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Los retos de las naciones y los pueblos democráticos ante el depotismo del Siglo XXI(*)

Carles Castellanos i Llorenç 

Este escrito es el resultado de una serie de interrogaciones y constataciones en torno a una realidad dura y difícil pero que con demasiada frecuencia es sólo objeto de consideraciones dispersas y subjetivas. Es necesario que nos esforcemos, pues, por contribuir a entender los diferentes aspectos de las tendencias de dominación estatales y supraestatales; y también favorecer el conocimiento de nuestra sociedad nacional con los distintos elementos que intervienen. Se trata de datos esenciales para poder enfocar y organizar la lucha de la forma más adecuada posible para poder contribuir eficazmente a la toma de conciencia colectiva. A tal fin hemos dispuesto las diferentes partes de este escrito en el sumario siguiente:

SUMARIO

ASPECTOS DE ANÁLISIS GENERAL

1. Precariedad y depredación ecológica, social y nacional. Las luchas nacional-populares.

2. El imperialismo después de las grandes guerras interimperialistas.

3. De la deslocalización y la globalización al dominio de la economía financiera y la práctica extractiva.

4. La transformación de las luchas obreras y nacional-populares que nos han precedido.

DEL DESPOTISMO A LA DEMOCRACIA NACIONAL-POPULAR

5.Hacia el despotismo y el belicismo.

6.Las inconsistencias en algunas formulaciones sociales y nacionales

7.La bases materiales de la lucha nacional-popular

8.Un bloque nacional-popular contra la precariedad social y la depredación ecológica y cultural

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ASPECTOS DE ANÁLISIS GENERAL

1. Precariedad y depredación ecológica, social y nacional. Las luchas nacional-populares

Los pueblos y naciones de la Tierra, hoy interconectados, observamos con perplejidad los estragos crecientes que amenazan la vida en nuestro planeta, unos estragos relacionados directamente con el despliegue del sistema económico y social dominante desarrollado de forma drástica a lo largo de las últimas décadas con un alcance universal e insoslayable. En pocos años la situación global ha entrado en una fase fuertemente negativa en la que la precariedad social se ha ido extendiendo como una mancha de aceite ahogando la existencia cotidiana de millones de personas.

Acompañando a la amenaza de una crisis ecológica terminal sin precedentes, la vida cotidiana se ha ido haciendo más y más difícil en todo el mundo. Todos los fantasmas del peor pasado se van haciendo presentes de forma que incluso los sueños que, después de la última guerra mundial, se habían imaginado como posibles en algunos países bajo el lema del Estado del Bienestar, se han ido desvaneciendo y los presagios más oscuros se han ido haciendo presentes. El ritmo de empobrecimiento de una parte muy importante de la población mundial se ha ido acelerando, de forma paralela a cómo lo ha hecho también la depredación del entorno y la destrucción acelerada de cientos y cientos de lenguas y culturas en todo el mundo.

Es un hecho característico de nuestra época, que este panorama dantesco no es combatido en modo alguno por las oligarquías dominantes de los grandes Estados constituidos, que van aplazando la aplicación de medidas reales de rectificación de las graves derivas de todo orden, mostrando cada día más evidencias sobre el hecho contradictorio de que la urgencia que inquieta las masas populares no es percibida como similarmente perentoria por las élites.

(*) Traducción del escrito publicado originariamente en catalán por La Veu de Poble Lliure (octubre 2025)

Las dos grandes guerras interimperialistas por la hegemonía mundial que han tenido lugar en el siglo XX han comportado efectos profundos en la evolución de las luchas sociales: en primer lugar es sabido que contribuyeron en buena medida a desbaratar el alcance internacional de la solidaridad obrera y pusieron en evidencia el carácter agresivo de las grandes potencias dominadas por el afán imperialista. En este contexto tiene lugar entonces una nueva ola de liberación nacional que toma la forma de luchas nacional-populares a menudo victoriosas (como es el caso de las rupturas que representaron las luchas populares en Cuba, Argelia, Libia, Vietnam… entre otras muchas). Cabe remarcar que en el caso de China el impacto de su independencia respecto de las fuerzas imperialistas, es decir, su desarrollo autónomo conseguido con la revolución y la fundación de la República Popular (1949) la ha convertido en una potencia mundial (técnica, científica, económica) que ha desquiciado la hegemonía unilateral de los USA y sus aliados y ha acelerado la crisis de este polo capitalista

* * *

Sentido y actualidad de la lucha nacional-popular

En este momento de nuestra exposición es conveniente aportar algunos elementos de clarificación referentes al nacimiento y evolución de la lucha de liberación nacional que ha marcado la lucha política mundial durante más de un siglo continuado. 

Desde un punto de vista general es imprescindible rebatir las falsas interpretaciones que se han propagado en torno a las luchas de liberación nacional, unas falsas hipótesis surgidas de análisis hechos desde el desconocimiento del que adolecían y adolecen todavía las sociedades dominantes poseedoras de un Estado propio largamente establecido. Se ha tratado de un desconocimiento muy grave surgido muy a menudo de prácticas intensas de dominación imperialista sobre naciones oprimidas secularmente por estos Estados.

Sin embargo ha sido una evidencia el hecho de que, en los países más industrializados de Europa en los siglos XIX y XX (Inglaterra, Alemania, Francia…), siendo considerados, por los análisis socialistas, los más propicios para el advenimiento del socialismo, las oligarquías capitalistas se podían ir manteniendo en el poder sirviéndose de la importancia de sus prácticas crecientes de espolio de las naciones oprimidas, una exacción que ayudaba a aportar elementos aparentes de mitigación de las formas de explotación en el seno del territorio metropolitano.

