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Exclusión y trabajos informales: dos décadas de permanencia

* Actualmente 29% de las personas en condición de trabajar están excluidas, eran 33% en 2005, pero en cantidad son 3.6 millones más

* Con trabajos informales, hoy son 55% de la población ocupada frente a 60% hace dos décadas; pero en cantidad son 9 millones de personas más

* Inicia Acción Ciudadana serie de reportes sobre diversas perspectivas del Panorama Laboral en México con una mirada a 20 años

México lleva dos décadas con estructuras laborales que incumplen con el derecho humano al trabajo. Ni la exclusión, ni los trabajos informales y mucho menos la precariedad son fenómenos en retirada. Son, todavía, la realidad predominante para millones de personas.

En la actualidad las personas excluidas del trabajo -desempleadas o por dedicarse a labores domésticas de cuidado- suman 23.8 millones, 29% de la Población Potencialmente Productiva (PPP). Hace 20 años, la exclusión afectaba a 20.2 millones, 33% de la PPP. El avance es muy lento, apenas 4 puntos porcentuales en dos décadas.

En la informalidad laboral, actualmente están 33 millones de personas, son 55% de la población ocupada. Hace 20 años eran 24.2 millones, 60% de la población ocupada. El avance es de apenas 5 puntos menos en dos décadas, pero 9 millones de personas más en esa condición.

Esto significa que desde 2005 y hasta el cierre del año pasado, prácticamente hay una permanencia aletargada en el país en estas dos condiciones laborales.

Acción Ciudadana Frente a la Pobreza elaboró el reporte Panorama Laboral, una mirada a los datos nacionales más recientes (2025) en contraste con diversos periodos: el inmediato (hace 1 año, 2024), a corto plazo (hace 5 y 10 años, 2020 y 2015) y mediano plazo (hace 20 años, 2005), con base en datos de la ENOE del INEGI. (Documento completo en https://www.frentealapobreza.mx/post/panorama-laboral)

Este ejercicio revela una realidad incómoda: en 20 años, la mayoría de las condiciones estructurales del trabajo en México apenas se han movido. Los avances son marginales; las estructuras, persistentes.

Rostros de la exclusión

En la actualidad 23.8 millones de personas están excluidas del sistema laboral. No porque no quieran o no necesiten trabajar, sino porque no hay trabajo o porque las labores de cuidar su hogar se los impide.

La exclusión tiene dos manifestaciones centrales: La primera es el desempleo completo: 7 millones de personas que equivalen al 8% de la PPP.

Dentro de esta categoría está el desempleo abierto (personas que buscaron activamente trabajo en la semana previa a la encuesta 1.8 millones. Y el desempleo «oculto» (personas disponibles, pero que ya no buscaron empleo en la semana anterior: 5.3 millones.

Por cada persona desocupada hay tres más desalentadas, que no buscan trabajo cada semana porque consideran que no pueden conseguirlo. Ambas situaciones forman el desempleo completo. Quienes consideran sólo la desocupación ven únicamente la punta del iceberg. En los países sin seguro de desempleo, las personas desalentadas son mayoría y requieren una oportunidad para insertarse en trabajos adecuados en condiciones dignas.

Además está la exclusión por labores de cuidado, es la principal causa de exclusión, son 14.7 millones de personas (95% de ellas mujeres), que representan 18% de la PPP que no pueden incorporarse al sistema laboral porque están dedicadas al trabajo doméstico y de cuidados, en muchos casos por una obligación impuesta culturalmente y porque no hay servicios de cuidado a su alcance, como centros de desarrollo infantil o escuelas con horario ampliado.

En 20 años, esta cifra pasó de 13.2 a 14.7 millones. El trabajo de cuidados sigue sin ser reconocido como trabajo, ni redistribuido, ni remunerado.

Hay, además, otras causas de exclusión en las que se encuentran 2 millones de personas que manifiestan otras razones no contempladas en las categorías anteriores.

Lo que muestran estos 20 años son reducciones marginales en porcentaje, aumentos en cifras absolutas, en pocas palabras estancamiento.

