese exceso es acorde con la situación política actual y con la escasez que sufren muchos ciudadanos?, o ¿nos volvemos a encontrar con abusos, como el caso de los mossos d’esquadra francotiradores en el Teatre del Liceu, en la última visita de la familia real.
Esta semana se ha sabido que la última conferencia de Salvador Illa, en Madrid, cuyos invitados fueron directivos de las grandes empresas del Ibex 35, muchos miembros del propio gobierno de Illa y de su partido, y algunos ministros, costó 100.000 euros; en línea con el coste de anteriores conferencias de Illa. Y desconocemos el coste de sus viajes a Asia.
Es evidente que no todas las acciones presidenciales han de tener un retorno económico tangible e inmediato. Pero realmente ¿alguna instancia efectúa una ponderación previa, para decidir su adecuación? Seguro que no, lo vemos con las reuniones internacionales, sobre temas variopintos, pero, especialmente controvertido cuando los líderes se reúnen para combatir los problemas del cambio climático, y cada uno de ellos, con su corte de acompañantes, van con sus respectivos aviones, cientos de vuelos, y miles de vehículos … para hacerse una fotografía. Como si no se pudiesen efectuar esas reuniones de forma telemática, virtual. Y claro, esas reuniones comportan, además, un gran desplazamiento de periodistas … para nada; y que eso lo paguen medios privados, mal, pero que también lo hagan los medios públicos, con gran profusión, pues cada programa envía a su ‘corresponsal’, es una indecencia.
Pero, claro, el ego de esos personajes (políticos, periodistas, etc.) les hace creer que son dioses, que están por encima del bien y del mal.
Y, encima, Núñez Feijóo nos aconseja que bebamos albariño y descansemos. Así que, enlazando con mi escrito de ayer, titulado ‘in vino veritas’, seguro que con el albariño (los que lo podemos comprar) acabaremos viendo y diciendo la verdad, y quizás nos atrevamos a descabalgar a tanto personaje aprovechado, pues, está claro, que mientras sigamos siendo burros, otros irán montados.
Los griegos clásicos explicaron la ética con los términos eudaimonia y areté (felicidad y virtud), y es evidente que, siendo burros montados por personajes españolistas, nunca alcanzaremos esos conceptos, por eso, debemos independizarnos, y, a tal fin, debemos ser creativos, e intentar buscar nuevas soluciones al enquistado problema que nos tiene sujetos y desmotivados.
Tenemos miles de ejemplos de esos españolistas, como los que, encima, tienen el desparpajo de condecorar a los policías que actuaron de escoltas del presidente valenciano Carlos Mazón, durante su estancia en El Ventorro, cuando la ciudadanía ya se estaba ahogando por la DANA; pero, claro, el silencio se ha de pagar; y saben que, a la larga, la ciudadanía ‘olvidará’ y ‘será nuevamente engañada’.
En definitiva, se considera estético algo que es libre, armonioso, equilibrado, simétrico, etc.; y está claro que la forzada relación de dependencia del reino español no cumple ninguna de esas condiciones, así que los independentistas catalanes ya sabemos lo que debemos hacer y, también, lo que no podemos seguir haciendo. Todo depende de nosotros.