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Se atribuye que Niccolò di Bernardo dei Machiavelli (Nicolás de Maquiavelo, 1469 – 1527), en su obra ‘El príncipe’ (1513), escribió que ‘el fin justifica los medios’, si bien, en realidad, en esa obra no figura esa frase como tal, consta en las anotaciones que hizo, en dicho libro, Napoleón Bonaparte (1769 – 1821), que lo tenía como libro de cabecera. De todos modos, Maquiavelo defendió que un gobernante puede usar medios inmorales, como la crueldad y la deslealtad, para preservar el estado. Y estos pensamientos, me permito aplicarlos a la reciente apuesta de Pedro Sánchez, sobre su ‘No a la guerra’, como intento explicar a continuación.
En principio, todos estamos contra ‘todas’ las guerras y las violencias de todo tipo, si bien la historia nos muestra que el poder de la fuerza es la gasolina que ha movido, y mueve, todas las maquinarias, engrasando la fuerza motriz de todos los estados.
Y todos consideramos que la respuesta ‘no a la guerra’, debería sustentar la base ética y moral de todas las sociedades y, en última instancia, de todas las personas de bien.
Asimismo, todos reconocemos que las situaciones son irrepetibles, pues cada una de ellas tiene sus características propias y específicas. Así, la respuesta original de ese ‘No a la guerra’, del 2003, ante la invasión ilegal e irregular de Irak, incumpliendo la legislación y los preceptos internacionales, difícilmente puede extrapolarse y argumentarse racionalmente en la situación actual, a no ser que se utilice como estrategia electoral interna y, por lo tanto, como trampantojo.
Estamos en un contexto formado, dominado y controlado por diferentes poderes, centrados y personalizados por los dirigentes de EUA, China, Rusia y, en menor medida, la UE. Y, dentro de cada uno de esos ámbitos, los diferentes países que los conforman deben ser solidarios respecto a los restantes estados miembros; o, salirse de ellos, aunque fuera haga mucho frío.
Así, no es de recibo formar parte de unos de esos epicentros de poder, e intentar actuar como el ‘Llanero solitario’ (personaje creado en 1933 por el escritor norteamericano Francis Hamilton Striker, 1903 – 1962), un ‘ranger’ de Texas, enmascarado para ejercer la justicia, cuando ésta, por sus reglamentos y limitaciones, no puede llegar.
Centrando el tema que nos ocupa, si somos democráticos y consideramos que la UE es una ‘unión económica y política’ de 27 estados (con 450 millones de ciudadanos); deberíamos defender que las medidas se tomaran de forma mayoritaria, o por mayoría absoluta, según los requisitos legales y reglamentarios al respecto.
Pero sabemos que la UE no funciona, ya que, fundamentalmente se limita a ser y ejercer como unión económica y monetaria, mientras que los aspectos políticos y militares, no están suficientemente consolidados, ya que los diferentes estados miembros no quieren perder su relativo poder e independencia; por lo tanto, la UE, no deja de ser una unión ‘sui generis’, con sus consecuentes decisiones inoperantes, ineficientes e irregulares. Y con esas cortapisas, hemos constatado que los países sin estado, como Catalunya, no contamos para nada, salvo para contribuir económicamente; pues todos los estados hacen piña defendiendo los respectivos ‘asuntos internos’.
Y, en ese marco, vimos la diferente aceptación requerida por la OTAN, actuando como ‘tonto útil’ de Donald Trump, respecto al incremento de armamento (para elevarlo al 5 %) en los presupuestos estatales. Decisión que no comparto, ya que las armas generan beneficio para unos pocos (básicamente de las empresas armamentísticas de los EUA), y nunca deberían ser la solución de ningún problema. Pero, Pedro Sánchez adoptó, unilateralmente, la decisión de no incrementar el gasto militar, al menos, en la medida exigida; decisión difícil de explicar y razonar, en el seno de la UE.
