Buscar

Hoy, el piloto Marc Márquez, como ayer nuestro compañero Lluís S, han podido pintar la pupila del ojo derecho de su Daruma

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Marc Márquez i Alentà (el Tro o la Formiga de Cervera, n.  1993) ha ganado su noveno campeonato mundial de motocicletas: MotoGP (7), de Moto2 (1) y de Moto3 (1); si bien, a lo largo de su dilatada carrera deportiva, ha tocado y permanecido largamente en el cielo del éxito, pero, también, estos últimos años, desde el 2020, ha visto y vivido en la oscuridad del sufrimiento y del sacrificio. Ahora bien, hoy, 28 de setiembre 2025, en el Gran Premio del Japón (circuito de Motegi), ha recuperado su trono, coronándose, nuevamente, como campeón mundial, mostrando que la resiliencia y la motivación son claves para el triunfo, como intento explicar.

Marc, tras el triunfo, y con su habitual sencillez, ha comentado que ‘cometí un error muy grande en mi carrera (su caída en Jerez y su precipitado regreso a los circuitos, por una decisión personal suya) y ahora estoy en paz consigo mismo’ y (…) ‘por la tensión acumulada en estos últimos seis años … no sé lo que me pasa ahora’ (…) ‘que ésta era la última oportunidad que me había dado para conseguir la recuperación del título, pues esa era la promesa que había dado a mi abuelo Ramón que seguro que ahora, en el cielo (falleció a principios del 2024), está disfrutando con nosotros’. 

Efectivamente, este estado de ánimo, la emoción y la tensión vivida, con toda seguridad cierra un ciclo, y abre las puertas a nuevas perspectivas y retos deportivos.

Y por eso, de acuerdo con los rituales japoneses, hoy, al finalizar la gran carrera, han sacado a la pista una figura votiva de Daruma (*) (como un huevo, sin brazos ni piernas, es decir, una especie de tentetieso); el muñeco tiene una cara con bigote y barba, pero sus ojos están en blanco, sin pupilas. Los ojos se utilizan como recordatorio y motivación para cumplir las metas. El dueño del monigote pinta una pupila redonda (usualmente en el ojo izquierdo) al fijar su objetivo; y lo mantiene en un lugar bien visible. Y cuando se ha cumplido el objetivo, debe pintar el otro ojo, el derecho.

(*) representación de Bodhidharma (Daruma en japonés), primer patriarca del Zen.

Pues bien, como es evidente, Marc Márquez, hace 6 años, al tener el grave accidente, metafóricamente podría haber pintado la pupila izquierda y, después de una larga travesía de operaciones y dolorosas recuperaciones, hoy ha podido dar por cumplido su objetivo y, por lo tanto, siguiendo con la metáfora posibilista, hoy podría haber pintado la pupila del ojo derecho.

Asimismo, hoy, al asistir a la ceremonia del funeral laico por nuestro compañero meridiano, Lluís S. S., y oír los cuatro parlamentos realizados, haciendo una emotiva glosa de su vida, he pensado que, efectivamente, a Lluís, un histórico luchador por Catalunya, y una excelente persona, podrían aplicarse los versos de Antonio Machado Ruíz (1875 – 1939): 

‘(…) pero mi verso brota de manantial sereno;

y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

(…) Es el mejor de los buenos

quien sabe que en esta vida

todo es cuestión de medida;

un poco más, algo menos…

La mano del piadoso nos quita siempre honor,

mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.

Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;

escudo, espada y maza llevar bajo la frente;

porque el valor honrado de todas armas viste (…)’

(Proverbios y cantares)

Ya que, en esa misma línea, Lluís, nuestro compañero de Meridiana Resisteix, siempre ha respetado una máxima que le dejó escrita su padre (él apenas tenía un año), Lluís Serra Giribert, (1903 – fusilado por los franquistas, en el Camp de la Bota, el 18 de noviembre de 1939), por ser el último alcalde republicano del Prat de Llobregat (Barcelona). Esa máxima, que le dejó su padre, y que en la esquela se ha reproducido, la repetía Lluís: ‘No he odiado nunca a nadie, como me dijo mi padre antes de que lo fusilaran’.

(Yo creo que en una situación así, odiaría con toda mi alma y durante toda la vida; pero, claro, Lluís tenía una calidad y ética superior)

Y una persona como Lluís que, durante toda su larga vida de 87 años, ha hecho lo posible y lo imposible por la justicia y la libertad, efectivamente, en su último respiro podría haber pintado, metafóricamente, la pupila derecha a su Daruma personal. Y esa satisfacción psicosocial, no tiene precio, pues esa misma tranquilidad es el mayor y mejor premio.

Ojalá los independentistas catalanes podamos conseguir nuestro objetivo, y pintar también la pupila de nuestro Daruma.