
Imagogenia
@mar_naa
En política, pocas cosas pesan tanto como la incongruencia. Más allá del discurso o de las promesas de campaña, que seamos honestos nadie les compra, lo que verdaderamente impacta la imagen pública de un político es la coherencia entre lo que dice y lo que hace. Y específicamente, en el caso de la llamada Cuarta Transformación, cuyo discurso se ha enfocado primordialmente en frases como: “no puede haber gobierno rico, con pueblo pobre”, el que existan personajes que se den una vida de lujo y que además lo presuman en sus redes sociales, resulta una incongruencia catastrófica. Y es que parece que algunos de sus representantes han olvidado que las redes sociales escuchan, ven, analizan y juzgan.
Y esto viene al caso por el recuento detallado que hizo en la red social X, el periodista de EmeEquis, Jorge García Orozco quien con imágenes expuso las incoherencias de la diputada del PT, Diana Karina Barreras Samaniego y su esposo el presidente de la Cámara de Diputados, el morenista, Sergio Gutiérrez Luna. Las imágenes que circulan de la diputada mejor conocida como “Dato Protegido” posando con relojes Cartier, bolsas Louis Vuitton y lentes Gucci son símbolos que contrastan brutalmente con el ideal de austeridad republicana promovido por su movimiento. Lo mismo ocurre con su esposo quien también, ha sido captado portando artículos de lujo. Sin duda, es inevitable que la opinión pública cuestione cómo una funcionaria con un ingreso mensual estimado de 79 mil pesos puede acumular una colección de accesorios valuada en más de cuatro millones de pesos.
Ahora, independientemente del problema ético, también existe uno de imagen pública. No importa cuántas veces se repita el mantra de la “pobreza franciscana”, si los personajes que son la imagen de dicho movimiento no se adaptan a este, ya que emplean símbolos -lease viajes, joyas o marcas de lujo- que apuntan en la dirección opuesta. Siendo realistas, la imagen que proyectan es una de lujo desbordado en un país donde millones luchan por sobrevivir día a día, lo que deja un mensaje claro: la austeridad es para los demás.
Por otra parte, no podemos descartar el papel tan crucial que juegan las redes sociales, que lejos de ser un escenario decorativo, hoy son el canal de comunicación más amplio que tiene cualquier esfera social, nada menos el 72% de la población digital global está expuesta a las redes sociales. Es aquí donde considero, seguimos sin comprender su importancia en el impacto de la vida social, sobre todo visto desde la política contemporánea, donde todo lo que el gremio publica es cuidadosamente analizado y filtrado, y en consecuencia, no deja cabida a la incoherencia.
El problema para Morena, para el PT y para todo el movimiento que encabeza la 4T, va más allá del costo de una bolsa Prada o de unos lentes Gucci, el costo real será en el daño que estas incongruencias están provocando de forma paulatina. Porque el caso de “Dato Protegido” no es aislado, tenemos, por ejemplo el más reciente viaje a Japón del hijo del expresidente, AMLO, “Andy” López Beltrán. Y estos son sólo parte de una serie de episodios que han ido erosionando la narrativa del sacrificio y la transformación que buscaba cimentar su movimiento y que, parece están fracasando, pues cada escándalo de este tipo —con o sin pruebas contundentes de corrupción— alimenta la percepción de que el discurso de la austeridad no es más que una fachada.
Al final, si Sergio Gutierrez pidió licencia o no, el entorno político debe entender -por las buenas o por las malas- que la imagen pública, especialmente en política, no se construye con discursos escritos por asesores ni con filtros de Instagram, es un diagrama que fluye con las acciones cotidianas, con decisiones coherentes y con la capacidad de sostener el mensaje en todos los sentidos. Y no, no se trata de pedirle a los políticos que vivan en la miseria, sino que actúen con la responsabilidad que exige representar a un pueblo golpeado por la desigualdad. Porque la incongruencia mina la reputación de quienes la cometen y pone en riesgo la credibilidad de los partidos que los respaldan y, peor aún, de los ideales que alguna vez defendieron.