Otro ejemplo disfuncional, es el ‘permiso’ para la utilización de las bases de los EUA instaladas en diferentes estados europeos, ya que, mientras otros colegas, sí que han dado su conformidad, aunque matizada, Pedro Sánchez, para destacar, no ha autorizado utilizarlas en esta guerra unilateral (aunque hoy hemos podido leer que diferentes aviones han despegado de las bases de Rota y Morón, si bien, la ministra de defensa, Margarita Robles, se ha ‘justificado’ diciendo que no tenían como destino la guerra; mostrando así la falsedad de los argumentos de su jefe Pedro Sánchez).
También somos conscientes de que la invasión rusa de Ucrania es inaceptable, y que, limitarse a enviar armas (pocas y a destiempo), no es la solución, pues vemos que han pasado cuatro años, y constatamos la gran cantidad de muertos y heridos, así como la enorme pérdida material en ese país. Pero, claro, ningún líder europeo quiere enviar soldados, nadie (ni ellos ni las respectivas poblaciones queremos enviar al matadero a nuestros familiares y amistades; así, discriminamos entre la muerte de los otros y de los nuestros, y esta prioridad la consideramos básica)
Igualmente, la mayoría coincidimos que el régimen de la República Islámica del Irán, gobernado desde 1979, por los ayatolás, comporta todo tipo de violaciones de los derechos humanos más fundamentales; por lo que no podemos aceptar que trabajen para armarse nuclearmente, no respetando el tratado de no proliferación nuclear.
Aún así, ‘aceptamos’ que otros estados que tampoco respetan dichos derechos, como Corea del Norte, Pakistán, India, Rusia, posean ese tipo de armamento. Y, asimismo, vemos bien que otros estados como Francia, EUA, RU, e … Israel, sí que las tengan, justificándonos que sirven para contrarrestar los riesgos que comportan los otros estados mencionados. Así, vivimos en nuestro confort, basado en ese equilibrio inestable.
Y eso no deja de ser una clara evidencia de cinismo: que los estados que sí que tienen armas nucleares limiten a otros que las tengan, es tan antidemocrático, como lo es que 5 estados permanentes en el consejo de seguridad tengan poder de veto en la ONU (China, Francia, Rusia, RU y los EUA)
Ante esa compleja situación, es sabido que ‘la unión hace la fuerza’, pensamiento anclado en nuestro inconsciente colectivo. Por eso, en los citados núcleos de poder, en especial, centrándome en la UE, debería prevalecer el lema de los mosqueteros, ‘todos para uno y uno para todos’, (novela ‘Los tres mosqueteros’ (1844) de Alexandre Dumas Davy de la Pailleterie, 1802 – 1870), como establece el lema clásico: ‘Unus pro omnibus, omnes pro uno’, en latín, ya que es la mejor muestra de lealtad y de fidelidad.
Volviendo a Pedro Sánchez, si bien su decisión de ‘No a la guerra’, por considerarla preventiva, y no defensiva (ya que ha enviado un par de destructores para defender a Chipre), me parece una clara muestra propia de su equilibrismo que, como excelente tahúr, ha sabido sacarse de la manga, para descolocar al PP y Vox y, también a Podemos, Sumar, etc.
Pero no aceptar esta guerra, que ya he dicho que nadie queremos, genera grandes problemas, como, aceptar impasibles la matanza y sufrimiento de la población iraní ya que, la no intervención, generaría la perpetuidad de un régimen pernicioso para los derechos humanos, principalmente contra las mujeres. Ahora bien, otros estados, como Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, etc., tampoco respetan esos derechos, y, acríticamente, los consideramos ‘amigos, aliados’.
El argumento del armamento nuclear no suena a sincero, ya que, según comunicaron EUA e Israel, después de la guerra de 12 días, en junio del 2015, las reservas y laboratorios iranís, habían quedado totalmente destruidos. Además, todos recordamos las mentiras de los EUA sobre las ‘armas de destrucción masiva’ de Irak, (la Segunda Guerra del Golfo, entre el 2003 y 2011); así que, prescindiendo de esas mentiras, llegamos al núcleo de las decisiones guerreras: la conquista y control de las principales fuentes energéticas.
