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Fluctuat nec mergitur (batida por las olas, pero no hundida)

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

En mi escrito de ayer anuncié que el presente lo titularía con el mencionado lema de la ciudad de París: ‘Fluctuat nec mergitur’ (batida por las olas, pero no hundida), en homenaje de las víctimas del atentado yihadista de la sala Bataclan, en el décimo aniversario del atentado; y, a la vez, adoptando dicho lema a nuestro movimiento independentista catalán, tras el dictamen del abogado general del TEDH. Así que ‘lo prometido es deuda’.

El citado lema parisino se remonta al siglo XVI, si bien, originariamente, la frase era más larga: ‘Fluctuat at nunquam mergitur illa ratis’ (esta balsa flota, pero nunca se hunde), que está atribuida a Hippolytus de Portus Romanus (san Hipólito, s. III, el primer antipapa de la historia, si bien se convirtió y murió martirizado), en su obra ‘De Christo et Antichristo’, pues en esa obra aparece, en griego: ‘cheimásetai men all ouk apóllytai’, para expresar la idea de que el Mar es el mundo en el que la Iglesia como nave en el piélago es batida por la tempestad pero no se va a pique.

Psicosocialmente, este lema positivo expresa no solo la resiliencia (la capacidad de levantarnos, tras caer), si no, también, la necesaria motivación para seguir trabajando al objeto de conseguir nuestros deseos.

Toda población atacada por atentados terroristas, guerras y desgracias en general: climatológicas (olas de calor, sequías, lluvias torrenciales, etc.) o geológicas (terremotos, tsunamis, etc.), experimenta mecanismos de defensa (inconscientes) pero, también, actitudes (conscientes) para intentar sobrevivir, como explicó el psicólogo norteamericano Abraham Harold Maslow (1908 – 1970) con su pirámide sobre las jerarquías de las necesidades humanas, que van, desde las primarias: como las fisiológicas y las de seguridad, y las secundarias: la afiliación, el reconocimiento y la autorrealización.

Y siguiendo esa teoría, comúnmente aceptada, la satisfacción de las necesidades sigue esa jerarquía, es decir, que no se aspira a conseguir el siguiente nivel, si no se tiene cubierto o satisfecho el anterior. Y, a este respecto, es precisa la motivación para superar el nivel en el que nos encontremos, y poder aspirar al siguiente; por lo que el lema parisino mencionado, es elemental, fundamental: ‘fluctuat nec mergitur’, que, popularmente, podríamos describir como ‘tocado, pero no hundido’.

El objetivo del presente escrito es el de centrar esa ‘filosofía’, entendida como ‘manera de pensar o de ver las cosas’ (sexta acepción del diccionario de la RAE), en nuestro movimiento independentista, siempre fluctuante sobre las turbulentas aguas españolas.

Hemos constatado que, desde hace años, pero, especialmente, en esta última década, nuestro estado de ánimo de los independentistas catalanes ha experimentado oscilaciones, con variaciones recurrentes, generalmente, reactivas a las acciones del estado y de los unionistas en toda su extensión, o, también, a decisiones internacionales (de la ONU, de la UE, del TJUE (Tribunal de Justicia), del TGUE (Tribunal General) o del TEDH (Tribunal Europeo Derechos Humanos), etc.

Pues bien, ayer, Dean Spielmann, el abogado general del TJUE, con su dictamen no vinculante sobre la ley de la amnistía, nos inyectó una gran dosis de moral, de ánimo, pues, en primera instancia, reconoció que dicha ley está en consonancia con la legislación europea, que no se aprecian aspectos de corrupción, ni que se tratara de una ‘autoamnistía’, que eran las acusaciones que hacían los ultraconservadores (partidos políticos, cúpula judicial, en especial el tribunal supremo, etc.) 

En esta última década hemos vivido algunos puntos de éxito y de euforia, por vernos en la cresta de la onda, pero, la mayor parte de momentos nos hemos encontrado en el valle de esa onda, pues las noticias han sido negativas, desmotivadoras, desmoralizadoras.

