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Muchos ‘independentistas’, al considerar que el resultado óptimo (la independencia) no era conseguible, optaron por considerar otras opciones (como votar al PSC/PSOE, o abstenerse), que si bien, no son óptimas, satisfacen otras condiciones. Pero eso no deja de ser una simplificación de la ‘teoría del segundo mejor, la teoría del segundo óptimo o teorema de la segunda opción’, como intento explicar.
Esos teoremas mencionados fueron introducidos por Richard Lipsey y Kelvin Lancaster, en su obra ‘The General Theory of the Second Best’ (1956), que establece que:
‘Si una de las condiciones necesarias para lograr un óptimo de Pareto (que cité en mi escrito de ayer) no es obtenible, las otras, a pesar de teóricamente posibles, dejan de ser deseables. En otras palabras, si una de las condiciones para lograr el óptimo de Pareto no es lograble, sólo es posible conseguir un óptimo abandonando las otras condiciones. El óptimo así logrado puede ser llamado el Segundo Mejor porque se logra sujeto a un constreñimiento que, por definición, previene el logro de un óptimo de Pareto’.
(…)
Ante imposibilidades e imperfecciones, eliminar una de ellas, no mejora la eficiencia, ya que la regulación, la contaminación y las consecuencias no intencionales pueden ser peores que el problema que se intenta solucionar; pues la eliminación de la libertad de mercado rompe el equilibrio.
(…)
Es también posible que tratar de corregir una falla producirá consecuencias imprevistas, lo que nuevamente dificultará la obtención del óptimo.
Consecuentemente podría ser el caso que, al remover una distorsión del mercado, el efecto sea la expresión completa de otras distorsiones o fallas o incluso que se generen nuevos fallos de mercado antes inexistentes (…)’
(https://share.google/BQEoTWLhFVOWXZMRX)
A mi modo de ver, ‘olvidar’ el deseo de independencia, y contentarse con otras alternativas, como el retorno al mero autonomismo, incluso más o menos descafeinado o revestido, puede ser considerada una ‘segunda mejor opción’, pero, claro, es despreciar el valor esencial, la principal característica de la primera opción, la óptima, que es la independencia, pues esta conlleva la libertad de ser y de querer ser.
Por el contrario, asumir el autonomismo es contentarse con opciones moderadas y pesimistas. Y esta opción puede ser ‘vendida’ como pragmática y posibilista, pero no nos engañemos, no deja de ser una clara rendición, un abandono total a la principal idea, a la esencia nuclear, que es la libertad de poder decidir.
Y esa opción es asumir el clásico refrán que dice ‘mal de mucho, consuelo de tontos’; es decir, que un mal es más llevadero, si es asumido por una mayoría; y así, volvemos a la ‘ignorancia colectiva’ y a los ‘efectos del observador y del polizón’, de mi escrito de ayer.
Siguiendo con la teoría del Segundo Mejor Óptimo:
‘El ejemplo más frecuentemente citado es el de una empresa monopolística cuyas actividades generan externalidades negativas, por ejemplo, la contaminación.
Tentativas de resolver el problema pueden dar lugar a la imposición de medidas gubernamentales de control de la contaminación (lo que nos aleja del mercado libre y, por ende, del óptimo de Pareto). La eliminación del monopolio lleva a varias empresas compitiendo en el mismo mercado; estas empresas buscarán aumentar su producción y reducir costes y precios. Pero esto aumenta la polución y aumenta el derroche, lo que también nos aleja del óptimo. O dejar el monopolio tal como está, a pesar de que un monopolio distorsiona el mercado dado que no produce al punto de equilibrio determinado por la oferta y la demanda, sino que fija sus precios al punto que maximiza sus ganancias, lo que nuevamente nos aleja del óptimo de Pareto’
(https://share.google/BQEoTWLhFVOWXZMRX)
Y este ejemplo me parece muy ilustrativo, por describir la actividad del estado, del poder; y, a la vez, la competencia entre los partidos ‘independentistas’; competencia que a todas luces es negativa para nuestros intereses, como hemos comprobado desde el 2017.
El filósofo Michael Foucault (1926 – 1984), entre otras ideas, señaló que ‘el poder no se tiene, se ejerce’ y ‘donde hay poder hay resistencia’. Y esas son otras constataciones que me parecen claras, ya que la persistencia de la idea de la independencia, y su defensa, por mínima que sea esa defensa, tiene y comporta un poder (aunque no se tenga ese poder formalmente) y, por lo tanto, se producen resistencias de todo tipo. Y claro, el autonomismo, no conlleva ese poder ni genera resistencias, y por eso no es considerado molesto, y es aceptable y aceptado.
Por todo ello, me parece que es preciso volver al tema nuclear, la libertad, que nos hace ciudadanos, la libertad de poder decidir nuestro destino como colectividad; y eso, la mencionada teoría del Segundo Mejor Óptimo, lo olvida, claro, ya que a ningún tipo de poder le interesa ni conviene hablar de libertad, pues es una idea que está en sus antípodas.
Por eso, y aunque pueda parecer un cierto sacrilegio reproducir y utilizar, en nuestro contexto, el famoso poema de Primo Levi (1919 – 1987) ‘Se questo è un uomo’ (si esto es un hombre) de 1946, incluido en sus memorias del campo de exterminio de Auschwitz; me parece que es sumamente ilustrativo, generalizable y pedagógico:
‘Si esto es un hombre
Ustedes que viven seguros
en sus cálidos hogares.
Ustedes que al volver a casa
encuentran la comida caliente
y rostros amigos.
Pregúntense si es un hombre
el que trabaja en el lodo
el que no conoce la paz
el que lucha por medio pan
el que muere por un sí o un no.
Pregúntense si es una mujer
la que no tiene cabello ni nombre
ni fuerza para recordarlo
y sí la mirada vacía y el regazo frío,
como una rana en invierno.
Piensen que esto ocurrió:
Les encomiendo estas palabras.
Grábenlas en sus corazones
cuando estén en casa,
cuando anden por la calle,
cuando se acuesten,
cuando se levanten;
Repítanselas a sus hijos.
Si no, que sus casas se derrumben
Y la enfermedad los incapacite
Y sus descendientes les den la espalda.
Este duro poema versa sobre las atrocidades y torturas; pero, en el fondo, de forma radical, plantea la ausencia de la libertad, y por eso me parece que es extrapolable; si bien, obviamente, los tres versos finales, en nuestro contexto, están fuera de lugar, ya que no queremos el mal para nadie.
En definitiva, y volviendo a nuestro contexto político, me parece claro que la alternativa de los ex independentistas, y ahora ‘pragmáticos acomodaticios’, es tan irracional, como lo es la alternativa de los catalanes españolistas, tal como ya expliqué.
Con el presente escrito, cierro el triángulo planteado con los dos precedentes. Con ellos he planteado diferentes tesis académicas político-económicas, que he intentado complementar con derivadas psicosociales, para aproximarlas a nuestra situación actual, con la confianza de que puedan aportar cierta luz en la oscuridad actual.