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El FOMO, la Bugonia y el Heweliusz

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Últimamente está de ‘moda’ la expresión FOMO, el fenómeno, por sus siglas en inglés, (fear of missing out) que expresa ‘el miedo a estar ausente, relacionado con la ansiedad generada por el temor a perderse un evento social o cualquier otra experiencia positiva, especialmente del tipo de actividades que se divulgan por las redes sociales’. Asimismo, hoy hemos visto la película ‘Bugonia’ (2025), del director Yorgos Lanthimos, e interpretada, principalmente, por Emma Stone. Y me ha parecido que podía ser interesante combinar ambos términos, para este escrito.

Respecto al FOMO, el miedo a perderse un evento social, estos días hemos tenido diferentes ejemplos: 

  • Los 4 conciertos de despedida, del grupo de músicos catalanes ‘Oques Grasses’ formado el año 2010, y que ha anunciado su despedida el mes de octubre del próximo año 2026. Para esa despedida, organizaron un concierto en el Estadi Olímpic Lluís Companys (Barcelona), con 55.000 localidades, que sea agotaron en 21’; por lo que programaron un segundo concierto, cuyas entradas se agotaron en 19’. Y programados dos conciertos más, se agotaron en una hora. Un gran éxito para ese grupo, que batirá un gran record, para un grupo catalán. Esa fiebre para conseguir entradas ha sido todo un boom mediático.
  • En el regreso parcial del F. C. Barcelona al Camp Nou, la inauguración del nuevo estadio, el Spotify Camp Nou (el nou camp nou), prevista para el próximo sábado, con unas entradas que cuestan de 199 a 589 euros, que, incluso con el descuento para los socios, ha convertido el fútbol en una experiencia de lujo, para una élite y turistas, e inaccesible para muchos aficionados tradicionales, que acostumbraban a ir con sus familias, por lo que, el público perderá parte de su magia. Aún así, los 45.401 asientos previstos en esta primera fase de las obras, se han agotado rápidamente. Y, al finalizar las obras, cuando estén habilitados los 105.000 asientos, se supone que se regularizará la situación.
  • Y si recordamos las manifestaciones millonarias que el movimiento independentista consiguió hasta el año 2017, son otros claros ejemplos al respecto del FOMO.

Ayer, el guionista y periodista LuanLu De Paolis, definió el FOMO como una muestra del Síndrome de Peter Pan.

Es decir, la referencia a la obra de James Matthew Barrie (q860 – 1937): ‘Peter Pan, or the boy who wouldn’t grow up), escrita en 1904, que narra las aventuras del chico que no quiere crecer, y por eso se escapa del mundo real, para irse al mundo del ‘Nunca más’, en el que hay piratas con el Capitán Garfio, la hada Campanilla, la joven Wendy, etc.

Y, en cierto modo me parece adecuado, pues son / somos muchos los adultos que presentamos esa ansiedad de participar en eventos especiales, pues consideramos que, de ese modo, obtenemos cierta significación y filiación; pero, me parece preciso destacar que ese FOMO lo experimentan, más si cabe, los jóvenes atrapados en las redes sociales, para lo que precisan estar constantemente conectados. 

Es habitual ese miedo a ser excluidos y perderse esas ‘fiestas’, socialmente bien consideradas. Por eso, la opinión ajena, ‘el que dirán’ es el combustible que hace muscular esa necesidad de estar para aparentar.

Y eso no deja de ser una demostración patológica de inseguridad, de baja autoestima, soledad, déficit de necesidades psicológicas y de miedo a estar solos, con nosotros mismos; y, también, de envidia, es decir, por no tener / hacer lo que tienen / hacen los otros. Y, a la vez, un arrepentimiento por perderse experiencias que otros pueden vivir. Y esas carencias pueden comportar la ansiedad y el miedo mencionado, así como, en casos extremos, la depresión. Y, en menor grado, al Síndrome de Peter Pan.

Respecto a la Bugonia (bugonía) del griego ‘boç’ (buey) y yovía’ (creación), genesia, nacimiento, según Wikipedia, expresa:

‘la creencia muy difundida en la antigüedad y hasta el siglo XVII (al menos en Europa) en la generación espontánea de la vida. El concepto de bugonia es utilizado por Virgilio en el libro IV de las Geórgicas (…) como introducción al epilio, que se refiere a los malogrados amores de Orfeo y Eurídice. Allí, Virgilio comenta cómo al apicultor Aristeo se le morían las abejas. Aristeo pide ayuda a su madre y ésta le revela que las abejas morían porque los dioses lo habían castigado ya que, involuntariamente, Aristeo había causado la muerte de la bella Eurídice. Tras una expiación, Aristeo obtiene nuevas abejas mediante la bugonia’.

