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La coherencia de la incoherencia

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Los dos términos indicados en el presente título (coherencia e incoherencia) tienen una intima relación con la consistencia, que puede ser interna o externa, y/o, libre o forzada. Y me parece que ambos términos tienen una gran relevancia en momentos como el actual, que pensamos una cosa, sentimos otra y nuestros actos se dispersan y debilitan, por lo que, la autenticidad acaba siendo un acto de resistencia, como intento explicar a continuación.

Es conocido que los tres grandes centros de poder, que se pueden personalizar en D. Trump, W. Putin i Xi Jiping, en realidad, actúan como el fediverso, pues cada uno de ellos funciona como una gran web centralizada y magmática, que alimenta a otras plataformas menores, clientelares, ejerciendo en ellas sus respectivas influencias. Y esas reproducciones menores, fractales, acaban siendo meros sucedáneos carentes de la mínima autenticidad, como vemos con el PP y Vox, por citar unos ejemplos próximos. 

Y el mayor problema, a mi modo de ver, es que ante esa actual oleada ‘tsunámica’ de pensamiento ultraliberal, no hay un frente, un contrapeso, de pensamiento socialdemócrata, y mucho menos de izquierdas, que puedan limitar o reducir el gran cambio que arrasa el planeta, pretendiendo, metafóricamente, un cambio de era geológica, pues la extrema derecha considera que los derechos humanos ya son parte del Cuaternario, que quieren superar y trascender.

Así, en nuestro pequeño corral de la política catalana, tenemos diferentes ejemplos de incoherencia coherente, o de coherencia incoherente, pues, estos días hemos visto:

  • A los consellers Silvia Paneque (consellera de territorio, vivienda y transición ecológica; y portavoz del gobierno de la Generalitat) y Albert Dalmau (conseller de presidencia), escudándose en el comodín del cambio climático, como el gran culpable de la crisis ferroviaria, para eludir sus responsabilidades,
  • Al mencionado Albert Dalmau, el sustituto provisional del president Salvador Illa (155), manteniendo la tesis de que la Generalitat se ha de minorizar, se ha de convertir en un gran gestor, como un gran ayuntamiento, próximo a las necesidades de la población,
  • Óscar Ordeig, conseller de agricultura, ganadería, pesca y alimentación, asistiendo a una gala taurina, en plena crisis de los trenes de cercanías, y argumentando que ‘los toros son mucho más que una tradición con siglos de historia’, olvidando la legislación impuesta por el Parlament, y la voluntad popular, que es, somos, antitaurinos, pues somos enemigos de maltratar animales,
  • La consellera de interior, Núria Parlón, justificándose y excusándose diciendo que la decisión de disolver una manifestación, por parte de los antidisturbios, aplicando la ley mordaza, es decisión del director Josep Lluís Trapero,
  • Etc.

Es decir, todos cumplen, a la perfección, su papel de egoístas, narcisistas y limitados gestores españolistas, coherentes en cuanto se refiere a la supeditación al gobierno central, a su papel de subordinación; pero incoherentes respecto a los valores y sentimientos de la ciudadanía,. Y, por lo tanto, mostrando su disonancia al comentar que buscan lo mejor para Catalunya y los catalanes. Es decir, muestran una clara disonancia interna, una relación inarmónica, entre su pensamiento, su sentir y sus actuaciones. Y eso es una clara expresión de la paradoja del poder por el poder, pues su incoherencia no es una contradicción vacía, sino una respuesta funcional, estratégica, a las demandas puntuales.

Pero, como he dicho, el problema lo tenemos tanto en el gobierno, como en nosotros mismos, ya que: ‘ambos nos dañamos a nosotros mismos: el que promete demasiado y el que espera demasiado’ (Gotthold Epharim Lessing). En esta línea, un proverbio hindú dice: ‘quién fácilmente promete, difícilmente cumple’.