La falta de conocimiento sobre la dinámica social y política de la opresión y la lucha nacionales ha sido la causa de la persistencia de confusiones graves en ámbitos importantes de los análisis surgidos de los Estados imperialistas que han llegado a confundir dos cuestiones muy diferentes como son los procesos de formación de las naciones y la aparición de las luchas de liberación: de ahí la repetición de la confusión de presentar como fenómenos contemporáneos la aparición de la lucha nacional y la ascensión de la clase burguesa que tiene lugar en el siglo XIX.

Las naciones son fenómenos socioculturales complejos y mucho más antiguos que este fenómeno social del siglo XIX (los movimientos políticos modernos): los grupos humanos de carácter nacional y las lenguas que los cohesionan se forman paralelamente al fortalecimiento de las relaciones económicas y sociales en un territorio determinado y a menudo en torno a redes que relacionan núcleos de población y desarrollan estructuras de tipo administrativo y político de un alcance colectivo, fenómenos que aparecen en los inicios de los tiempos históricos (y, en los contextos más próximos, entre los siglos X y XIII). En un entorno cercano podemos observar cómo Cataluña-Países Catalanes, Occitania, Lombardía, Piamonte y las formas políticas de la Saboya dinástica o de la Confederación Suiza ya empiezan a configurar, junto a los Países Bajos, Francia, Castilla, Navarra y la Italia central etc. sociedades de índole nacional muchos siglos antes de la formación estabilizada de los Estados modernos. Y los conflictos que acompañan a las comunidades nacionales sin estado propio, en los siglos XVI-XIX, son consecuencia directa de confrontaciones interimperialistas instigadas por las ambiciones territoriales, económicas y militares.

Sin embargo, no es hasta el siglo XIX que tiene lugar la aparición generalizada de movimientos de liberación nacional que son justamente el resultado de la toma de conciencia de la propia realidad nacional en formación y sometida a la opresión económica, política y cultural. Es, pues, una conciencia que está activada por el crecimiento de los imperialismos de los Estados con ambiciones expansionistas y la profundización de la exacción económica sistemática. La formación de las naciones y la aparición de los movimientos de liberación nacional son, pues, fenómenos muy diferentes y que los análisis más rigurosos ya han aprendido a distinguir con claridad.

Los Estados dirigidos a menudo por regímenes de monarquías absolutas (como las de Francia y España bien representadas por la dinastía borbónica) son, pues, causas directas del desarrollo de las luchas de resistencia nacional a lo largo del tiempo. Y habiendo sido causa de la opresión y de la emergencia de las luchas por la libertad nacional, podemos decir que la crisis de las monarquías absolutas que tiene su inicio a lo largo de más de tres siglos (de mediados del siglo XVI al XIX) se debe a dos factores ligados a la voluntad de expansión de los Estados absolutos: por un lado, las guerras interimperialistas (de Francia contra Inglaterra y contra España, por ejemplo); y, por otro lado, los movimientos revolucionarios que son paralelos al crecimiento de la conciencia nacional-popular y al rechazo a la opresión.

Este panorama se ha prolongado hasta el siglo XX y ha estallado en forma de grandes guerras interimperialistas (1914-1919) (1939-1945) de efectos desastrosos para el continente y el mundo entero. La creación de entidades supraestatales (como la ONU: Organización de las Naciones Unidas) durante la última posguerra han contribuido a rebajar la conflictividad interimperialista pero es evidente que no ayuda a resolver los conflictos nacionales entre las naciones-estado más agresivas del campo imperialista ni tampoco sobre las naciones y los pueblos sometidos. El principio de autodeterminación surgido principalmente del entorno de la revolución rusa de 1917 se extiende a algunas antiguas colonias asiáticas y africanas después de luchas de liberación que se han ahogado con una durísima represión.

Pero el resultado de los pactos post-bélicos responde siempre a equilibrios entre los macroestados contendientes que se reparten los territorios en litigio de acuerdo con los resultados bélicos de los conflictos dando lugar a situaciones políticas que poco tienen que ver con una aplicación rigurosa y sistemática del derecho de autodeterminación. El caso del pueblo kurdo y de los pueblos del Cáucaso son ejemplos flagrantes de vulneración de este derecho tan vanamente proclamado. En vez del progresista derecho de autodeterminación que posee la capacidad de pacificar los conflictos, el principio que es aplicado en la práctica es el poco democrático y bien discutible de la “adquisición por conquista” exhibido por los poderes absolutos imperialistas, un principio que, como sabemos, no hace más que dar lugar a renacimientos sucesivos de los mismos conflictos, como es testigo el siglo XX.

Por otra parte, es un hecho fácilmente constatable, que los Estados independientes africanos creados en el siglo XX son, en general, monstruos políticos que continúan la acción colonialista manteniendo unas fronteras que nada tienen que ver con la realidad de los grupos lingüísticos y nacionales existentes y que, en su mayoría, mantienen como lenguas oficiales las del poder colonial, es decir, las lenguas de la antigua metrópolis colonialista.

La realidad del presente sigue siendo que el despotismo de los Estados oligárquicos está llevando el mundo al desastre. Y, esta tendencia, que no tiene cariz de detenerse, sólo puede contrastarse con una oposición consistente de las naciones y pueblos medios y pequeños de todo el mundo que cuentan con un Estado propio y/o se encuentran en un proceso de liberación. La presión uniformizadora de los Estados absolutos surgidos del absolutismo monárquico no afloja. El mundo necesita una buena sacudida si debe salir del embarrancamiento complejo y siniestro en el que se encuentra.

