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No pienso, pero existo

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

En esta época no procede el pensamiento de René Descartes (1596 – 1650), ‘pienso, luego existo’, ni tampoco el pensamiento filosófico de absurdismo (de Albert Camus, 1913 – 1960) pues, como buenos absurdos, no apreciamos la falta de sentido o propósito, y todo lo asumimos acríticamente, sin aplicar la duda metodológica del escepticismo epistemológico. Todo nos da igual, ‘ocho que ochenta, mientras no nos afecte directamente.

Somos indiferentes a lo que nos rodea, ya sean los nefastos resultados de las elecciones andaluzas; la incomparecencia de Pedro Sánchez, asumiendo sus responsabilidades; que ahora, una vez pasados esos comicios, se consume la gran estafa de Oriol Junqueras y Salvador Illa (155) aprobando la red ferroviaria orbital como actual ‘línea roja’ (más bien verde) de ERC para la aprobación de los presupuestos de la Generalitat; la continuación de las huelgas de los docentes; o el brote del ébola en la R. D. del Congo; etc. Todo lo asumimos como si se tratara de una película ajena.

Y, es más, somos tan absurdos, como la anécdota que ha explicado esta mañana Josep Martí, un tertuliano de RAC1, que ha dicho que, de pequeño, iba al cine con un amigo, y al empezar la película y salir el león de Metro-Goldwyn-Mayer, el amigo le decía: `podemos irnos, ésta ya la hemos visto’. O, como el chiste de los Óscars, en la Competencia, diciendo: ’hoy huelga de docentes (docents en català) y, acto seguido, jugando con las palabras, en este caso con ‘dos-cents’ (doscientos), contestar el otro Óscar: ‘cien, según la guardia urbana’.

Y nos ‘quedamos tan panchos’, ‘más anchos que largos’, totalmente despreocupados, pero felices en nuestro sofá, confiados de que no nos afectará ninguna de esas noticias de ayer, pues confiamos que todo nos es tan ajeno y lejano como el Congo.

Y en ese nihilismo, llegamos a emular a Josef K, el protagonista de ‘El proceso’ (1914) de Franz Kafka (1883 – 1924), que:

‘(…) es arrestado y procesado por una autoridad inaccesible a pesar de que está convencido de que no ha hecho nada malo. A lo largo de la historia, intenta, desesperadamente, descubrir de qué crímenes se le acusa y cómo defenderse. Pero, al final, abandona sus intentos inútiles y se somete a su ejecución sin saber nunca de qué se le acusaba. La naturaleza absurda del mundo está ejemplificada por el funcionamiento misterioso e impenetrable del sistema judicial, que parece indiferente a Josef K., y se resiste a todos sus intentos de encontrarle sentido (…)’.

(fuente: Wikipedia)

Esta referencia me parece que viene como ‘anillo al dedo’, con el macro proceso contra la familia del expresident Jordi Pujol, un proceso que ha durado más de 12 años (desde la confesión del president, de su cuenta en Andorra, procedente de la ‘deixa’ (herencia) de su padre Florenci; y en el que, según los expertos, ni la fiscalía ni la acusación han podido demostrar la pretendida corrupción e, incluso, constatando, fehacientemente, la animadversión del jefe de la UDEF, Álvaro Ibáñez, que la declaró tranquila e impunemente, y los jueces no le dieron importancia; ni los fiscales, que, como sabemos, son un cuerpo jerárquico dependiente del fiscal general, nombrado por Pedro Sánchez. Pero, con todo, hacemos como el citado Josef K., bajamos la cabeza y los pantalones, pues, conscientemente, ya nos va bien esa posible condena a la familia, sin cuestionarnos que todo ese proceso, en realidad, y en gran parte, es un juicio al independentismo y al carácter simbólico de Jordi Pujol.

Y, en esa línea de confort en la que estamos sumisos, aceptamos que, por ejemplo, Pedro Sánchez haya censurado la retransmisión del festival de Eurovisión, y no solo la TVE no lo retransmitió, si no que ni TV3, ni La Vanguardia, ni el Ara, ni…, dieron la más mínima información sobre los resultados. Que el gobierno de Pedro Sánchez tenga una política de boicot a Israel (como Islandia, Irlanda, Países Bajos y Eslovenia), me parece totalmente aceptable. Pero que, por ello, censurase todo tipo de información al respecto, me parece una falta de respeto a la ciudadanía que sí que quería verlo. Por ejemplo, los Países Bajos e Islandia, boicotearon su participación, pero sus canales públicos retransmitieron la gala.

Particularmente, no me interesa en absoluto ese concurso, que siempre ha sido político e incomprensible, al incluir, por ejemplo, a Israel, Australia, etc. Pero me parece un buen ejemplo de la desinformación, de la política del avestruz, de Sánchez, contraprogramando un musical, iniciando con la canción ‘Solo le pido a Dios’ (1994), de Antonio González Flores, interpretada por Ana Belén, ya que les iba a la perfección su mensaje: ‘Solo le pido a Dios / que la guerra no me sea indiferente / es un monstruo grande y pisa fuerte / toda la pobre inocencia de la gente / …’. Y, asimismo, apareciendo el mesías Sánchez, argumentando que España está en el lado correcto de la historia.

Los discípulos de Confucio escribieron ‘Analectas’ (Lún Yú), recopilando las conversaciones del maestro con sus discípulos; y, en el libro 15, capítulo 30, se puede leer que Confucio no condenaba el error humano como algo imperdonable, ya que consideraba natural equivocarse, lo que realmente le preocupaba es el orgullo posterior o la comodidad que llevan a una persona a mantener una conducta equivocada aún sabiendo que causa daño. En síntesis, consideró que ‘si cometes un error y no lo corriges, a eso se le llama verdaderamente un error’.

(fuente: El Confidencial.com, 15 de mayo 2026)

Según el confucionismo, hay el concepto conocido como la ‘rectificación de los nombres’, que explica que ‘un gobernante debe actuar como un gobernante justo, un padre como un padre responsable, y un ciudadano como un ciudadano honorable; y cuando alguien persiste en un fallo sin corregirlo, está rompiendo el equilibrio moral y alejándose de la verdad’; mientras que reconocer un fallo no debilita la autoridad.

Pues bien, me parece evidente que no tenemos nadie con ese pensamiento confucionista, ya que todos nos atrincheramos en nuestras decisiones iniciales, en nuestros prejuicios, aún sabiendo, después, que son erróneos.

Y así, todos estamos anclados en nuestros errores, mientras no nos afecten directamente. Y es evidente que, así, nunca avanzaremos hacia ningún objetivo deseable y honorable