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El fracaso del gobierno del Sosiego Man (Salvador Illa)

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Un refrán popular dice que ‘del dicho al hecho hay un trecho’ y, así, de los principales objetivos del gobierno de Salvador Illa: finalización del ‘procés’; pacificación de la sociedad; normalización en las relaciones institucionales; nueva centralidad basada en el diálogo y los pactos e investidura, y, especialmente, la gestión y ejecución de mejora de los servicios públicos, vemos que tras 638 días de desgobierno de Salvador Illa (investido president el 8 de agosto del 2024), la realidad es propia de un período de vacas flacas, sin perspectivas ilusionantes.

Desde el inicio de la actual legislatura, el programa de humor crítico ‘Polònia’ (3Cat), ha caracterizado a Salvador Illa como el ‘Sosiego Man’, pues, efectivamente, sus discursos y su actividad duermen y aburren hasta a las ovejas más tranquilas. Por eso yo le llamaría ‘Sosoman’.

Pero, bromas a parte, efectivamente, Salvador Illa, se ha enfocado, de forma excesivamente singular, en españolizar las instituciones catalanas, mostrándose servil y vasallo con el rey y todos los poderes del estado, descatalanizando nuestras instituciones seculares. Así, su punto programático de ‘normalizar’ las relaciones institucionales, lo ha cumplido a la perfección, mientras que los otros han quedado en el olvido. Sólo hace falta ver el deterioro de todos los servicios públicos: trenes de cercanías, sanidad, educación, vivienda, seguridad …

Es evidente que la gestión de los servicios públicos está fallando o, cuanto menos, se han mostrado incapaces, incompetentes, para revertir su deterioro. Y el motivo es que nadie puede hacer milagros, con la infrafinanciación que tiene nuestro país, desde 1714, desde el primer Borbón, Felipe V; pues incluso el maquillaje que supone la nueva financiación, si realmente se llega a aceptar e implantar, no disminuirá el déficit fiscal que nos impone el estado.

Pero no todo se reduce a la economía, aunque sea importante, pues el elemento realmente determinante es la concepción, la idea que tiene de Catalunya, como región / comunidad española, es decir, que comparte el ADN español-castellanizado, basado en la defensa de la metrópoli madrileña, heredera del trasnochado imperialismo.

Por eso, no nos ha de extrañar que copie y siga la estrategia de su jefe Pedro Sánchez, pero sin ‘tener la flor en el culo’, como él. 

Así, dentro del falso marco de ‘convivencia y concordia entre los catalanes’, como ha vendido Sánchez desde el inicio de su gobierno, hemos visto que ha transgredido las principales líneas rojas de la democracia: espiando los teléfonos de muchos independentistas, incluso de sus socios, mediante el sistema Pegasus, infiltrando policías en instituciones y partidos políticos o, peor todavía, introduciendo agentes encubiertos en ellas, pues ésta figura requiere la conformidad judicial (que ya sabemos que la tienen garantizada, si es para controlar a los catalanes). Y su monaguillo Salvador Illa, sigue ese mismo patrón, para salvaguardar la sacrosanta unidad española, la ‘una, grande y libre’. Y por eso, sigue fielmente su estrategia, aunque eso comporte saltarse muchas de las líneas rojas de la democracia, como vemos con la reciente infiltración policial.

Y de ese modo, el mantra de Illa: ‘el gobierno de todos’, resulta ser, el gobierno de los de su cuerda española, incluyendo a los sindicatos españolistas y españolizantes, como CCOO y UGT.

El común denominador de todos los poderes españoles y, como no, también del ‘delegado’ Salvador Illa, es el de despreciar los intereses y necesidades catalanas, salvo que la aritmética parlamentaria les obligue a pactar con los partidos nacionalistas; y, en ese momento, pactan sin el menor rubor, como han hecho todos los presidentes españoles, desde Felipe González y José María Aznar, hasta Pedro Sánchez. Y, en esa lógica, pactan lo que sea necesario, para incumplirlo sistemáticamente; pactarían con el diablo, para mantener su poltrona.

Cuando la lógica debería ser la inversa, es decir, en momentos de abundancia y mayorías parlamentarias, es cuando deberían efectuarse generosos pactos, no cuando apremian las urgencias.

Sobre el particular, es pedagógica la lectura del siguiente pasaje bíblico, Génesis 41 que es larga, y sobradamente conocida, por lo que se puede saltar su lectura, si así lo considera el lector:

‘Dos años después, sucedió que el faraón tuvo un sueño, en el que se veía de pie, junto al río.

Del río salían siete vacas, muy hermosas y gordas, que se alimentaban de los pastos. Tras ellas salían del río otras siete vacas, muy flacas y feas, que se pararon a la orilla del río, cerca de las vacas hermosas. Y las vacas flacas y feas se comían a las siete vacas hermosas y gordas.

Y el faraón se despertó. Pero volvió a dormirse, y la segunda vez soñó que de una sola caña crecían siete espigas, muy hermosas, y llenas de trigo, y que tras ellas salían otras siete espigas, delgadas y marchitadas por el viento solano; y las siete espigas delgadas se comían a las siete espigas hermosas y llenas de trigo.

Y el faraón se despertó y vio que solo era un sueño.

Por la mañana el faraón estaba muy agitado, y mandó llamar a todos los magos de Egipto y a todos sus sabios; y el faraón les contó sus sueños, pero no había quien se los pudiera interpretar.