* * *

Para cerrar esta descripción general conviene precisar cuáles han sido los grandes rasgos de la evolución más reciente del poder y de nuestra sociedad para comprender, por un lado, los principales aspectos del funcionamiento de las estructuras de dominación; y, por otra parte, los que son elementos básicos de la actual configuración del hecho nacional.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo hemos pasado de la perspectiva del Estado del Bienestar al Estado del Malestar actual? Las generaciones precedentes habían vivido con la esperanza de un Estado del Bienestar y, antes de las crisis del capitalismo de finales del siglo pasado, parecía un objetivo factible (a través de la presión social y la amenaza latente de la competencia de los regímenes socialistas recién creados). Lo describiremos con más detalle en los siguientes capítulos. 

Es el Estado Imperialista quien determina (en connivencia con las oligarquías locales) qué tipo de sociedad quieren para las naciones y los pueblos sometidos. No lo aceptaremos.

2. El imperialismo después de las grandes guerras interimperialistas

A modo de preámbulo podemos avanzar que el imperialismo que se ha ido desarrollando no es homogéneo si examinamos las diferentes experiencias más remarcables a lo largo de los siglos y décadas de existencia.

Después de la segunda guerra mundial y de los procesos de independencia que tienen lugar en el llamado Tercer Mundo, el imperialismo no afloja: en primer lugar, interviene de manera descarada en combates calificados de ‘anticomunistas’, el más evidente de los cuales está en el área de Vietnam (donde sale perdedor doblemente: tanto en nombre de Francia-1954, como en nombre de USA-1975). Esta intervención de carácter imperialista tan explícita se transforma, sin embargo, más adelante en múltiples operaciones de los Estados expansionistas en todo el mundo procurando que no tomen la forma de guerra abierta (que podría dificultar operaciones regulares de saqueo protagonizadas por estos Estados).

Son conocidas las operaciones (militares y paramilitares) en Libia, Irak, las amenazas en Cuba, la colaboración con las dictaduras de América del Sur, por Estados imperialistas como Francia y USA… la presencia de mercenarios rusos con el apoyo de Francia y del gobierno corrupto, en Mali y en otros Estados africanos.

En la coyuntura de la segunda mitad del siglo XX, la agresión imperialista ha tenido como objetivo primordial alejar lo que calificaban de ‘peligro comunista’, como hemos escrito más arriba, una situación que cambiará, como sabemos, en el paso de siglo, en el que las formas de dominación empiezan a tomar otra apariencia, tal como lo describiremos en los capítulos siguientes, esforzándonos para esclarecer lo que llamamos la dinámica actual del poder. Pero para llegar a esta nueva realidad del poder dominante será necesario que describamos brevemente algunas fases fundamentales en las transformaciones profundas que han tenido lugar en las áreas de dominación capitalistas, ahora ya de alcance internacional, es decir, global.

El poder capitalista da un paso adelante cuando empieza a percibir la fragilidad de los países europeos que se autorreconocen como socialistas, que en los años 90 entran en un período de crisis profunda ejemplificada por la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS.

En la Europa Occidental, el gobierno derechista de Margaret Thatcher en el Reino Unido, y también en USA la figura de Ronald Reagan, endurecen las condiciones sociales iniciando así una deriva de desregulación económica que se generalizará en el siglo XXI. Dentro de esta involución social, es entonces cuando la intelectualidad capitalista ‘canta victoria’ y vaticina con una ingenua vanidad “El fin de la Historia”, lo que equivale a sentenciar que el único sistema posible mundial es el que se fundamenta en la primacía del capital

En esta coyuntura de predominio aumentado del sistema capitalista, el imperialismo se va reorientando de forma más unilateral y sin limitaciones: internamente va reduciendo los derechos y las prestaciones sociales 

dentro de las sociedades occidentales e impone directamente sus intereses particulares empresariales sin preocuparse por negociar con los trabajadores y así cierra unilateralmente empresas, deslocalizando otras trasladándolas a países con resistencias sindicales más débiles o inexistentes, unos procesos que conocidos como globalización imponen por la fuerza unas condiciones que aumentan la explotación a escala mundial y lanzan al paro masas ingentes de trabajadores en los países capitalistas. 

El imperialismo también va cambiando de cara. Si décadas antes se preocupaba por aspectos de propaganda y enmascaraba la ocupación imperialista bajo nombres engañosos (como Protectorado, Alianza amical, Apoyo solidario etc.), ahora se va centrando en el expolio directo de los productos que las grandes empresas del capitalismo global necesitan para su funcionamiento: fluidos energéticos, tierras raras etc. Esta evolución no tiene lugar sin resistencias derivadas del endurecimiento de las condiciones de vida de las poblaciones de todo el mundo. El movimiento internacional antiglobalización es ahogado en una represión terrible que puede ser representada por la persecución sanguinaria que tiene lugar en la movilización de Génova en el cambio de siglo (con el resultado de un muerto y cientos de heridos), en 2001

Al mismo tiempo, en todo el mundo decenas de guerras y masacres represivas reavivan los fuegos de la lucha popular. Lo iremos describiendo en las siguientes páginas. Es en este momento en que se puede considerar que aparece un nuevo sujeto político de alcance internacional que son las luchas de liberación nacional-populares que estallan en todo el mundo y también en el ámbito de Europa y América capitalistas (como los casos conocidos de Irlanda del Norte, Euskal Herria, Kanakia (Nueva Caledonia), el Quebec (Canadà), Chiapas (México) …

3.De la deslocalización y la globalización al dominio de la economía financiera y la práctica extractiva

La actual crisis del sistema de dominación capitalista ha sido un proceso largo de degradación a través del cual ha acentuado sus contradicciones. Esto ha sido la consecuencia de la combinación de fenómenos económicos y políticos remarcables que conviene recordar para tener una idea suficientemente clara del giro político e ideológico que tiene lugar en el corazón del capitalismo a lo largo de las décadas que van desde los años 80 del siglo pasado, aproximadamente, hasta el momento actual. 

