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El antiguo proverbio que he tomado como título de este escrito, erróneamente atribuido a Eurípides (480 a. C. – 405 a. C.), es decir ‘quem deus vull perderé, dementat prius’, me parece muy adecuado, viendo los actuales ‘líderes’ políticos a nivel internacional, ya que vemos un exceso de hybris (hibris o hubris): arrogancia, altanería, insolencia, soberbia, ultraje, desenfreno o desmesura. Y, en contrapartida a ese complejo de superioridad, vemos, asimismo, ciertas manifestaciones del síndrome de Peter Pan; como intentaré elucubrar a continuación.
Donald Trump ha vuelto a demostrar su ira contra Europa, diciendo que ‘son débiles y no saben qué hacer’ (…) ‘quieren ser políticamente correctos’ (…) ‘está en decadencia’ (…) y respecto a Sadiq Khan, alcalde de Londres: ‘sale elegido porque ha llegado tanta gente que ahora votan por él’ (…) ‘hablan, pero no producen, y la guerra, simplemente, sigue y sigue’ (…) ‘Kiev utiliza la guerra para evitar las elecciones y creo que es un momento importante para celebrar elecciones. Están utilizando la guerra para no celebrar elecciones’ (…) ‘Europa no podrán ser unos socios fiables porque en 20 años no tendrá economía ni ejércitos fuertes’ (…).
Días atrás, Trump criticó a Somalia: ‘es un país que apesta y sus descendientes que emigraron a los EUA son basura que hay que sacar’ (…) ‘solo corren de acá para allá matándose los unos a los otros’ (…).
Me parece evidente que todas estas expresiones confirman la locura, aumentada por su fracaso al no obtener el Premio Nobel de la Paz.
Según el cuento de los hermanos Karl Grimm (Jacob Ludwig, 1785 – 1863, y Wilhelm, 1786 -1859), la madrastra de Blancanieves, la malvada bruja Grimhilde, se enfureció con el espejo, pues, al preguntarle ‘espejito, espejito, quién es la más bella del mundo’, el espejo mágico siempre le respondía que era la Blancanieves.
Por eso, me parece que Trump no debe tener espejos en la Casa Blanca. Se contenta con las respuestas aduladoras de sus enanitos, que le ríen y multiplican sus ‘desgracias’, como hizo ayer Marco Rubio, secretario de estado, respondiendo desmesuradamente a la anunciada multa de la UE a la red X: ‘es una agresión al pueblo americano’.
Es evidente que esos personajes nunca entenderán que son más que su mero reflejo, y del reflejo que les muestran sus propios medios de comunicación, debidamente recompensados. Por eso nunca podrán entender que el ‘problema’ son ellos, que no está fuera, sino dentro de sí mismos.
Y ante esos ataques e insultos, los ‘líderes’ europeos se limitan a tibias respuestas, no sea que el ‘loco de la colina’, el ‘perro verde’ (*), se enfade, y nos aumente, todavía más los aranceles, que, en el fondo, es lo único que les preocupa.
(*) títulos de unos exitosos programas de TVE, presentados hace décadas, por Jesús Rodríguez Quintero (1940 – 2022).
Así que, llegados a ese nivel de locura, y como dice el mencionado proverbio, parece evidente que, más pronto que tarde, a todos esos ‘líderes’ les llegará el castigo de los dioses, y al primero, a Trump, por ser el ‘alumno aventajado’ de la actual política retrógrada, ultraliberal y fascistoide.
Esa prepotencia la vemos, asimismo en el estado español, que sigue ensimismado en su remoto imperio castellano, abonado por el ‘descubrimiento’ de América (1492), y que duró hasta el siglo XVII; pero ese éxito puntual, reforzó el carácter de hidalgo (hijodalgo, fidalgo), personas que, por su linaje, pertenecían al estamento inferior de la nobleza, desprovista de derechos jurisdiccionales y de escaso nivel económico (a pesar de estar exentos de pagar impuestos) y relieve social. Pero, comparativamente, respecto al resto de poblaciones, de la península y ajenos a ella, les hacía sentirse superiores. Y ese espíritu lo llevan incrustado, ya, en su ADN, como vemos incluso en la actualidad, pues tampoco tienen espejos; y así, siguen ejerciendo todos los poderes, con total desprecio, incluso a sus propias leyes, como vimos, nuevamente, ayer, con su prepotente sentencia del tribunal supremo contra el fiscal general, Álvaro García Ortiz.
