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El hombre vale lo que vale su palabra.

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

El principio de Hanlon (Robert J. Hanlon), inspirado en la navaja de William of Ockham (Occam, 1287 – 1347), y también conocido como la navaja de Hanlon, establece que: ‘Nunca atribuyas a la maldad lo que se explica adecuadamente por la estupidez’; según Johann Wolfgang von Goethe (1749 – 1832), en su libro ‘Las tribulaciones del joven Werther’ (1774), escribió: ‘los malentendidos y la negligencia crean más confusión en el mundo que el engaño y la maldad. En todo caso, estos dos últimos son mucho menos frecuentes’. 

En la época prerromana, las ‘teseras de hospitalidad’ eran unos documentos portátiles en bronce o plata del que cada parte conservaba una mitad, como muestra del compromiso.

En las Edad Media, el gesto de dar la mano era una forma de mostrar confianza, el compromiso, un símbolo de una promesa. El apretón de manos, ofreciendo la mano contraria al lugar donde llevaban la espada, que solía ir colgada a la izquierda, el contrincante se aseguraba de que el otro no iba a sacar la espada de repente, y atacarlo. 

En la actualidad, ese gesto se ha sustituido por la palabra, pero: ¿cuánto vale lo que decimos?, ¿es preciso cumplir la palabra dada?, ¿nos define nuestra palabra?, ¿tenemos palabra?, ¿podemos confiar en la palabra dada?

Todos sabemos que las hemerotecas (del griego ‘hemera’, día; y ‘thêke’, depósito, colección) muestran los vergonzantes cambios de opinión de los políticos; pero, aún así, esos personajes no tienen el menor escrúpulo ante esas evidencias, pues todo lo confían al ‘aquí y ahora’, al ‘yo soy yo y mis circunstancias’ (José Ortega y Gasset (1883 – 1955), en ‘El hombre y su circunstancia’).

Por todo eso, no nos extraña que las palabras, las promesas, los acuerdos de los políticos, no valgan nada, menos que nada, pues son meros fuegos de artificio para conseguir un éxito fatuo, puntual y efímero.

Marta Rovira, líder de ERC en 2024, aseguró que el pacto de investidura del represor Salvador Illa, comportaría que la Generalitat tendría la ‘caja y la llave’ de todos los impuestos recaudados en Catalunya, y la publicación de las balanzas fiscales; y Oriol Junqueras mantuvo esa falacia, hasta ayer, que los hechos, el acuerdo, han desmentido.

Joan Prim i Prats (1814 – 1870), en la campaña marroquí, antes de una batalla, dijo que ésta le comportaría ‘la caja (el ataúd) o la faja (el fajín de general)’. Y, salvando las distancias y el contexto, las promesas de ERC sobre la caja de la recaudación, no comportaba contraprestación, si no se conseguía; y así es fácil prometer. Ningún político plantea su renuncia, si no se consigue determinada promesa.

Por su parte, Pedro Sánchez y su discípulo mencionado (Illa) firmaron y pactaron dicho acuerdo, y ahora, defienden, sin el menor pudor, que ‘donde dije digo, digo Diego’; pero, claro, Salvador Illa fue investido presidente con esas premisas incumplidas, y allí sigue, en su poltrona, si bien, con total falta de dignidad, de ética y de moral; pero tanto da, lo importante es alcanzar el poder y, una vez en él, tener todos los resortes manipuladores.

Y ese proceder es generalizado, ya que el president Carles Puigdemont repitió que, dada la aritmética parlamentaria, conseguirían ‘cobrar por anticipado’, no como se venía procediendo hasta ese momento. Pero ya hemos visto que Junts no ha cobrado prácticamente nada relevante, salvo poder hablar en catalán en el congreso y senado (si bien hay personajes, como Gabriel Rufián, que no aprovechan totalmente esa opción, para quedar bien con su clientela española; mostrando, de ese modo, su nulo compromiso en defensa del catalán)

Es penoso ver que los programas electorales, los acuerdos, los pactos, las promesas, no valgan nada, menos que nada. Pero, aún así, la población les seguimos votando, pues somos tan volátiles e ignorantes, tan acomodaticios, que nos da igual ‘ocho que ochenta’, mientras no nos afecte a nuestro estatus quo, a nuestro nivel de confort.

