Buscar

Genius loci, Genius saeculi, Zeitgeist, Volksgeist

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

En todas las culturas se han considerado espacios, lugares, protegidos, sagrados (genius loci, espíritu guardián del lugar); o el propio momento era designado ‘el espíritu del momento, del siglo’ (genius saeculi). En 1769 el filósofo y teólogo alemán Johann Gottfried (Ioannes Gottfriedus) von Herder (1744 – 1803), autor de ‘El joven Werther’, entre otras obras, en pleno movimiento intelectual, conocido como romanticismo (Sturn und Drang, tormenta e ímpetu), introdujo el término ‘zeitgeist’ (espíritu del tiempo, del momento), para hacer referencia al clima, ambiente o atmósfera intelectual y cultural de una época determinada. Y, en este momento actual, a mi modo de ver, el espíritu que lo caracteriza, el ‘volksgeist’ (espíritu nacional, del pueblo) es la prepotencia, la corrupción, la falta de ética y de moral, como intento comentar en este escrito.

Como vemos, el término alemán ‘geist’ (espíritu) es asimilable, en cierto modo, al latino ‘genius’, para designar el conjunto de características propias de cada lugar, tiempo, o a ambas. 

Y como sabemos, los españolistas (y muy españoles, como dijo el impresentable Mariano Rajoy) incluso ahora siguen poniendo objeciones para determinar el término ‘volks’, pues, para ellos, la gente, el pueblo, la nación, es el conjunto del estado español, despreciando las diferencias culturales, históricas y políticas, en definitiva, la personalidad de los diferentes pueblos que la conforman, a las que, tradicionalmente, han intentado asimilar a su idiosincrasia (rasgos, temperamento y carácter) castellana. Y, a tal fin, han aplicado todas sus fuerzas su ‘Sturn und Drang’ (tormenta e ímpetu).

A lo largo de la historia, ha habido momentos de esplendor, como el Renacimiento europeo (s. XV y XVII), pero, también ha habido momentos más abiertos y menos encuadrables, en los que sobresalieron personajes brillantes, ilustres, en diferentes áreas de conocimiento, por ejemplo:

  • John Maynard Keynes (1883 – 1946), economista del Reino Unido.
  • Ludwig Josef Johann Wittgenstein (1889 – 1951), filósofo, matemático y lingüista austríaco. 
  • Bertrand Arthur William Russell (1872 – 1970), matemático y filósofo del Reino Unido. 
  • George Edward Moore (1873 – 1958), filósofo del Reino Unido.
  • Sigmund (Sigismund) Schlomo Freud (1856 – 1939), médico psiquiatra checo.
  • Carl Gustav Jung (1875 – 1961), médico psiquiatra suizo.
  • Karl Theodor Jaspers (1883 – 1969), psiquiatra y filósofo alemán. 
  • Albert Einstein (1879 – 1955), físico alemán.
  • Pablo Ruiz Picasso (1881 – 1973), artista español.
  • Joan Miró i Ferrà (1893 – 1983), artista catalán. 
  • Etc.

Evidentemente, la relación podría ser mucho más exhaustiva, pero me parece que con los mencionados es más que suficiente para mostrar unos verdaderos genios, cada uno en su actividad específica, nacidos a finales del siglo XIX, y con importante influencia cultural en el siglo XX y en el actual. 

Es cierto, también, que nos falta perspectiva para detectar y reconocer nuestros genios, los que conforman nuestra cotidianidad, y así, ni los percibimos, ni reconocemos, ni valoramos, ni se lo agradecemos; pero espero que la perspectiva histórica los pondrá en su lugar.  

Y todos los mencionados, fueron fruto de nuestra civilización, la que ahora, el iletrado Donald Trump considera que está en declive, que peligra su subsistencia.

Es evidente que Trump no entiende en su totalidad el ´termino ‘civilización’, como conjunto de costumbres, saberes y artes propio de una sociedad humana. Él sólo entiende de poder económico y militar.

