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Derivadas de la dimisión de Carlos Mazón (PP)

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

En las elecciones valencianas del año 2023, los resultados dieron la siguiente composición del Parlament: 40 escaños del PPCV, 31 del PSPV-PSOE, 15 de Més Compromís y 13 de Vox; y, el PP + Vox han venido gobernando en coalición, hasta su separación en julio del 2024, que el gobierno pasó a ser monocolor del PP; si bien Carlos Mazón ha sido president de la Generalitat hasta su dimisión ayer. Y ahora, los líderes del PP (Feijóo) y Vox (Abascal) quieren repartirse el pastel, obviando que la mejor opción, y democrática, sería la de efectuar nuevas elecciones y que la ciudadanía decidiera su futuro.

Pero la dura realidad es deprimente, al ver que Alberto Núñez Feijóo (PP) se supedita, totalmente, a Santiago Abascal (Vox), y quiere reeditar un nuevo gobierno de coalición. Y, por su parte, Vox, que había dado el apoyo a los presupuestos de Mazón, ahora se hace rogar, se pone duro, pues quiere más tajada, claro.

Es triste ver que, en otros países, como Alemania, Friedrich Merz, el líder de la Unión Demócrata Cristiana (Christlich Demokratische Union Deutschlands, CDU), de centroderecha, fue capaz de llegar a un acuerdo con el Partido Socialdemócrata de Alemania (Sozialdemokratische Partei Deutschlands, SPD), y gobernar en coalición; mientras que en el carpetovetónico reino español, el PP y el PSOE son incapaces de coaligarse, aún compartiendo todas las premisas y requisitos del estado profundo, pues el PP/PSOE o el PSOE/PP, en realidad, son dos caras de la misma moneda acuñada por el franquismo.

Uno de los motivos de esa incapacidad, es el paupérrimo personalismo de sus líderes, ofuscados por su narcisismo y soberbia.

Evidentemente, algunas de las medidas adoptadas por Pedro Sánchez, ‘obligado’ por la aritmética parlamentaria, como el gobierno de coalición con Podemos (ahora Sumar) y, especialmente, la ley de la amnistía, ha distanciado a ambos partidos y, el resultado ha sido la radicalización del PP hacia la extrema derecha.

Pero esa radicalización del PP viene de más lejos, pues todas las encuestas demoscópicas han ido mostrando que los votantes, ante el original y la copia, el sucedáneo, prefieren el original, y por eso, la tendencia de voto parece decantarse hacia Vox.

Por todo ello, me parece que está claro que nos falta una cultura democrática; pero, especialmente, nos falta una verdadera memoria democrática, pues muchas encuestas nos muestran que buena parte de la juventud tiene una ignorancia total de la dictadura franquista, y, por eso, no ven con malos ojos un retorno al pasado, con argumentos no infantiles, si no, más bien, propios de la mayor de las burricies, pues quieren confirmar que el hombre es el animal que cae dos veces en la misma piedra.

Y los culpables de ese gran desconocimiento, son los dos partidos que han gobernado, el PP y el PSOE. 

El PP, interesado en ocultar el terror y asesinatos producidos por el dictador y asesino Francisco Franco, pues son herederos directos de ese diabólico personaje (Manuel Fraga, fundador de Alianza Popular, anterior denominación del PP, tenía las manos manchadas de sangre, pues había sido un ministro de Franco; y así, muchos otros miembros fundadores de ese partido). 

Pero el PSOE también ha sido culpable, pues únicamente se ha dedicado a actos simbólicos, sin atacar el fondo; así, vemos que la documentación de la Generalitat, ayuntamientos y particulares, robada por los vencedores franquistas, y trasladada a los archivos de Salamanca, sigue confiscada, a pesar de que una ley del 2005, obliga a su devolución; pero han pasado 20 años, y más de 30.000 documentos siguen en poder de los expoliadores, y los gobiernos socialistas de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, no han hecho nada para forzar su devolución, a pesar de las constantes peticiones de la Comisión de la Dignidad.

