Lo ocurrido en la consulta de la UAM Xochimilco no sorprende… lo que sorprende es que todavía sorprenda. En pleno 2025, con toda la tecnología disponible y con décadas de experiencia en procesos internos, la Unidad Xochimilco volvió a revivir un fantasma que México conoce demasiado bien: el sistema se cayó al viejo estilo del PRI.
Así, con esa frase que carga un peso histórico innegable, se detuvo el conteo de votos de la consulta para conocer la opinión de la comunidad sobre quién debería ocupar la rectoría de la Unidad. Y, como era previsible, la credibilidad del proceso terminó desplomándose junto con el sistema.
Pero lo más grave no es la falla técnica, sino el contexto en el que ocurre. Diversos miembros de la comunidad han señalado —y con razón para inquietarse— que la Secretaría General, Angélica Buendía, quien también compite por la rectoría, tiene familiares en el área de cómputo. ¿Es eso ilegal? No necesariamente. ¿Es prudente? Definitivamente no. En cualquier institución responsable, la mera apariencia de conflicto de interés sería suficiente para activar protocolos de transparencia, no para minimizar las inquietudes.
A ello se suma la percepción, cada vez más extendida entre alumnado y académicos, de que existe una inclinación institucional a favor de la candidata cercana a la actual secretaria general, Esthela Sotelo, y a otros integrantes de la Junta Directiva. Tal vez las autoridades lo nieguen; tal vez no. Pero cuando la comunidad percibe favoritismos, la legitimidad se fractura.
Una consulta universitaria debería ser ejemplo de democracia interna, no reflejo de prácticas opacas. La UAM no puede aspirar a formar ciudadanos críticos mientras reproduce las mismas dinámicas que el país lleva décadas intentando superar.
La caída del sistema no es un problema técnico: es un problema político. Y la comunidad lo sabe.
Lo que ocurrió en Xochimilco no sólo afecta a un proceso de designación: golpea directamente la confianza en la institución. Cuando un sistema se cae, siempre cabe la pregunta incómoda: ¿se cayó… o lo tiraron?
Esa duda es, en sí misma, un fracaso institucional.
Tras la consulta realizada a la comunidad universitaria, y pese a las irregularidades percibidas en el proceso, la mayoría concluyó que la opción más adecuada para ocupar la rectoría es la Dra. Juana Martínez Reséndiz, de la División de Ciencias y Artes para el Diseño.