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De esta frase que he tomado como título del presente escrito, existen diferentes variantes, como: ‘Elegiste el deshonor para evitar la guerra, ahora tendrás deshonor y guerra’. Fuera como fuera, la mencionó Winston Leonard Spencer-Churchill (1874 – 1965) al primer ministro británico Arthur Neville Chamberlain (1869 – 1940), cuando volvió de vender Checoeslovaquia a las ansias expansionistas nazis, en una conferencia (acuerdos de Múnich, Führerbau, del 30 de setiembre de 1938) que pasó a la historia de la traición, la cobardía y la ceguera política.
En la mencionada conferencia de Múnich, además de los mencionados Chamberlain y Hitler, asistieron Édouard Daladier (primer ministro francés), Benito Amilcare Andrea Mussolini (dictador italiano) y Gian Galeazzo Ciano (ministro de exteriores de Mussolini), para solucionar el ‘problema’ de los Sudetes (donde vivían 3 millones de personas, principalmente de etnia y lengua alemanas). Hitler prometió a Chamberlain que, a cambio de Checoeslovaquia, no reclamaría más territorios. Edvard Benes, presidente checoeslovaco, sorprendentemente, no fue invitado y exclamó: ‘Han decidido sobre nosotros, sin nosotros’. Así, Hitler consiguió desestabilizar la defensa checa, que tenía un sistema defensivo militar muy bien preparado.
‘(…) Dado que un año después, los nazis desencadenaron la Segunda Guerra Mundial, la figura del británico Chamberlain cayó en descrédito. Su sucesor, Winston Churchill, y buena parte del relato historiográfico posterior, lo dibujaron como una figura naïf que había creído que la política de apaciguamiento ahorraría un conflicto mayor.
Según algunos historiadores, Chamberlain no era un iluso, y desconfiaba de los nazis, pero creía que su ejército no estaba suficientemente preparado para responder con garantías a Hitler, así que, en Múnich pretendió ganar tiempo’.
(fuente: varias páginas Wikipedia)
‘Chamberlain pensaba que, aplacando a la bestia nazi, dándole todo lo que quería, aunque eso supusiera traicionar y vender a pueblos enteros, propiciando que se empachara de poder, que alcanzara todos sus objetivos expansionistas, conseguiría mantener su culo a salvo. Sólo hizo el ridículo’.
(Rodrigo Díaz, ceutaahora.com, 12 de julio de 2019)
‘Neville Chamberlain no ha pasado a la historia como un pacifista, sino como el hombre que entregó Checoeslovaquia a los lobos, con una frase indigna: ‘Qué se nos ha perdido a nosotros en una disputa por una tierra lejana, entre gente de la que no sabemos nada’. ‘Política de apaciguamiento’, se le llamó entonces. El acuerdo de Múnich se presentó, como un intento diplomático de evitar la guerra. Sin embargo, fue todo lo contrario: la victoria más barata que el nazismo había obtenido jamás.
(…)
La capitulación de las democracias occidentales ante la amenaza nazi, no puso sólo en peligro a un país, sino también la libertad y la democracia de todos los estados. Lo dejó bien claro el embajador checo, Jan Masaryk, en la respuesta desesperada al primer ministro británico, el 28 de setiembre por la noche: ‘Si creen que, sacrificando a un pequeño país, pueden salvaguardar la paz mundial, están cometiendo un grave error. Ojalá me equivoque. Pero si no es así … que Dios se apiade de sus almas, caballeros’.
Y no se equivocó Masaryk. La ocupación de los Sudetes fue sólo el primer paso, de un plan preconcebido. La voracidad de Hitler no se detuvo.
(…) Fue la debilidad de las democracias occidentales, la que convenció a Hitler de que nunc a le plantarían cara: ‘Nuestros enemigos no son más que hormigas fáciles de aplastar. Lo comprobé en Múnich’, les confesó envalentonado a sus generales, poco antes de invadir Polonia.
Chamberlain no ha sido absuelto por la Historia. Su imagen ha quedado como la de un personaje débil y trágico, bajando de un avión, con un pedazo de papel mojado en la mano. En palabras de Churchill: ‘os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra … elegisteis el deshonor, y ahora tendréis la guerra’.