Y, asimismo, vemos que la guerra contra Irán no será tan ‘sencilla’ como el secuestro ilegal de Nicolás Maduro (Venezuela), ni la próxima ‘conquista’ de Cuba. La guerra contra Irán será larga y costosa, especialmente para la sociedad civil iraní; solo hace falta recordar cómo quedaron Libia, Siria, Irak, Yemen, etc., que, ahora, en realidad son ‘estados sin estado’.
Por todo ello, la postura de Pedro Sánchez, sin aportar ningún tipo de alternativa para ser discutida con sus colegas en la UE, como he dicho, está fuera de lugar (salvo su interés electoral, claro)
En definitiva, la posición de Pedro Sánchez, que podríamos considerar cercana a la filosofía taoísta del Wu Wei, es decir, dejar fluir la vida, con sus problemas, sin forzar las situaciones, es decir, la ‘no acción’, ‘no hacer’, no forzar’, me parce que, en realidad, es un grave error.
El modelo que debería adoptar Pedro Sánchez es el de Mahatma (Mohandas) Gandhi (1869 – 1948), pues su inacción no era pasividad, era una estrategia activa de no violencia (Ahimsa) y de resistencia pacífica (Satyagraha) como motores del cambio social; y, a tal fin, utilizó el ayuno y la protesta pacífica, la desobediencia civil (la mencionada Satyagraha), la no cooperación, etc. A este respecto es preciso destacar, por ejemplo, la Marcha de la Sal, que Gandhi promovió en 1930, comportando un grave desafío de las leyes británicas, pasando a la historia como uno de los más relevantes y efectivos movimientos de desobediencia civil.
Y Pedro Sánchez, tras intentar convencer a sus socios de la UE y de la OTAN, y no conseguir su aprobación de forma mayoritaria, debería plantear al congreso de diputados el nuevo enfoque estratégico: salir de la UE y de la OTAN; o, mejor todavía, convocar elecciones con un nuevo programa electoral, y que fueran los ciudadanos los que decidiesen con su voto. Y, sólo en ese momento exclusivo, Sánchez estaría legitimado para adoptar los mencionados modelos de Gandhi, y muchos le apoyaríamos.
Y, en ese momento de ruptura, Pedro Sánchez debería desechar totalmente el lema ‘Si vis pacem, para bellium’ (si quieres la paz, prepárate para la guerra), del escritor militar Publius Flavius Vegetius Renatus, en su obra ‘De re militari’, del s. IV d.C.) frase falsamente atribuida a Gai Iulius Caesar (100 a.C. – 44 a-C.); es decir, dejar de gastar en armas, ejércitos, y demás zarandajas, y destinarlo a las necesidades sociales de aquí y de otros estados.
Pero, limitarse a utilizar el lema ‘no a la guerra’, sin más, no deja de ser una estafa, por más ‘apoyos privados’ que le vayan dando algunos de sus colegas; pues, como dice la sabiduría popular: ‘No se puede nadar y guardar la ropa’; y ‘el que quiere peces debe mojarse el culo’.
Ahora bien, y mal que me pese, en el supuesto de no atreverse a tanto, a Pedro Sánchez no le queda otra que respetar las reglas de juego de la UE y de la OTAN, siendo leal a los otros estados miembros; no puede ir de ‘mil hombres’, dando lecciones de moralidad, pues eso es propio de los fantasmas, y de los mentirosos compulsivos vendiendo sus trampantojos. Y en ese supuesto, debe dejar de engañar con su ‘no a la guerra’, por más que crea que, a la larga, pueda serle rentable electoralmente.
Finalmente, los independentistas catalanes deberíamos quitarnos la máscara, y repensar, también, nuestra situación y definir las estrategias a seguir, en línea con las aplicadas por Gandhi, pues, solo así, conseguiremos la República Catalana.
Las líneas y posiciones intermedias, nunca sirven para nada.