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La xenofobia española contra los catalanes

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Muchos catalanes estamos hartos de la discriminación y perversión que, históricamente, nos manifiestan el estado, las diferentes instituciones y la población en general, como vimos en el 2017, cuando la policía nacional y la guardia civil de distintas poblaciones salieron para venir a Catalunya para aporrearnos por votar, siendo vitoreados con el grito: ‘a por ellos, oé, oé’. Y estos días, estamos viviendo una nueva fase de esa campaña, como explico.

La xenofobia (etimología: xeno, extranjero; phobos, fobia), según el diccionario de la RAE, ‘es el odio y hostilidad a lo extranjero o a los extranjeros’. Y esos sentimientos contra los catalanes, y lo que representa Catalunya, son crónicos en el españolismo, desde sus orígenes castellanos. Y esa es una clara muestra de que nos ven diferentes, que debemos ser asimilados.

Y evidentemente, en Catalunya, como reacción, los independentistas somos xenócratas (xenocracia, del mencionado ‘xeno’ y kratos: estado, gobierno); por lo tanto, rechazamos y desconfiamos del gobierno donde mandan los extranjeros (españoles), un poder impuesto por las armas en 1714.

El ejemplo concreto de estos días fue el anuncio del presidente de la comunidad andaluza, indicando que en sus próximos presupuestos contemplaría la desgravación fiscal de los gastos en gimnasios (por cuanto redundan en el bienestar físico) y en los gastos derivados del mantenimiento de los animales de compañía (por su beneficio psicológico).

Evidentemente, esos beneficios son indiscutibles. Pero, lo que es totalmente discutible e inaceptable, es que una comunidad autonómica, que se financia, en buena medida, por las aportaciones del sistema común, ya que, de por sí, es deficitaria, está fuera de toda lógica, puesto que, en las comunidades, como Catalunya, que somos aportadoras netas, no podemos aplicar esos beneficios, ni tener cubiertas todas nuestras necesidades (educativas, sanitarias y servicios sociales básicos)

Y esto es un grave defecto del actual sistema de financiación autonómico común (los regímenes forales vasco y navarro tienen sus sistemas propios), aprobado en 2009 (ley 22/2009, de 18 de diciembre y basado la ley orgánica 8/1980, de 22 de setiembre).

En el artículo 1 de esa ley orgánica se especifica:

‘Las Comunidades Autónomas gozarán de autonomía financiera para el desarrollo y ejecución de las competencias que, de acuerdo con la Constitución, les atribuyen las Leyes y sus respectivos Estatutos’.

En línea con lo que establece el artículo 156 de la constitución española:

‘Las Comunidades Autónomas gozarán de la autonomía financiera para el desarrollo y ejecución de sus competencias con arreglo a los principios de coordinación con la Hacienda estatal y de solidaridad entre todos los españoles’.

Las variables adoptadas en su momento, para establecer la financiación autonómica, son diversos: población (30%), superficie (1,8%), dispersión (0,6%), insularidad (0,6%), población protegida (38%), población mayor de 65 años (8,5%), y la población menor de 16 años (20,5%).

Pero debido a la prórroga desde el 2004, el sistema de financiación autonómica del año 2009, lleva 16 años sin actualizarse, si bien, hay otras vías y fondos de complementación, cooperación y de adaptabilidad de las deudas, que van tapando el problema, sin solventarlo. 

Es evidente que todos los gobiernos (del PP y del PSOE), en ese largo período, han efectuado una clara dejación de sus responsabilidades, al no actualizar el sistema de financiación autonómico, por diferentes motivos, pero, básicamente, por puro electoralismo.

Un claro ejemplo de ese interés partidista electoral, lo vemos con el incumplimiento del acuerdo de financiación singular, pactado por los partidos independentistas catalanes para la investidura de Pedro Sánchez, pero que la vicepresidenta y ministra de hacienda, María Jesús Montero, boicotea con todos sus medios (y con la aquiescencia evidente del tahúr Pedro Sánchez), para no perjudicar sus expectativas como candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía.

En ese contexto, es comprensible que la semana pasada, Jordi Turull, presidente de Junts, dijera que:

‘(…) las citadas medidas anunciadas por el presidente andaluz, Juanma Moreno Bonilla, las podía comprometer, basándose en el dinero que aportamos los catalanes al fondo común, es decir, por el espolio de los dineros recaudados por los catalanes. Nosotros, a mucha gente de la clase media y trabajadora que financia el estado de bien estar, no le podemos dar ayudas a las becas de comedor, a la ley de dependencia (…) y con el dinero de los catalanes, los andaluces se subvencionan el gimnasio y que puedan tener un perro de compañía’.

(Café de Ideas, RTVE, 26 setiembre 2025)

Sabemos que esas formas contundentes, quizás, no demasiado ‘políticas’, ya que Turull podría haber dicho lo mismo de mil otras formas diferentes (pero yo creo que la claridad siempre es positiva y deseable), siempre provocan reacciones desaforadas, confundiendo las formas y el fondo, como las del presidente andaluz:

‘Junts y el separatismo catalán tenemos una dialéctica supremacista respecto a los andaluces, pues los vemos como ciudadanos de segunda, que se dedican a mendigar (…) cuando gastamos 2000 millones de euros dedicados al delirio separatista y a nuestra construcción nacional o a las 21 embajadas catalanas y otros disparates, que se efectuaron durante una década y ha llevado a Catalunya a tener la deuda más grande de España ¿y esto quién lo paga? (…) quizás les molesta que esta Comunidad (Andalucía) haya superado a Catalunya en creación de empresas o en número de autónomos (…) quizás les molesta que Andalucía compita en igualdad de condiciones con Catalunya en términos de prosperidad y riqueza y el raca-raca permanente por parte del independentismo de meterse siempre con los andaluces, cuando millones de andaluces han contribuido al crecimiento, al progreso y al bienestar de Catalunya (…) es un grave error que los dirigentes independentistas ataquen a Andalucía (…) los andaluces queremos a los catalanes pero declaraciones como las de Turull lo único que hacen es dejarlo mal a él, a su partido y a Catalunya’.

