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Peligro del hiperliderazgo y el circulo infernal

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Estamos en un momento de retroceso o, directamente, de pérdida de los valores fundamentales; y, a mi modo de ver, en gran parte es culpa de los hiperliderazgos, que nos hacen regresar a épocas pretéritas, que confiábamos superadas definitivamente, y ese es el círculo infernal, como vemos con Donald Trump y, también, con el candidato chileno José Antonio Kast, por citar dos ejemplos. Ahora bien, los hiperliderazgos más light, slow, como tenemos en muchas pseudodemocracias como la española, son igualmente perniciosos, pues propician el vértigo del deterioro de los valores, como intento explicar a continuación.

En primer lugar, me parece del máximo interés centrarme en el mencionado candidato de extrema derecha chileno, José Antonio Kast Rist que, según algunos sondeos, conseguirá hoy la presidencia de su país. A mi modo de ver, es del todo incomprensible que un ‘político’ declarado partidario del dictador y asesino Augusto José Ramón Pinochet Ugarte (1915 – 2006), pueda ser votado por la población, mostrando su desmemoria, su falta de ética y de moral, así como su falta de cultura histórica.

Al respecto, es preciso recordar la familia de ese candidato, nacido en Oberstaufen (Baviera); su padre, Michael Martin Kast Schindele(1924 – 2014), había sido oficial de la Wehrmacht, con el rango militar de oberleutnant (lugarteniente) y militante del partido nazi, emigró a Chile en 1950, con su esposa, María Kreszencia Olga Rist (Bayern 1924 – 2015) y sus diez hijos, colaboró con el gobierno de Augusto Pinochet. Uno de sus hijos, Miguel R. Kast (1948 – 1983), fue ministro de estado y presidente del banco central, durante la dictadura de Pinochet.

Todos tenemos claro que las responsabilidades personales, son intrínsecas, específicas de cada uno, incluso ajenas a las familiares. Pero, es lógico, también, que la cultura que se ha mamado, y de la que el candidato no ha renunciado, pues ya en las elecciones generales del 2017, adoptó una estrategia de provocación disruptiva, dando soporte a Pinochet, oponiéndose al aborto, al matrimonio homosexual, a la inmigración ilegal, etc.; son aspectos que deberían tener presente los votantes. 

Me parece evidente que la contrapartida que ‘ofrecen’ esos neofascistas, es la seguridad, el freno de la violencia callejera (que, en parte, ellos mismos han ido provocando), cerrando, de ese modo, el círculo no vicioso, si no infernal.

Por eso, en este momento, me parece imprescindible recordar una de las mejores canciones del poeta y cantautor chileno, Víctor Lidio Jara Martínez (Víctor Jara, 1932 – asesinado, tras ser torturado, el 16 de setiembre de 1973)

El derecho de vivir en paz (1971)

El derecho de vivir

poeta Ho Chi Min

que golpea de Vietnam

q toda la humanidad

ningún cañón borrará

el surco de tu arrozal

el derecho de vivir en paz.

Indochina es el lugar

más allá del ancho mar

donde revientan la flor

con genocidio y napalm

la luna es una explosión

que funde todo el clamor

el derecho de vivir en paz.

Tío Ho, nuestra canción

es fuego de puro amor

es palomo palomar

olivo de olivar

es el canto universal

cadena que hará triunfar

el derecho de vivir en paz.

Es el canto universal

cadena que hará triunfar

el derecho de vivir en paz

el derecho de vivir en paz.

Por todo lo expuesto, y volviendo al papel de los hiperliderazgos, no se me escapa que, en los momentos iniciales, incluso pueden ser positivos para determinados partidos políticos, pues aprovechan su cartel mediático, carismático, como polo de atracción de los votos. Incluso en momentos de crisis, pueden tener aspectos positivos, por centralizar la responsabilidad de la gestión.

Pero, es evidente que los hiperliderazgos, en conjunto, tienen más aspectos negativos, inclinando la balanza hacia el lado oscuro; máxime, cuando los hiperliderazgos se alimentan del narcisismo, y viceversa, pues conforman una gestión personalista y carismática, que es opuesta a la democracia, a la transparencia y a la necesaria delegación de funciones.

Los hiperliderazgos tienden a la simplificación de los problemas, a dar soluciones fáciles a problemas complejos, y eso es puro populismo.

Al respecto, es famoso el ejemplo, mencionado por Paul Virilio, en ‘La administración del miedo’:

‘En mayo de 1940 Churchill reunió a su gabinete de crisis, en medio del desastre de Dunkerque, y pidió a los jefes de su estado mayor, que escribieran una nota, de una plana, en la que respondieran a la pregunta sobre qué hacer. El primer ministro inglés no quería nada más que una cara. Cuando el primer lord del almirantazgo le entregó su respuesta en una hoja escrita por las dos caras, Churchill le reprendió y le dijo: ‘he sido también lord del almirantazgo, le he pedido una cara, quiero su nota en un cuarto de hora’.

(CIDOB hiperliderazgo)

De este ejemplo se pueden extraer diferentes lecturas, pero, en este escrito, me limito a destacar el valor de desobedecer, y la arrogancia de la imposición.