Pese a que la exclusión total bajó 4 puntos porcentuales (de 33% a 29% de la PPP), en términos absolutos pasó de 20.2 a 23.8 millones: hay 3.6 millones de personas más excluidas que hace dos décadas.

El desempleo completo se redujo apenas 2 puntos (de 10% a 8% de la PPP), pero también creció en cantidad: de 5.9 a 7.0 millones.

Y la exclusión por cuidados cayó 3 puntos (de 21% a 18%), pero aumentó de 13.2 a 14.7 millones de personas.

Estos datos indican que el desempleo abierto es sólo la punta del iceberg. Debajo está el desempleo oculto, que crece y, mucho más grande, la exclusión por cuidados, que afecta desproporcionadamente a las mujeres.

Más personas en trabajos informales

Tener trabajo no es sinónimo de trabajar con derechos. De los 59.6 millones de personas ocupadas, la mayoría lo hace en condiciones precarias. Y eso no ha cambiado mucho en 20 años.

En la actualidad 33 millones de personas tienen trabajos informales, son 55% de la población ocupada. Hace 20 años era 60%. En dos décadas la variación es de 5 puntos menos, aunque en personas aumentó 9 millones, pues en 2005 eran 24.2 millones.

Sin seguro social son 35.9 millones quienes carecen de acceso a instituciones de salud por vía laboral (61% de la población ocupada). Hace 20 años eran 26.8 millones (65%). En dos décadas, la reducción fue de apenas 4 puntos porcentuales, pero en cantidad de personas ahora son 9.1 millones más con respecto a 2005.

La informalidad se reduce a un ritmo de 0.25 puntos porcentuales por año. A este paso, alcanzar niveles de formalidad similares a los de países con sistemas de protección universal tomaría más de 100 años.

También hay otras situaciones de precariedad como la subocupación y los trabajos con jornadas excesivas (más de 48 horas), que afectan a millones de personas con trabajo.

El ingreso laboral ha mejorado, pues estaba muy deprimido, apenas llegó a un nivel para superar el umbral de pobreza, lo cual no es suficiente para la vida digna, pero el resto de las condiciones laborales siguen atrapadas en estructuras de precariedad.

(Ver tablas al final)

¿Y qué sigue?

El reporte de Panorama Laboral aspira a ser un insumo para la conversación entre empresas, gobierno, sindicatos, academia y organizaciones ciudadanas dispuestos a tomar estrategias de desarrollo inclusivo.

Hay muchas empresas que comparten estas convicciones:

●       Tener trabajo no debería ser sinónimo de pobreza, el ingreso digno con productividad es el siguiente objetivo.

●       Las labores de cuidado no pueden seguir siendo una obligación impuesta a las mujeres, urge multiplicar servicios públicos de cuidado.

●       El trabajo  informal no nace de una decisión deliberada, sino como una vía de sobrevivencia.

●       Formalizar no es regularizar lo irregular, sino garantizar derechos, empezando por un acceso gradual a la salud.

●       México no puede ser competitivo con base en bajos salarios y empleos de baja calidad.

●       El desarrollo económico significa muy poco si no ensancha los derechos de quienes trabajan y produce prosperidad compartida.

Porque el trabajo digno no es un lujo o un ideal obsoleto. Es la base de cualquier economía que quiera ser próspera, estable y sostenible. Es un impulso indispensable dentro de las «10 Rutas por un México libre de pobreza».

Por ello, a lo largo del año en Acción Ciudadana Frente a la Pobreza presentaremos análisis más detallados sobre el Panorama Laboral de las mujeres y personas jóvenes, en este mismo ejercicio de retrospectiva a 20 años, además de reportes precisos sobre otros aspectos del sistema laboral, como ingreso, trabajo por cuenta propia y tamaño de empresas, entre otros. La compilación de estas entregas parciales ofrecerá un diagnóstico integrado, riguroso y útil para la toma de decisiones informadas.

La raíz laboral de la pobreza y la desigualdad no es un destino inevitable. Muchas economías de mercado, competitivas y exitosas, han demostrado que sí es compatible crecer con derechos laborales, fiscalidad progresiva y cuidado del planeta. Podemos adoptar ese camino hacia un México libre de pobreza.