Amadeo Palliser Cifuentes

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Tras 15 años del movimiento ciudadano ‘15 M’ del 2011, también llamado ‘movimiento de los indignados’, hemos constatado que las ilusiones generadas fueron frustradas, traicionadas, como también lo fueron las generadas por las manifestaciones de ‘la primavera árabe’ y, como pasa siempre, hay muchos culpables, pero nadie se considera, ni nos consideramos, responsables de su asesinato, como intento explicar.
La realidad es que los gritos que se hicieron populares en esas manifestaciones, como: ‘democracia real ya’, ‘no somos mercadería en manos de políticos y banqueros’, ‘no nos representan’, ‘no hay pan para tanto chorizo’, etc., como sabemos, quedaron olvidados, igual que los movimientos sociales que aparecieron, como: Anonymous, Xnet, ATTAC, etc.
En España, en gran parte, la culpa fue y ha sido de Podemos, de las diferentes Mareas, de En Común Podem, etc., que no fueron capaces, o no quisieron, ni intentaron, aprovechar su éxito fulgurante inicial, y ahora se siguen moviendo como sonámbulos zombis; asesinados por el bipartidismo PP/PSOE o PSOE/PP, que ‘tanto monta, monta tanto’. Y, en ese asesinato, la mayor parte de la culpa fue y es del PSOE que, de izquierdas solo tiene el nombre y el color de la rosa, por más que se presente como el gobierno más progresista de la galaxia.
Es cierto que nadie nace siendo un asesino, que los asesinos en serie tampoco nacen así, y todos nos amparamos en el lema de que ‘es mejor que diez culpables queden libres, que un inocente encarcelado’; y así se excusan esos partidos, para seguir funcionando y maquinando en defensa de sus intereses corporativos y en la de su España.
Y obviamente, gran parte de la culpa la tiene y tenemos, también, la súbdita población, que, rápidamente, olvidamos nuestra conciencia ciudadana, pues preferimos el confort del sofá de casa; y presentamos nuestra cara de ovejas obedientes, y aceptamos que sí que nos representan, aunque sean los mismos que apoyaron la aplicación del 155.
Así nos excusamos, pensando que estos ideales de democracia real, esa esperanza de regeneración, ‘entre todos la mataron y ella sola se murió’, cuando la realidad es que ha pasado como en la obra ‘Fuenteovejuna’ (1619) de Lope de Vega (1562 – 1635) que, a la pregunta de ‘¿quién mató al comendador?, la respuesta popular fue ‘Fuenteovejuna, señor’, ya que todos hemos actuado como la famosa frase de esa obra: ‘Todos a una, como en Fuenteovejuna’.
Así, consciente o inconscientemente, entre todos, hemos colaborado a matar a esa rebelión colectiva, que tanto nos ilusionó a muchos.
Acríticamente, es muy cómodo buscar siempre excusas, como la participación de ciertos personajes en ese movimiento, que, como en todo colectivo, aprovechan el momento para actuar violentamente. En la actualidad, vista la actuación de los mossos d’esquadra infiltrados en asambleas de maestros y, por lo que parece, en muchos otros movimientos sociales pacíficos, me parece que incluso podríamos dudar de si esos eran infiltrados, o agentes encubiertos de diferentes cuerpos policiales, para desprestigiar el movimiento; pero eso es una elucubración que no nos exculpa ni disculpa.
Y ahora, tras ese fracaso, nos encontramos que el péndulo político ha girado hacia la derecha y extrema derecha, propiciadas por el estratega ultraliberal norteamericano, Stephen Kevin Bannon; mientras que apenas nadie recuerda las tesis del eminente francés Stéphane Fréderic Hessel (1917 – 2013), autor, entre otras obras, la popular ‘Indignaos’ (2010) ni, tampoco, las del economista y activista social Arcadi Oliveres i Boadella (1945 – 2021), defensores del pacifismo y de la no violencia. Y ya no digamos de los pensamientos del sacerdote, político y activista Lluís Maria Xirinacs i Damians (1932 – 2007), ni del periodista Joan Gomis i Sanahuja (1927 – 2001), presidente de Justícia i Pau (1976 – 2001), pues esos referentes ya quedan muy lejanos para muchos, especialmente, para los jóvenes.
Algunos quieren diferenciar entre la defensa de la democracia, en abstracto, pero no quieren asumir que el derecho a la independencia es una de las patas de esa democracia.
Y esta es parte de la tesis de los todopoderosos ultraliberales, como vimos ayer, que un tribunal canadiense bloqueó la solicitud de los independentistas de Alberta (*), para realizar un referéndum, despreciando que el movimiento ‘Stay Free Alberta’ hubiese presentado más de 300.000 firmas a favor de la votación, argumentado que cualquier proceso relacionado con la independencia requiere antes una consulta con los pueblos originarios, representados por diferentes comunidades indígenas, como Athabasca Chipewyan, liderado por Allan Adam, que sostienen que cualquier proceso de independencia vulneraría los tratados históricos firmados con la corona británica, mucho antes de la creación de Alberta, pues ‘la independencia de Alberta del Canadá, tiene un impacto en los tratados 7 y 8.
(fuente: Lluís Tomás, elnacional.cat, 14 mayo 2026)
(*) provincia con 3.645.257 habitantes en la actualidad, una de las tres Provincias de la Pradería; constituida como provincia el 1 de setiembre de 1905, cuando se separó de los Territorios del Noroeste.
