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Matar la política mediante los comités y comisiones

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

¿Alguien se acuerda del apagón eléctrico total en el reino español?, ¿de la peste porcina africana?, etc., que los respectivos gobiernos se comprometieron a clarificar e informar, tras el consiguiente estudio por parte de comités y comisiones creados ad hoc. NADIE, pues esa estrategia burocrática acaba enterrando los temas, con la escusa de la apremiante cotidianidad. Por eso, sabemos que, con la crisis ferroviaria actual, pasará más de lo mismo. Y, claro, así, al final, nadie asume responsabilidades, pues esa es la finalidad de los comités y comisiones, junto con la buscada desafección y desmovilización política. Y sobre este fenómeno va el presente escrito.

Efectivamente, con relación al ‘cero eléctrico’ producido el 28 de abril del 2025, que afectó a toda la península Ibérica, Portugal, Andorra y sur Francia, es decir, más de 50 millones de personas, Pedro Sánchez, tras convocar una reunión de emergencia del consejo de seguridad nacional, comentó que ‘quince gigavatios de generación se han perdido súbitamente del sistema en apenas 5 segundos’, y pidió cautela y serenidad a la ciudadanía. Y, a tal efecto, organizó un comité de estudio, presidido por Sara Aagesen, vicepresidenta tercera del gobierno y ministra de transición ecológica; comisión en la que participó Red Eléctrica de España, a pesar de ser ‘arte y parte’ en el suceso.

El 14 de mayo, dicha ministra informó al congreso de diputados que ya se había podido saber que ‘hubo tres eventos de pérdida de generación por un acumulado de 2,2 gigavatios, en las provincias de Badajoz y Sevilla, en poco más de 20 segundos, cuya causa y consecuencia estaban todavía por concretar.

El 17 de junio, un nuevo informe del ministerio en cuestión concluyó que el apagón tuvo una causa multifactorial derivada de una combinación de fallos técnicos, como oscilaciones de frecuencia mal amortiguadas, una programación deficiente del sistema eléctrico, señalando a Red Eléctrica de España, y respuestas incorrectas de algunas plantas generadoras, señalando a las grandes compañías eléctricas, aunque sin concretar empresas y personas jurídicas implicadas por confidencialidad.

(fuente: Wikipedia)

Desde el apagón, los ciudadanos hemos notado, en nuestras facturas, el llamado ‘servicios de ajuste’ (mecanismos esenciales que garantizan el equilibrio entre la electricidad que se produce y la que se consume en cada momento; y el argumento fue variopinto: que cada vez usamos más renovables, porque el apagón desestabilizó el sistema, porque hay más momentos del día en que la red se satura y se desequilibra.

Pero salvo ese incremento, la ciudadanía no hemos sabido nada más, no hemos tenido una explicación clara y concreta y, mucho menos, hemos visto asumir ninguna responsabilidad, ni política ni empresarial.

Igualmente pasa con la peste porcina africana (PPA), pues Òscar Ordeiz, el conseller de agricultura, ganadería, pesca y alimentación de la Generalitat de Catalunya, el 23 de diciembre pasado, publicó los resultados de una auditoria externa realizada en el laboratorio de biocontención de nivel 3 del IRTA-CReSA, ubicado en el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona (Bellaterra), en el que se informaba que dicho laboratorio cumple con los requisitos exigidos para una instalación de nivel 3 de seguridad biológica, lo que confirma su idoneidad para manipular el virus de la peste porcina africana en condiciones seguras, la eficacia de los sistemas de bioseguridad implantados, así como de los procedimientos internos de funcionamiento, la capacitación personal, los mecanismos de control de accesos, la gestión de residuos y el envío de muestras.

Asimismo, el conseller Ordeig apeló a la cautela, recordando que existen diversas investigaciones abiertas de forma paralela que deben desarrollarse sin interferencias; e insistió que la secuenciación genética del virus será determinante para descartar escenarios, profundizar en el origen del brote y, si fuera necesario, ajustar las medidas de respuesta.

Posteriormente, el 7 de enero de este año, el análisis genómico comparativo, liderado por el Dr. Toni Gabaldón, informó que no habían encontrado coincidencias entre el virus detectado en jabalíes y las variantes analizadas en IRTA-CReSA.

Pero la ciudadanía seguimos pendiente de conocer los resultados de los informes externos, de la UE, y vemos que las zonas de restricción de circulación (6 Km de radio a partir del mencionado laboratorio) siguen vigentes y, esporádicamente, se comunican nuevos hallazgos de jabalíes muertos por ese virus, en zonas ocultas.

Así que, ¿debemos creer como válida la tesis del bocadillo de mortadela, llegado del este de Europa, lanzado en una papelera e ingerido por un jabalí, a pesar de que la variante encontrada en Georgia, y divulgada por los países del Este Europeo, sea diferente a la encontrada en el Parc de Collcerola de Barcelona? o ¿debemos creer en la generación espontánea, contraria a todas las teorías científicas?

Pero es igual, pasarán los años y, como en el caso del ‘cero eléctrico’, el tema será olvidado (mejor dicho, ya lo está), somos maravillosos y nadie tiene responsabilidad alguna, y tan contentos.

