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El 14 de octubre del 2019, tras hacer pública la sentencia núm. 459/2019 del tribunal supremo, por la causa especial núm. 20907/2017, es decir, el juicio al ‘procés’ independentista catalán, se iniciaron un conjunto de movilizaciones de protesta en toda Catalunya, lideradas por Tsunami Democràtic, Assemblea Nacional Catalana, Òmnium Cultural, Comités de Defensa de la República, etc., pero, lo importante, fue el gran seguimiento de la ciudadanía y, especialmente, la improvisación, creando diferentes colectivos, entre ellos, el de Meridiana Resisteix, que hoy cumplimos 2000 de acciones. Desde el 2019, hasta la actualidad, la situación ha cambiado, todos cambiamos, salvo la represión del estado, que se mantiene intacta y que ha potenciado el anticatalanismo, tanto en Catalunya como en el resto de su España. Y, a pesar de dicha represión, el anhelo de libertad, de la independencia de Catalunya, sigue intacto.
Desde la indigna sentencia, firmada por los nefastos:
- Manuel Marchena, Andrés Martínez, Juan Ramón Berdugo, Luciano Varela, Antonio del Moral, Andrés Palomo y Ana Mª Ferrer;
que condenó a nuestros líderes:
- Oriol Junqueras, Raúl Romeva, Jordi Turull, Dolors Bassa, Carme Forcadell, Joaquim Forn, Josep Rull, Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Santiago Vila y Meritxell Borrás,
la ciudadanía independentista, como he dicho, fue improvisando acciones de protesta, con diferente formato, frecuencia, etc.; y una de esas acciones es ‘Meridiana Resisteix’ que hoy, 14 de enero del 2026, realizaremos nuestra acción 2000, es decir, 2000 jornadas de manifestaciones.
Es importante señalar que todas esas manifestaciones, desde su origen, tenían, y tienen, el doble objetivo: forzar la libertad de los mencionados líderes y de otros muchos más que se fueron juzgando posteriormente e, incluso, alguno que todavía sigue pendiente de juicio; y, también, la independencia de nuestra nación.
Tras cumplir 3 años y 8 meses (1314 días) de prisión de los citados líderes, el indulto publicado en el BOE núm. 149, de 23 de junio de 2021, ‘solventó’ el tema de su encarcelamiento (Vila y Borrás, no fueron condenados a prisión). Y La ley de la amnistía (ley orgánica 1/2024, de 10 de junio) debería haber borrado todos los delitos de los que fueron acusados, pero, como es sabido, al día de hoy, el tribunal supremo sigue teniendo encallada su plena aplicación; por lo que continuamos esperando las previsiblemente próximas sentencias del tribunal constitucional y, especialmente, la del TJUE, el Tribunal de Justicia de la UE.
Y como todo evoluciona, desde la negra sentencia del 14 de octubre del 2019, los independentistas catalanes hemos ido modulando nuestra forma de expresión, si bien, manteniendo nuestros anhelos. Y esa modulación, motivada por un cierto desengaño y desmotivación, ha ido comportando una notable desmovilización generalizada.
Y eso, en última instancia, ha redundado en una gran disminución del activismo en todos los colectivos que empezamos tras dicha ignominiosa sentencia, en el año 2019; y, así, nuestro colectivo, enorme inicialmente, ha quedado reducido a un pequeño grupo simbólico, mayoritariamente de septuagenarios y octogenarios. Pero ‘resistir es vencer’, como dijo el presidente de la Segunda República Española, Juan Negrín López (1892 – 1956), replicando al explorador de la Antártida, Ernest Shackleton (1874 – 1922), cuyo lema familiar era ‘Fortudine vincimus’ (por la resistencia venceremos).
Pero eso no debe leerse como una pérdida del sentimiento independentista, ni mucho menos, pues es inconcebible que un independentista pase a ser dependentista (al revés, si); otra cosa es que, pragmáticamente, algunos hayan optado por otras acciones, incluso la abstención, pues, evidentemente, las manifestaciones son un medio, no un fin en sí mismas, aunque a veces pueda llegarse a dar cierto equívoco. Por todo ello, ahora, eufemísticamente, hemos inventado el oxímoron: ‘activismo pasivo’, activismo desde el sofá de nuestras casas.
