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La relativa dureza de la realidad

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Hay días que nos parecen más negros de lo habitual, pues se acumulan noticias que consideramos negativas y nos muestran un problemático futuro. Pero así es la vida, y sabemos que, como dice un refrán: ‘una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja’.

Hoy (06/11), en nuestro pequeño país, además de la alerta por las lluvias torrenciales, vemos que, de forma generalizada, las noticias se centran en temas tan variados como:

  • a) la publicación, en Francia, de las ‘memorias’ de Juan Carlos I (‘Juan Carlos I d’Espagne – Réconciliation’), escrito por la periodista e historiadora Laurence Debray,
  • b) Vox deja en manos de dos catalanes (el secretario general Ignacio Garriga y la vicesecretaria de acción de gobierno, Montserrat Lluís), la negociación para el relevo del presidente valenciano Carlos Mazón,
  • c) el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha considerado que el tribunal supremo español no vulneró los derechos políticos de Jordi Turull, Oriol Junqueras y Jordi Sánchez,
  • d) el lastimoso empate (3-3) del FC Barcelona en el campo del Club Bruges KV, y
  • e) la vergonzante campaña publicitaria de presentación del nuevo disco (Lux) de Rosalía Vila Tobella,
  • etc.

Cada uno de estos temas merece un largo y extenso comentario, si bien me limitaré, pues el núcleo del presente escrito es presentar la dura y triste realidad que tenemos, y que nos demuestra que:

  • ‘para la mayoría de nosotros, la verdadera vida es la que no llevamos’,
  • ‘la vida dura nos enseña lecciones que la comodidad jamás podría’,
  • ‘si la vida no te desafía, no te cambia’.

Con relación a las ‘memorias’ del emérito Juan Carlos I, me parece que confirman que peor que el olvido y la desmemoria, son la distorsión, la falsedad y, en definitiva, las mentiras vertidas para vestir su historia de un cierto valor.

Es cierto que la subjetividad de todas las personas, es un factor fundamental; pero si no se tiene el mínimo rigor, las pretendidas historias no pasan de ser meras fabulaciones.

Y, asimismo, esas ‘memorias’ nos demuestran, claramente, que la transición en realidad fue una gran traición, ya que nos confirma que la monarquía se considera por encima de la constitución que limita su función a la de arbitrar, moderar y regular las instituciones, pero no debe expresar opiniones políticas; y el emérito, debería respetar ese mandato, incluso en su actual condición, pero, por los avances que se han hecho de dicha publicación:

JC expresa su reconocimiento a los años de gobierno de Franco, del que no se ahorra alabanzas: ‘un período muy interesante para España, que empezaba a levantarse económicamente’; su disgusto con Pedro Sánchez por gobernar con ‘la izquierda radical’ y supeditado a los independentistas, que iguala con la extrema derecha; ‘cuando el gobierno actual desacredita mi persona, debilita nuestra constitución, pone en duda los avances de la transición democrática y de nuestra reconciliación’; además de alabar la figura del dictador y asesino Franco, al que ‘respetaba enormemente, apreciaba su inteligencia y su sentido político’; ‘en tanto que guardiana de los valores democráticos, la monarquía garantiza la estabilidad y la unidad de España ante las pulsiones independentistas (…) por eso, está de acuerdo con el discurso de su hijo el 3 de octubre del 2017’; etc.

No es precisa gran información para verificar que todas estas afirmaciones son más falsas que los billetes de 1000€. Pero, a la vez, nos confirman que la última orden de Franco a su pupilo JC: ‘alteza, la única cosa que os pido es que preservéis la unidad de España. No me dijo haz una cosa u otra, no, la unidad de España, lo demás … Si lo piensas, significa muchas cosas’.  

Y, desgraciadamente, vemos que la constitución sacralizó ese deseo de Franco, pues en el art. 56.1, dice que ‘El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia (…)’, es decir, se mantiene el principio falangista de José Antonio Primo de Rivera (1903 – 1936): ‘España es una Unidad de destino en lo Universal’. Y, como dice el penoso emérito, ‘si lo piensas, significa muchas cosas más’, y eso lo sufrimos los independentistas catalanes, al ver que la sacrosanta unidad está por encima de la propia democracia, confirmando que, en todo caso, es una democracia irregular, defectuosa, como apunté en mi escrito de ayer.

Respecto al segundo punto señalado, la decisión de Vox para que dos catalanes (de nacimiento, pero no de sentimiento) negocien la figura del sucesor del nefasto Carlos Mazón, es otra prueba más de desprecio a la ciudadanía de base, en este caso, valenciana; y lo que busca, es potenciar el malestar respecto a Catalunya y, por extensión, a los catalanes, ya que, obviamente, la decisión debería ser tomada por el pueblo valenciano, mediante unas elecciones anticipadas o, en todo caso, una negociación entre los actuales diputados del parlamento valenciano. Nunca ha de ser una decisión desde Madrid, ni desde Barcelona.

