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¿Estado de bienestar?

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Estas últimas semanas vamos viendo que los gobernantes de diferentes estados, como Alemania, Francia, etc., plantean, abiertamente, la reducción del estado de bienestar, por considerar que carecen de recursos para mantener las actuales coberturas. Y a mi modo de ver, esos gobernantes de derechas manifiestan una clara visión errónea, pues consideran que el estado es benefactor, protector, paternalista, es decir, creen que el ‘estado es providencial’, olvidando que los ciudadanos hemos pagado los impuestos fijados, y a ellos les corresponde garantizar una óptima gestión y distribución de los recursos, para mantener las contrapartidas preestablecidas por el mismo estado.

Es evidente que los recursos son limitados, y las necesidades de cada vez son mayores, pues la longevidad, la inmigración, etc., requieren mayores dotaciones. Por eso, el canciller Friedrich Merz (del CDU, unión demócrata cristiana), alertó del próximo colapso del modelo social alemán del bienestar, pues ya no es sostenible financieramente, por lo que se requieren, según señaló, reformas profundas y urgentes, especialmente en el ‘bürgergeld’ (prestación a los parados), y descarte otras alternativas, como las que planteó Lars Klingbeil (del SPD, partido socialdemócrata) que defendía el incremento de los impuestos a las rentas más altas.

Y también es evidente que está fuera de lugar ampliar de forma descerebrada e irracional, los gastos de defensa, en armas, pues eso tiene una clara incidencia en el resto de partidas de los presupuestos, como los vasos comunicantes. Igualmente, es irracional que la UE proteja, de forma prioritaria, el sector automovilístico alemán, en detrimento de otros sectores, como el agrícola, en todos los estados miembros.

Etimológicamente, el término bienestar está formado por dos palabras latinas: ‘bene’ y ‘stare’, es decir: estar bien. Y cuando se asocia al estado (‘status’), entendido como la ‘res publicae’ (res populi, es decir, del pueblo romano); y la cosa pública se entendía como el sistema jurídico ‘cuya jurisdicción se extendía a todos los ciudadanos romanos, asegurando sus derechos y determinando sus responsabilidades’.

Y esos derechos, en la actualidad, se refieren a la mejora de la redistribución y la igualdad de oportunidades; y a los ámbitos básicos de la sanidad, la educación, la vivienda, etc. Es obvio que los recursos se deben distribuir de acuerdo con las necesidades objetivas, ya que el bienestar personal es subjetivo, que depende del deseo personal, y eso nos llevaría al ‘bienestarismo’, que considera como valor intrínseco aquello que hace que una vida valga la pena ser vivida.

Sobre el particular, es preciso, asimismo, no confundir el ‘estado de bienestar’ con el ‘estado social’ que supera el estado liberal, ni con ‘el estado social de derecho’.

El estado social y democrático de derecho ‘se fundamenta en la asunción, por parte de los poderes públicos, de una posición activa prestacional con la finalidad de garantizar la igualdad de oportunidades de los ciudadanos con independencia de la situación económica y social de cada uno’ (dpej.rae.es). La constitución española, en su artículo 1.1, fija que: ‘España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político’.

Según Wikipedia, respecto al ‘estado de bienestar’, no hay un modelo único de lo que se entiende con esta expresión, ya que en la misma UE se diferencian cuatro modelos distintos:

  • El modelo nórdico de Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Islandia.
  • El modelo continental de Austria, Bélgica, Francia, Alemania y Luxemburgo.
  • El modelo anglosajón de Irlanda y Reino Unido.
  • El modelo mediterráneo de Grecia, Italia, Portugal y España.

Planteándolo en una línea, el modelo nórdico es el que presenta el nivel más alto de protección social y su característica principal es la provisión universal basada en el principio de la ciudadanía, es decir, que existe un acceso más generalizado, con menos condiciones, a las prestaciones sociales. Los modelos nórdico y anglosajón son considerados los más eficientes.

Por su parte, el modelo mediterráneo, desarrollado de forma más tardía (años setenta y ochenta), es el modelo con menores gastos y está fuertemente basado en las pensiones y en unos gastos de asistencia social muy bajos; por lo que se situaría en el extremo opuesto en la mencionada línea.

Por eso me parece que el reino español está más próximo a la concepción del estado como benefactor y providencial, en definitiva, paternalista; como herencia de la cultura católica (incluida la ortodoxa oriental), que han tenido y tienen una gran incidencia, en contraposición a la cultura reformista, protestante.

Y ante esta situación, me parece grave que se vaya transmitiendo la idea de que el estado de bienestar está agotado; y, a tal fin, nos muestran los problemas que tiene el gobierno francés, de François Bayrou, para introducir los recortes sociales (congelación de las pensiones, reducción del empleo público, recorte del gasto social y sanitario, supresión de días festivos, etc., como anunció el pasado mes de julio; pero, claro, sin contemplar aumentar el impuesto a los más ricos, como Merz en Alemania); y obviando que el problema de  su gobierno tiene la raíz en su propio nacimiento irregular, el 13 de diciembre del 2024, como último recurso del presidente Emmanuel Macron. El próximo 8 de setiembre veremos si Bayrou supera la moción de confianza.

Una muestra de que esa idea de la crisis del ‘estado de bien estar’ se está difundiendo, la pudimos ver en la mini encuesta realizada por elnacional.cat, preguntando ‘¿Crees que se ha agotado el estado de bienestar?, y cuando habían participado 3058 votantes, el 73% habían contestado que ‘si’.

Y me parece inmoral, que el estado español, que no está en mejor situación que Alemania y Francia, no se replantee la estructura de gastos, para garantizar el mantenimiento de las partidas sociales. Pero no, en un año, el gobierno español ha aumentado el gasto en defensa un 43,1%, pasando de 22.693 millones de euros el 2024, a los 33.123 millones de este año (alcanzando el 2% del PIB). Y todo ello para obedecer parcialmente las exigencias de la OTAN y, en última instancia, de su ‘amo’ Donald Trump, que exige el 5% del PIB en gasto de defensa.

En definitiva, vemos que la ‘información’ presentando a Vladímir Putin como el gran peligro de la UE y del mundo mundial, sin contraponer esa nefasta figura a la no menos negativa de Donald Trump, está llevando a todos los países a unos niveles de armamento (y de elevadas tasas comerciales, unidireccionales), comportando un gran peligro, que, a la menor chispa podrá hacer estallar. 

Y a pesar de esa carrera armamentista, Trump sigue soñando con conseguir el premio Nobel de la Paz; premio que no me extrañará que obtenga, pues todo se compra y se vende, todo se manipula y tergiversa, en sociedades acríticas y adocenadas como las que tenemos, y nos han mostrado los políticos de la UE, incapaces de acordar decisiones comunes para enfrentarse al voluble Trump.

Y, ante esta situación, en España seguiremos viendo al tahúr Pedro Sánchez, haciendo más concesiones ‘sociales’ a sus socios de gobierno y a los partidos que le apoyaron la investidura; pues Sánchez sabe que una cosa es prometer y acordar, y otra es conceder. Pero, mientras tanto, va haciendo creer que aquí ‘se atan los perros con longanizas’, y que hay longanizas para todos, y que éstas son infinitas.