‘Y esta relación simbiótica entre gobernantes y gobernados genera un estado de pasividad en el que la incoherencia se normaliza. Así, la coherencia de los incoherentes se ve reforzada por la inacción de quienes, a pesar de estas decepcionados, eligen creer en la posibilidad de un cambio (…) en un mundo donde la incoherencia parece ser la norma, la búsqueda de la autenticidad y la coherencia se convierte en un acto de resistencia y transformación. (…) ¿Existe coherencia en los dichos y acciones de un incoherente?: la coherencia de este incoherente es total, ya que propone constantemente incoherencias que, en el fondo de su ser, conforman su espíritu y, por lo tanto, su coherencia’.

(Enric Corbera, https://share.google/TsgCKoJvPTO6sZ86)

Un claro ejemplo de esa paradoja del poder, lo hemos tenido esta semana con la escusa inicial, de que el fallo informático del centro de Adif, en la estación de Francia (Barcelona), que paralizó todos los trenes en Catalunya, se debía a un sabotaje, a un virus malicioso de un ciberataque, hasta que, finalmente, José Antonio Santano, secretario de estado de transporte, horas más tarde, explicó que fue causado por un error humano en el software, en el programario de Siemens, que llevaba sólo tres meses en funcionamiento y falló de forma súbita; y que se habían introducido las medidas correctoras.

Pero, como he dicho, gran parte de la culpa es nuestra, de las izquierdas en general, y de los independentistas en particular, pues nos contentamos aceptando la paradoja del poder, asumiendo la coherencia de sus incoherencias.

Por eso, los independentistas deberíamos buscar nuestra propia coherencia, pues, solo así, conseguiremos una relación armoniosa con nosotros mismos, y escaparemos de la coherencia disfuncional, inventándonos historias que nos autojustifican en nuestro rol predefinido y limitado que nos lleva a experimentar situaciones repetitivas, en lugar de tomar el protagonismo de nuestras vidas y crear nuestro propio camino (citando al mencionado Enric Corbera), que explica esa situación con el ejemplo de una mujer atrapada en una relación de violencia doméstica, que autojustifica no divorciarse, por el bien de sus hijos; cuando lo conveniente, es entender que ‘es crucial trascender la identificación con estas narrativas, dar el salto hacia el cambio y confiar en que podemos construir un futuro mejor’.

Y siguiendo con Corbera: ‘a veces nos aferramos a lo conocido por miedo a lo desconocido, cuando lo aconsejable, no es la ausencia de miedo, sino optar por hacer algo diferente y avanzar, a pesar de él’.

Por todo lo expuesto, los independentistas catalanes deberíamos ser capaces de detectar las incoherencias de nuestros gobernantes (Pedro Sánchez y su mini clónico Salvador Illa), y también nuestras propias incoherencias, que las tenemos y son evidentes, como nuestras divisiones y pugnas infantiles por disfrutar de un trozo del pan, cuando los independentistas queremos el pan entero, como afirmó Ovidi Montllor i Mengual (1942 – 1995), en su canción: ‘Tot explota pel cap o per la pota’ (1974) (todo explota por la cabeza o por la pata), que dice:

Ya no nos alimentan las migas.

Ya queremos el pan entero.

Vuestra razón se va deshaciendo.

La nuestra está creciendo.

Las migas vuelan con el viento.

Dicen: si no te dan, toma.

No es de ladrones decir: Amén.

Cuando el sudor de lo que hacemos,

no lo seca lo que recibimos.

Mojando de oro al que nos la quita.

Es cuestión de saber claro

Hasta cuando hemos de trabajar.

Por el suelo que nos hacen ganar.

Entonces ya podremos juzgar

lo que quiere decir explotar.

Conscientes de a explotación,

No habrá más solución

Que aprovechar la ocasión.

Hacer valer nuestra razón,

porqué …

ya no nos alimentan las migas.

Ya queremos el pan entero.

Vuestra razón se va deshaciendo.

La nuestra es fuerza creciente.

Las migas vuelan al viento.

Mahatma Gandhi (1869 – 1048), entre otras cosas, dijo que ‘la felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía’, y ese pensamiento debería ser nuestra guía, de todos los independentistas, evitando y superando todas las incoherencias y disonancias menores, ante el gran objetivo que es la República Catalana, pues, solo así, estaremos en el buen camino y empezaremos a avanzar.