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Campanades a morts (campanadas a muertos)

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Ayer (03/03) se cumplieron 50 años de los asesinatos realizados en 1976, por la policía española, que disparó contra obreros desarmados en Vitoria – Gasteiz, asesinando a 5 obreros e hiriendo a miles de participantes, mientras celebraban una asamblea en la iglesia de San Francisco de Asís, que reivindicaban una subida salarial de 5000 pesetas, la jornada de 40 horas semanales, la percepción del 100 % del sueldo en caso de accidente o enfermedad, y la jubilación a los 60 años. Pues bien, pasados 50 años, los principales culpables, como Carlos Arias Navarro (jefe del gobierno) y Manuel Fraga Iribarne (ministro de gobernación), fallecieron sin rendir cuentas, si bien, Rodolfo Martín Villa (ministro de relaciones sindicales) sigue vivo, sin haber sido juzgado (la causa la abrió la jueza María Servini, en Argentina, que emitió una orden internacional de búsqueda y captura contra ese sujeto, pero nunca se ejecutó, al ser defendido por el estado español; asimismo, Rafael Landin, fallecido en 2005 (gobernador civil de Álava, de la época) y diversos mandos policiales también se salieron de rositas, sin asumir sus responsabilidades, pues su denuncia no fue aceptada a trámite. Y, ante esa situación, el gobierno de Pedro Sánchez no ha desclasificado la información, que sigue siendo secreta, acogiéndose a la ley franquista al respecto. Y la denuncia del 2004 ante el Alto Comisionado de Naciones Unidas por los Derechos Humanos, tampoco tuvo recorrido, argumentando que el presunto delito de lesa humanidad había prescrito. Y en este escrito, intento comentar ese desconcierto concertado por los diferentes poderes, ya que el relativo reconocimiento a través de la ley de la Memoria Democrática, del 2007, fue un simple espejismo.

Este y otros ejemplos nos desmotivan a los demócratas, pues constatamos que siempre hay poderosos intereses que lo tapan todo. Y esa misma desmotivación la tenemos ahora, ante la guerra iniciada por Donald Trump y Binyamín Netanyahu, contra Irán, y que está descontrolando el débil equilibrio existente hasta ese momento, especialmente, en todo Oriente Medio.

Asimismo, vemos que la actualidad acaba enterrando los delitos anteriores, como el mencionado, ahora ya nadie recuerda la guerra de Ucrania, ni la de Gaza. Y ayer, solo una minoría de medios hicieron referencia a los hechos mencionados; y que hayan pasado 50 años, no es una escusa. Como tampoco lo es que Pedro Sánchez defienda el derecho internacional ante el tsunami trumpista, pero olvide que él fue parte esencial en la aplicación del 155 contra Catalunya, y es el responsable de la represión posterior. 

Así que, defender la autonomía de Gaza, por ejemplo, mientras reprime la de Catalunya, o mientras traiciona al pueblo saharaui, olvidando los tratados internacionales, nos muestra una esquizofrenia patológicamente justificada por la sacrosanta unidad de su España. Y eso es un claro ejemplo de una incoherencia ética y moral, máxime cuando se constata que Pedro Sánchez se mueve, exclusivamente, por intereses electorales (personales y partidistas) Y, en ese mismo saco incoherente, hemos de incluir, también a Podemos, siempre dispuesto a defender las autonomías de Gaza, el Tíbet, etc., pero, claro, contrarios a reconocernos esos derechos a los catalanes.

Es muy cómodo defender causas lejanas, distantes a miles de kilómetros, pero, mojarse por causas próximas, es más delicado, ya que tiene sus consecuencias electorales, y esos partidos no quieren poner en peligro sus poltronas.

Ante esta situación, internacional y estatal, tan asquerosamente antidemocrática, me parece que sigue manteniendo su vigencia la magnífica y valiente canción ‘Campanades a morts’ (que he tomado como título del presente escrito), publicada por Lluís Llach en 1977, que seguidamente reproduzco:

Campanadas a muertos

Campanadas a muertos

hacen un grito por la guerra

de los tres hijos que han perdido

las tres campanas negras.

Y el pueblo se reúne

cuando el lamento se acerca,

ya son tres penas más

que debemos llevar en la memoria.

Campanadas a muertos

por las tres bocas cerradas,

ay de aquel trovador

que olvidara las tres notas!

¿Quién ha cortado todo el aliento

de estos cuerpos tan jóvenes,

sin ningún otro tesoro

que la razón de los que lloran?

Asesinos de razones, de vidas,

que nunca tengáis descanso en ninguno de vuestros días

y que en la muerte os persigan nuestras memorias.

