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Hoy, 13 de febrero, quería centrarme en el ‘Tratado de Lisboa’, firmado el 13 de febrero de 1668, por el cuál, María Ana de Austria (1634 – 1696), reina regente de Castilla, reconoció la independencia del Reino de Portugal. Pero, debido a la actualidad, en primer lugar, he introducido unos comentarios que me parecen de interés.
Como he ido comentando en repetidas ocasiones, desde la baja por enfermedad del president Salvador Illa (155), es decir, durante casi un largo mes, ningún medio de comunicación generalista ha tratado sobre esa baja y, reforzando el mutismo al respecto, pasando a ser un tema tabú y, Salvador Illa, el innombrable. Contraviniendo, de ese modo, la transparencia, que es uno de los elementos básicos de toda democracia.
Y este mediodía, a las 12.03 h, el hasta ahora desaparecido totalmente e innombrable, Salvador Illa, ha emitido el siguiente mensaje en su cuenta de X:
‘El lunes me reincorporo de forma progresiva al trabajo y a mis responsabilidades como president de la Generalitat. Vuelvo con muchas ganas, energía y determinación.
Mi agradecimiento al personal del Hospital Universitari Vall d’Hebron, por su profesionalidad, dedicación y cualidad humana. Nuestra sanidad pública es un orgullo colectivo.
Gracias también por todo el cariño y los ánimos que me han acompañado estos días’.
Al margen del error gramatical de hablar del futuro como si fuera presente, no deja de ser ‘curioso’, que, tras el mutismo de estas semanas, ahora, todos los medios de comunicación hayan publicado ese mensaje, y todos lo hayan celebrado.
Y nadie se ha cuestionado el hermetismo de este mes, obviando, el papel y responsabilidades institucionales que tiene Illa, pues, entre esas responsabilidades, está la de mantener a la ciudadanía informada de su estado de salud, como he señalado de forma repetitiva.
Y ese oscurantismo se extendió a su tratamiento hospitalario, sobre el que ya comenté que me parece obvio que, como máximo dignatario catalán, es lógico que tenga privilegios, sin que ello ponga en cuestión, en absoluto, la profesionalidad del sistema sanitario.
Sobre el particular, Silvia Orriols, líder de Aliança Catalana, el pasado 19 de enero, se preguntó, en el Parlament (y en su cuenta de X):
‘Si el president se tuvo que esperar en una litera como los mortales o ha tenido habitación al instante (…) no deseo el mal a nadie, pero denuncio el trato VIP y preferente de la casta política’.
Y en la respuesta inmediata de Silvia Paneque, consellera y portavoz del gobierno de la Generalitat, le acusó:
‘de bajeza moral, que no le sorprendían esos comentarios por su historial, que no se ajusta a la manera de hacer de los catalanes’.
Asimismo, de forma casi automática, Jaume Padrós (hasta marzo del 2025, presidente del colegio de médicos de Barcelona), también contestó a Orriols, en X:
‘El problema de salud del President Illa precisaba de una acción urgente y la actuación de los servicios sanitarios fue y está siendo la adecuada. Usted habla sin saber nada. Injustificable el uso de la insidia y de un comportamiento deshumanizador y carente de mínima empatía’.
Y Orriols, le respondió, también en X:
‘No puedes conocer las deficiencias, necesidades y drama, si no sigues el mismo circuito que el resto de los ciudadanos.
Y decir esto no es ser insensible, es ser realista.
Ya podéis continuar insultando…’
Y pasado ese temporal del día 19, el silencio más absoluto.
Como se puede ver, es un tabú hablar sobre este tema, y eso es vergonzoso.
Como dije, entiendo que como president de la Generalitat, tenga un trato VIP; y reconocerlo no es dañar al sistema sanitario, pues esa es la condición humana, ya que todos somos frágiles ante el poder.
Y lo que me parece denigrante, es que sistemáticamente, las respuestas dadas buscaron ‘matar’, metafóricamente, a la mensajera Orriols.
Y también me parece insultante que Salvador Illa, en su primer mensaje, y en el de hoy, diga:
‘Mi agradecimiento al personal del Hospital Universitari Vall d’Hebron, por su profesionalidad, dedicación y cualidad humana. Nuestra sanidad pública es un orgullo colectivo’.
Pues eso es vivir en las nubes y ser acrítico, ya que, desgraciadamente, es bastante generalizado un gran malestar de los pacientes, que ya no vemos que la sanidad pública catalana sea ‘un orgullo colectivo’. Personalmente, podría explayarme sobre la organización, la burocracia y la carencia de recursos del sistema, pero me limito al ejemplo que mencioné en mi escrito de ayer:
También en tv3, han entrevistado a un hombre de Puigcerdà, que desde el pasado mes de julio tenía programada una intervención quirúrgica para hoy, y que desde hace días había efectuado todo el preoperatorio. Y ayer, recibió un mensaje del centro hospitalario, diciéndole que, por la alarma, quedaba anulada dicha intervención, cuando, según ha dicho, hoy hacía un día espléndido, mejor que en los últimos tres meses.