(Emilio Alonso Sarmiento, elobrero.es, 20 de julio del 2023)
Según George Wilhelm Friedrich Hegel (1770 – 1831): ‘los grandes hechos y personajes históricos aparecen dos veces, que los personajes tienden a repetirse, que la historia tiende a repetirse’.
Y Karl Heinrich Marx (1818 – 1883), al comienzo de su obra ‘El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte’ (*), publicada en 1852 en la revista alemana La Revolución, escribió que ‘La historia ocurre dos veces: la primera como una tragedia y la segunda como una farsa’.
(*) refiriéndose al autogolpe de Luis Bonaparte, también llamado Napoleón III, siendo presidente de la Segunda República francesa.
el 18 de brumario del año VIII, o 9 de noviembre de 1799, Napoleón Bonaparte terminó con la revolución; esa fecha es considerada como el primer golpe de estado moderno.
Y me parece que ambos autores tienen razón, pues la situación histórica mencionada del tratado de Múnich, creo que es un claro antecedente de la situación actual europea; pues los personajes de entonces, tienen, hoy, unas claras réplicas, ya que la prepotencia de Trump es similar a la de Hitler, y la subordinación y debilidad de Ursula von der Leyen (presidenta de la comisión europea), Roberta Metsola (presidenta del parlamento europeo) y de António Costa (presidente del consejo europeo), son un claro reflejo de Chamberlain.
Milan Kundera (1929 – 2023), en su obra ‘La insoportable levedad del ser’ (1984) comentó que:
‘(…) la historia se encargó de demostrar que el Edén, el paraíso comunista, no existía y que aquellos llamados a conducir a sus países a un futuro maravilloso, no eran más que asesinos autoritarios. En ese momento, aquellos que habían promovido y defendido los ideales comunistas dijeron: ‘¡no sabíamos!, ¡hemos sido engañados!, ¡creíamos de buena fe!, ¡en lo más profundo de nuestra alma, somos inocentes!
Y Kundera se preguntó: ¿en verdad no sabían?, ¿o solo aparentaban no saber? y llegó a la conclusión de que la cuestión fundamental no es si sabían o no sabían, si no, si ¿es inocente un hombre cuando no sabe?, ¿un idiota que ocupa el trono está libre de toda culpa sólo por ser idiota?, ¿qué acaso no es su responsabilidad saber? (…) pero los seguidores de Hitler, en su mayoría, en el juicio de Núremberg (nov. 1945 – oct. 1946) optaron por hacer un ‘disclaimer’ (término anglosajón que representa una declaración de elusión o limitación de responsabilidad) para librarse de la culpa, para lavarse las manos (…) pero ¿nadie se sintió culpable en todos los años?, ¿ni siquiera un poquito culpable?, ¿no tenían por qué hacerlo?’.
(Cristian Caicedo, https://steemit.com)
Por todo lo expuesto, me parece claro que estamos viviendo una repetición en forma de farsa, culpa de unos farsantes (Kundera diría ‘idiotas’), solo hace falta leer el mensaje del miserable y rastrero Marck Rutte (secretario general de la OTAN), dirigido a Donald Trump, ayer en X:
‘Señor presidente, querido Donald, lo que has logrado hoy en Siria es increíble. Aprovecharé mis intervenciones ante los medios en Davos para destacar su trabajo allí, en Gaza y en Ucrania. Estoy comprometido a encontrar una vía de solución, la manera de satisfacer sus ambiciones en Groenlandia. No veo la hora de verte. Tuyo. Marck’
Y en la actual demoníaca farsa, me parece claro que, metafóricamente, estamos en pleno Brumario, el mes de la bruma y las neblinas del otoño francés y, encima, como dijo el citado Churchill: ‘Nunca llegarás a tu destino si te detienes a tirarle piedras a cualquier perro que ladre’; y en eso estamos los independentistas catalanes, criticándonos y tirándonos piedras, sin preocuparnos de si ¿un idiota que ocupa el trono está libre de toda culpa sólo por ser idiota?, ¿qué acaso no es su responsabilidad saber?