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Acercar la ciencia a la vida real, clave para que más niñas elijan carreras STEM: Investigadora IBERO

  • La ciencia solo cobra sentido cuando resuelve problemas reales, sostiene la Dra. Esther Ramírez Meneses, miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, nivel 2.
  • Desde la ingeniería química, impulsa la generación de materiales y nuevos procesos aplicables a energía, medio ambiente e industria, incluso en contextos con recursos limitados.

Ciudad de México, 10 de febrero de 2026. Abrir laboratorios, compartir referentes y derribar el miedo a las matemáticas es clave para que más niñas se reconozcan en las carreras STEM.


Para la Dra. Esther Ramírez Meneses, investigadora del Departamento de Ingeniería Química, Industrial y de Alimentos, la Universidad Iberoamericana, la ciencia no es un ejercicio abstracto ni lejano: es una herramienta para resolver problemas concretos de la vida cotidiana. Desde la síntesis de nuevos materiales hasta su aplicación en energía, medio ambiente o industria, su trabajo parte de una premisa clara: el conocimiento cobra sentido cuando se traduce en soluciones reales.


Desde la Ingeniería Química y el estudio de materiales, Ramírez Meneses explica que los procesos químicos permiten crear materiales con propiedades específicas, capaces de generar energía, sustituir tecnologías contaminantes o mejorar procesos industriales. “Con el conocimiento de procesos químicos se pueden obtener materiales distintos, según el problema que se quiera resolver”, señala. Esa lógica ha guiado tanto su investigación como su forma de enseñar.


La ciencia como forma de incidir en la realidad


Su propio camino hacia la ciencia no fue lineal. Como muchas jóvenes, tuvo dudas al elegir carrera y fue en el proceso formativo donde descubrió que la ingeniería química no se limitaba a la teoría. El punto de inflexión llegó cuando, durante su tesis de licenciatura, comprobó que un experimento podía dar respuesta a un problema específico. “Ahí entendí que la ciencia también es una forma de incidir en la realidad”, recuerda.


Esa experiencia marca hoy su trabajo en el aula y el laboratorio. Para ella, es fundamental que el estudiantado comprenda para qué sirve lo que aprende: cómo un material puede capturar contaminantes y transformarlos en productos de valor agregado, mejorar una reacción energética o hacer más eficiente un proceso. Publicar resultados, añade, también forma parte de ese impacto, porque compartir conocimiento amplía su alcance social.


Hacer ciencia no depende de grandes presupuestos


Uno de los ejes de su labor es demostrar que hacer ciencia no depende exclusivamente de grandes presupuestos. A través de prácticas como la química en microescala, promueve una enseñanza más segura, sostenible y accesible, que permite experimentar y aprender incluso en contextos con recursos limitados. Esta visión, subraya, es clave para acercar las carreras STEM a más niñas y jóvenes.

Para la Dra. Esther Ramírez Meneses, motivar vocaciones científicas implica abrir puertas reales: permitir que estudiantes entren a los laboratorios, conozcan a quienes ya trabajan en ciencia y entiendan cómo es el día a día de una investigadora. Tener información y referentes, dice, transforma la percepción de lo que es posible.

Un mensaje para las niñas

En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11F), su mensaje es directo: no autoexcluirse. A quienes dudan por miedo a las matemáticas o por estereotipos, les recomienda acercarse, preguntar y observar antes de decidir. “La ciencia no es solo para genios; es para personas curiosas que quieren entender y transformar su entorno”, afirma.

Trasladar la ciencia al mundo real, concluye, también significa hacerla más cercana, más humana y más incluyente, para que cada vez más niñas se reconozcan como futuras científicas e ingenieras