Y la realidad, asimismo, nos ha mostrado que el ‘a por ellos’, propugnado y avalado por el impresentable Felipe VI, ha animado a los anticalanes, internos y externos, que se han visto respaldados y, tras quitarse la máscara, actúan de forma más agresiva, como hemos visto y sufrido en numerosas ocasiones en nuestra manifestación.
Pero, a pesar de toda la complejidad, es importante perseverar, resistir, y no únicamente en plan simbólico, que también, si no, como realidad, como recordatorio del lema que muchos compartimos: ‘1 de octubre: ni olvido ni perdón’.
No nos resignamos ni resignaremos, no sucumbiremos, como sí se refleja en la frase final del replicante Roy Batty, en ‘Blade Runner’, la magistral película dirigida en 1982, por Ridley Scott:
‘He visto cosas que vosotros, gente común, no creeríais …he estado en el exterior y de regreso, en la cubierta trasera de un teledirigido, vi naves de ataque en llamas frente a Orión, brillantes como el magnesio, vi rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Llegó la hora de morir’.
Un refrán popular dice que ‘en la vida no se trata de esperar a que pase la tormenta, si no, de aprender a bailar bajo la lluvia’; y en esto estamos los meridianos, seguiremos ‘bailando bajo la lluvia’, de momento, hasta el regreso efectivo de nuestro president legítimo, Carles Puigdemont.
Ferran Mascarell, en su reciente libro, titulado: ‘Barcelona, una immersió ràpida’ (editado por Tibidabo Edicions), dice que ‘Barcelona es una ciudad luchada y Madrid es una ciudad regalada’. Y esa idea me parece una buena reflexión, si la trasladamos, asimismo, al independentismo catalán, siempre luchado, frente al regalado dependentismo español.
En definitiva, como dice la cultura popular: ‘sin ilusión, la vida se queda en obligación’; y los independentistas catalanes seguimos teniendo ilusiones, que no perderemos, y en los diferentes colectivos, y como no, en Meridiana Resisteix, seguiremos haciendo de mosca cojonera, frente al tsunami represor español, respaldado por el club de mercaderes que es la UE.
Popularmente se dice que la persistencia, como la erróneamente denominada ‘gota malaya’ (*) acaba teniendo resultados; pero estos 2000 días nos han confirmado que no es así, pues el mantenimiento simbólico, si bien tiene consecuencias positivas, pedagógicas, frente a los unionistas, al carecer de todo tipo de presión, no fuerza a los poderes a moverse, en absoluto. Y esos poderes consideran que nos tienen domesticados, reducidos a un espacio, a un rincón que ya no molesta, que no incomoda, y creen que nos han sometido, que pasamos a ser puntuales elementos del paisaje, sin más.
(*) en realidad, los elementos de tortura en cuestión eran la ‘gota china’ en la frente del condenado, frente a la ‘bota malaya’, que destrozaba los pies; pero el lenguaje coloquial los ha fundido y confundido.
Pero el represor estado español y todos los unionistas, están equivocados, nuestras lágrimas no se perderán en la lluvia, ni en los océanos, ni se perderán en el tiempo, y seguiremos gritando ‘No surrender’ (sin rendición), como explica la canción de Bruce Springsteen (1984):
‘(…) como los soldados en la noche de invierno, ninguna retirada, ninguna rendición … las caras jóvenes se vuelven tristes y envejecidas, y los corazones de fuego se enfrían, pero juramos ser hermanos de sangre contra el viento, en la noche de la tormenta (…) todavía hay guerra fuera, y nos dicen que no será nuestra la victoria (…) pero … No surrender’.
Se lo debemos a los compañeros que han ido falleciendo durante estos años y, especialmente, a nuestros nietos.