Estos tratados conocidos como ‘Tratados Numerados (1871 – 1921), el tratado 7 (1877) fue firmado con la Confederación de los Pies Negros (Blackfoot) que incluye a Siksika, Kainai, Pikani, los Tsuu T’ina y Nakoda, al sur de Alberta; y el tratado 8 (1899), el más extenso en territorio, cubre más de 841.000 Km2 del norte de Alberta y parte de la Columbia Británica, Saskatchewan y los Territorios del Noroeste. El artículo 35 de la Ley Constitucional de 1892 ‘reconoce y afirma los derechos aborígenes y los derechos derivados de estos tratados (…) y que el gobierno tiene el deber de consultar a los pueblos indígenas cuando sus acciones puedan afectar sus derechos’.
Las Naciones Originarias en Canadá (First Nations, en inglés; y Premières Nations, en francés), en la actualidad, en todo Canadá, representan 1.048.400 ciudadanos, un 2,83% del total canadiense.
(fuente Wikipedia)
No he podido localizar la población indígena de la actual Alberta, que, como he dicho, tiene 3,6 millones de habitantes, por lo que, haber presentado 300.000 firmas a favor del referéndum, casi es un 10 % de la población.
Obviamente, los derechos de los pobladores originarios deben respetarse; ahora bien, me parece que la jueza única, Shaina Leonard, del Tribunal de la Corona de Alberta, no ha tenido en cuenta la densidad y composición de la población actual, por eso, Danielle Smith, primera ministra de Alberta, mostrando su verdadero espíritu democrático, a pesar de ser ‘pro Canadá’ y no ser partidaria de la independencia, permitió y facilitó la recogida de firmas, y ha manifestado que recurrirá esa sentencia, argumentando que ‘ha sido tomada por un solo juez, por lo que considera que es incorrecta en derecho y antidemocrática’.
La situación es compleja, pero me parece que, en este caso, desconsiderar el peso relativo de la población actual, es antidemocrático, por más que vaya en contra de unas leyes de hace más de un siglo; y, por eso, me parece que esa jueza ha hecho un fraude le ley, aplicando, a sabiendas, esa ley originaria, para ir a favor del gobierno estatal de Canadá, y no me extrañaría que también se hayan efectuado campañas manipuladoras en favor de las poblaciones originarias, como las que hizo David Cameron, en Escocia. Asimismo, supongo que la población originaria, indígena, tampoco debe ser homogénea.
No defiendo que se olviden los derechos de los originarios canadienses, pues entiendo que la deseada independencia de Alberta debería seguir defendiendo todos los privilegios de esa población, pero sin mermar los derechos colectivos de la población actual general.
A mi modo de ver, este ejemplo es un uso antidemocrático de las leyes, tomando a éstas como sacrosantas e intocables, y me recuerda, claramente, la concepción de la ‘España, una grande y libre’ defendida por la INjusticia española, para salvaguardar el espíritu franquista.
Y ante toda esta arquitectura ideológica, ultraconservadora y, también, frente a los falsos progresistas que se aprovecharon de las ilusiones del citado 15 M, me parece evidente que a pesar de lo que nos digan, a todos ellos debemos gritarles que, a su régimen, ‘le dicen democracia y no lo es’, como se menciona en diferentes canciones sudamericanas y también catalanas y de otros lugares; y, a modo de ejemplo, la canción ‘Ellos dicen mierda’ (1990) del grupo punk vasco La Polla Records:
Le llaman democracia y no lo es
le llaman democracia y no lo es
alé, alé, alé.
le llaman democracia y no lo es
¡Mierda!
Mis colegas quedan tira’os por el camino
¿y cuántos más van a quedar?
¿cuánto viviremos?
¿cuánto tiempo moriremos?
en esta absurda derrota final.
Dos semanas, tres semanas
o 40 mil, mañana
se pringue la madre de dios
la puta virgen.
¿Cuánto horror habrá que ver?
¿cuántos golpes recibir?
¿cuánta gente tendrá que morir?
Cualquiera
esas cuerdas vocales
ardiendo por esos guerreros del intento.
La cabeza bien cuidada
o muy bien estropeada y nada
nada que agradecer.
Dentro de nuestro vacío
solo queda el fiel orgullo y por eso
seguiremos de pie
hasta gastarla de alcahuetear.
Moyos de gente miran tristemente
y van a morir democráticamente
y yo, y yo, y yo no quiero cagarme.
La moral floída y que nadie proteste
ellos dicen mierda y nosotros amén
amén, amén, amén y no llueve.
Moyos de gente miran tristemente
y van a morir democráticamente
y yo, y yo, y yo no quiero callarme.
La moral floída y que nadie proteste
ellos dicen mierda y nosotros amén
amén, amén, amén y no llueve.
En definitiva, que es necesario que nos despertemos, que nos volvamos a indignar y que lo demostremos, que dejemos de decir amén a todos los poderes y a todas sus argumentaciones, y que seamos capaces de llegar a definirnos y a reconocernos en nuestras acciones, pues solo así, responsablemente, honraremos a los ilustres maestros mencionados: Hessel, Xirinacs, Oliveres, etc. y, seguramente ‘moriremos democráticamente’ como se dice en la canción, pero, al menos, lo haremos con las neuronas en pleno funcionamiento, y con la moral y la ética a salvo.
Y volviendo al ejemplo de Alberta (etimológicamente, en honor de la princesa Louise Carolina Alberta (1848 – 1939), la cuarta hija de la Reina Victoria) es preciso señalar que tiene una de las economías más potentes del Canadá, es la principal productora de petróleo y gas natural del estado, con un 70 % del total; y eso es un gran ‘inconveniente’ para el estado, como lo será, aunque en menor medida, la independencia de Catalunya, para España. Y, como sabemos, el motor económico es la base de todo, por eso, me parece válido otro de los lemas del 15 M fue: ‘¿lo llamamos ya dictadura, o todavía no?