En referencia al tercer tema, es decir, a la decisión del TEDH, considerando que el reino español, durante el encarcelamiento preventivo, no vulneró los derechos fundamentales de los tres líderes mencionados, que la privación de la libertad no fue arbitraria, pues era justificada por el riesgo de fuga, y que les había permitido votar por delegación, durante las sesiones parlamentarias, etc.; todo ello me confirma que las altas judicaturas están ocupadas por personas endiosadas que se parapetan en sus conocimientos legales, distanciándose de la realidad. Y eso, si bien es una condición de la pretendida objetividad, nos muestra una enorme y desgraciada falta de conocimiento de la realidad y una falta de empatía, pues decir que no se vulneraron los derechos, cuando Turull fue detenido los días en los que planteaba, en el Parlament, su candidatura a la presidencia de la Generalitat, es para llorar … sangre.

El penúltimo tema, ya más frívolo, es el penoso empate del Barça, que ratifica, una vez más, nuestro carácter, de los culés, que pasamos de un extremo a otro, de considerar que nuestro equipo es el no va más, a pasarnos al otro extremo del péndulo, y cargarnos al equipo y a su entrenador Hans-Dieter Flick. Pero, a la vez, nos sirve de catarsis (katharsis: purificación, purgación), especialmente, si nos centramos en la liga española y su estructura y funcionamiento pro Real Madrid.

Y respecto a la campaña de la Rosalía, para presentar su último disco (de momento), me parece destacable el importante eco mediático, multiplicando hasta el extremo los efectos buscados por su campaña de marketing. Y que eso lo multipliquen los medios de comunicación privados, tiene cierta lógica, pero que los medios públicos caigan en esa misma trampa infantil, es penoso. Pero ese no es el tema principal, si no el desprecio olímpico de Rosalía respecto a la lengua catalana, que minimiza entre las 13 lenguas que utiliza; pero, para más inri, es haber pactado con la Abadía de Montserrat, que su escolanía cantase, hiciese el coro, en castellano, en una de sus canciones.

Los intereses comerciales de Rosalía están claros, pero que el abad de Montserrat, el padre Manel Gasch i Hurios, haya caído en esa trampa, como lo hizo al invitar al rey Borbón Felipe VI (sucesor del invasor Felipe V), el pasado mes de junio, para conmemorar el Milenario de la fundación del Monasterio, nos muestra que la españolización está introduciéndose de forma peligrosa, de forma intravenosa, y nos está afectando hasta en nuestra médula cultural, en nuestras entrañas más profundas. 

Y si perdemos nuestros elementos diferenciales, acabaremos perdiéndolo todo. 

Sabemos que los poderes del estado son muy potentes y se aplican a fondo, y de forma especial, desde 1714, pero ahora ya no disimulan, como pretendió el conde duque de Olivares (Gaspar de Guzmán y Pimentel, 1587 – 1645): ‘que surja el efecto sin que se note el cuidado’. Ahora se han quitado la máscara, y quieren que también se note el cuidado.  

Por eso, es peligroso ver que de cada vez hay más ‘quintacolumnistas’ entre nosotros. Y, ante esa situación, no podemos permanecer neutros, ni pasivos.

En definitiva, que estamos viviendo una dura y triste realidad, por lo que debemos espabilarnos, debemos informarnos por medios contrastables y no domesticados con subvenciones, pues, en caso contrario, seguiremos perdidos, como dice el refrán ‘el que no sabe lo que busca, no entiende lo que encuentra’.

El pasotismo nos llevaría a ‘dormir para no pensar; a callar para no gritar; reír para no llorar y olvidar para no sufrir’, y eso es, precisamente, lo que pretenden los poderes del reino español, claro.

Y, como dijo Óscar Wilde: ‘lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo’.

Los independentistas debemos tener presente que:

‘un mar tranquilo nunca hizo buen marinero’

‘el peor arrepentimiento que podemos tener no es por las cosas equivocadas que hicimos, sino por las cosas correctas que hicimos por las personas equivocadas’

‘no importa lo despacio que vayas, siempre y cuando no te detengas’.

Según el senador e historiador Lucius Cassius Dio (155 – 230), el emperador Marcus Aurelius Antoninus (121 – 180), antes de morir dijo: ‘Id hacia el sol naciente; yo ya me estoy poniendo’. 

Y los independentistas catalanes deberíamos ser conscientes de nuestra situación y la del estatus quo español, para obrar, sí, para actuar en consecuencia, sin detenernos, y buscando nuestro nuevo sol naciente, que nos hará vivir, y no limitarnos a seguir existiendo.