Sin comentarios, pues me parece que queda evidente la deshumanización y la falta de empatía con los pacientes, que, evidentemente, las ‘personalidades’ no pueden detectar, como he dicho; y, claro, éstas son las menos indicadas para opinar al respecto, como bien comentó Silvia Orriols.
En esta línea de los tabúes, ayer, Óscar López, ministro de transformación digital y de la función pública, en una entrevista a RNE:
‘justificó’ el retroceso electoral del PSOE en las recientes elecciones de Aragón, ‘por la línea política que había mantenido el exlíder aragonés Javier Lambán (fallecido en el verano pasado), al considerar que el PSOE no ejerció una oposición efectiva al presidente popular Jorge Azcón (…) en lugar de hacer oposición al señor Azcón, se dedicó a hacer otra cosa, por cierto, muchas veces con argumentos que eran de la derecha; y, por lo tanto, el PP no tenía el desgaste que hubiera tenido que tener, ya que Lambán, en diferentes momentos, cargó contra la línea del PSOE de Pedro Sánchez, desde un espacio próximo a la corriente de Emiliano García-Page (…) si bien, a pesar de las discrepancias, había mantenido una excelente relación con él’.
Esta crítica al ‘compañero’ fallecido, provocó un conflicto interno en el PSOE, e incluso Pilar Alegría, la candidata, reaccionó en X, marcando distancias con el análisis, y comentó que:
‘señalar que los unos o los otros como responsables de los resultados, es un error, y no nos llevan en la buena dirección’.
¿Por qué puñetas debemos aceptar, ‘socialmente’, que no es aceptable hablar mal de los muertos?, cuando lo ético es ser sinceros, y eso me parece fundamental.
¿A qué viene ese tabú? Y, pensándolo, me parece claro que una primera conclusión puede ser el miedo que tenemos a cómo seremos juzgados en el futuro, cuando faltemos; y así, mediante ese tabú, limitamos las críticas.
En otro momento ya ampliaré, con más extensión, las derivadas de los tabúes y de la consideración de temas y personas innombrables, en determinadas ocasiones.
(Nota marginal: el término tabú, (del tongalés tapu o tabu, ‘prohibido’) es una prohibición simbólica establecida por convenciones sociales. Este concepto fue introducido en Europa en 1777, por el capitán James Cook, que había documentado la palabra en la isla de Tonga’.
Fuente: Wikipedia)
(Y siguiendo con la marginalidad, el mencionado James Cook (1728 – 1779) tuvo una estrecha vinculación y relación con el almirante Hugh Palliser (1723 – 1796), su mentor y jefe. Hace años publiqué diferentes ensayos sobre la historia de los Palliser)
Y efectuadas todas esas digresiones, me parece que es preciso señalar que un día como hoy, 13 de febrero de 1668, es decir, de hace 358 años, el reino de Portugal consiguió su independencia del reino de Castilla, tras la Guerra da Restauraçaö (guerra de restauración), iniciada en 1640. Castilla prefirió sacrificar Portugal, antes que perder Catalunya, también en conflicto (Corpus de Sang, del 7 de junio de 1640; guerra dels segadors)
Es importante recordar que durante muchas décadas de finales del siglo pasado, se hizo popular entre los independentistas catalanes el lema: ‘La independència que ens cal és la de Portugal’ (la independencia que necesitamos es la der Portugal), un pareado que recitaba Celdoni Fonoll, llegando a ser el título de uno de los ensayos de la periodista argentina Patricia Gabancho Ghielmetti (1952 – 2017), ‘L’autonomia que ens cal és la de Portugal’, (La Mansarda, 2012), inspirada por las afirmaciones de Gregorio Peces-Barba Martínez (1938 – 2012), uno de los ‘padres’ de la constitución que, en 2011, llegó a afirmar ‘que, al empezar las respectivas rebeliones en 1640, a España le hubiera ido mejor quedándose con Portugal y no con Catalunya’.
Y esa afirmación ya la sabía Josep Vicenç Foix que, en 1953 escribió el poema: ‘Ho sap tothom, i és profecia’, (lo sabe todo el mundo y es profecía) que, durante años, envió a sus amigos por Navidad.
Y así seguimos, pues todo es lentísimo, como se explica en la canción popular: ‘El tren d’Olot’, ‘que surt quan vol i arriba quan pot’; (que sale cuando quiere y llega cuando puede)
Y ya está bien de filosofar, ahora debemos actuar, democrática y firmemente.
(en un próximo escrito me detendré sobre esas citas, pues ahora ya me he extendido demasiado)