Un primer factor estructural que ha tenido un alcance internacional ha sido, com ya hemos señalado,  la deslocalización de las empresas del Occidente capitalista una de las consecuencias más destacadas del giro ideológico y político que se inicia en algunos Estados europeos, como Reino Unido y también en USA, donde se empieza a difundir, como hemos apuntado, la premisa económica la necesidad de la desregulación de la economia. La deslocalización es la fragmentación de los procesos de producción y comercialización, poniendo como premisa única el abaratamiento de los costes, lo más a menudo por medio del recurso a situar el sitio principal de producción en países con costes laborales lo más bajos posibles. El desempleo laboral (el paro) se ha ido incrementando, de este modo, por Europa (y seguidamente también por América) de forma generalizada. La utilización de esta práctica deslocalizadora no ha podido extenderse de forma infinita porque ha sido un recurso que, como es sabido, también generaba costes, pero es evidente que la deslocalización ha sido una sacudida social que ha iniciado un empeoramiento importante de las condiciones sociales de trabajo, al que todavía no se le ve final.

Podemos resumir este fenómeno situándolo como una primera manifestación de lo que será la globalización (o mundialización) una tendencia que ya fue vista en el traspaso del último siglo como devastadora por el conjunto de efectos nefastos que empezaba a provocar. La globalización es un fenómeno bastante antiguo con una larga genealogía histórica , pero hoy constituye uno de los factores sociales más destacables y es uno de los retos más importantes que las ciencias sociales abordan en el análisis del siglo XXI. La globalización actual ha suscitado muchas críticas e incluso ha motivado el nacimiento del movimiento altermundista, de antiglobalización como hemos señalado.

No fue hasta la década de 1960 que el término empezó a ser ampliamente utilizado por los economistas y otros científicos sociales. El concepto, desde entonces, ha alcanzado un uso generalizado especialmente a través de la prensa, a partir de la segunda mitad de la década de los 80.

Según los análisis de los expertos la globalización abarca todo un conjunto de realidades:

-Tiene influencia cultural porque establece y difunde ampliamente una «cultura global» que es normalmente la creada en el seno del imperialismo dominante.

-Tiene influencia política porque todo tiende a funcionar según el modelo político establecido por el imperialismo.

-Tiene, claramente, un aspecto económico porque tiende a implantar el capitalismo en todas partes y a hacer crecer los flujos económicos del sistema.

-Tiene una clara repercusión geográfico-política porque todo el mundo acaba colaborando a causa de la permeailidad de las fronteras y la reducción, hasta ahora, de las restricciones comerciales.

-Tiene, así, un aspecto directamente político porque un único Estado (en aquel momento) tendía a dictar las normas y convertirse en la base de un único sistema político (Ahora se trata de un grupo reducido de Estados pero de características similares).

-Tiene, en general, también un aspecto sociológico porque la difusión de nuevas tecnologías bajo criterios capitalistas acentúa cambios estructurales importantes en la sociedad, en todo el mundo.

La búsqueda del máximo beneficio económico propia del capitalismo ha ido haciendo evolucionar la economía mundial que ha pasado de la prioridad en las producciones locales a menudo protegidas por fronteras políticas, a la priorización de los intereses de las grandes corporaciones internacionales y a los beneficios financieros de unas minorías, acentuando fuertemente unas tendencias que llevaron a una crisis financiera internacional que fue resuelta, como sabemos, al estilo capitalista más descarado, por medios del recate de las entidades bancarias saqueando los fondos públicos. Debido a estas políticas económicas basadas en el endurecimiento de las decisiones capitalistas, las ideologías políticas oficiales de los Estados se han ido adaptando a las nuevas prioridades de forma que han evolucionado hacia contextos basados ​​en el despotismo del poder.

La economía financiera no ha sido sólo un medio de multiplicar los beneficios, sino que ha tenido la potencialidad de alejar las operaciones de la posibilidad de control necesario de la ciudadanía. Estos comportamientos de la economía han tenido repercusión en la forma de gestión de la política que ha entrado en una tendencia a la falta de transparencia y al despotismo, una evolución que ha facilitado la extensión de las formas de corrupción y abuso en las formas de gobernación.

Los Estados más poderosos están hoy dominados por formas de poder abusivas y alejadas progresivamente del control de la población. Los Estados (grandes; y medianos, también) se van estructurando a la manera de castas sociales cerradas formadas por el conjunto de los beneficiarios del sistema, castas que incluyen no sólo a los políticos y al conjunto del poder judicial y del aparato del Estado con sus contingentes armados y su administración central, sino también periodistas y ‘opinadores’ de todo tipo que actúan sobre todo dentro de un consenso total con las oligarquías del poder económico (productor pero, sobre todo, financiero) constituyendo un bloque humano cada día más inaccesible a la crítica libre y que deja cada día menos espacio a las posibilidades de una gestión verdaderamente democrática. Se trata de un sistema de poder vertical que va tomando, en su funcionamiento habitual, las características de un verdadero despotismo. El conjunto de este bloque sociopolítico está ligado a las prácticas habituales del favoritismo y, con frecuencia, por el recurso a la corrupción.

4. La transformación de las luchas obreras y nacional-populares que nos han precedido

Tras los aspectos de carácter general que hemos expuesto, conviene remarcar que, al mismo tiempo, las luchas obreras y nacional-populares no han terminado; pero el reforzamiento del poder capitalista internacional ha creado nuevas dificultades que han llevado a transformaciones a tener en cuenta.