Pero nuestra desgracia no acaba con esos hijosdalgo y sus actuaciones, pues, como he comentado, en paralelo a este fenómeno (y nunca mejor dicho, atendiendo a la acepción del RAE aplicado a ‘personas o animales monstruoso’), autogeneramos personajes con el síndrome de Peter Pan.
Por eso, me parece curioso que junto a esos personajes que ni siquiera tienen ‘el síndrome del impostor’ (término acuñado en 1978, por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imers), ya que consideran que sus méritos son justamente merecidos; coexistan personajes con ‘el síndrome de Peter Pan’ (denominación acuñada en 1983 por Dan Kiley), que se sienten eternamente jóvenes pues temen crecer y tener que asumir responsabilidades.
Y aún más grave, incluso el ‘procés’ de independencia catalán, me parece que, parcial y puntualmente, presenta, también, ese síndrome de Peter Pan, pues muchos independentistas lo han ‘colocado’ en el baúl de los recuerdos, al considerarlo unos hechos pasados e infructuosos, que, según ellos, les autodemuestra que no hay forma de conseguir la independencia, como la profecía autocumplida.
Y desgraciadamente, en Catalunya tenemos, asimismo, a muchos catalanes que tienen ‘el síndrome de Wendy’ (descrito por Lucy Morton, en 2021, tomando como muestra a Wendy Moira Angela Darling, personaje de la novela ‘Peter Pan’, de M. Barrie), ya que tienen la necesidad absoluta de anteponer de forma sistemática los deseos de otras personas o poderes (españoles, claros), a los suyos propios.
En síntesis, ese es el caldo de cultivo dominante en Catalunya:
- muchos personajes con el síndrome de Peter Pan, que no quieren crecer, que están anclados en el 2017, pero tomado de forma fosilizada;
- otros muchos, que consideran que es el propio ‘procés’ y sus defensores, los que padecemos ese síndrome de aversión al crecimiento, a la maduración y desarrollo;
- y, finalmente, otros con el mencionado ‘síndrome de Wendy’, que únicamente confían en el papá estado español.
y, claro, por eliminación, de cada vez hay menos ciudadanos, en toda la amplitud del término (titular de derechos políticos); pues los anteriores, mayoritariamente, actúan como súbditos o vasallos, ya que les es más cómodo y no quieren correr el riesgo de perder su actual confort.
En definitiva, creo que ya no se trata de falta de información, ni de pedagogía, pues las diferentes posiciones están muy arraigadas, enquistadas, y, hoy por hoy, parecen inamovibles, por lo que debemos confiar que, como nos pasó en el 2017, volvamos a tener otro momento de serendipia, momento valioso y feliz que se produce de manera accidental o casual.
Y en ningún momento, los independentistas debemos caer en la trampa y considerarnos ‘perros verdes’, personas raras, pues, en todo caso, los raros son ellos, los que prefieren seguir viviendo de rodillas, infrafinanciados y con los derechos y libertades capitidisminuidos, mermados. Por todo ello, debemos seguir trabajando, siendo activos, pues, como dijo Pablo Ruiz Picasso (1881 – 1973), ‘la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando’.
Nota final: en este escrito he hecho varias referencias al cuento de ‘Peter Pan’, ya que ayer vimos una entrevista a Joana Castells Savall, traductora de una nueva edición, al catalán, respetando el formato original, con las ilustraciones de Francis Donkin Bedford (1864 – 1954); libro que he comprado esta mañana.
En el prólogo de esa nueva edición ‘Peter i Wendy’ (1911), de James Matthew Barrie (1860 – 1937), editorial Males Herbes, nov. 2025, la traductora comenta que un hermano del autor, David, falleció en un accidente de patinaje el día antes de cumplir los 14 años. Hecho que afectó, obviamente a James (que tenía 6 años), por lo que se puede deducir que el niño que no crecía era, el muerto, y permanecía en la memoria del autor, con la imagen del momento de su muerte.
Pues bien, a los que consideran los hechos del 2017, y el ‘procés’ en su conjunto, como hechos fosilizados de la historia, como si se tratara del imperio egipcio y sus pirámides, les hemos de demostrar que el movimiento independentista no está muerto, ni permanece larvado, ni en estado de hibernación, ni somos cuatro viejos nostálgicos; aún sabiendo que ‘los que no quieren ver, no ven’ (‘viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden’. Mt. 13: 13-15)