Ahora bien, volviendo al zeitgeist, el espíritu de nuestro tiempo actual, me parece que, como he dicho, desgraciadamente se caracteriza por la corrupción y la prepotencia de los falsamente considerados líderes, ya que, si bien dirigen y presiden los estados, las empresas, los partidos políticos, etc., carecen del reconocimiento como ‘autoridad’, que, etimológicamente tiene su origen en el término latino ‘auctoritas’, derivado de ‘auctor’, cuya raíz es el verbo ‘augere’, que significa aumentar, hacer crecer, y, en definitiva, como cualidad creadora de ser, así como de progreso, entendido el amplio sentido social y moral.

La ley del péndulo aplicado a la sociedad nos muestra sus oscilaciones políticas y electorales; y así, vemos que, sucesivamente, se producen giros, cambios, pasando de gobiernos conservadores a otros progresistas, y viceversa. Si bien esos términos, en la actualidad, también han perdido su profundidad, y ahora son etiquetas planas, simplificadas y estereotipadas.

Asimismo, vemos que los diferentes estadios del péndulo, incluso en sus polos ideológicos (derechas e izquierdas) tienen aspectos comunes: la soberbia, la prepotencia, la envidia, la corrupción, el machismo, el patriarcado, etc., ya que, todos ellos conforman a los seres humanos, de forma transversal y general. 

Y ahora, en el reino español, vemos que van conociéndose diferentes corrupciones del PSOE, publicitadas y multiplicadas por los partidos políticos contrarios, sus respectivos medios de comunicación y, también, por los diferentes poderes del estado (judicial, policial, etc.)

Efectivamente, que los partidos teóricamente de izquierdas, que deberían representar el progresismo social, tengan tantos ejemplos de corrupción, es mucho más grave y fruto de su falta de responsabilidad y vocación de servicio; y por eso es más grave que la corrupción de los partidos llamados conservadores, ya que la historia nos ha mostrado que esas prácticas son más consustanciales de las derechas.

Por eso, aplicar la mencionada política del péndulo, y, ante esa corrupción, pasar a votar a la derecha, si bien tiene un aspecto positivo, de regeneración, y de limitar la solidificación e institucionalización de esa corrupción, entregarse a los brazos de los partidos que son su némesis, con los elementos negativos elevados a la enésima potencia.

Y en estos momentos de tránsito, constatamos que aparecen por doquier personajes ‘crispadores’ de la sociedad, como el mencionado Trump, mientras que desaparecen los ‘balsámicos’. Y esa crispación, como los tsunamis, se expande hasta llegar al último rincón del planeta, a pesar de que esos personajes no representen a la volksgteist, el espíritu de los pueblos, pero acaban desfigurándolo y transformándolo. 

Ante esta situación, la tentación es la abstención, al considerar que todos son iguales, pero hay unos que son ‘más iguales que otros’, como dice el refrán. 

Por eso, la postura cómoda de abstenerse, debería ser abandonada, para pasar a ser, justamente, lo contrario: activos y críticos en la elección de los candidatos, y controladores de su posterior gestión, y, llegado el momento, mostrar nuestra némesis, la indignación justa, y darles lo que les corresponde (némein) el castigo.

El mencionado filósofo Wittgenstein, en su obra ‘Tractatus lógico-philosophicus’ (1921), incluyó gran cantidad de aforismos, entre ellos:

  • ‘Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo’.
  • ‘No nos damos cuenta de la prodigiosa diversidad de juegos de lenguaje cotidianos, porque el revestimiento exterior de nuestro lenguaje hace que parezca todo igual’.
  • ‘Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo’.
  • ‘Nuestra civilización se caracteriza por la palabra ‘progreso’. El progreso es su forma, no una de sus cualidades, el progresar. Es típicamente constructiva. Su actividad estriba en construir un producto cada vez más complicado. Y aun la claridad está al servicio de ese fin; no es un fin en sí. Para mí, por el contrario, la claridad, la transparencia, es un fin en sí’.
  • ‘Nuestras palabras sólo expresan hechos, del mismo modo que una taza de té sólo podrá contener el volumen de agua propio de una taza de té por más que se vierta un litro en ella’.

Y antes de morir, el filósofo dijo a su médico: ‘Diles que mi vida fue maravillosa’. 

En definitiva, que tenemos mucho trabajo para revolucionarnos a nosotros mismos, pues éste, y no otro, es el camino para modificar el espíritu de nuestro tiempo.