A lo largo del siglo XX se han desplegado luchas obreras y populares de forma seguida y creciente: la lucha obrera de masas ha tenido una fuerza aumentada sucesivamente con la proliferación de la industria concentrada en determinados países y, dentro de nuestra nación, los Països Catalans, en determinados núcleos urbanos y determinadas comarcas. La lucha de la clase trabajadora industrial ha sido hegemónica hasta bien entrado el siglo XX, pero ha estado acompañada por el nacimiento del movimiento político de los derechos de las mujeres (sufragismo, feminismo) y, más tarde, por el ecologismo, respondiendo a las necesidades más sentidas socialmente. Paralelamente han ido creciendo movimientos populares de las naciones y pueblos oprimidos que han reivindicado con una creciente fuerza derechos nacionales, sociales y cívicos más allá de la reivindicación laboral y en la perspectiva de la creación de Repúblicas democráticas, igualitarias y laicas. La causa de esta maduración política ha sido el endurecimiento de la represión directa surgida del corazón de los Estados imperialistas dominantes. El movimiento reivindicativo popular se ha ido extendiendo, pues, en muy diversos ámbitos abrazando finalmente todos los aspectos de la vida cotidiana

Esta expansión de la lucha nacional-popular, en gran variedad de ámbitos sociales, ha llevado a extenderse la idea en torno a la necesidad de impulsar alternativas de carácter global. La nueva sociedad a la que aspiran el conjunto de movimientos nacional-populares no se fundamenta sólo en luchas sectoriales sino que tiende a la impugnación del conjunto del sistema de dominación y, en consecuencia, se percibe como necesaria la impugnación del marco político, social e ideológico, estatal e internacional. Todo ello lleva a la convicción de articular una lucha de carácter nacional-popular por la libertad y la igualdad; una democracia republicana participativa, solidaria y laica.

La precarización de la vida social y la degeneración de la política institucional han tenido como respuesta la intermitencia de revueltas que van estallando de forma discontinua pero insistente. Son ejemplos las luchas del mayo francés de 1968 y sus repercusiones en Europa (al oeste y al Este del continente, como en la revuelta de Praga).

En resumen, las últimas décadas del siglo XX y las siguientes del siglo XXI han desplegado un importante abanico de luchas sociales del conjunto de las clases populares, un abanico que el movimiento independentista ha sabido ir agrupando y adoptando como bagaje propio en su configuración global; las luchas antiglobalización que repercutieron a su vez globalmente (como la gran revuelta política indigenista del pueblo Maya de Chiapas, con influencia en diferentes áreas del continente americano), movimientos como los de los chalecos amarillos que han influido más allá del Estado francés; las movilizaciones generalizadas del feminismo y contra el cambio climático, las revueltas del campesinado, la creciente reivindicación del derecho a la vivienda etc. Todo ello representa la configuración de un nuevo paradigma de carácter nacional-popular como respuesta global a la degeneración capitalista, un despliegue que ha ido expandiendo y reforzando políticamente la lucha de clases.

DEL DESPOTISMO A LA DEMOCRACIA NACIONAL-POPULAR

5. Hacia el despotismo y el belicismo

La dinámica actual del poder del cual hemos descrito la evolución de toda una serie de aspectos remarcables, se presenta en nuestro país (dentro del ámbito de la Nación Catalana, los Països Catalans) bajo la forma de una ideología colonialista con la expresión práctica de los mecanismos propios de la ocupación. Es decir, que el despotismo que se va generalizando en la mayoría de los Macro-Estados del mundo toma, en nuestro caso y en el momento actual, la forma de una ocupación, lo que significa que como pueblo no podemos expresar sin interferencias nuestras ideas, hablar nuestra lengua, disponer de los recursos de nuestro trabajo y, en consecuencia, no podemos prever ni planificar nuestro futuro colectivo, una limitación que teniendo en cuenta la crisis económica, ecológica e imperialista-bélica que amenaza al conjunto de la Tierra (y la totalidad de nuestro país) nos pone en una situación que se ha convertido en intolerable y que es necesario superar obligadamente y de manera urgente. 

Al final del capítulo primero hemos descrito el gigantesco paso que hay desde el momento del marco social que se conocía como Estado del Bienestar al que podría ser descrito como Estado del Malestar del tiempo actual. No se trata, pues, de un problema que pueda reducirse al ámbito político e ideológico: se trata de una opresión global que coarta la vida cotidiana de millones de personas de nuestro pueblo y de la mayoría de pueblos y naciones del mundo.

El Estado del Bienestar ha sido, por lo general, una perspectiva nunca alcanzada plenamente. Sólo una franja social bastante limitada (dependiendo de los diferentes Estados y momentos políticos) ha participado de este horizonte social en el que la vida material se presenta como asegurada y la libertad de expresión es garantizada por un marco legal y político democrático y republicano. Pero ya hemos visto en los capítulos precedentes cómo esta perspectiva idealizada se empieza a torcer hacia finales del siglo XX y el endurecimiento de los sistemas políticos se va generalizando de forma paralela a la precariedad económica. La perspectiva se transmuta en una generalización del malestar social y político hasta el punto de que distintos analistas comparan el momento actual con la coyuntura que acompañó al advenimiento del régimen nazi y de los regímenes fascistas del primer tercio del siglo XX.