Campanadas a muertos

hacen un grito por la guerra

de los tres hijos que han perdido

las tres campanas negras.

Abridme el vientre

para su descanso,

de mis jardines

traed las mejores flores.

Para estos hombres

cavadme profundo,

y en mi cuerpo

grabad su nombre.

Que ningún viento

despierte el sueño

de aquellos que han muerto

sin tener la cabeza alta.

Diecisiete años solamente y tú tan viejo;

celoso de la luz de sus ojos,

has querido cerrar sus párpados,

pero no podrás, que todos guardamos esa luz

y nuestros ojos serán destellos para tus atardeceres.

Diecisiete años solamente y tú tan viejo;

enojado por tanta joven belleza,

has querido desgarrar sus miembros,

pero no podrás, que de su cuerpo tenemos recuerdo

y cada noche aprenderemos a amarlo.

Diecisiete años solamente y tú tan viejo;

impotente por el amor que él tenía,

le has dado la muerte como compañera,

pero no podrás, que por lo que él amó,

nuestros cuerpos siempre estarán en primavera.

Diecisiete años solamente, y tú tan viejo;

enojado por tan joven belleza,

has querido desgarrar sus miembros,

pero no podrás, que todos guardamos esa luz

y nuestros ojos serán destellos para tus atardeceres.

La miseria se convirtió en poeta

y escribió en los campos

en forma de trincheras,

y los hombres fueron hacia ellas.

Cada uno fue una palabra

del victorioso poema.

Es preciso señalar que si bien, Lluís Llach cita tres muertos, finalmente fueron 5: Pedro María Martínez Ocio (de 27 años), Francisco Aznar Clemente (de 17 años), Romualdo Barroso Chaparro (de 19 años), José Castillo García (de 32 años) y Bienvenido Perea Moral (de 30 años); estos dos últimos fallecieron días después, a consecuencia de las heridas de bala; y, posteriormente, en los actos de protesta, fallecieron otros dos: Juan Gabriel Rodrigo Knafo (de 19 años), asesinado en Tarragona el 5 de marzo: fue lanzado desde una azotea, por la policía, mientras huía, y llevado al hospital, de forma fraudulenta, le extrajeron los ojos (según protestaron sus familiares), y Vicente Antón Ferrero (de 18 años), asesinado el 8 de marzo en Basauri, con un tiro a la cabeza, desde 7 metros de distancia.

La transcripción de los audios policiales de ese momento, no pueden ser más asquerosos y repelentes, ya que, entre otras ‘lindezas’, dicen:

‘(…) Entonces el Charlie que está, J-2 y J-3, desalojen la iglesia como sea. Cambio. 

No podemos desalojar, porque entonces, entonces ¡está repleta de tíos! Repleta de tíos. Entonces por las afueras tenemos rodeados de personal ¡vamos a tener que emplear las armas! Cambio.

Gasead la iglesia. Cambio.

Interesa que vengan los Charlies, porque estamos rodeados de gente y al salir de la iglesia aquí va a ser un pataleo. Vamos a utilizar las armas seguro, además ¿eh? Charlie a J-1, ¡ha llegado ya la orden de desalojo a la iglesia?

Sí, sí la tiene J-3 y ya han procedido a desalojar porque tú no estabas allí.

Muy bien, enterado. Y lástima que no estaba yo allí.

Intento comunicar, pero nadie contesta.

Deben estar en la iglesia peleándose como leones.

¡J-3 para J-1! ¡J-3 para J-1! Manden fuerza para aquí. Ya hemos disparado más de dos mil tiros ¿Cómo está por ahí el asunto?

Te puedes figurar, después de tirar más del mil tiros y romper la iglesia de San Francisco. Te puedes imaginar cómo está la calle y cómo está todo. 

¡Muchas gracias, eh! ‘buen servicio! Dile a Salinas, que hemos contribuido a la paliza más grande de la historia. Aquí ha habido una masacre. Cambio.

De acuerdo, de acuerdo. Pero de verdad una masacre’.

(fuente: Wikipedia)

Según la web ‘gasteizhoy.com’, de acuerdo con las asociaciones de memoria, existen unas 50 canciones dedicadas o con referencias a la masacre del 3 de marzo de 1976, entre ellas:

‘Campanades a morts’, Lluís Llach (1977)

‘Gasteiz, martxoak 3’, Gorka Knorr (1976)

‘Martxoak Hiru’, Juanjo Uranga, Sabin Salaberri, A tempo (1976/2020)

‘Vitoria’, Adebán (1978)

‘Zaramago boza’, Koska (1979)

‘Gazteizko Gaua’, Zarama (1984)

‘Justicia (Vitoria-Gasteiz, 1976)’, Miel de Hiel (2001)

Etc.

