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La España contrafactual

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

La historia nos demuestra que la configuración del reino español se basa en la contrafactualidad, es decir, contraria a la realidad, ya que es un concepto irreal, inventado, contrario a los hechos, pues nunca fue ni ha sido una nación, es un estado impuesto por la fuerza bruta (desde 1714); y el derecho de conquista no le confiere ser considerado un hecho fáctico, factual, objetivo, racional y moral; más bien es un matrimonio forzado.

En mi escrito de ayer me centré en la cosificación. Pues bien, vemos que el reino español no ceja en invertir todos los esfuerzos que considera precisos, para imponer su simbología unitaria. Un claro ejemplo de esa cosificación, lo tuvimos anteayer, con su soberbia militar de mantener en la plaza de Colón (Madrid) la mayor bandera española (de 294 m2 y 35 kilos), que decidieron volver a izar, a pesar del fuerte viento; y, claro, se destrozó (y no es la primera vez, pues este año ya se ha rasgado 3 veces). Pero les es igual, la pagamos entre todos. Y seguirán con su ‘lógica ilógica’, diciendo, como Felipe II de Castilla y Aragón (1527 – 1598), tras el desastre de la ‘armada invencible’ (la grande y felicísima armada), enviada en 1588 para invadir Inglaterra: ‘Yo no mandé a mis barcos a luchar contra los elementos’.

A mi modo de ver, esa misma soberbia la podemos ver en la iglesia católica, siguiendo con la construcción de la Sagrada Familia (Barcelona), que ayer concluyó su altitud máxima, al colocar el último brazo de la cruz de la torre de Jesús, repitiéndonos, hasta la saciedad, que tiene una altitud definitiva de 172,5 metros, medio metro menos que la montaña de Montjuïc (entre 173 y 177 m), ya que, según la leyenda, Antoni Gaudí i Cornet (1852 – 1926), de acuerdo con su premisa de humildad, dijo que ‘la obra del hombre nunca debía superar la creación de Dios’. 

Pero claro, Gaudí obvió que la montaña de El Tibidabo, también de Barcelona, tiene una altitud de 516,2 m.; pertenece al barrio de Vallvidrera, El Tibidabo y Les Planes; del distrito de Sarrià – Sant Gervasi, agregados a Barcelona en 1921 y 1897, respectivamente. Así que, siguiendo con la citada premisa de Gaudí, y llegando al absurdo, la burocracia no debe ser una obra ni una consecuencia humana, uff. 

En definitiva, con esa obra, la iglesia católica quiere reflejar su simbología, cosificada para la explotación turística, obviando su coste y, claro, las necesidades sociales persistentes.

Ahora bien, volviendo a la terrenalidad española, que el penoso Gabriel Rufián (ERC) quiere seguir alimentando, una vez olvidada su ideología independentista, como también han olvidado otros políticos que siguen manteniendo su propio personaje público como independentista, si bien sus hechos les contradicen y, consecuentemente, no trabajan para que la República Catalana vuelva a ser factual, fácticamente, lo que fue antes de ser derrotada a sangre y fuego.

Y así, los independentistas nos sentimos en plena ‘jauría humana’ (recordando la película de ese nombre, si bien, originalmente, fue denominada ‘The Chase’ (la caza), dirigida por Arthur Penn, en 1966, e interpretada por Marlon Brando, Jane Fonda, Robert Redford, etc.), pues, según la segunda acepción del diccionario de la RAE, ‘la jauría es el conjunto de quienes persiguen con saña a una persona o grupo’.

Por eso precisamos la famosa ‘linterna de Diógenes de Sinope’ (s. IV a.C.), que recorría Atenas a plena luz del día, con un farol encendido, buscando un hombre honesto.

Por lo que sería preciso que los independentistas catalanes nos aplicásemos en dilucidar con quiénes podemos confiar y trabajar, separando, de ese modo, ‘el grano de la paja’.

