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Hoy, 22 de marzo, se cumplen 131 años de la primera exhibición experimental del cinematográfico, por los hermanos Lumière (Augusto (1862 – 1956 y Louis, 1864 – 1948), si bien el gran estreno público y de pago, lo efectuaron el 28 de diciembre de ese mismo año 1895, en el Salón India, del Grand Café de Paris. La gran paradoja, a mi modo de ver, es que. originariamente, el cine mostraba hechos de la realidad, como ‘La sortie de l’usine Lumière à Lyon’ (la salda de los obreros de la fábrica Lumière, el Lyon), para con el paso de las décadas, pasar a considerarse una ficción un mero entretenimiento o de denuncia político-social; y, finalmente, en la actualidad, la realidad que nos muestran los documentales, noticias, películas, etc., las tomamos como una realidad paralela, sin más, que no nos concierne ni afecta.
Es curioso que todo ese proceso se iniciase, como he dicho, un 28 de diciembre, el día que la iglesia católica celebra el día de los santos inocentes, y se festeja con todo tipo de bromas, ‘inocentadas’.
Así, esa fecha de 1895 es considerada como la fecha del nacimiento del cine, como tal, pues los experimentos precedentes no estaban destinados a las masas. La consideración como ‘el séptimo arte’, fue años después, en 1908, gracias a Ricciotto Canudi, con su ensayo titulado ‘Trionfo del cinematografo’.
Como he indicado, la primera película fue la mencionada salida de los obreros, una película, que duraba 46”; después produjeron ‘L’arroseur arrosé’ (el regador regado), ‘l’arrivée d’un train a La Ciotat’ (la llegada del tren), famosa por su impacto en el público, que asustado, salió corriendo y gritando de la sala, para no morir arrollados; ‘Démolition d’un mur’ (la demolición de un muro), la primera con trucajes, y así, hasta 1500 mini películas, de apenas 50” cada una de ellas.
Así, el cine nació para reflejar una realidad, a veces impactante, como el tren, otras truculenta, como el muro.
Y dando un gran salto en el tiempo, en la actualidad estamos invadidos por millones de películas, documentales, etc., que nos llegan por diferentes medios: las propias salas de proyección, televisión, ordenadores, tabletas, teléfonos, etc.
Y, de ese modo, quedamos saturados, hasta el extremo de no sorprendernos de nada, ni siquiera de las noticias más duras e inhumanas provocadas en las diferentes guerras, pues estamos inmunizados, y eso es debido a que esa saturación actúa como mecanismo de defensa (inconsciente), por lo que, inmediatamente, cambiamos o no prestamos atención, salvo que nos avisen de que las imágenes son duras y, por ese morbo sádico, algunos incluso puedan excitarse.
Otra situación diferente son las imágenes de catástrofes naturales (volcanes, terremotos, inundaciones, etc.), pues, a esas situaciones puntuales, sí que prestamos atención, precisamente por eso, por no ser repetitivas.
Y, en esa gran industria del séptimo arte, en todas sus modalidades, podemos ver todo tipo de personajes, desde los actores y actrices profesionales, hasta, ahora, los políticos e, incluso, gente anónima, ésta, especialmente en los documentales.
Y esos políticos que usan y abusan de la proyección de sus ‘gestas’, nos muestran todo tipo de situaciones churriguerescas y penosas como, por ejemplo:
- ver a la ministra de defensa Margarita Robles, pidiendo y confiando que los EUA no abandonen sus actuales bases (Rota y Morón), representando, así, el más penoso servilismo, cuando, atendiendo a la situación política de hace décadas, y al resultado del truculento referéndum organizado por Felipe González en 1986, cuando, ahora, sería el momento de aprovechar la situación para que los EUA abandonasen estas bases.
- la consejera de economía de la Generalitat, Alicia Romero, repitiendo a ERC ‘que, para negociar los presupuestos, presente propuestas al alcance del gobierno, cosas que estén bajo nuestras competencias’. Vaya tomadura de pelo, pues, para investir como president, al represor Illa, el PSC/PSOE, aceptaron el traspaso de la recaudación y gestión del IRPF, que no cumplieron ni cumplirán. En ese momento, cualquier requisito les pareció bien, pero ahora, lograda la investidura, las cosas las ‘ven’ diferentes. Y, desgraciadamente, no les faltan los palmeros, como Josep Ramoneda, que en su columna de hoy (Ara) argumenta que en toda negociación, ambas partes han de ceder (como hará ERC, claro), olvidando que ese tema fue aceptado para la investidura, y que no es ético incumplirlo e irlo posponiendo para segundas y terceras negociaciones, como si fueran temas nuevos. Esa es la estrategia del tahúr Pedro Sánchez, como nos ha demostrado infinidad de veces.
- etc.
Así, incumpliendo las palabras dadas y los pactos firmados, descafeinando y degradando las situaciones, hasta el esperpento, llegamos al actual momento, en el que la realidad y el cine se vuelven a entremezclar y confundir, como vemos con la última película de Santiago Segura Silva, ‘Torrente, presidente’ (2026), la sexta película de la saga iniciada con ‘Torrente, el brazo tonto de la ley’ (1998)
En esta última película ‘Torrente, presidente’, por lo que he leído: el facha José Luís Torrente está convencido que España pasa por un momento muy crítico, y que sólo él puede salvarla, por lo que se embarca en una campaña electoral esperpéntica, rodeado de asesores todavía más incompetentes, y de todo tipo de ‘influencers’ y oportunistas. Torrente, convencido de que el país necesita más mano dura y su particular versión del orden, realiza su campaña electoral con promesas imposibles y operaciones fuera de todo control.
En definitiva, Oscar Fingal O’Fflahertie Wills Wilde (Oscar Wilde, 1854 – 1900) dijo que la ‘realidad supera todo tipo de ficción’, y me parece evidente que los actuales políticos (Trump, Netanyahu, Putin, etc.) y también von del Leyen (UE), Rutte (OTAN), Sánchez, Feijóo, Illa, etc., no distan mucho del ‘Torrente, presidente’ y también sus respectivos equipos mantienen esa semblanza; si bien, en esa ficción, la situación es cómica, mientras que la realidad es dramática.
Durante la dictadura, en todas las sesiones de cine proyectaban, asimismo, unos documentales denominados ‘No-Do’ (acrónimo de Noticiarios y Documentales), que fueron obligatorios desde 1943 hasta 1976 (año después de la muerte del dictador Franco) y, voluntarios hasta 1981 (tres años después de la constitución), para difundir las bondades del régimen. Y ahora, con los actuales telediarios y tertulias de todo tipo, hemos vuelto (si es que habíamos salido) a ese estilo de magnificar al que manda.
Por todo eso, debemos ser críticos, y contrastar las informaciones, si no queremos ser devorados por las arañas que nos tienen a todos en sus redes y van ‘apatrullando la ciudad’ (como el Torrente policía, si bien, ahora los ‘torrentes’ también son los miembros de la alta judicatura)