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El efecto espectador y la ignorancia colectiva: causas de la inacción

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

En mi escrito de ayer fui crítico con los partidos y con las asociaciones sociales independentistas, y en el presente me centro en nosotros, en la ciudadanía, pues también tenemos nuestra parte de culpa del infructuoso impasse actual, del callejón sin salida en el que nos encontramos, como nos quieren hacer creer.

Para situar el problema de la inacción colectiva, me parece preciso reproducir las explicaciones sobre el ‘efecto espectador’ y la ‘ignorancia colectiva’, y sus implicaciones psicosociales.

‘El efecto espectador es un supuesto fenómeno psicológico por el cual es menos probable que alguien intervenga en una situación de emergencia cuando hay más personas que cuando se está solo.

(…) Un ejemplo que conmocionó a mucha gente es el caso de Kitty Genovese, apuñalada mortalmente en 1964 por un violador y asesino en serie. Según contó la prensa, la agresión ocurrió durante por lo menos una media hora. El asesino atacó a Genovese y la apuñaló, pero abandonó la escena después de atraer la atención de un vecino. Pero el asesino volvió a los diez minutos y acabó el asalto. Los reportajes periodísticos informaron de que treinta y ocho testigos estuvieron mirando las puñaladas sin intervenir o contactar con la policía.

(…) Un estudio de 1968 de John M. Darley y Bibb Latané fue el primero en demostrar el efecto espectador en el laboratorio. Para ello realizaron algunos estudios simples, como el siguiente: Se pone a un sujeto solo en un cuarto y se le dice que puede comunicarse con otros sujetos a través de un intercomunicador. En realidad, sólo está escuchando una grabación de radio y se le ha dicho que su micrófono estará apagado hasta que sea su turno de hablar. Durante la grabación, uno de los sujetos finge repetidamente estar teniendo un ataque. El estudio demostró que el tiempo que se tardaba en avisar al investigador variaba inversamente con respecto al número de sujetos. En algunos casos nunca se llegaba a avisar al investigador.

La explicación más común de este fenómeno es que, con otros presentes, los observadores suponen que otro intervendrá y todos se abstienen de hacerlo. El grupo hace que se difumine la responsabilidad. La gente puede también suponer que habrá alguien más preparado para ayudar, como un médico o un policía y pensar, por lo tanto, que su intervención sería innecesaria. La gente puede tener también temor de ser avergonzados delante de las personas presentes o de ofrecer una ayuda no solicitada. Otra explicación puede ser que los espectadores monitorean las reacciones de otras personas (…) y dado que los demás están haciendo exactamente lo mismo, la gente concluye de las reacciones de los demás que la ayuda es innecesaria, en lo que puede ser un ejemplo de ignorancia colectiva.

Una persona puede contrarrestar el efecto espectador dirigiéndose a una persona en concreto de la multitud en lugar de apelar a la gente en general. Esto coloca toda la responsabilidad en una persona concreta en lugar de dejar que se difumine. Esto sirve también para superar la ignorancia colectiva, ya que la gente, al ver que alguien se acerca a ayudar, tomará conciencia real de la situación.

(…) Otro estudio del 2019, realizado en Lancaster, Ámsterdam y Ciudad del Cabo, encontraron resultados totalmente opuestos a los del mencionado efecto espectador, mostrando que la intervención aumentó con el número de espectadores (…)’

(https://share.google/IPWcuKakleNTQ9M)

Otros estudios en esa línea confirman que la motivación para ayudar a otros no depende, únicamente, de nuestra buena voluntad, ya que la situación es más compleja, como describieron J. Van Bavel & D. Parker, en su libro ‘Why we help’, basándose en el ‘efecto bystander’ (transeúnte), confirmando que en una situación de demanda de ayuda, cuantos más testigos haya, más improbable es que acabemos ayudando, pues la multitud hace difuminar la responsabilidad, basándose en ‘la ignorancia colectiva’ (pluralistic ignorance), ya que tendemos a pensar que el comportamiento de la mayoría es el correcto, y nosotros, queriendo encajar y no salirnos de la norma, actuamos del mismo modo. De la misma manera, nuestra decisión, influye en los otros.

Ese estudio también analizó el efecto de la identidad, basándose en un experimento: un actor vestido con una camiseta del Liverpool, cerca del estadio del Manchester, fingía necesitar ayuda, y el 30% de los aficionados que lo vieron, le ayudaron. Repitieron cerca del estadio del Liverpool, y el porcentaje de los que le ayudaron fue del 92%. Mostrando la importancia de la identidad grupal en nuestra predisposición de ayudar a los otros.

(https://hexagonalinnova.net)

Considerando estos estudios psicosociales, me parece ‘entendible’, pero no ‘justificable’, el actual pasotismo y desmotivación de muchos independentistas catalanes, que piensan que su participación e involucración no es necesaria, que ya habrá otros que se involucrarán, incluso otros que tendrán más conocimientos y responsabilidades al respecto.   

Asimismo, la mencionada ‘ignorancia colectiva’ también tiene un notable efecto en nuestra respuesta, ya que llegamos a asumir que el absentismo en las manifestaciones, la desmotivación al respecto, al ser mayoritaria, es la decisión correcta, y nosotros no queremos destacar, ni mostrar nuestra falta de sintonía.

Y, tristemente, y contradiciendo los mencionados estudios, también fallamos en la importancia y relevancia de la identidad; pues, hasta el referéndum del 2017, cualquier ataque de los españolistas a partidos políticos, líderes o activistas independentistas, lo vivíamos como un ataque a la colectividad del movimiento independentista, y la respuesta era global, unificada, homogénea. Pero desde ese año 2017, los ataques españolistas a partidos o líderes independentistas que no coinciden exactamente con nuestro pensamiento, vergonzosamente, llegamos incluso a compartirlos y ‘entenderlos’, acríticamente.

Por todo ello, si realmente queremos conseguir nuestro máximo objetivo, que es el de instaurar la República Catalana, como colectivo tenemos mucho margen de mejora, ya que, de seguir como hasta ahora, lo único que haremos es consolidar, alimentar y perpetuar las tesis del reino español.

Nota final

Hay otros interesantes estudios psicosociales, por ejemplo, el del ‘dilema del voluntario y el rol de polizón’, que intentaré tratar mañana, pues complementa, el tema del presente escrito.