Sobre el particular, me parece interesante recordar, asimismo,  al polítólogo y antropólogo de los EUA, James C. Scott (1936 – 2024), un teórico de las sociedades agrarias no estatales, la subalternidad, sus estrategias de resistencia a diferentes formas de dominación,  y el anarquismo, en su obra ‘Weapons of the Weak: Everyday Forms of Peasant Resistance’ (1986) (Armas de los débiles: formas cotidianas de resistencia campesina; los dominados y el arte de la resistencia), exploró el conflicto social en el pueblo agrícola de Sedaka (Malasia) y los conceptos de rebelión campesina en el lugar de trabajo, y cómo fue vista por cada clase social. En resumen, me parece pedagógico destacar algunas de sus ideas: 

El autor, tras explicar los hechos iniciales (la desaparición de un niño de clase baja), explicó que los tres personajes decididos en su búsqueda, fueron considerados marginales de sus propias comunidades, por su comportamiento descarado, hasta convertirles en el símbolo de los ‘pobres avariciosos’. Scott explicó el método de la rebelión campesina como una técnica continua y cotidiana de crear pequeños inconvenientes a las mencionadas personas incómodas que pretenden rebelarse, mediante estrategias de preocupación, disimulo, falsa obediencia, robo, ignorancia fingida, calumnia, incendio provocado, sabotaje, etc., para descalificarlos, obviamente.

Asimismo, Scott señala que las rebeliones heroicas son las que sobreviven en la historia, ya que la gente tiende a escribir más sobre ellas, dejando las más pequeñas y efectivas rebeliones, que no atraen titulares.

Scott ve el razonamiento detrás de las rebeliones como factor derivado de cómo se ve el campesino en su clase social. Así, ve que la configuración de la narrativa parte de la mala reputación del terrateniente, que los campesinos difunden, cuestionando el dominio, y, finalmente, asumen abiertamente su propio discurso, tomando consciencia de su estatus común, y, en definitiva, alimentando la rebelión. Es decir, que los grupos subordinados utilizan estrategias de resistencia que pasan desapercibidos y que llama ‘infrapolítica’ contra el poder, incluso el oculto.

(Fuente: Wikipedia)

En definitiva, me parece interesante que los independentistas superemos ciertos tabúes, que dejemos de tener temas y personas innombrables (como lord Voldemort, el innombrable señor de las fuerzas del mal, el antagonista principal de Harry Potter, de Joanne Kathleen Rowling); pero sin caer, tampoco, en la tentativa infantil de esperar y confiar que las cosas caigan por su propio peso, confiando que se haga efectivo el verso de J. V. Foix: ‘ho sap tothom, i és profecia’ (lo sabe todo el mundo, y es profecía); de su poema ‘A cal Fuster hi ha novetat’ (en casa del carpintero hay novedad), publicada en Navidad de 1953.

Ni, tampoco, deberíamos aceptar estrategias diletantes, más propias de las tortugas o de los caracoles, es decir, lentas y, en caso de apuro, esconderse en su caparazón. Ya hemos asumido, aceptado y tragado demasiadas adversidades, como ahora la de Rodalies (trenes de cercanías); ya tenemos más que suficiente con el folclórico ‘Tren d’Olot’ (*), que ‘va corrent tot el que pot (…) que marxa quan vol i torna quan pot’ (que va corriendo todo lo que puede (…) que marcha cuando quiere y vuelve cuando puede). 

(*) tema popular, siendo Pep Puigdemont, uno de los letristas que, recientemente, han adaptado esa canción; cantautor nacido en Olot en 1971, que no tiene lazos familiares con el president Carles Puigdemont (éste, en su corta presidencia efectiva, reunió en la Generalitat a una veintena de personas con ese mismo apellido, algunas familiares, como un sobrino que también se llama Carles; y otros de diferentes lugares de Catalunya, mayoritariamente de la Garrotxa, como el mencionado Pep)