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El PRI Toluca convertido en patrimonio de Braulio Álvarez Jasso

Por un priísta inconforme

Si algo ha demostrado la historia reciente del PRI en Toluca es que las derrotas electorales no siempre se explican por la fuerza del adversario, sino por los errores —y las ambiciones— de quienes se adueñan del partido.
Uno de los nombres que inevitablemente aparece en esa conversación es el de Braulio Álvarez Jasso, hoy subsecretario de Organización del PRI mexiquense y durante años uno de los personajes más influyentes en la estructura política priísta de la capital del estado.
Su carrera está llena de cargos: síndico municipal, secretario del Ayuntamiento, presidente municipal sustituto para concluir el periodo 2013-2015, funcionario estatal en el Instituto Hacendario, director en el Instituto de Administración Pública del Estado de México y posteriormente diputado local por el distrito II de Toluca.
Una trayectoria extensa, sí. Pero también una trayectoria que muchos priístas identifican con una misma práctica política: controlar el partido como si fuera patrimonio personal.
Durante años, el PRI en Toluca dejó de ser un partido abierto a su militancia para convertirse en un espacio administrado por un pequeño grupo político. Las candidaturas, posiciones y decisiones estratégicas comenzaron a girar siempre alrededor de los mismos nombres y los mismos intereses.
Mientras la militancia de base defendía al partido en las colonias, en los mercados y en las comunidades, las posiciones políticas parecían reservarse para los cercanos, los leales y los amigos.

El resultado fue devastador.
En los últimos procesos electorales el PRI perdió alrededor de 40 mil simpatizantes en Toluca, una fuga política que no puede explicarse únicamente por el crecimiento de Morena o por los cambios del escenario nacional. También responde al profundo desgaste interno que provocó una dirigencia más preocupada por conservar espacios de poder que por reconstruir al partido.
La señal más clara de ese colapso es que liderazgos históricos del priismo toluqueño han comenzado a buscar otros caminos políticos, algunos incluso sumándose al proyecto denominado Proyecto 21 impulsado por Ricardo Moreno.
Cuando un partido pierde a sus cuadros, pierde algo más que votos: pierde identidad.
Y, sin embargo, lejos de haber una reflexión profunda sobre lo ocurrido, muchos militantes perciben que la lógica de control y exclusión continúa. Ahora desde el ámbito estatal.
Como subsecretario de Organización del PRI en el Estado de México, Álvarez Jasso debería estar enfocado en reconstruir estructuras, reagrupar militantes y devolverle ánimo a un partido golpeado por las derrotas. Pero entre la base priísta crece la sensación de que la estrategia sigue siendo la misma de siempre: controlar el partido para mantener el hueso político.
Lo que está en juego no es un cargo más ni una candidatura futura.
Lo que está en juego es la sobrevivencia misma del PRI en Toluca.
Porque si el partido continúa operando como un cacicazgo político donde unos cuantos deciden todo como lo ha hecho Braulio y la militancia sólo sirve para llenar eventos, el destino del priismo será cada vez más claro: la irrelevancia.
La pregunta que muchos priístas comienzan a hacerse ya no es si el PRI puede recuperarse en Toluca.
La verdadera pregunta es otra:
¿quieren algunos dirigentes reconstruir al partido… o prefieren dejar que Braulio Álvarez Jasso termine de enterrarlo mientras todavía le quede un cargo que ocupar?