Pero, como ya se ha comentado anteriormente, los paralelismos simplificadores son siempre engañosos porque las coyunturas responden a componentes que sabemos que son variables por su misma esencia. Es necesario, pues, nombrar y describir nuestra situación con la máxima claridad porque la condición política y social de ocupación que sufrimos tiene una explicación imperialista, de exacción en beneficio del ocupante, pero tiene una finalidad clara de que (aunque no sea explicitada abiertamente) sólo puede expresarse con precisión por medio de la denominación de Genocidio. El Genocidio es la destrucción sistemática de un colectivo humano (de una nación, principalmente) hasta hacerla desaparecer como comunidad en sus rasgos propios: lengua, cultura, historia, modos de vida y de expresión… de modo que sus individuos sean o bien liquidados físicamente (Genocidio físico de exterminio ) o bien aniquilados como realidad nacional (Genocidio nacional de anulación)

La coyuntura actual, dentro de nuestra nación, se encuentra inmersa en una situación de Genocidio nacional tanto en el norte como en el sur de la Sierra de l’Albera (frontera franco-española) y es el resultado de la acumulación de las acciones represivas de los dos estados dominantes español y francés. La singularidad del momento presente es que el marco económico, social, político e ideológico se ha agravado de forma extrema hasta el límite de reclamar del conjunto de nuestra nación una reacción enérgica y organizada.

Desde otro punto de vista, también importante, a pesar de hacer más de 50 años que se anuncia, la crisis climática mundial (proclamada y difundida ya de forma abierta en los primeros años de nuestro siglo), en lo que se refiere al tratamiento del sistema capitalista mundial de esta crisis del clima, de carácter terminal, podemos afirmar que es una verdadera burla al sentido común. Este comportamiento es el resultado de la política destructiva de los grandes estados capitalistas, envueltos en una red espesa de intereses de los grandes monopolios de los que ya no se pueden/no quieren prescindir. El trato que da el sistema capitalista mundial a la crisis climática es un verdadero escarnio como hemos señalado; pero es coherente con el panorama desarrollado por el capitalismo decadente que sufrimos. Muestra la política destructiva de los grandes Estados capitalistas, envueltos en una maraña de intereses que son su propia razón de existencia. Los resultados para el mundo actual pueden resumirse en los siguientes:

– La precarización de la población mundial con la economía cada día más desregulada y mayor desigualdad social; y con situaciones de guerra cada día más extendidas, migraciones de carácter criminal (con decenas de migrantes muertos en las fronteras de Marruecos con España (Melilla, 2022), o los cientos de muertes anuales en la travesía por tierra y por mar, cruzando el Mediterráneo etc.

Sistemas políticos endurecidos que tienden al despotismo. Como ejemplos podemos recordar que Turquía se convierte en presidencialista desde 2013; y no hace falta recordar los ejemplos de Oriente Próximo (Irán, Emiratos árabes…) y también la Rusia de Putin (presidente de la Federación rusa desde el año 2000) con su área de influencia más allá de las fronteras, disponiendo de verdaderos estados-títeres (Belarrús como ejemplo paradigmático). Por lo general se trata de sistemas políticos con una fuerte tradición despótica, como lo prueba la historia negra del zarismo y del fundamentalismo islamista bien arraigado en un número importante de Estados. Incluso los sistemas parlamentarios del capitalismo se van hundiendo en prácticas despóticas como las siguientes:

         -Aislamiento progresivo del aparato del Estado que se vuelve cada vez más inaccesible detrás de una muralla burocrática favorecida por la mediación digital que aleja la posibilidad de relación directa de carácter personal. Se trata de la verticalización unidireccional de la relación con el poder, una de las expresiones claras de los regímenes dictatoriales.

-Banalización de la violencia institucional por medio de legislación y prácticas que aumentan la impunidad de las actuaciones represivas.

         -Desde el punto de vista internacional, es un hecho evidente que la sociedad ha entrado también en un estadio que ha llevado a recurrir a la guerra como instrumento habitual de expansión de la influencia política y económica. El belicismo se convierte en una tendencia creciente para resolver los conflictos por medio del recurso a la agresión militar. Las presiones en el comercio internacional (guerra de aranceles) podrían ser consideradas como un fenómeno adscrito a esta tendencia agresiva.

Para tener un conocimiento adecuado de esta evolución política general, es importante distinguir entre el Estado y el Régimen Político. La forma del Estado puede ser el parlamentarismo pero este aspecto formal puede dar lugar a regímenes políticos bastante distintos, tendiendo todos a prácticas variables de despotismo. Es interesante remarcar, pues, el sistema de articulación del poder que podríamos llamar el parlamentarismo despótico, cada día más extendido, que se mantiene por la concentración del poder en una oligarquía (económica, política, judicial, represiva y militar). Este tipo de régimen se justifica mediante el recurso a elecciones periódicas, sometidas a la influencia de unos medios de información y comunicación como instrumentos de control ideológico y de alienación, de modo que el acceso al poder por las clases populares resulta profundamente obstruido. La burocratización de entidades como la Unión Europea son otro buen ejemplo supraestatal. Las barreras burocráticas funcionan como instrumentos de marginación y exclusión; y el Estado funciona, como hemos apuntado anteriormente, como mecanismo de verticalización de las relaciones sociales.

En cuanto al belicismo, es importante remarcar que tiene una doble conexión, con el despotismo estatal y con el fanatismo ideológico y social. El despotismo estatal ha sido descrito en este texto y no necesita explicaciones adicionales porque los dos Estados de tradición borbónica que nos dominan hoy son suficientemente explícitos. En cuanto al fanatismo, hay que exponer que tiene una relación clara con las creencias míticas y religiosas cuando desbordan la conciencia individual y aspiran a controlar diferentes aspectos de la vida social (como la libertad de la mujer o las inclinaciones sexuales individuales, la libertad de expresión etc.). Por eso siempre hemos defendido en nuestros escritos el carácter laico que debe tener la República catalana, democrática, libre e igualitaria. El fanatismo religioso es uno de los elementos básicos de justificación de la violencia militar. El fanatismo es belicismo. El conflicto entre Palestina e Israel muestra, por ejemplo, la importancia de la ideología del fanatismo religioso como elemento justificador de la violencia indiscriminada de Hamás i del wahhabismo militante, en general, como del Genocidio perpetrado por el poder reaccionario israelí contra el pueblo palestino.