(Jordi Martín, elnacional.cat, 29 setiembre 2025)

Asimismo, Isabel Díaz Ayuso (PP), presidenta de la comunidad de Madrid, que nunca pierde ocasión para criticar a Catalunya, rápidamente salió diciendo a Turull:

‘(…) Que se meta en sus cosas y le reclamó respeto para las otras comunidades autonómicas’. Y Miguel Ángel García Martín, consejero de presidencia de esa comunidad madrileña, dijera: ‘Es curioso que partidos independentistas que han liderado el gobierno de Catalunya y la han convertido en un infierno fiscal, además de emplear los recursos de todos los españoles para financiar su fiesta soberanista y para malversar dinero público, critiquen la política fiscal de otra comunidad (…) por lo que exige a Junts que dejen en paz a las demás comunidades autónomas y a devolver lo que malversaron y utilizaron de manera espuria para ese golpe de estado en Catalunya’.

(https://www.democrata.es)

Y todo este mal clima político es culpa, sí, culpa, de Pedro Sánchez y de los anteriores gobiernos de Mariano Rajoy, como ya he dicho, por no actualizar el sistema de financiación, pues esa dejación de responsabilidades, por la falta de voluntad y valentía para afrontar una revisión realmente justa, equitativa, transparente y didáctica, pero, claro, mientras prime el jacobismo español, todo seguirá igual … de mal para los catalanes (independentistas y dependentistas: unionistas).

Y en ese caldo de cultivo, para aumentar el cabreo general, hoy, el citado Moreno ha dicho que el ‘castellano ha de ser un requisito para los inmigrantes, pero el catalán, no. Son cosas diferentes, allá hay dos lenguas, nosotros tenemos una, ellos ponen el énfasis en la otra lengua cooficial y nosotros lo que decimos es que una lengua universal como el castellano es importante conocerla’.

Mensaje en línea con el de Alberto Núñez Feijóo, al proponer ‘un visado por puntos para los inmigrantes’, y ‘pidiendo que se prioricen los que tienen más capacidad de integración y conozcan mejor la cultura’, como aclaró Moreno. Y Ayuso, apuntándose al bombardeo, ha dicho que ‘la inmigración hispana no es inmigración, a pesar de lo que digan los papeles, pues compartir los valores occidentales es una manera de encajar mejor en España (…) un argentino, un venezolano, en Madrid no es un inmigrante’.

Es evidente que el PP discrimina, diferenciando a inmigrantes de primera y de segunda; e, igualmente, una lengua de primera, el castellano y otras de segunda, como el catalán; y, claro, siempre discriminando a favor del poder, de su estatus quo: los hombres blancos, católicos y castellanoparlantes. Y siempre, haciendo lecturas parciales y partidistas de las leyes constitucionales y orgánicas, pues el catalán es tan oficial como el castellano, no hay lenguas cooficiales. 

Y eso es una clara muestra de xenofobia por factores culturales y nacionales; pues es evidente que, sus respectivas comunidades autónomas, pueden gestionarlas como les plazca, pero en nuestra comunidad catalana, debemos ser nosotros los que estipulemos los criterios precisos de acuerdo con nuestros intereses nacionales.

Pero como dice el refrán ‘insulta, calumnia, que algo queda’. El filósofo Francis Bacon (1561 – 1626), en su obra ‘De Dignitate et Argumentis Scientiarum’ (De la dignidad y el crecimiento de la ciencia) (1625) escribió: ‘calumniad con audacia; siempre quedará algo’, expresión popular ‘audacter calumniare, semper aliquid haeret’ (fortifer aliquid adhaerebvit).

Y claro, nos pueden decir racistas, supremacistas, y todas las lindezas que quieran, pero Salvador Illa no sale a defender a Catalunya ni a los catalanes, e, incluso, hoy, en su discurso de apertura de Mondiacult (que ya critiqué en otro escrito) hablando de Gaza (claro, pues es el comodín que lo justifica todo, como hace su jefe Sánchez), ha destacado:

‘la importancia de la cultura como instrumento de multilateralismo, diálogo y cohesión social (…) pues un mundo sin justicia ni responsabilidades es un mundo más pobre (…) y nadie debería dejarse llevar por falsas ideas de victoria’.

Qué fácil es pedir justicia, libertad, etc., para el pueblo palestino, tibetano, y otros pueblos perseguidos, pero ser totalmente opaco a los problemas internos, propios, como requiere gran parte del pueblo catalán, pues más de 2 millones votamos a favor de la independencia, y por votar, fuimos reprimidos, encarcelados, multados.

Y claro, a pesar de todo el clima existente en España, Salvador Illa pretende ofrecer nuestra solidaridad y nuestra aportación; pero un católico-apostólico-romano como él, debería saber que ‘ofrecer la otra mejilla’ (Lc 6/29), no era un símbolo de sacrificio y sumisión, sino de altivez y de orgullo. Pero Salvador Illa, con su mentalidad unionista española, nunca trabajará por nuestra nación y nuestra soberanía, más bien, como vemos, actúa como el mejor servidor del estado, asumiendo su papel de virrey a todos los efectos, y así nos va.