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En recuerdo de Carlos Leonardo Castro, joven periodista de 20 años, asesinado en Veracruz (México); y en recuerdo, también, de Renee Nicole Good (tiroteada anteayer en Mineápolis, por el ICE, servicio de inmigración y aduanas de los EUA); y, asimismo, en recuerdo de los anónimos miles de encarcelados y cientos de asesinados en Irán; así como en los asesinados en un sinfín de guerras y en los millones de reprimidos y expoliados en todo el planeta.
La frase de Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844 – 1900) que he tomado como título del presente escrito, tiene parte de razón, ya que las desgracias nos curten, nos enseñan (si somos capaces de ponderarlas adecuadamente) y, en definitiva, nos hacen más fuertes. Ahora bien, es preciso señalar que el dolor que no nos mata, sigue siendo dolor, y no hay que trivializarlo, pues, como dijo Hannah Arendt (1906 – 1975) en sus pensamientos sobre la banalidad del mal: ‘el mal menor sigue siendo un mal’. Por eso, el dolor siempre sigue siendo dolor.
Y siguiendo a esta autora, esa banalidad deriva de la incapacidad de pensar, y es fruto de una conciencia deformada, pues la incapacidad de pensar influye en la deformación de la conciencia.
Y es más grave todavía, cuando el causante del mal y del dolor, es capaz de pensar, pero piensa, exclusivamente, en satisfacer su egoísmo, a costa de los más débiles; y eso denota una conciencia también deformada, como la de los personajes que se autoconsideran amos del mundo: Vladimir Putin, Xi Jinping, Donald Trump, Binyamin Netanyahu, etc.
Asimismo, en ese pensamiento banal, podemos encontrar a otros ‘personajes’ ensoberbecidos en su aparente grandeza, que deciden y actúan pensando exclusivamente en su propio beneficio, como, por ejemplo, Ursula Gertrud von der Leyen, presidenta de la comisión europea, y toda su pléyade de burócratas cegados por el mantenimiento de su estatus quo; y, entre ellos, Pedro Sánchez y sus interesados correligionarios, aprobando, por ejemplo, el pacto entre la UE y Mercosur, sin consultar previamente a los agricultores y ganaderos, entre ellos los catalanes, que están en plenas manifestaciones (Revolta Pagesa, entre otros grupos). Como tampoco consultó ni negoció su acuerdo de financiación autonómica con ERC, con todos los otros partidos implicados: Junts, Compromís, Sumar, Podemos, CHA, etc.; y mucho menos con el PP y Vox; pero, tampoco, con los varones de su propio partido político (PSOE).
Y claro, esa estrategia de Pedro Sánchez parece que está diseñada, precisamente, para que fracase, que no prospere; y, de ese modo, conseguirá mantener el actual desequilibrio, y él quedará como el más proactivo de la clase, mientras que los otros partidos quedarán señalados ante sus votantes, por rechazar la supuesta ‘lluvia de millones’. Obviamente, presentar un acuerdo bilateral entre el gobierno y ERC, nunca será bien visto en la carpetovetónica España. Y, también, profundiza el abismo entre los partidos independentistas. Así que, para el gobierno estatal ‘miel sobre hojuelas’, pues con el rechazo, mantendrá la actual situación y debilitará a todos sus oponentes.
Es evidente que su objetivo, de cara a la reunión extraordinaria del conjunto de gobiernos autonómicos, prevista para el próximo miércoles, para que, oficialmente, debatan y analicen el mencionado acuerdo en el consejo de política fiscal y financiera; pero, con esa estrategia, en realidad, será un mero ejercicio chantajista, con un único objetivo: mejorar las expectativas electorales del PSOE e ir ganando meses para su gobierno. Y eso denota que Pedro Sánchez, como su pequeño clónico, el ‘mini Sánchez’ que es Salvador Illa, confunden el estar en el poder con gobernar, pues, en realidad están en el poder, pero no gobiernan, ya que no pretenden ‘hacer posible lo imposible’, es decir, solo pretenden apurar todos los medios para lograr su fin; que es que ellos únicamente buscan seguir apoltronados.
El citado Nietzsche dijo, asimismo, que:
‘El sufrimiento tendría, por lo menos, este sentido fundamental: ser parte necesaria, ineludible, de la existencia del hombre superior, que es superior en tanto se impone y llega a dominar a los demás a través de la destrucción y la crueldad (…) y se manifiesta, quizás por primera vez, un pesimismo ‘más allá del bien y del mal’, una filosofía que se atreve a colocar la moral misma en el mundo de la apariencia, a degradarla, no sólo poniéndola entre las ‘apariencias’, sino entre los engaños, como locura, error (…)
(Nietzsche, ‘Dolor y sufrimiento’)
Los filósofos estoicos propugnaban la paciencia, la valentía, la humildad, el ingenio, la razón, la justicia y la creatividad. Pero es evidente que, si todo ello no se refleja en las pertinentes acciones, si queda en una simple declaración de principios, no pasará de ser más que un mero ejercicio de fuegos artificiales y, entonces, la mencionada frase de Nietzsche: ‘lo que no te mata, te hace más fuerte’, será una mera coartada, una falsa ilusión de una fuerza banal.
Un ejemplo de esa banalidad que nos invade y contamina, expandiéndose como la peor de las pandemias, es ver que muchos políticos y también mucha población, está comprando el argumento de Trump sobre Groenlandia, es decir, conquistarla él, para evitar que lo hagan Rusia o la China.
Volviendo a Nietzsche, su última frase antes de morir fue:
‘Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros’.
Pues bien, me parece que podemos adoptar esa frase, y sustituir ‘Dios’ por la democracia, el independentismo catalán, la paz, o la convivencia, y sentirnos todos culpables, con las manos manchadas por nuestra prepotente banalidad, a pesar de ver los innumerables atropellos que se dan a lo largo y ancho del planeta que Trump considera suyo.
Como decían unas viñetas, publicadas ayer, en las que se veían dos chicas, una mayor que otra:
La mayor: ‘voy a la piscina… que frío, ¡Dios mío! Ya me podía haber puesto otro propósito para el 2026.
La menor: ¿Qué quiere decir ‘propósito’?
La mayor: ‘la voluntad de hacer una cosa’.
La menor: ‘¿’voluntad’ viene de ‘querer’?
La mayor: ‘sí’
La menor: ‘entonces, ¿de qué te quejas?’
(Andrea Zayas, ‘Cosas que me pasan’, Ara, 10 de enero 2026)
En fin, que debemos dejar de adoptar la queja constante, así como el pasotismo. Si realmente queremos que las cosas cambien, y como señalé en un anterior escrito, debemos pensar de forma global, pero actuar localmente (como expresa el término glocal). Así que debemos dar el primer paso (en todo maratón, siempre hay un primer paso) en caso contrario, seremos corresponsables, por omisión o por acción (votando a esos impresentables actuales), y seguiremos viendo que los asesinatos, como el del mencionado Carlos Leonardo Castro (de momento, el último de una larga lista de periodistas asesinados en todo el mundo, por mostrar lo in-mostrable) o Renee Nicole Good (tiroteada anteayer en Mineápolis, por el ICE, servicio de inmigración y aduanas de los EUA), los cientos de manifestantes anónimos, asesinados y encarcelados en Irán, las víctimas en Ucrania, Gaza, etc., se multiplican de forma exponencial, y nosotros seguiremos sentados en el sofá de nuestras casas.
E, igualmente, seremos corresponsables del fracaso de nuestro deseo independentista, si aceptamos, acríticamente, su imposibilidad.