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Estos últimos días hemos podido leer, por activa y pasiva, que la UE había ‘decidido’ plantear la activación del ‘bazuca comercial’, es decir, la aplicación de aranceles a las importaciones de productos de los EUA, como respuesta a las nuevas amenazas de D. Trump respecto a Groenlandia; y no lo sabremos, pero, ese anuncio de fuerza, aunque tímida y no acordada por unanimidad por los 27 estados integrantes, quizás, haya podido influir en la ‘modulación’ temporal del prepotente Trump. Tenemos múltiples ejemplos del uso y abuso de la fuerza, como hemos visto estos días, por parte de los conductores de trenes de Renfe. Y, en ese contexto, ¿cuándo nos despertaremos los independentistas catalanes, y aplicaremos nuestro ‘bazuca’ comercial, personal y territorial, para lograr, pacíficamente, nuestro objetivo de librarnos del yugo español?
Sobre el particular, es preciso destacar los siguientes pensamientos:
El historiador griego Tucídides (460 a. C. – 400 a. C.), en su magna obra ‘La historia de la guerra del Peloponeso’, (entre Atenas y Esparta, en el s. V a.C.) escribió que ‘la guerra duró casi treinta años y la acabó ganando Esparta, por unos autogoles que se hizo la misma Atenas’. La ‘regla de oro de Tucídides’ aclara que ‘cuando tenemos fuerza, ya sea militar, económica, pretendidamente moral, o industrial, la hacemos servir’; no dice que se haya de utilizar la fuerza, si no que la tendencia del hombre es hacerla servir.
Siguiendo a ese historiador, Graham Tillett Allison, Jr., exsecretario asistente de defensa de los EUA, consideró que: ‘muchos conflictos bélicos se desencadenan porque las potencias dominantes entran en guerra con las potencias emergentes, movidas por el miedo al futuro dominio del nuevo actor’.
Y haciendo un salto temporal, espacial y formal (pasando al séptimo arte): George Lucas, en su película ‘Star Wars: a new hope’ (una nueva esperanza), de 1977, refirió el código Stih: ‘La paz es una mentira, solo hay pasión. Con la pasión, obtengo fuerza. Con fuerza, obtengo poder. Con poder, obtengo victoria. Con victoria, mis cadenas se rompen. La Fuerza me libera’.
En esa serie de películas, el ‘poder de la fuerza’ era, generalmente, cualquier habilidad que podía ser usada por un individuo sensible a la Fuerza, y usando el poder de la Fuerza (…). Algunas de esas habilidades solo podían ser accesibles a aquellos aliados con el lado luminoso de la Fuerza, mientras que otras eran del lado oscuro, como dijo Darth Vader: ‘la habilidad de destruir un planeta es insignificante, comparada con el poder de la Fuerza (…) pues el lado oscuro de la Fuerza es un camino a muchas habilidades, que algunos consideran nada natural’.
(Wikipedia)
Y volviendo a la triste realidad, el impresentable Felipe VI, en su reciente visita al Parlamento Europeo en Estrasburgo (lunes 19 de enero), con motivo de la celebración del 40 aniversario del ingreso de España en ese club (en 1986), con su doble e intencionado mensaje (externo e interno), dijo:
‘(…) Nunca como en estos tiempos oscuros, ha sido la idea de Europa tan necesaria (por eso) es preciso seguir trabajando en nuestra defensa, en nuestra autonomía estratégica, en el refuerzo del pilar europeo dentro de la Alianza Atlántica, es una necesidad inaplazable (si bien) preservando un vínculo trasatlántico basado en el respeto y la lealtad, sin el cual, estaremos abocados a un mundo más incierto, más inestable y peligroso. La UE es un proyecto de convivencia que nos ha hecho, a todos, más libres, más prósperos, e incluso, más fuertes, cualquier fenómeno que afecte a una parte, nos afecta a todos, nuestra fuerza es nuestra unidad (…)’.
Antes de iniciar ese discurso, se ausentaron los europarlamentarios representantes de ERC; y está bien, simbólicamente. Pero, como sabemos, llevamos muchos años haciendo y viviendo de actos simbólicos, que no aportan nada, salvo ‘autojustificarse’ los políticos en cuestión y ‘satisfacer’, puntualmente, a sus votantes.
Pero, nada más, humo y más humo, como se podía ver en la película de animación ‘Wholly Smoke’ (Porky: humo y más humo), dirigido por Frank Tashlin en 1938; y protagonizado por Porky Pig. En esa película, Porky se prepara para ir a la iglesia después de que su madree le diera dinero para la colecta. En el camino, se encuentra con un abusón, el matón del barrio, que convence a Porky para que dé una calada a su cigarro, lo que hace que Porky alucine (…) al final, Porky devuelve el cigarro y va a la iglesia.
Popularmente se dice que ‘por el humo se sabe donde está el fuego’, pero limitarse a señalar el fuego, sin ningún tipo de acción para apagarlo, sólo es un simple espectáculo; tan inútil como los actuales botones de las mangas de las chaquetas (norma introducida por Napoleón Bonaparte (1769 – 1821), para que las casacas se ajustaran a los brazos, evitando accidentes; y, también, para facilitar las tareas de los cirujanos, en caso de heridas), pero, en la actualidad, es una costumbre totalmente inútil.
El mencionado Napoleón Bonaparte popularizó el siguiente pensamiento: ‘Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error’. Y en esas estamos los independentistas catalanes, que no hacemos nada para interrumpir al estado español, sabiendo que se equivoca, que está en el lado oscuro de la historia. Pero Napoleón lo aconsejó en plan estratégico, mientras que nosotros no interrumpimos para no molestar, por cobardía, por complacencia, por indolencia o por mera comodidad.
En definitiva, que me parece que los independentistas catalanes debemos aplicarnos la mencionada ley de oro de Tucídides: ‘cuando tenemos fuerza, ya sea militar, económica, pretendidamente moral, o industrial, la hacemos servir’; no dice que se haya de utilizar la fuerza, si no que la tendencia del hombre es hacerla servir. Es preciso señalar que a esa regla de oro, se le considera, asimismo, ‘la trampa de Tucídides’, pues todo es relativo, claro.
Y nosotros tenemos fuerza para movilizarnos, para ocupar las calles pacíficamente, e intentar forzar la situación, llevándola al límite; esas son nuestras ‘bazucas’ (en inglés, bazooka). Los jubilados tenemos tiempo para eso y para más. Pero hemos de tener claro que todas nuestras acciones han de dejar de ser simbólicas, para ser efectivas y estar alineadas con nuestro objetivo último.
No es preciso que pensemos que en el momento oportuno nos saldrá un nuevo Espartaco (103 a.C. – 71 a.C.), un nuevo líder; tenemos al president legítimo, Carles Puigdemont, al que deberemos respaldar, cuando, finalmente, pueda regresar. Y, hasta ese momento, debemos dejar de ir con el lirio en la mano, e ir preparando el terreno, para que lo encuentre convenientemente abonado.