Volviendo a la película, el argumento es que dos jóvenes conspiranóicos, secuestran a una poderosa presidenta de una gran empresa, convencidos de que se trata de una extraterrestre de la constelación de Mandrágora, decidida a destruir la Tierra. Uno de los secuestradores, el ideólogo, es apicultor, y tiene a su madre ingresada terminal en un hospital por una mala praxis de un producto elaborado por la compañía de la empresaria. El otro, es un joven con un notable autismo.

Es decir, esos dos personajes, se inspiran en las conspiraciones de las redes sociales, y se dejan llevar para sentirse parte integrante de ese grupo.

Y, en gran parte, ese ideólogo es un claro ejemplo de lo que expresó el pintor Francisco de Goya Lucientes (1746 – 1828) en su aguafuerte titulado ‘El sueño de la razón produce monstruos’ (1799). ‘Curiosamente’, esa frase y una representación del propio Goya, figuran, desde hace años, en un mural del cine al que hemos ido a ver esa película.

Por todo ello, me ha parecido que unir el FOMO y la bugonia, tiene un gran sentido ilustrativo, que puede ser didáctico, si recapacitamos porqué hacemos o no hacemos determinadas acciones; si las hacemos o no hacemos por convicción propia, o si es por vernos arrastrados y contaminados por las redes y la sociedad en general.

Y es preciso resaltar que, en todos los casos, las acciones u omisiones tienen consecuencias; y, cuando éstas son negativas, y han sido realizadas de forma racional, tienen sus implicaciones, mientras que, si las hemos realizado animados por las masas, esas implicaciones son más difusas, obviamente. Por eso, se precisa una cierta valentía para adoptar, de forma consciente, nuestro proceder.

Sobre el particular, me parece interesante destacar un último ejemplo:

Aconsejado por un amigo, estos días estamos viendo una serie polaca, titulada ‘Heweliusz’, sobre un hecho real, el naufragio del ferry MS Jan Heweliusz, ocurrido el 14 de enero de 1993, que dejó solo 9 supervivientes. Y, como pasa siempre, las culpas de la naviera, gobierno, etc., recayeron en el capitán fallecido, y encontrado, solo, en el puente de mando, pues, en última instancia, y al ver la catástrofe ya irreversible, había obligado a los oficiales que se marcharan e intentaran salvar sus vidas. Finalmente, fallecieron 20 tripulantes y 35 pasajeros.  

Ese barco sufrió un incendio en 1986, sin heridos; y fue reparado ilegalmente, recubriendo las zonas dañadas con 60 toneladas de hormigón, lo que aumentó el peso del barco y afectó peligrosamente a su estabilidad. Antes de su hundimiento por el fuerte temporal, el Jan Heweliusz había estado involucrado en 28 incidentes, entre ellos, colisiones con barcos pesqueros, escora, fallo de motor y el mencionado incendio del 1986.

Este ejemplo muestra que la burocracia, con su falta de controles efectivos y objetivos, se observó en el juicio del caso, que atribuyó al accidente al mal estado del barco, y al capitán, por haber permitido que zarpara, en un estado tan inadecuado para navegar.

En el año 2005, el TEDH (Tribunal Europeo de Derechos Humanos) dictaminó que la investigación oficial del hundimiento no fue imparcial y concedió determinadas compensaciones económicas.

Este ejemplo es una clara evidencia de cómo las voluntades, incluso de los supervivientes, son compradas, sobornadas, por la naviera y el propio estado. Y, claro, el punto débil, el talón de Aquiles, siempre acaba siendo el capitán, que, en este caso, fue criticado por borracho (cuando sus amigos y familiares defendieron que no lo era en absoluto), pero, la ciudadanía necesitó y prefirió tener un culpable al que acusar, sin pensar en el daño psicológico y económico que causaron a la familia del capitán.

Pero, como he dicho, en este caso, el FOMO ‘aconsejaba’ que era preferible ponerse del lado de los poderosos, ya que así les era más cómoda su supervivencia.

En definitiva, que es preciso detenernos y recapacitar, en todo momento, antes de actuar o de no actuar, de aceptar o de no aceptar determinados ‘argumentos’, y no caer en las trampas mediáticas, como vemos, ahora, con la trampa para elefantes, que nos tienden el PSC/PSOE, para conseguir que se les aprueben sus respectivos presupuestos generales, prescindiendo de la honorabilidad de sus decisiones políticas, pues saben que ‘una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad’ (frase atribuida a  Joseph Göebbels (1897 – 1945), responsable del ministerio de propaganda nazi).