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Carlos Mazón Guixot es la ratificación de la CAQUISTOCRACIA española

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Un año después de la catástrofe de la dana (gota fría) que causó 229 muertos en la comunidad valenciana, la permanencia de Mazón en la presidencia de la Generalitat es la confirmación de que el estado español y todos sus poderes y estructuras, son una perfecta caquistocracia (del griego ‘kakistocracia’, de ‘kàkistos,’ el peor y de ‘kratos’, gobierno), es decir, el gobierno controlado por los peores, por los más incompetentes y cínicos.

Y es así, solo hace falta comparar lo rápido que actuaron todos los poderes del reino contra el independentismo catalán, y el inmovilismo ante la incompetencia criminal de Mazón. Pero, claro, en nuestro caso, poníamos en peligro la sacrosanta unidad española, mientras que Mazón (y, por extensión el PP), ‘solo’ se olvidaron de salvar, proteger y velar por la seguridad y la vida de la ciudadanía. 

Y no se trata, exclusivamente, de un poder oligárquico (del griego ‘oligarchía’, derivado de ‘olígos’ (poco, escaso, reducido) y ‘archo’ (mandar, ser el primero), es decir, el poder de unos pocos, de una misma clase social), si no que, como he dicho, en el reino español esos pocos, son unos ineptos, los peores.  

Y en esa vergonzante caquistocracia, vemos que Mazón se ha enquistado y encastillado en su cargo oficial, sin dar las explicaciones correctas y debidas; y no dimite, en contra de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos. 

Y ese uso y abuso de los resortes y mecanismos de la democracia, y de los formalismos legales y leguleyos, es una muestra clara de la caquistocracia generalizada, pues vemos que, en este caso, la fiscalía general del estado no actuó de oficio, ni tampoco lo hicieron los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, pues todos ellos se pusieron de perfil escudándose en la ‘legalidad’; mientras que, en el caso catalán, asumieron el ‘problema’ directamente.

En el reino español estamos cansados de ver que la anaciclosis (anakyklosis), la sucesión política, nos muestra la progresiva degeneración del régimen, que, según Platón (427 a. C. – 347 a. C.), consistía en seis etapas degenerativas, hasta entrar en crisis, es decir:

  • la monarquía, degenerada al acabar en tiranía;
  • la aristocracia degradada al finalizar en la oligarquía y
  • la democracia que acaba en la oclocracia.

si bien, en la actualidad, la oclocracia (ochlokratia) no se corresponde con el poder de la muchedumbre, de las masas, si no, del populismo creado y generado por un grupo de poder favorecido y favorecedor de la corrupción, el cabildeo, el favoritismo, el nepotismo, el parroquialismo, el clientelismo, etc., para facilitar el tráfico de influencias, sobornos y malversación de fondos.

Un claro ejemplo de esa degradación de la democracia, lo tenemos, también, en el gobierno de Pedro Sánchez, con una minoría parlamentaria, pues gobernar sin capacidad legislativa, está muy próximo a la oligarquía institucional, más que a la democracia representativa, ya que limitarse a ocupar las poltronas, como fin último, sin posibilidad de aprobar, ni siquiera, los presupuestos generales, es pervertir las normas básicas de la democracia.

El título VII de su constitución española, en su artículo 134.3 se especifica, claramente que: ‘El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior’.

Pero vemos que estos últimos años, tanto Pedro Sánchez, como Salvador Illa, se han acostumbrado a gobernar en minoría, sin ni siquiera tener aprobados los presupuestos generales y, claro, la fiscalía y el poder judicial lo aceptan sin inmutarse ni intervenir; y eso es otra perversión de la democracia, ya que cursar ampliaciones puntuales, para ir tirando, no es más que un abuso del poder.

Y todo eso, obviamente es corrupción política basada en su clientelismo político próximo a la cleptocracia (del griego ‘clepto’, robo; y ‘cracia’, poder; es decir, gobierno de ladrones)

Y ese nepotismo autocrático, que antepone los intereses personales y de partido, ante los beneficios generales, es próximo al delito que, antiguamente, se llamaba ‘peculado’, y que, en la actualidad se considera malversación.

Y ante esta situación, conociendo la mencionada anaciclosis (anakiklosis) es evidente que no podemos confiar que la sucesión cíclica de esos poderes, generen un gobierno confiable.

Estamos hartos de la caquistocracia (kakistocracia) española, de ese gobierno de los peores. 

En definitiva, le llamemos como le llamemos a los actuales gobiernos, me parece evidente que los catalanes estamos obligados a independizarnos, pero, procurando no caer en esos deplorables modelos.