Entonces el jefe de los coperos habló con el faraón y le dijo: Ahora me acuerdo de que he fallado. Cuando su Majestad se enojó contra el jefe de los panaderos y contra mí, sus siervos, nos mandó a la prisión en la casa del capitán de la guardia. Y en una misma noche él y yo tuvimos un sueño, y cada sueño tenía su significado. Allí, con nosotros, estaba un joven hebreo, siervo del capitán de la guardia; y cuando le contamos nuestros sueños, él nos interpretó lo que cada uno había soñado. Y resultó que todo sucedió tal y como él nos lo interpretó: yo fui restituido a mi puesto, y el otro fue enviado a la horca.

El faraón mandó entonces llamar a José. Con mucha prisa lo sacaron de la cárcel, y él se afeitó y se cambió de ropa, y se presentó ante el faraón.

El faraón le dijo, he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Pero he oído decir que tú oyes un sueño y lo puedes interpretar.

José le respondió al faraón: No depende de mí. Pero Dios dará al faraón una respuesta propicia.

Entonces el faraón le dijo: En mi sueño, yo me veía de pie, a la orilla del río. Del río salieron siete vacas muy gordas y hermosas, que se alimentaban de los pastos. Detrás de ellas salieron otras siete vacas flacas, muy flacas y feas. Estaban tan flacas, que no he visto otras tan feas en toda la tierra de Egipto. Y las vacas flacas y feas se comían a las primeras siete vacas gordas, y estas entraban en su panza, y nadie podía saber que las tuvieran adentro, porque se veían igual de flacas, como al principio. Entonces desperté. 

En mis sueños también vi que siete espigas, llenas de trigo y hermosas, crecían de un mismo tallo. Tras ellas crecían otras siete espigas, delgadas y marchitadas por el viento solano, y las espigas delgadas se comían a las siete espigas hermosas. Les he dicho esto a los magos, pero no hay quien me lo interprete.

José le respondió al faraón: el sueño de mi señor el faraón es uno solo. Dios le ha hecho saber lo que él esta por hacer. Las siete vacas hermosas son siete años, y las espigas hermosas también son siete años. El sueño es uno solo. También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas son siete años, y las siete espigas delgadas y marchitadas por el viento solano serán siete años de hambre.

Esta es mi respuesta a su majestad: Dios ha mostrado a su majestad lo que él está por hacer. Vienen ya siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto. Pero a estos les seguirán siete años de hambre. Toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, porque el hambre acabará con la tierra. Por causa del hambre que vendrá, y que será gravísima, esa abundancia quedará ignorada. El hecho de que su majestad haya tenido el mismo sueño dos veces, significa que Dios ha decidido hacer esto, y que muy pronto lo hará. Su majestad debe buscarse ya un hombre inteligente y sabio, y ponerlo al frente de la tierra de Egipto. Debe también poner gobernadores al frente del país, y tomar la quinta parte de lo que produzca la tierra de Egipto durante los siete años de abundancia. Se deben almacenar todos los alimentos de estos buenos años que vienen, y bajo el control de su majestad, recogerse y guardarse el trigo, para el sustento de las ciudades. Estas provisiones deben quedar almacenadas para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto. Así el país no perecerá de hambre (…)’

Es sabido que los ciclos de bonanza y los de escasez, como los ciclos de mayorías y minorías parlamentarias, afectan a nuestra salud mental y a la estabilidad política. Y si en tiempos de mayorías se tiende a la inercia del abuso, y se olvida la gestión de los aspectos críticos, efectuando los ajustes y adaptaciones necesarias, nada cambiará.  Pues lo aconsejable es afrontar los aspectos críticos en momentos de solvencia, ya que, sólo así, se fortalece la resiliencia precisa para los momentos de las vacas flacas.

Solo teniendo una visión cíclica de todos los procesos y sistemas, se tiene la capacidad de cambiar de una mentalidad conservadora y continuista, a una administración eficiente y operativa a medio y largo plazo. 

Pero lo fácil es actuar como si los años de vacas gordas fueran eternos o, intentando convencer a la ciudadanía, que los buenos resultados macroeconómicos son suficientes, para hacer olvidar las penurias que impone la microeconomía en la mayor parte de las familias.

Igualmente, es inoperante y disfuncional dedicarse, prioritariamente, a las crisis puntuales, atendiendo los resultados demoscópicos, y olvidando las líneas maestras, los grandes objetivos. Así, la actual crisis del hantavirus, o la de los mossos infiltrados en reuniones sindicales de maestros, no dejan de ser meras chapuzas, graves errores de gestión, que lo ensucian y enturbian todo y, obviamente, complican la situación, al carecer de pactos sólidos formados en momentos de las vacas gordas.

Pero la situación en la que nos encontramos, con gobiernos apuntalados en horas bajas, por necesidades y urgencias de investiduras, como podemos constatar, no son sólidos y duraderos.

Y en estas nos encontramos, en plena vorágine de carreras electorales, en las que priman los beneficios individuales de cada uno de los partidos en competencia. Y con unos pseudo líderes con ambiciones personales, por encima de todo, que buscan hundir a sus competidores. 

Mientras no tengamos líderes estadistas, con una visión global de país, de Catalunya, y con actitud ética y moral, que busquen compartir, más que competir, que busquen alianzas, más que noquear a los miembros de otros partidos nacionalistas que no comparten totalmente su misma visión estratégica, aunque sí su objetivo último; seguiremos como los hámsters, dando vueltas en nuestra rueda.