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Anábasis y Katábasis en el independentismo catalán

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

En todas las acciones humanas se producen flujos cíclicos de ascensión y de descenso del énfasis, de los ánimos, y es habitual que siempre aparezcan los falsos nigromantes que intentan imponer sus lecturas sobre la muerte de las propias acciones, en sí mismas; y claro, en el llamado procés catalán, no nos faltan esos presuntos ‘magos’, como, ahora, Pablo Iglesias (exlíder de Podemos), actuando como extremistas españoles, como intento explicar a continuación.

Tal como señalé hace unos días, Podemos votó en contra de la transferencia de determinadas funciones sobre la regulación de la inmigración; una simple delegación de funciones, no la capacidad legislativa sobre el tema, si no, la mera aplicación de la normativa española. Y esa simple petición de delegación de funciones, Podemos la catalogó como racista.

Y anteayer, Pablo Iglesias Turrión, ex presidente del gobierno y ex líder de Podemos, perdió los papeles y, en una tertulia en 3cat, dijo que Junts podía irse ‘un poco a la mierda’, y calificó a ese partido como herederos de la ‘mierda de la derecha convergente’; pues no aceptaba la crítica de anticatalanista que le habían hecho. Es verdad que, al divulgarse en las redes esas críticas, Pablo Iglesias se excusó por haber sido tan rudo y haber perdido las formas, pero la realidad, el fondo, permanece, claro.

Pero es evidente que dada la paulatina irrelevancia de Podemos en las diferentes encuestas, el cálculo y la estrategia ante las futuras elecciones, les ha hecho aflorar sus peores vicios: el rancio españolismo y la ambición de volver a representar un papel determinante en la política española y, para ello, busca conseguir votos del propio PSOE y de Sumar.

Y claro, olvidando el lema del 15M, el movimiento de los indignados del 15 de mayo del 2011, que se centró en el mensaje ‘Sí se puede’, y ahora, nos han mostrado que, en realidad, ‘no se puede’. Asimismo, contradiciendo otro de los mensajes de ese movimiento, el de ‘no hay pan para tanto chorizo’, pues ahora, pelean por su cuota de chorizo. Ya que se han apuntado a la fácil estrategia del anticatalanismo. 

La delegación de funciones para regular la inmigración viene de lejos, pues ya la solicitó el gobierno tripartito de la Generalitat, de los años 2003 a 2006, conseguido con el Pacto del Tinell (14/12/2003), por parte de Pasqual Maragall (PSC), con ERC e ICV-EUiA; y, asimismo, es una petición tradicional del PNV. Y esas peticiones nunca fueron atendidas, ya que el estado considera que el control de las fronteras y la regulación de la inmigración son funciones que deben realizarse de forma centralizada, y delegarlas, ‘debilita’ su visión jacobina, claro.

Pero ahora, Pablo Iglesias, para potenciar su esquelético partido, ha recurrido al principal tabú españolista, para atacar y frenar esa delegación de funciones a Catalunya. Y para ello, utiliza, burdamente, el tema del racismo, como podrían haber sacado el cliché del nazismo, ya que, con esas etiquetas, se concluye todo tipo de discusión, y se produce, obviamente, la polarización social pretendida.

Sabemos, como he dicho, que todo proceso tiene sus oscilaciones, sus flujos y reflujos, su anábasis (ascenso) y su catábasis / katábasis, (descenso). Y ahora, que Podemos, actuando de nigromante, aproveche el actual momento crítico del independentismo, para, realmente, atacar al PSOE y a su socio Sumar, es de lo más rastrero, no hace falta buscar otro calificativo, pues ese ya es totalmente clarificador.

La nigromancia o necromantia (del griego nekromanteía, de nekrós (cadáver) y manteía (profecía o adivinación) tiene una cierta tradición a lo largo de la historia. Pero que Podemos, y Pablo Iglesias, acepte el mensaje de Pedro Sánchez y de su monaguillo Salvador Illa, que considera que los deseos de independencia son meros cadáveres, que ya han sido olvidados, superados, y que ahora, la mayoría de los catalanes queremos pasar página y olvidar el pasado, no es más que proyectar sus deseos centralistas y unionistas. Y claro, saben que repitiendo miles de veces ese falso mantra, acabará siendo aceptado por la ciudadanía.

Los independentistas catalanes somos conscientes de que estamos pasando por un momento de debilidad y, desgraciadamente, hemos constatado nuestra irrelevancia en la UE, y en Occidente en general. Ahora hemos superado la ilusa sensación de que ‘el mundo nos miraba’, de que no permitirían que el reino español se extralimitara y aplicara toda su fuerza bruta y todos sus recursos para aplastarnos.

Los ejemplos de Ucrania y Gaza nos muestran que, por más represión y crímenes de guerra, los diferentes estados, cuanto máximo, hacen simples gestos, pero no se involucran a fondo para resolver el problema, apoyando, efectiva y totalmente, a las poblaciones atacadas. 

Y claro, el conflicto catalán, que ha sido y es pacífico, no les merece la menor atención, y nunca harán nada, pues evitarán enfrentarse a un estado como el español y, todavía más, nunca abrirán la caja de Pandora, es decir, la profundización de la propia democracia interna, permitiendo el reconocimiento de las lenguas oficiales como el catalán, euskera y gallego, o el reconocimiento del deseo de realizar un referéndum de autodeterminación. Pues ese club de mercaderes y los equipos de burócratas mercenarios, nunca moverán un dedo que permita ir en contra de su estatus quo.

De todos modos, me parece importante destacar que, a pesar de todo, importantes observadores como Vicent Partal (Vilaweb) o el profesor y compañero Carles Castellanos, presentan, en sus análisis, un cierto optimismo, basándose en los ‘brotes verdes’ que detectan en la ciudadanía catalana, es decir, proliferación de grupos reivindicativos, regreso parcial de la juventud en la manifestación de la Diada, etc. Mientras que, a mi modo de ver, más pesimista, esos posibles ‘brotes verdes’ me parecen irrelevantes, hoy por hoy.

En definitiva, un aspecto que sí que me parece relevante, es que el paso de los años nos ha mostrado la verdadera cara de los nigromantes del independentismo, y sabemos con quién podemos confiar y con quién no, entre estos, ERC, por ejemplo, pero tampoco podemos confiar en los falsos tahúres, como Pedro Sánchez y su ‘mini-Sánchez’ (Salvador Illa), que sólo se mueven por intereses y que no dudan en pactar y prometer, para, luego, incumplir su palabra, que en estos momentos, apenas vale nada.

Por todo eso, los independentistas, si realmente nos concienciamos del problema y sus circunstancias, si realmente queremos conseguir la República Catalana, deberíamos salir del actual momento de la parálisis por el análisis, y recuperar las acciones que nos lleven a implementar la autodeterminación.

Es evidente que los análisis nunca se concluyen, siempre hay nuevos parámetros y nuevas perspectivas, por eso, no debemos esperar la perfección, que es contraria a lo bueno. Debemos afrontar, ya, el futuro, dejar nuestra actual burbuja de confort, y aceptar ciertos sacrificios. No hay otra.