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Hoy, 11 de setiembre, es la Diada Nacional de Catalunya, nuestra fiesta para conmemorar la defensa heroica de 1714 ante las tropas borbónicas (no ‘celebramos derrotas’ como jocosamente nos dicen los unionistas). Y por eso realizamos diferentes actos lúdicos.
Pero, y como es habitual, los catalanes españolistas utilizan esta fecha para descafeinar el nacionalismo catalán; ya sea defendiendo una simple fiesta autonómica (de todos), o queriéndola ‘centrar’ (por lo visto, hasta ahora estábamos descentrados) como dijo ayer de forma repetida el president Illa (155), o como hace de forma reiterada la injusticia española atacando la lengua catalana.
Y esas acciones represivas motivan, más si cabe (pero no suficientemente), nuestra reacción de respuesta pacífica de los catalanes independentistas.
Por ese confusionismo interesado de los españolistas, me parece interesante y necesario recuperar la declaración legal de esa fiesta y recordar el texto de la Ley 1/1980, de 12 de junio (DOGC núm. 70, de 25 de junio de 1980), y publicada en el BOE núm. 239, de 4 de octubre de 1980, por la cual se declara Fiesta Nacional de Catalunya la diada del once de setiembre:
El President de la Generalitat de Catalunya,
Sea notorio a todos los ciudadanos que el Parlament de Catalunya ha sancionado y yo, en nombre del Rey y de acuerdo con lo que establece el artículo 33.2 del Estatut de Autonomía, promulgo la siguiente Ley:
El recobramiento nacional de los pueblos pasa, sin duda, por la recuperación de sus instituciones de autogobierno.
Pasa, también, por la valoración y exaltación de todos aquellos símbolos a través de los cuales las comunidades se identifican con sí mismas, ya que sintetizan toda la complejidad de los factores históricos, sociales y culturales que son las raíces de toda realidad nacional.
De entre estos símbolos, destaca la existencia de un día de Fiesta, en el cual la Nación exalta sus valores, recuerda su historia y los hombres que fueron protagonistas y hace proyectos de futuro.
El pueblo catalán en los tiempos de lucha fue señalando una diada, la del once de setiembre, como Fiesta de Catalunya. Jornada que, si bien significaba el doloroso recuerdo de la pérdida de las libertades, el once de setiembre de 1714, y una actitud de reivindicación y resistencia activa frente a la opresión, suponía también la esperanza de una total recuperación nacional.
Ahora, al recuperar Catalunya su camino de libertad, los representantes del Pueblo creen que la Cámara Legislativa ha de sancionar aquello que la Nación unánime ya ha asumido.
Por esto el Pueblo de Catalunya establece, por la potestad de su Parlament, la siguiente Ley:
Artículo Primero
Se declara Fiesta Nacional de Catalunya la diada del once de setiembre.
Artículo segundo
Esta Ley entrará en vigor el mismo día de su publicación en el Diari Oficial de la Generalitat.
Por lo tanto, ordeno que todos los ciudadanos a los cuales sea de aplicación esta Ley cooperen en su cumplimiento y que los Tribunales y Autoridades a los que corresponda la hagan cumplir.
Barcelona, 12 de junio de 1980
Jordi Pujol
President de la Generalitat de Catalunya
Joan Rigol i Roig
Conseller de Treball
Creo que es suficientemente claro lo que significa esta Diada y sus valores; por lo que no es una fiesta de confraternidad, tipo kumbayá (*), entre los herederos de los mártires perdedores y los descendientes ideológicos de los vencedores; nada más lejos de ese abrazo del oso, que quiere hacernos el estado español.
(*) recordando la canción tradicional de alrededor de 1930, de los Gullah, una población afroamericana (del inglés ‘come by here’, ven acá), de abrazo y canto.
Para finalizar este breve escrito, pues hoy tenemos muchas actividades, me parece necesario recordar que, si bien hoy es un día reivindicativo, esa actitud deberíamos mantenerla durante todo el año, y todos los años, hasta que consigamos la República Catalana.
Deseo una buena Diada a todos (incluidos los catalanes españolistas), y que sea un éxito mediático, ya que todos sabemos que ‘una imagen vale más que mil palabras’, y que los unionistas buscarán todo tipo de comparaciones, para desmerecer nuestras manifestaciones.