Esta semana hemos tenido otro ejemplo del banal Sánchez, de cara a la galería, al anunciar su ministro de cultura, Ernest Urtasun, que iniciaban los trámites para ilegalizar la fundación Francisco Franco, que habían efectuado un gran dossier de dos mil páginas, para justificar su ilegalización. Y eso es vergonzoso, está claro que la historia no enseña a los que no quieren aprender y, así, han banalizado los 89 años desde el inicio de la rebelión de esos viles y miserables que se levantaron contra el gobierno legítimo de la República, los asesinatos, torturas, prisión y represión de sus 40 años de gobierno; y los 50 años desde la muerte del dictador, todavía les parecen pocos, y han de efectuar un dossier …, que pena, que vergüenza. Dossier que el poder judicial archivará ‘con sumo agrado’, como decían en el ignominioso juicio a nuestros líderes del 2017. 

Igualmente, vemos que el PSOE, como el PP, se han negado (y siguen negándose), en desmontar uno de los mayores símbolos de la represión, pues no quieren que el edificio de Vía Laietana de Barcelona, un centro de tortura incluso en el año ‘olímpico’ del 1992, se convierta en un centro de memoria democrática.

Pero, a lo que iba, el narcisismo y la soberbia de los líderes de ambos partidos y los intereses económicos y prebendas de los miles de butacas y poltronas en los diferentes organismos estatales, impiden un acuerdo, una gran coalición (como la Groβe Koalition, la Groko alemana).

Asimismo, al PP no le representa ningún problema pactar con Vox, pues, ideológicamente son iguales, ya que los miembros y votantes de Vox, hasta su creación en 2013, formaban parte del PP. Y, por eso, forman parte de diferentes gobiernos autonómicos y municipales. 

Y, consecuentemente, ahora, pactar el futuro gobierno valenciano con Vox, a Feijóo (PP) no le representa nada nuevo.

Ahora bien, la política del PSOE, de ponerse de perfil ante la actual situación, esperando que la estrategia del ‘cuando peor mejor’, les de resultados en las próximas elecciones, me parece un nuevo y grave error de Pedro Sánchez, una falta de visión de estadista, pues frenar a la extrema derecha debería ser prioritario, aunque para ello fuese preciso formar un gobierno de coalición PP + PSOE.

Obviamente, una coalición así sentaría muy mal a muchos votantes de ambos partidos (pues representaría romper la tradición -falsamente frontista- de esos 50 años), por eso sería preciso que ambos partidos hicieran una contundente y pedagógica campaña política.

Está claro que un cambio estratégico de ese nivel comportaría, potencialmente, un gran trasvase de votos, que, incluso, favorecerían a Vox. Ese es el gran riesgo que ambos partidos deberían afrontar, si realmente tienen un sentido de estado.

Ahora bien, la ceguera de Pedro Sánchez acabará con unos resultados electorales que comportarán coaliciones del PP + Vox, en todos los gobiernos; y, así, el duro franquismo quedará ‘blanqueado’, y la juventud, finalmente, verá lo que ‘vale un peine’ 

Y todo ello nos confirma que nos falta mucha cultura democrática, en todos los sentidos. Y, no sólo falta cultura democrática, también falta sentido de estado, de sacrificio por un bien superior. 

Y me parece evidente que esa situación también nos diferencia a los catalanes, pues en nuestra situación política actual, el PP y Vox son irrelevantes, ya que, de los 135 escaños, el PP tiene 15 y Vox 11. Pero, en esta legislatura, el PSC/PSOE, con 42, sigue aplicando la visión franquista, como hemos visto con el ejemplo del siniestro edificio de Vía Laietana 43, y de la política antidemocrática y represiva, pues son muy valientes para defender a los pueblos gazatí, ucraniano, etc., pero no ven la ‘viga en su propio ojo’, cuando miran al independentismo catalán.

En definitiva, y volviendo con la situación valenciana, si Pedro Sánchez se mantiene de perfil, y no entra a negociar con Alberto Núñez Feijóo, un adelanto de las elecciones en esa comunidad, y tampoco contempla una coalición temporal y transitoria entre el PP y el PSOE, todo irá a peor, y peor es peor, nunca mejor.