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Constantemente tenemos pruebas de abusos de poder, por parte de personajes carentes de la más mínima autoridad, y eso es una muestra más de la corrupción política, imperante, de forma especial y descarnada con el poder de Donald Trump y su ignominiosa paz de mercadeo trumpista. Y en esta ocasión, el débil ha sido, de nuevo, el pueblo saharaui, ante el silencio vergonzante de Occidente y, para más inri, ahora con el visto bueno de la servil ONU, como intento explicar a continuación.
En estos años he escrito en diferentes ocasiones sobre el Sáhara Occidental (antiguo Sáhara español), sobre la República Árabe Saharaui Democrática, sobre el pueblo saharaui y el frente Polisario, y ahora no puedo obviar el cambio histórico impuesto olvidando a la ciudadanía.
Es sabido que, tras la recomendación de la ONU sobre la descolonización del Sáhara Occidental, efectuada en 1967, el gobierno español, después de la ‘marcha verde’, organizada por Marruecos de 1975, en 1976 España se retiró de ese territorio, que, inmediatamente se repartieron Marruecos y Mauritania, si bien, administrativamente, y de forma temporal, la responsabilidad era tripartita: España, Marruecos y Mauritania. Y, en 1979, Mauritania se retiró también de ese territorio, quedando, por lo tanto, íntegramente, en manos de Marruecos, tras bombardear la población saharaui, con el apoyo de los EUA.
En 1991, Marruecos y el Frente Polisario firmaron un alto el fuego, respaldado por la ONU, que estableció la Misión de Naciones Unidas, para la realización de un referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), que debía celebrarse en febrero de 1992. Si bien, Marruecos fue dilatando dicho referéndum. En el 2025, el consejo de seguridad de Naciones Unidas prorrogó dicha Misión, señalando que el referéndum debía celebrarse antes del 31 de octubre del 2026.
Así, tras la traición española al pueblo saharaui de 1976, en el 2022, vimos que Pedro Sánchez dio la estocada definitiva al pueblo saharaui, haciéndolo de forma más que vergonzante, con nocturnidad y alevosía, pues la información trascendió el 18 de marzo de ese año, que la casa real marroquí publicó una carta de Pedro Sánchez, reconociendo que la vía más seria, realista y creíble, era el reconocimiento de ese territorio como una autonomía marroquí.
Pedro Sánchez, de ese modo, quería compensar la acogida el año anterior de Brahim Gali, presidente de la república saharaui, para ser hospitalizado (por el covid) en secreto, en un hospital de Logroño; pues ese acto fue considerado como un gran agravio por el gobierno marroquí. Y, claro, Sánchez, fue incapaz de mantener el tipo, y defender el statu quo saharaui; máxime, cuando el rey Mohamed VI elevó el órdago, permitiendo que el 17 de mayo del 2021, una avalancha de emigrantes llegaran a Ceuta (de donde fue repelida salvaje e inhumanamente, por la guardia civil, causando decenas de muertes y devoluciones en caliente, es decir, ilegales)
Según la rumorología, el gobierno marroquí estaba detrás del espionaje de los teléfonos móviles de Sánchez y de Margarita Robles (ministra de defensa), así que, la información capturada, podría haber sido utilizada, para chantajearle, y hacerle cambiar de opinión, de forma tan ignominiosa e innoble; pero eso solo es un rumor, aunque razonable.
Y esa traición fue efectuada por Pedro Sánchez y su gobierno más progresista de la galaxia, es decir, con la conformidad, se quiera o no, de Yolanda Díaz, la vicepresidenta de Sumar.
Es sabido que el Sáhara tiene una gran cantidad de recursos minerales, y esa riqueza, fue el argumento que utilizó Mohamed VI para hacer cambiar de opinión a Trump, para que enterrase definitivamente el viejo conflicto.
Trump, considerando que Marruecos, su incondicional aliado, había normalizado las relaciones con Israel, y al valorar las mencionadas riquezas saharauis (y no solo der fosfatos y hierro, sino también de tierras raras), no ha dudado en apostar por aceptar el plan de autonomía marroquí, olvidándose del pueblo más débil. Esa es la forma de conseguir una nueva ‘paz made in Trump’ con la que se autoconcede una nueva medalla.
