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¿Alguno de nuestros líderes tiene, o ha tenido, un momento de lucidez, para sentir que padece el patológico síndrome del impostor, o el síndrome del fraude?, o ¿su egocentrismo y soberbia les ha hecho trascender todos los umbrales de alerta, y ya están pasados de rosca?
Ayer, 24/10, vimos que Pedro Sánchez se entrevistó con el canciller alemán, Friedrich Merz, para acordar el establecimiento de relaciones bilaterales para estudiar la posibilidad de la incorporación del catalán, euskera y gallego, como lenguas oficiales de la UE. Y ese acuerdo para acordar la posibilidad de acordar, fue planteado, en todos los medios, por Pedro Sánchez y su ministro de exteriores José Manuela Albares, como un gran éxito y un notable avance para el reconocimiento de dichas lenguas. Pero, inmediatamente, el gobierno alemán matizó que no había habido ningún cambio al respecto, y que su posición era la de mantenerse firmemente en contra de ampliar las lenguas oficiales de la UE, si bien, siempre están dispuestos a negociar.
Todos sabemos que en el club de mercaderes que es la UE, todas las negociaciones tienen sus costes, todos hacen o aceptan, en función de sus propios beneficios. Nadie hace nada por nadie, a coste y beneficio cero. Y eso lo sabe muy bien Sánchez, que ya es un veterano en esos ruedos.
Como vemos, se trata de un nuevo ejercicio infantil, infantiloide e infantilizante de Pedro Sánchez, el gran tahúr manipulador de los calendarios y agendas de actuación política que, únicamente, simula actuar, cuando ve las orejas al lobo, en este caso concreto, al ver que la política del palo (la amenaza de cambio de estrategia de Junts), puede ser más efectiva que la política de la zanahoria, con la que Sánchez nos ha ido engañando hasta ahora.
Y es evidente que la mayor parte de los políticos, deslumbrados por su gran soberbia, están cegados. Hoy, el Ara publica un comentario tuit de Inés Fernández de los Muros Monterde, que, lucidamente, y valga la redundancia en ese caso:
‘Cuando todo brilla, nada ilumina. Vivimos envueltos de luces: pantallas, anuncios, neones. Todo quiere llamar la atención, pero ya no miramos nada con calma. Nos cuesta diferenciar lo que brilla de lo que vale la pena. Quizás necesitamos menos luz y más claridad. Lo que es auténtico no siempre hace ruido: a veces, simplemente está’.
Y me parece que la mayor parte de los actuales políticos, así como gran parte de la ciudadanía, vivimos deslumbrados, y eso nos evita, incluso, el tener la menor duda, cuando es sabido que la duda es el motor del conocimiento, y también nos evita sentir la menor inseguridad, pues ni siquiera percibimos el miedo al fracaso.
Siguiendo esos patrones, es factible que esos políticos, igual que muchos ciudadanos, ni siquiera padezcan (o padezcamos) el síndrome del impostor (fenómeno psicológico descrito en 1978 por las psicólogas Suzanne Imes y Paulene Rose Clance, que afecta a individuos que, a pesar de lograr éxitos y reconocimientos evidentes, dudan de su propia competencia y sienten que no merecen sus logros)
Sobre el particular es pedagógica la lectura de la siguiente fábula:
‘La cucaña imposible
En un pueblo, un día se organizó una gran prueba. Se instalaron cincuenta mástiles de madera lisos de 10 metros de altura que luego se cubrieron de grasa. El reto para los participantes consistía en llegar a lo alto de la cucaña alzando una carga adicional equivalente al peso de cada individuo.
Viendo la dificultad de la prueba, los habitantes del pueblo miraban a los participantes y comentaban en voz alta: ‘eso es imposible, ninguno lo puede conseguir, no pasarán de los dos metros’.
A medida que los 50 candidatos, intentaban, desesperados, trepar por el palo y no conseguían elevarse, las afirmaciones del público cogían más fueras: ‘veis, no lo va a con seguir nadie, esta prueba es imposible’.
Rápidamente, la mayoría de los participantes dejaron de intentarlo. Pero un grupo de una decena conseguía muy poco a poco elevarse con su pesada carga a lo largo del mástil resbaladizo.
Viendo el tremendo esfuerzo de los que seguían, el público volvió a hablar: ‘apenas han ganado terreno, se están cansando para nada. Estos mástiles son demasiado largos, nadie puede conseguir…’
A los pocos minutos, casi todos los candidatos que quedaban se desanimaron y abandonaron. Sólo quedó un hombre. Bajo las miradas atónitas del público, un señor de pequeña complexión avanzaba poco a poco y con gran esfuerzo hacia la cima.
Cuando llegó a mitad de camino, mostrando un gran cansancio, los espectadores comentaban: ‘ha demostrado ser valiente, qué pena que no le vaya a servir para nada, ya está muy cansado, debería dejarlo ya. Mejor abandonar ahora que cuando esté totalmente agotado y se arriesgue a caer y herirse’.
Pero el hombre siguió, y después de un tremendo sacrificio, consiguió llegar a lo alto del mástil, cogió la bandera que representaba su logro y se dejó deslizar hacia abajo.
Enseguida, la muchedumbre le rodeó y le preguntó: ¿Cómo lo ha hecho?
El hombre no respondió. Era sordo.
Moraleja: no debemos permitir que otras personas te digan lo que puedes hacer, o no; y debemos abandonar las personas miedosas, que sólo saben quejarse.
En definitiva, lo más importante es ‘conocernos a nosotros mismos’, como proclamaba Sócrates (470 a.C. – 399 a.C.) y adoptó el oráculo de Delfos. Y para ello, debemos hacer lo posible para no dejarnos deslumbrar por los falsos faros, pues incluso el mayor faro de la antigüedad, de 100 metros de altura: el faro de Alejandría (de la torre de Pharos, o Faros), construido durante el reinado de Ptolomeo II Filadelfo, aproximadamente entre los años 280 y 247 a.C., y una de las siete maravillas del mundo, si bien resistió tsunamis y terremotos, hasta que fue gravemente dañado entre el 956 y el 1313 d. C., por tres terremotos, que lo dejaron inservible.
Es evidente que, como dice el mencionado tuit de Inés, ‘cuando todo brilla, nada ilumina (…) nos cuesta diferenciar lo que brilla de lo que vale la pena (…) quizás necesitamos menos luz y más claridad (…) lo que es auténtico no siempre hace ruido’,
Por eso, debemos olvidar las estrategias de Pedro Sánchez.
Y Junts debe intentar aplicar su programa, sin caer en las trampas de elefantes de los socialistas, que son capaces de todo, para mantenerse cuatro días más en las poltronas. Y todos nosotros no debemos caer en la trampa del chantaje, de que: si ellos caen, subirán el PP y Vox. Si eso sucede, será por la mala gestión del actual gobierno, que no ha sabido, querido o podido solventar los mayores problemas sociales, como la vivienda, la sanidad, la educación, etc.; y se ha dedicado, prioritariamente, a velar por la macroeconomía y la geopolítica internacional.
Está claro que Pedro Sánchez es un gran vendedor de humo, pero ya hemos llegado al momento, que ni la mayor nube es capaz de ocultar sus trampas; por eso, de acuerdo con la actual escalada, ¿el siguiente paso será la utilización de gas mostaza?
Como conclusión, los independentistas deberíamos distanciarnos del reino español y de su gran agujero negro madrileño. Deberíamos dejar de mirarlos y compararnos con ellos. Tenemos un camino, y deberíamos concentrarnos en nuestro caminar, para que cada paso nos acerque a la meta deseada. Ni más ni menos.