6. Las inconsistencias en algunas formulaciones sociales y nacionales

La situación política general que afecta al mundo y, específicamente, a nuestro país se debe principalmente al desconocimiento de los recursos del poder y su evolución-degeneración que hemos estado comentando. La política capitalista (incluyendo distintas formas de parlamentarismo dentro de este sistema) favorece la desorientación y la simplificación general en las ideas surgidas de los ámbitos oficiales. La razón de fondo de esta situación es que la gran mayoría de instrumentos políticos (partidos, organizaciones de masa, grupos de presión, plataformas mediáticas etc.) se mueven en un ámbito inocuo en el que se tratan las diferentes cuestiones políticas y sociales sin tocar las bases del marco político establecido.

Las dos causas principales de esta subordinación general son la represión (como acción permanente y, por lo tanto, como amenaza sostenida); y, por otro lado, la manipulación informativa e ideológica. Esta acción constante del poder comporta, a lo largo de un proceso continuado, la creación de falsas conciencias y debilidades en el seno de las organizaciones de las clases populares. Los elementos que es importante destacar son diversos. Solo expondremos los más notables, que resumimos a continuación:

a.- La perversión de la política como práctica al servicio de la oligarquía.

b.- El juego de la inocua alternancia dual de tendencias en la política institucional.

c.- El conformismo con el marco establecido por los Estados, que conduce a diferentes formas de corrupción.

d- Y, en el caso de los pueblos y naciones sometidos a grandes Estados oligárquicos, la incongruencia de no reconocer en la lucha nacional su valor como contradicción sociopolítica fundamental y su potencial para convertirse en un eje básico para la lucha regenerativa de la vida democrática y la paz internacional.

A continuación, comentamos estas deficiencias:

a.- La perversión de la política como práctica servidora de la oligarquía. Los Partidos son, en general, una creación surgida del propio sistema parlamentario. En un principio se presentaron como facciones que se disputaban el poder en el capitalismo; pero, con el paso del tiempo, fueron degenerando como estructuras cerradas y desligadas progresivamente de sus votantes porque la continuidad en los cargos y en la percepción de sueldos privilegiados en comparación con el entorno les convierten en estructuras de contratación y de perpetuación de la fidelidad hacia los dirigentes de los partidos.

b.- El juego de la alternancia dual de las tendencias políticas dominantes es una práctica antigua, tan vieja como la propia existencia de los partidos políticos que ha ido polarizando las posiciones, reducidas a menudo a simples etiquetas vacías de contenido. Las posiciones internas en los parlamentos se van concentrando, en dos extremos formales: entre el reaccionarismo del sarcasmo, propio de las posiciones de la derecha oficial; y el progresismo, reducido a un posicionamiento hipócrita alejado de los principios y criterios morales de la tradición de izquierda. La evolución de las últimas décadas está situando estas expresiones políticas en forma de un populismo de derecha, por un lado; y un progresismo inocuo e inofensivo, por otro.

Esta evolución es hoy general porque aunque algunas formas de progresismo han surgido de las movilizaciones populares (sindicalismo, feminismo, ecologismo etc.), la práctica política institucional ha acabado degenerando en simples simbolismos, perdiendo incidencia social. El parlamentarismo las ha acabado fagocitando, de forma general, reduciéndolas a esquemas irrisorios.

c.- El conformismo con el marco establecido por los estados que lleva a diferentes formas de corrupción debido a que la proximidad del poder económico y político que comporta la práctica política institucionalizada (parlamentaria y no parlamentaria) dentro del capitalismo la cual tiende a evitar la confrontación con cualquier expresión del poder y a ir avanzando hacia las formas de degeneración que hemos comentado. En nuestro caso, las estructuras institucionales están podridas debido sobre todo al control que ejercen las cúpulas de los partidos por medio de las listas cerradas de los candidatos a las elecciones; y, de manera general, por las restricciones en la democracia participativa, prácticamente inexistente.

d.- El desconocimiento de la importancia del eje nacional como ámbito aglutinador de carácter nacional-popular. Esta desviación de la conciencia suele estar influida por la penetración social de la ideología imperialista dominante. La forma de abordar esta cuestión es situándola en su realidad material y haciendo las preguntas adecuadas como son:

        -¿Las formas de opresión de la propia nación son de tipo colonial? ¿Somos una colonia?

        – ¿Cómo se forma la ideología que justifica la opresión (la ideología del Estado opresor)?

Estas preguntas se pueden resolver recurriendo a la identificación y descripción del fenómeno que se manifiesta como:

        – La exacción económica, la dominación militar, la ocupación política.

     – Las diferentes expresiones del colonialismo y el imperialismo como fenómenos explicitados en la historia de la humanidad y concretados con claridad en nuestro caso.

        – En esta confrontación se contraponen la conciencia nacional, por un lado; y el despotismo y supremacismo de Estado, por otro lado. La ideología concreta en torno al objetivo de la dominación es de tipo genocida (destruir la nación, como hemos expuesto más arriba) una ideología que se forma y se mantiene mediante la deshumanización del objeto de opresión y el militarismo-belicismo que le acompaña. La catalanofobia es el resultado de esta ideología cuya función es justificar la subordinación y la sumisión.