Las características de un verdadero líder son, entre otras:

  • El verdadero líder es quien potencia las capacidades de su equipo, y hace brillar a su gente.
  • El liderazgo es una oportunidad para servir. No es un toque de corneta para llamar la atención sobre su propia importancia.
  • ‘Ningún hombre será un gran líder si quiere hacerlo todo él mismo, u obtener todo el mérito para sí mismo’ (Andrew Carnegie, industrial y filántropo)
  • ‘Los grandes líderes se quitan de en medio para aumentar la autoestima de su equipo. Si las personas creen en sí mismas, es increíble las cosas que pueden conseguir’ (Sam Walton, fundador de la cadena Walmart)
  • ‘Juntarse es un comienzo. Seguir juntos es un progreso. Trabajar juntos es un éxito’ (Henry Ford, fundador de Ford Motor Company)
  • ‘El arte de la comunicación es el lenguaje del liderazgo’ (James Humes, asesor de Dwight Eisenhower, Richard Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan)
  • ‘Los líderes serán aquellos que impulsen a otros’. ‘Todos necesitamos a alguien que nos dé feedback. Es así como mejoramos’ (Bill Gates, cofundador de Microsoft)
  • ‘Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y convertirse en algo más, entonces eres un líder’ (John Quincy Adams, sexto presidente de los EUA)
  • ‘Dar ejemplo no es la principal manera de influenciar a los demás, es la única manera’ (Albert Schweitzer, filósofo, premio Nobel de la Paz, 1952)

Existen muchas fábulas sobre el hiperliderazgo, como ‘los tres cerditos, un cuento sobre liderazgo disruptivo’ (Kainova, la revolución del talento); ‘Lidera-té. El vacío de la taza de té’ (Equipo Humano); etc., pero su reproducción comportaría alargar mucho el presente escrito, por lo que animo al lector a buscarlas y leerlas, pues, con toda seguridad les parecerán ilustrativas.

Pero, para finalizar, me parece preciso evidenciar que, generalmente, consideramos líderes a personajes que tienen el poder, nada más y nada menos; pero que carecen de las características del líder, por eso, gobiernan sin formar ni consolidar a su propio equipo.

Tenemos muchos ejemplos al respecto, desde Donald Trum hasta Pedro Sánchez, que, desde su poltrona del poder, mandan, gobiernan, imponiendo el temor entre sus ‘colaboradores’ (mejor dicho, sus empleados). Ya lo dijo el despótico Alfonso Guerra, vicepresidente del gobierno de Felipe González, entre 1982 y 1991: ‘El que se mueva, no sale en la foto’.

Pedro Sánchez, con su forma de gobernar personalista, en lugar de fortalecer a las federaciones de su partido en las diferentes comunidades autonómicas, lo que ha hecho es lanzar en paracaídas a diferentes ministros, para que aterrizasen en esas áreas, y lideren las próximas elecciones generales. Es decir, creyendo que el aura mediática de los ministros, es suficiente aliciente para los votantes, obviando el trabajo efectuado por los militantes de cada zona, que son los que realmente conocen sus problemas concretos.

Asimismo, los ministros, y futuros candidatos en las distintas comunidades autonómicas, en el ínterin, en el entretanto, no ejercen sus funciones de forma objetiva, pues, ante todo, quieren primar su imagen personal en su futuro feudo. El ejemplo más clamoroso lo tenemos con la vicepresidenta María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de hacienda, que, evidentemente, no quiere ser vista en Andalucía, como la ‘benefactora’ de Catalunya, por eso, retrasa la futura financiación justa para nuestra comunidad. Y eso, evidentemente, es un garrafal error de gestión de Pedro Sánchez, que debería haber tenido en cuenta esa distorsión. Y si quería tenerla como candidata en Andalucía, desde el minuto uno debería haberla cesado de ministra. 

Y a ese error del ‘aurea dicta’, hay que añadir sus errores en la selección de los más directos colaboradores / empleados, como hemos visto con José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Francisco Salazar, etc. Y, también, su escaso interés en destapar los casos del machismo más rancio (por más que se autoconsidere el defensor del ‘Me too’). Y todo ello sin recordar sus incumplimientos de los acuerdos.

En definitiva, que, con lo expuesto, me parece más que evidente que ni Donald Trump, ni Pedro Sánchez, por tomar dos ejemplos actuales y distantes, no son líderes, son gobernantes autoritarios, y esa no es la mejor fórmula para garantizar el futuro, ni de su partido, ni de la sociedad en general. Y con esa nefasta gestión, nos llevarán al abismo de un futuro gobierno de derecha y extrema derecha; y ellos, exclusivamente, serán los responsables. 

Evidentemente, el hiperliderazgo también lo encontramos en Junts, con Carles Puigdemont; y en ERC con Oriol Junqueras; y eso es negativo para sus respectivos partidos. En cuanto a Salvador Illa (155), nunca ha sido ni líder ni gestor, siempre ha sido un servil obediente; y así nos va. Y claro, personajes con el único valor de la bragueta, como los reyes, nunca podrán ser líderes de nada, como hemos constatado a lo largo de la historia.

Por todo esto, tenemos un presente negro y un futuro más que incierto, pero, con toda seguridad, sin el colorido preciso.