Y ayer, la mencionada noticia nos elevó a las nubes, a la cima de la cumbre, si bien somos conscientes de que ese dictamen no es vinculante, para esto debemos esperar a que el plenario del TJUE publique su sentencia, prevista para dentro de dos o tres meses. 

Somos conscientes de que, si bien, según se dice, en el 80% de las ocasiones, las sentencias de ese tribunal se ajustan a las previas de su abogado general; ya hemos vivido resoluciones que nos han situado en el 20%, como en el pasado año, desestimando el recurso de casación interpuesto por el president legítimo Carles Puigdemont y Toni Comín, contra la sentencia del TGUE, que consideró la necesidad de jurar la constitución española para acceder al acta de eurodiputados.

Por todo ello, la mayoría de los medios de comunicación digitales de ayer, y de los editados hoy, están llenos de artículos al respecto; y, también, las tertulias televisivas y radiofónicas. La mayor parte, obviamente, resaltando el gran éxito para los independentistas, y el gran palo contra el poder judicial español, la comisión de justicia de la UE y los partidos políticos españolísimos, que recurrieron la ley de la amnistía ante ese tribunal internacional citado. Pero también otros medios y partidos políticos se han dedicado a tirar agua al fuego, efectuando ‘lecturas’ torticeras e interesadas.

Y consecuentemente, en este momento, a pesar del gran éxito puntual, lo que me parece más adecuado es mantener la templanza, la moderación, la continencia y la paciencia necesaria, como requiere el refrán, muy catalán, que dice: ‘no diguis blat fins que no el tinguis al sac i ben lligat’ (no digas trigo, hasta que no lo tengas en el saco y bien atado)

Por todo esto, y para finalizar el presente escrito, me parece interesante recurrir al mencionado lema parisino, pero en la cita que efectuó el poeta y cantante francés Georges Brassens (1921 – 1981), en su canción de 1964, titulada ‘Les copains d’abord’ (los amigos de a bordo), compuesta para la película ‘Les copains’, dirigida el siguiente año, por su amigo Yves Robert:

No, este barco no era la balsa de la Medusa,

que se sepa en el último rincón de los puertos,

navegaba a su aire

en el gran estanque de los patos (*)

y se llamaba a los amigos primero

Navegando tranquilamente, 

por encima de lo que dirán

y gritando que los primeros son los compañeros de a bordo.

Flota y no se hunde (fluctuat nec mergitur), no era literatura

mal que pese a los echadores de cartas

su capitán y sus marineros

no eran unos hijos de puta

sino amigos de puerto franco,

ante todo, unos amigos de a bordo.

No eran amigos de lujo,

pequeños Castor y Polux,

gente de Sodoma y Gomorra

no eran amigos elegidos por Montaigne y Boecio.

Se partían de risa, 

los amigos primero

Tampoco eran ángeles

el evangelio no lo habían leído

pero se querían a toda vela, a toda vela.

Jean, Pierre, Paul y compañía, 

era su única letanía.

su credo, su confitero, para los amigos primero

Al menor golpe duro de Trafalgar,

era la amistad quien cogía el timón

era ella quien les mostraba el norte.

Y cuando estaba en apuros

y sus brazos gritaban SOS

se hubiera dicho que eran faros,

los amigos primero.

En las citas de los buenos amigos

no solía haber ausentes.

Cuando uno de ellos no subía a bordo

era porque había muerto

si, pero nunca, nunca jamás

se llenaba el vacío que dejaba

cien años después,

maldita suerte, seguía faltando.

Yo he tomado muchos barcos

pero el único que ha resistido

que jamás ha cambiado de rumbo

navegaba a su aire

por el gran estanque de los patos (*)

por encima de lo que dirán

Y se gritaba los amigos primero

Los amigos primero 

(*) la laguna de Thau

Me parece evidente que esa amistad, pese a las diferencias, es necesaria, si queremos seguir avanzando, contra vientos y mareas. Esta y sólo esta es nuestra ‘verdad del barquero’