        – El combate contra esta forma de opresión es lo que configura la lucha nacional-popular como una lucha de ruptura de carácter global con gran capacidad aglutinadora

7. La bases materiales de la lucha nacional-popular

El período actual que hemos descrito de capitalismo terminal, despótico e imperialista, obliga a preparar adecuadamente, como alternativa política, una lucha contra la ocupación de los Estados que nos oprimen.

Se trata de llevar a cabo una tarea sistemática de organización popular y contra la ocupación combatiendo las consecuencias sociales de todo orden que este marco político tiene para la vida cotidiana de millones de personas. Tal y como hemos ido viendo en la observación a lo largo de las décadas que nos han precedido de lucha independentista, se trata de una actividad que debe ser a la vez local (territorial) y general (nacional). Es necesario hacer crecer la cohesión y la combatividad en las comunidades naturales arraigadas a la Tierra y a la Historia.

Esta confrontación pondrá frente a frente (como ya lo ha hecho parcialmente, hasta ahora) una revolución de carácter nacional-popular confrontada al conservadurismo estatal, un sistema de dominación profundamente reaccionario que se basa fundamentalmente en el recurso a la represión como vía para abordar esta contradicción básica.

Tal y como hemos podido exponer en las páginas precedentes, el poder despótico capitalista, en la fase en la que se está adentrando actualmente, sólo se fundamentará en la represión y la manipulación informativa. Y esta posición no se limitará a nuestro espacio nacional sino que acabará de extenderse al conjunto del capitalismo mundial, encabezado por un puñado de macro-Estados identificados por su carácter (político e ideológico), despótico. Por supuesto, este sistema de dominación seguirá provocando en áreas muy diversas en toda la Tierra la precarización económica y social y la destrucción sistemática del entorno natural y de un número creciente de lenguas y culturas.

Por esa razón sólo habrá la posibilidad de crear las condiciones en nuestro país para una gestión democrática y liberadora que tome la forma de una República democrática, laica e igualitaria trabajando, a través de las luchas y la solidaridad mutua, por un marco internacional que haga difícil la práctica de la agresión imperialista focalizada y sistemática en múltiples objetivos a un mismo tiempo. La acción múltiple y simultánea de los pueblos y las naciones democráticas deberá permitir crear focos de poder democráticos e igualitarios en torno a la igualdad social; la defensa del entorno (poniendo freno a la crisis climática terminal); y asegurando la pervivencia y uso social de las lenguas. Se trata, en resumen, de la creación segura de poderes nacional-populares en forma de Estados (o para-Estados) independientes y libres, continuando un proceso que ya hace años que se ha iniciado en todos los Continentes. Se trata, como ya hemos escrito, de un nuevo paradigma en el que la ruptura nacional-popular deberá tomar el protagonismo.

La resolución de la gran crisis del capitalismo internacional sólo podrá ser efectiva si se afronta globalmente. Tal y como ha proclamado el independentismo catalán desde hace medio siglo se trata de una lucha sin cuartel por la defensa de la Tierra, ahora ya en un sentido global: ¡Tierra, lengua y entorno, igualdad y laicidad, aquí y en todas partes!.

Los Macro-Estados oligárquicos e imperialistas han hecho una apropiación tramposa e indebida de la diversidad que han transformado en una variedad folkórica que sólo permite el dominio de unas oligarquías de un pequeño puñado de Macro-Estados imperialistas. Salvar la diversidad es salvar la vida: es un derecho fundamental. Todas las lenguas deben contar con entornos favorables para su uso social pleno. La organización a la vez territorial y nacional de la lucha y las actividades colectivas (de movilización, de aprendizaje, de solidaridad – y de vida, en general) es la clave para la construcción de estructuras resistentes.

La igualdad y la justicia social deben ir acompañadas de las garantías necesarias para detener la crisis económica, climática, lingüística y cultural. El reto es global. Y la lucha y la solución deberán ser también globales.

8.Un bloque nacional-popular contra la precariedad social y la depredación ecológica y cultural

Como consideración adicional cabe advertir que la fase actual del capitalismo puede definirse por su universalidad, un aspecto que muestra a su vez su vulnerabilidad debido a su extrema arbitrariedad, diversificación y multipolaridad. Es presumible que la construcción de la ofensiva nacional-popular que reclama la agresión imperialista despótica será impulsada por la propia insistencia de la agresión descontrolada en la que se ha enzarzado el sistema de dominación debido a su carrera irracional y ciega hacia la autodestrucción de la Tierra.

Los objetivos deberán orientarse, mediante la solidaridad entre pueblos y naciones democráticos, 

hacia:

La lucha universal contra la precarización, la desigualdad y los fanatismos ideológicos.

Crear las condiciones para una gestión igualitaria, racional y humana, en su funcionamiento interno y de conjunto. Fomentar la laicidad, dejando la cuestión religiosa reservada a la adhesión individual. Hay que tener en cuenta que las religiones, en lo que tienen de irracionalidad, a menudo se encuentran detrás de las tendencias más agresivas de las sociedades que se transforman en guerras porque justifican en nombre de la propia divinidad el ataque deshumanizado contra todo tipo de personas consideradas ‘infieles’.(v. el concepto de ‘belicismo’ expuesto en el capítulo 5).  

La oposición frontal a la explotación ya las agresiones imperialistas (económicas, bélicas y culturales).

-El combate contra las manipulaciones en los análisis y las informaciones.

Habrá que reforzar los medios de presión que deben traducirse en forma de boicot en diferentes ámbitos (económico, político, cultural etc.). Es necesario superar los intentos tímidos y poco operativos de la ONU y los organismos internacionales del tiempo presente (bloqueados demasiado a menudo por los Macro-Estados imperialistas) y crear una verdadera muralla de pueblos y naciones contra la arbitrariedad y el abuso.