Amadeo Palliser Cifuentes

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El refrán popular que he tomado como título del presente escrito, nos dice que las personas solemos alardear de cualidades y logros, para ocultar inseguridades o faltas de esos logros; y esa conducta, como mecanismo de defensa, la podemos observar, obviamente, en los partidos e instituciones políticas, cuya actitud, a menudo (casi siempre), contradice lo que pregonan, como intento comentar a continuación.
Psicológicamente, presumir en exceso de lo que se quiere ser, pero no se es, como he dicho, es un mecanismo de defensa (en concreto, el denominado formación reactiva), pues, en ese caso, la persona desea algo que le parece censurable y, para defenderse, actúa forzándose a hacer todo lo contrario.
Tenemos muchos ejemplos, desde Pedro Sánchez, que desea acabar de machacar al independentismo, y aparenta hacer lo contrario, es decir, pactar lo que sabe que no cumplirá; o Salvador Illa, que desea controlar la educación espiándola, pero se esfuerza en expresar su defensa de los derechos fundamentales de manifestación y de expresión; pero, manteniendo el test piloto de incorporar policías en determinados centros educativos. Y, asimismo, decir que están abiertos a negociar, pero respetando los acuerdos pactados con los sindicatos minoritarios en el sector de la educación en Catalunya (CCOO y UGT). Obviamente, estos dos sindicatos españolistas, tienen una fuerza estatal que no dudo que hacen servir, con otros recursos y finalidades.
En el plano político, esa forma de proceder parece una práctica habitual, solo hace falta ver la rueda de prensa de esta mañana, de Pedro Sánchez con Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, haciendo un alarde mutuo de su gestión de la crisis del hantavirus (como si esa gestión hubiese sido de un calibre extraordinario, estratosférico), con el despliegue de los tres ministros al uso (el ministro de interior Fernando Grande-Marlaska; la ministra de sanidad, Mónica García, y el ministro de política territorial, Ángel Víctor Torres), ocultando la falta de respeto institucional a la Comunidad Canaria, al que todos los medios españolistas han ridiculizado, incluso pasando por alto la posible falta de confianza, al no informar, en su momento, sobre el infectado pasajero español.
Otro gran ejemplo de esa patológica forma de proceder, la vemos con el programa sobre la visita Papal, prevista para principios de junio, pues, un estado aconfesional, debería limitarse a ciertos actos protocolarios de recepción y de seguridad, pero nada más, es decir, debería evitar todo tipo de presencia en actos religiosos y, también, no dedicar ni un solo euro, ni directa ni indirectamente, para esos fastos, para los que no escatima gastos, mientras que, para otras actividades sociales, argumenta que no tiene recursos. Y en esas estamos, pues desde el estado, hasta la Generalitat, pasando el ayuntamiento de Barcelona, todos, interesadamente, son opacos.
Y esa forma de proceder, evidentemente, refuerza el pasotismo de la población, que acaba considerando que todos los políticos son iguales; y, en parte, tienen razón, pues el poder corrompe, como vemos ahora, que hasta la consellera de interior, Núria Parlón, al verse pillada por la antidemocrática actuación de los mossos d’esquadra (por la infiltración policial), ahora, como digo, ha cambiado su discurso de defensa acérrima de Josep Lluís Trapero, el director de la policía, para decir que el tema no es político, sino que es operativo, y que analizarán si fue proporcional y oportuno. Ya sabemos que siempre acaba pagando el eslabón más bajo, y ésta no será una excepción; aunque la crisis en cuestión, acabará dejando calcinados los prestigios de todos los irresponsables responsables, desde Salvador Illa, y pasando por Núria Parlón, hasta llegar al citado Josep Lluís Trapero (que, como se dice en los memes, ha pasado de ser mayor a menor), pues, dejar que sea el propio cuerpo de los mossos, el que valore la proporcionalidad y oportunidad de sus propias acciones, es impresentable.
Todo es una vergüenza, máxime si ampliamos el foco y contemplamos el panorama internacional: Donald Trump, Vladimir Putin, Binyamín Netanyahu, etc., merecen comer aparte; pues el gobierno de este último, si le faltaba una línea roja por saltarse, hoy ha aprobado una ley que permite la pena de muerte para los casi 300 palestinos detenidos, vinculados con el atentado del 7 de octubre del 2023, cuando todo sistema judicial sabe que nunca, y nunca es nunca, se puede aplicar una legislación más restrictiva con carácter retroactivo. Efectivamente, la justicia debe confirmar si los implicados, pertenecientes, presumiblemente, a la fuerza de élite Nukhba, de Hamás, participaron y son culpables del salvaje atentado que causó 1200 víctimas y 251 rehenes, y aplicarles la ley vigente en ese momento; no la pena de muerte aprobada hoy por el parlamento israelí, ya que eso es venganza, no justicia. Y esa venganza la hemos visto con el genocidio aplicado en Gaza (de momento, con 72.000 muertos), y el constante desplazamiento y miseria de los 2 millones de gazatíes; nada nuevo para ese gobierno.
Este es el panorama que tenemos, todo es una farsa vergonzante, como se demostró, nuevamente ayer en la UE, viendo a los grandes estados exportadores de armas, incluidas las de alta tecnología de vigilancia: Francia, Alemania, Grecia, Italia y España, bloqueando las peticiones de información de la ONG Human Rights Watch. De ese modo, se evita la información sobre el destino de esas armas, que acaban, en muchos casos, en manos de regímenes poco respetuosas con los mencionados derechos humanos, por lo que, en realidad, los vendedores acaban siendo cómplices de sus hechos. Y, en este caso, vemos que esos estados, asimismo, incumplen las propias leyes de la UE, que, en 2021 prohibió la venta de tecnología de doble uso, es decir, que puede utilizarse con finalidades de control civil, y también militar.
Y, en ese caldo de cultivo tan tenebroso, Pedro Sánchez se mueve en su salsa, ocultando sus verdaderas carencias: vendiendo su imagen de gran líder mundial de defensa de los derechos humanos, mientras que, por detrás, actúa como todos. Por eso, podrá engañar a algunos mucho tiempo, pero a los catalanes ya no nos engañará más, ni tampoco su acólito Salvador Illa, claro.
En definitiva, que todo ello nos confirma que es evidente que los postfranquistas, y los políticos responsables o herederos de la transición / traición, ratifican los siguientes refranes, además del incluido en el título del presente escrito: ‘De tal palo tal astilla’ y que ‘Hierba mala nunca muere’. Y todos los súbditos acomodaticios confirman que: ‘Dime con quién andas y te diré quien eres’ y que ‘No hay peor ciego que el que no quiere ver’.
Y ante esta situación, los independentistas catalanes, incautos, que confían que ‘El que ríe último ríe mejor’ o que ‘Somos realistas, queremos lo imposible’, en realidad, tampoco son proactivos por la República Catalana; como tampoco lo somos los pesimistas a ultranza, claro. Y, por todo eso, lo tenemos muy difícil; por lo que deberíamos recapacitar en los siguientes pensamientos del poeta Federico García Lorca (1898 – 1936):
‘Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima’, y
‘Aunque tú creas que el tiempo cura y que las paredes tapan, no es verdad, no es verdad’.
Pues, sólo así, descubriremos a los que se escudan presumiendo de lo que no son, es decir: demócratas.