Y está muy bien, claro, cualquier esfuerzo para mantener la memoria es imprescindible, necesario y justo, pero NO es suficiente, pues sabemos que las palabras se las lleva el viento, ¿quién se acuerda de los nombres de esos jóvenes asesinados?, y de otros cientos y miles represaliados, por ejemplo, quién se acuerda del sevillano Gustavo Adolfo Muñoz de Bustillo Gallego (de 16 años) asesinado por un policía de paisano, que le disparó una bala del calibre 38, a pocos metros de distancia, el 11 de setiembre de 1978, en la calle Ferran núm. 34, de Barcelona. Es verdad que tiene una placa, en su memoria, como la tienen, recientemente, algunos otros pocos (por ejemplo, Salvador Puig i Antich, ejecutado por garrote vil, el 2 de marzo de 1974; etc.)

Pero somos olvidadizos, cómodamente instalados en el día a día, y salvo sus familiares, que tienen la herida más profunda, claro, los demás, únicamente recordamos algunos de esos asesinatos, los más mediáticos, en efemérides puntuales y minoritarias.

Personal y socialmente, somos ingratos con nuestros ciudadanos asesinados por defender unos ideales; ideales que son los nuestros. Pero, aún así, no nos movilizamos para defender su memoria y atacar el uso de la fuerza contra una ideología, sea la que sea.

Ningún asesinato debería quedar impune, ni siquiera los asesinatos colaterales de las guerras, como las que, desgraciadamente, tenemos. Y tampoco debería quedar impune ningún líder irresponsable que haya provocado dichas guerras, con sus nefastas repercusiones; sólo hace falta recordar la situación actual de Afganistán, Irak, Yemen, Sudán, Libia, Siria, Ucrania, etc.

El filósofo y psicoanalista francés Didier Anzieu (1923 – 1999), entre otros muchos ensayos, publicó el famoso ‘Le Moi Peau’ (Yo-piel, 1985), en el que explicó que, prioritariamente, somos y valoramos lo que nuestra piel, nuestro envoltorio engloba; si bien, en numerosas ocasiones, ese ‘yo-piel’ puede incluir la vivienda, el coche, etc., es decir, signos externos de nuestro propio yo. Y en esa tesitura, y salvo honrosas excepciones, no nos movilizamos por intereses ajenos, externos, pues nuestro egoísmo nos limita y ‘justifica’.

Ese fenómeno, con ciertas dosis ‘autistas’, asimismo, nos ‘compensa’ transitoriamente; un buen ejemplo lo tuvimos ayer con la victoria del FC Barcelona sobre el C. Atlético de Madrid (3 a 0), pues, a pesar de haber quedado desclasificados, nos lamemos las heridas, por el buen juego ofrecido, y diciéndonos que, al fin y al cabo, es la copa del rey de un país extranjero (España), es decir, actuamos como el zorro en la fábula de Esopo (620 a.C. – 564 a. C.): ‘el zorro y las uvas’, al ver que están muy altas, decide convencerse que no están maduras.

Si fuéramos coherentes, tendríamos otras opciones, la más extrema, no jugar esa competición, pero participar y, al ver que no la ganamos, criticar, no deja de ser una niñería más. Si no somos capaces de tener unas selecciones propias, ni tenemos intereses reales al efecto, en realidad estamos asumiendo el estado español.

Por todo ello, deberíamos potenciar nuestro altruismo, nuestra empatía, ya que es la única fórmula para construir nuestro futuro social compartido, nuestra República Catalana. Si no buscamos la coincidencia con los otros que, mental e ideológicamente están próximos a nosotros, nunca conseguiremos nada.

Si seguimos divididos en capillitas, defendiendo aspectos cortoplacistas, en realidad estamos facilitando el trabajo represor, nos hacemos sus cómplices.

Por todo ello, tenemos mucho trabajo por delante, si es que realmente queremos ser lo que decimos que queremos ser. En caso contrario, si preferimos olvidar a los que se sacrificaron y murieron por unos ideales, si ya estamos bien con el estatus quo impuesto, si no queremos asumir ningún sacrificio, no nos engañemos ni engañemos más, olvidemos las performances en las que participamos puntualmente y asumamos nuestra irresponsable falta de ética y de moral.

Si no nos comprometemos con el cambio, seremos cómplices del sistema y mereceremos que nos griten: ‘asesinos de razones’ (recordando la mencionada canción de Lluís Llach, respecto a los responsables de 1976) 

Asesinos de razones, de vidas,

que nunca tengáis descanso en ninguno de vuestros días

y que en la muerte os persigan nuestras memorias.