Y pasará lo mismo con la actual crisis ferroviaria en Catalunya, pues, vergonzosamente, ‘ahora’ han detectado unos 30 puntos ‘delicados’, que comportan riesgos; los apañarán mediante parches, y punto final.

Y, dentro de poco, surgirá cualquier otro problema, que enterrará esa crisis. Ese fenómeno lo vemos con las guerras, pues la de Ucrania, fue tapada, eclipsada, por la de Gaza, y, ésta, a su vez, por las acciones trumpistas en Venezuela y las amenazas sobre Groenlandia. Pero en Ucrania siguen muriendo, igual que en Gaza, pero ya está, no son noticia, lo tenemos asumido, ya que actuamos siguiendo la práctica de la ‘tabula rasa’ (las pizarras de argila que se borraban para escribir de nuevo). Mejor dicho, tenemos la memoria de los peces. Y de eso se aprovechan los diferentes poderes y partidos políticos, que adaptan sus estrategias a esas limitaciones, en lugar de informar, clarificar, hacer pedagogía y explicar las consecuencias respecto a las responsabilidades, in vigilando e in eligendo.

Por todo ello, me parece muy adecuado e interesante el artículo de la filósofa Magda Polo Pujadas, titulado ‘Hemos de reinventar la política’, del que reproduzco unos párrafos:

‘No estamos hartos de la política. Estamos hartos de los políticos y de esta manera de hacer que está generalizando las mentiras, los reproches y la pérdida de rumbo. Estamos hartos de su degradación. Estamos cansados del discurso público de los gobernantes, de aquí y de todos los lugares, de derechas y de izquierdas. Esta fatiga no expresa un rechazo a la vida colectiva ni a la deliberación democrática, sino una intuición lúcida. La política ha sido substituida por la gestión del poder, por la lógica del partido y por una administración técnica del presente que ha renunciado a pensar el futuro como un proyecto compartido que tiene como finalidad el bienestar de las sociedades.

(…)

La política se vuelve representación, una representación en estructuras partidistas que tienen a confundir sus intereses con los intereses generales. El resultado es una paradoja, ya que, en nombre de la democracia, se vacía la democracia de contenido. La ciudadanía ya no es sujeto político, sino público electoral; ya no decide, sino que se anula su capacidad de raciocinio; ya no construye lo que es común, sino que escoge entre opciones precocinadas.

Este proceso fue analizado con lucidez por Hannah Arendt al distinguir entre el espacio de la acción política y la esfera de la mera administración. Cuando la política se reduce a la gestión de necesidades o a la optimización de procesos, desaparece el espacio donde los ciudadanos pueden aparecer como iguales en la pluralidad. Sin este espacio de aparición, la política pierde su dimensión propiamente humana.

El bipartidismo, en este contexto, no es solo un problema institucional, sino también conceptual.

(…)

Allá donde el orden social lo determina todo, no hay política, hay policía; es decir, no hay posibilidad de disenso (…) Esto no implica negar el conflicto, sino asumirlo como condición constitutiva de la democracia.

(…) 

Hacer política hoy, exige, por lo tanto, reaprender a escuchar desde una escucha estructural, capaz de aceptar la polifonía social (…) la tarea de la política no es imponer un unísono artificial, sino articular la diferencia sin anularla, facilitando la dialéctica. Solo así la política puede dejar de ser una práctica de conservación del poder y volver a ser aquello que había sido en su origen, esto es, una manera compartida de pensar y construir el mundo’

(Ara, 29 de enero del 2026)

Pero, claro, estamos en el carpetovetónico reino español, basado en la unidad dominada por la monarquía impuesta por Franco, y el resultado, es el consabido ‘café para todos’, que tanto el PP como el PSOE aplican como rodillo demolidor de las diferencias.

Y en esa línea unificadora, está el gobierno del represor Salvador Illa, pues, ayer, por boca de su sustituto provisional, el conseller Albert Dalmau, se sacó de la manga la propuesta de un ‘gran pacto de país para la refundación de Rodalies, con más inversiones en infraestructuras, trenes nuevos y acelerar el traspaso pactado con ERC, un traspaso que ya no es una opción, es una necesidad operativa e institucional’.

Un president Illa, que se presentó como un gran gestor, avalado por su labor en el ministerio de sanidad en plena pandemia del covid (una gestión basada en el ‘ordeno y mando’, con el BOE, los jueces, el ejército y la policía a su lado, para callar toda oposición y discrepancia), pero, sin un proyecto de país, más que el de descafeinar, todavía más, las funciones de la Generalitat. Un gestor que no ha sido capaz de gestionar, ni siquiera, la comunicación respecto a la crisis ferroviaria, la verdad, no es ninguna garantía. Y, claro, es la clara muestra del tipo de política que rechazamos, y del que estamos hartos, como señala la filósofa mencionada.

En definitiva, ante este contexto, los independentistas catalanes tenemos mucho trabajo. En primer lugar, rechazar los vicios de la vieja política. Y, en segundo lugar, delimitar el espacio político que pueda satisfacer el desarrollo de la democracia, en su amplio sentido, es decir, en promover un nuevo referéndum de independencia. Para ello, la estrategia coherente y consistente, debe ser plausible, diáfana, eficaz y conocida por todos, con sus pros y sus contras; pues, solo así, la ciudadanía volverá a recobrar la ilusión del 1 de octubre del 2017.