Así, vemos que el PSOE, los Comunes y ERC, se van llenando la boca que en el próximo 2027, la financiación de Catalunya obtendrá la ordinalidad, pues, al ser la tercera comunidad autonómica que más aporta al erario público, será la tercera en percibir las contraprestaciones. Pero ocultan que ese resultado matemático (exclusivo para el 2027) es fruto del cálculo de la población ajustada (en función de diversos parámetros), pero que, en base a la población real, Catalunya será la novena en la percepción de la prometida lluvia de 4.700 millones de euros adicionales (que, dentro de dos años, constataremos que no han sido tales, como ha pasado siempre)

Pero tanto da, la población ya está manipulada, adoctrinada, aunque sea de forma puntual, ya estamos acostumbrados que ‘nada es lo que parece’, pero tanto nos da.

Esta mañana, en un programa radiofónico, he oído que la ‘Marcha Radetzky’ (de Johann Strauss, padre, 1804 – 1849), escrita en 1848, en honor del mariscal de campo austríaco el conde Joseph Radetzky von Radetz (1766 – 1858), por salvar el poder militar de Austria en la campaña en el norte de Italia, durante la revolución de 1848-1849, consiguió una gran popularidad; pero, años después, cuando Radetzky tomó parte de la represión del movimiento revolucionario en Austria, la marcha llegó a ser considerada un. símbolo reaccionario. Pero, aún así, esa marcha sigue formando parte esencial del concierto de año nuevo de la filarmónica de Viena, y la asistencia aplaude, acríticamente, confirmando su ignorancia.

Podrá decirse que el arte en general, que las obras de arte, son independientes de los acontecimientos. Pero, en este caso, se trata de una marcha militar, que, precisamente, nunca son neutras ni objetivas.

Pero todo da igual, no damos valor ni a las hemerotecas, ni nuestra memoria. Ya no sabemos nada de nuestros abuelos, salvo algún recuerdo efímero (los que han tenido la fortuna de conocerlos), o algún dato desconexo, desligado. Por ejemplo, mis abuelos nacieron en el siglo XIX (los paternos: Pedro, en 1886 y Catalina, en 1892; y los maternos: Amadeo, en 1892 y Magdalena, en 1896), y el siglo XIX ya nos parece la prehistoria.

Y siendo así, sí sólo nos interesa nuestro presente, sin prestar la más mínima atención ni a nuestros vecinos, salvo las meras formalidades, es lógico que nos importe un bledo que los políticos a los que votamos no tengan palabra, que no cumplan los compromisos. 

Ayer vimos que Alberto Núñez Feijóo, al tener que mostrar a la jueza de Catarroja (Núria Ruíz Tobarra), los mensajes con Carlos Manzón Guixot (presidente de la Generalitat valenciana, el día de la DANA), gota fría que causó centenares de muertes en esa comunidad, ha estado mintiendo todo este año, pues nos ha estado diciendo que había estado debidamente informado en todo momento y, ahora, se ha constatado que no fue así. Y el impresentable Feijóo, dice ahora que fue un error. Y ya está, nadie le pide responsabilidades (ni a Manzón), y seguirán votando al PP. En otros estados democráticos, copiar parcialmente una tesis doctoral, evitar una multa de circulación de un familiar, etc., acaban con la carrera política de los personajes implicados. Pero en el reino español todo es diferente. Aquí no penaliza ni la corrupción.

Por todo esto, la ‘democracia’ española está tan devaluada y, salvo excepciones, votamos por inercia, en función de la campaña mediática del momento.

Y en ese contexto, que más da que nos prometan la caja y la llave, nos pueden prometer el universo, y lo compraremos todo, y les seguiremos confiando nuestro voto, pues no somos conscientes del valor que tiene ese acto.

Por todo eso, me parece que, egoístamente, estamos configurando un negro futuro que pagarán nuestros nietos, ya que la entropía nos confirma que el desorden se potencia sin fin. En definitiva, que se confirma la mencionada hipótesis de la navaja de Hanlon, que establece que: ‘Nunca atribuyas a la maldad lo que se explica adecuadamente por la estupidez’.

Y si ‘el hombre vale lo que vale su palabra’, está claro que lo tenemos muy negro.