Y claro, la servil e inútil ONU, que de manera rutinaria iba posponiendo cada año el mandato de la Misión de Naciones Unidas para el referéndum en Sáhara Occidental (MINURSO), organismo para velar por la descolonización de la excolonia española, ilegalmente ocupado por Marruecos desde 1975; pues bien, Naciones Unidas, de considerar que la realización del referéndum de autodeterminación era la ‘solución justa, duradera y mutuamente aceptable’, iba escondiendo, de forma eufemística, su falta de determinación y de ética, para confirmar, el pasado viernes, su sumisión a Trump.
Y así, el viernes 31 de octubre, el consejo de seguridad de naciones unidas, con 11 votos a favor, la abstención de Rusia, China y Pakistán, y la ausencia de voto de Argelia (el principal valedor del Frente Polisario), reconoció que la autonomía marroquí de ese territorio, era la mejor solución al conflicto.
El Frente Polisario manifestó que no aceptará ni participará en ningún proceso de paz basado en la ‘marroquinación’ del Sáhara, que, obviamente, Mohamed VI consideró como ‘un nuevo y victorioso capítulo en la historia de su país’.
Sabemos que los ‘grandes’ abusan de su poder, y que todo se compra y se vende, aunque nunca sepamos el precio y el coste de esas transacciones, pues la abstención de China y Rusia no será gratis
Y esa es una gran lección, también para nosotros, los independentistas catalanes, pues la ONU había reconocido al Sáhara Occidental el estatus de ‘territorio no autónomo’; y la República Árabe de Sáhara Democrática’ (RASD) actualmente estaba reconocida por 81 países del mundo, así como por la Unión Africana, si bien, la ONU no la reconocía como tal.
Y, de forma vergonzante, nuevamente, el gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido su silencio traicionero, queriendo pasar desapercibido, escondiendo la cabeza bajo el ala. Esa es su política exterior, marcada por querer congratularse, de nuevo, con Trump.
Así que vemos que la opinión de esos 81 países, y, claro, la voluntad del pueblo saharaui, no tienen ningún valor para los poderosos abusadores, que hacen y deshacen a su gusto y manera, de acuerdo con sus propios intereses.
Y, como he dicho, esas son las reglas de juego de la política internacional, que mientras se abrazan Putin y su oso ruso con Xi y su dragón chino, con Modi y su elefante indio, con las diferentes hienas europeas y con Trump y su búfalo-vampiro americano, las débiles víctimas, somos las que siempre recibimos y somos las sacrificadas.
Por eso, el pueblo saharaui, como el palestino, son un claro ejemplo de lo que nos espera a los catalanes, y a los quebequeses, escoceses, etc., pues, de una u otra forma, siempre ganan los grandes, los poderosos, que, abusando de todos sus poderes y privilegios, y defendiéndose entre ellos, solo respetan el ‘hoy por ti y mañana por mí’, y, en ese contexto, los débiles lo tenemos muy difícil, por más países que pudieran reconocernos.
Otro claro ejemplo de vileza política, lo tuvimos el pasado mes de setiembre, que Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí, respondió en la red X, que, tras el reconocimiento del estado palestino, por parte del Reino Unido, Israel reconocería las Islas Malvinas como territorio argentino.
Pero aún, así, los independentistas debemos recordar un eslogan que se hizo popular hasta el 2017 y que decía: ‘No hay camino para la independencia, la independencia es el camino’; pues nadie nos reconocerá, hasta que seamos independientes.
Y sabemos que, si bien el pueblo español se ha mostrado servil y sumiso ante los poderosos, incluso contraviniendo su espíritu imperialista de conquistador carpetovetónico, sacrificando al pueblo saharaui; contra el pueblo catalán se ven capaces de sacar sus peores bilis, pues, en definitiva, mantienen su ignorancia y ni siquiera ocultan sus intereses.
Respecto a la ignorancia impuesta oficialmente, la mejor muestra es que seguimos llamando al ‘Desierto del Sáhara’, cuando ‘sáhara’, en árabe, significa desierto, así, seguimos llamando al ‘desierto del desierto’, y tan tranquilos y felices.
E, igualmente, ignoran, esta vez voluntariamente, el expolio y represión que nos infligen desde 1714.
Por todo ello, debemos independizarnos, y olvidarnos del club de mercaderes que es la UE, del club de guerreros cavernícolas que es la OTAN, e ir por libre, pues también hay vida fuera de las galaxias mafiosas en cuestión.