Amadeo Palliser Cifuentes

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¿Realmente somos, o nos sentimos, responsables de nuestras decisiones y actos?, ¿somos conscientes de la diferencia entre nuestras decisiones y la realidad que nos acontece?, ¿tenemos plena conciencia de lo que llegamos a ser o representar? Tenemos muchos ejemplos que nos pueden ayudar a recapacitar.
Hemos visto que el nada emérito Juan Carlos I, Felipe González, José María Aznar, Mariano Rajoy, Jordi Pujol, Florentino Pérez, José Luis Rodríguez Zapatero, etc., son simples muestras de que la biografía representada, puede dar un vuelco en un momento indeterminado y por causas descontroladas e incontrolables.
Ahora bien, es cierto que nuestra responsabilidad no es exclusiva ni propia, ya que, en algunas ocasiones, depende de nuestras propias circunstancias.
El mencionado Jordi Pujol, ex president de la Generalitat de Catalunya, en una entrevista en el programa ‘El convidat’ de TV3, en el año 2012, dijo a Albert Om: ‘Yo todavía puedo estropear mi biografía’, pues conocía las tensiones de su crítica situación, confirmadas en julio del 2024, cuando emitió un comunicado confesando haber mantenido una fortuna oculta en Andorra.
Otros de los personajes mencionados, ejercieron su profesión de forma indigna, a lo largo de muchas décadas y, al perder el poder de controlar los medios de comunicación, vieron que surgían todos sus trapos negros anteriores, como Juan Carlos I; o como Florentino Pérez que, tras décadas sin dar ruedas de prensa, inconscientemente, se hizo el harakiri, ofuscado por su prepotencia; etc.
La historia nos demuestra que esa característica humana es transversal y longitudinal, en todos los tiempos y momentos; no en vano, en la Roma antigua, cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, iba acompañado por un esclavo, que le iba repitiendo ‘Memento mori’ (recuerda que has de morir, que eres mortal), aludiendo a la frase de Quintus Septimius Florens Tertullianus (160 – 240), en su Apologética 33: ‘Respice post te. Hominem te ese memento’ (mira detrás de ti, recuerda que eres un hombre (no eres un dios))’.
Es verdad que muchas personas prepotentes, y faltos de autocrítica, han actuado, y actúan, conscientemente, vulnerando, de forma oculta, los principios del derecho y del respeto humano; y, en algunas ocasiones (desgraciadamente, no siempre), se cumple el refrán que dice que ‘a cada cerdo le llega su San Martín’, pues no quedan impunes de sus actos
En la vida rural europea, el 11 de noviembre se celebra esa onomástica; y en la antigüedad, esa fecha marcaba el inicio de la temporada del invierno, momento elegido para realizar la tradicional matanza del cerdo, que se había engordado durante todo el año. Y la vida y final de ese animal, metafóricamente, acabó aplicándose a la justicia terrenal o kármica.
Tenemos muchos ejemplos de personajes históricos, como Alejandro Magno, Julio César, Napoleón Bonaparte, etc., que no supieron o no quisieron valorar sus propias limitaciones, y su final comportó el cierre de sus deseos por los que habían luchado toda su vida, es decir, que realmente, les llegó su San Martín.
Mientras que otros, como Oscar Wilde, vio que su exitosa vida, se truncaba al ser acusado por sodomía, fue condenado a trabajos forzados y murió en la ruina y el ostracismo; mientras que otros, como Vincent van Gogh, Howard Hughes, Alan Turing, Marilyn Monroe, Amy Winehouse, etc., tuvieron un penoso final, al verse acosados mediáticamente. Y el mencionado caso de José Luís Rodríguez Zapatero, que todavía está en el inicio de su calvario judicial, y del que, personalmente, preferiría que le fuera favorable, pero, de entrada, yo desconfío de todos los que se han hecho multimillonarios tras pasar décadas en la política.
Según el filósofo y teólogo Francesc Torralba:
‘La vida no se ajusta a un guion predeterminado, sino que se despliega como un proceso abierto en el que cada persona construye su biografía a partir de decisiones que, en muchos casos, no tienen marcha atrás. Pero no todo depende de la voluntad. También intervienen hechos imprevistos, acontecimientos que irrumpen sin aviso y alteran el curso de una vida. Entre lo elegido y lo que simplemente sucede se configura aquello que cada individuo llega a ser.
(…)
Quien no se ha angustiado nunca es que quizá nunca ha hecho un acto libre. Siempre ha vivido obediente al compás y le han movido como un títere.
(…)
El ser humano va configurando su propio destino a través de sus actos. Cada decisión abre un horizonte de incertidumbre, con la posibilidad de acertar, equivocarse, perder o avanzar, y forma parte de la experiencia humana. No decidir también es una forma de decisión, porque incluso la inacción tiene consecuencias.
(…)
La vida no es un estado de espera, sino un ejercicio continuo de elección. No existe una posición neutral desde la que evitar decidir, ya que toda omisión implica también una toma de partido. Uno decide en una encrucijada o A o B o C y no puede no decidir (…) quien decide es el ser humano y eso va construyendo un futuro; no existe un destino propio cerrado, sino un horizonte que se va formando a partir de las elecciones individuales.
(…)
La libertad no se entiende como una mera capacidad de elección, sino como una forma de responsabilidad que se despliega en el tiempo (…) La existencia no es una historia escrita de antemano, sino un proceso abierto en el que cada decisión contribuye a definir quiénes somos y hacia dónde vamos (…)
(entrevista realizada por Christian Jiménez, La Vanguardia, 14 de abril del 2026)
Me parece evidente que el nudo gordiano de muchos personajes (políticos, empresarios, profesionales de todo tipo, etc. y, en definitiva, de todos en general) estriba en la prepotencia. Todos tenemos secretos. Y todos somos responsables de ellos. Y, como dice Torralba, quien no vive angustiado, es que ha sido o es un títere. Y yo añadiría que también puede tener un egocentrismo y narcisismo patológicos, que le hagan creer su impunidad, de ser ‘un ser superior’, por lo que a él nunca le pasará nada, que no le llegará su San Martin.
Y es así, desgraciadamente, pues muchos, muchísimos, nunca llegan a purgar sus malas acciones y mediocridades ocultas; eso lo he visto en infinidad de ocasiones a lo largo de mi vida profesional. Y, a nivel internacional, vemos a personajes como Trump, Putin, Netanyahu, etc., y, también, todos los políticos españoles mencionados.
El historiador Plutarco escribió que Julio César dijo que ‘la mujer del César además de honrada tiene que parecerlo’. Y esa sentencia me parece muy apropiada para todos en general, y para los políticos en particular. Y esa premisa, los políticos, deberían asumirla incluso después de su vida pública, ya que beneficiarse de sus agendas de contactos y decisiones adoptadas en su ejercicio, NO deberían comportarles ningún tipo de plus.
La presunción de inocencia no lo debe tapar todo. Deberían volver a sus ocupaciones precedentes, y punto. Pero, como sabemos, parte del problema está en la ‘profesionalización’ de la política y, por ello, muchos tienen esa actividad de forma exclusiva a lo largo de sus carreras profesionales, y nada antes de ellas. La ley de incompatibilidades también debería desarrollarse. Y los políticos deberían afrontar el paro, como todo ciudadano.
Mientras que los expresidentes, al ser casos especiales, tienen fijados salarios y prebendas, prácticamente, de forma indefinida o muy prolongada, así como la posibilidad de incorporarse al consejo del estado; por lo que deberían limitarse a ello.
Y todo lo que sea salirse de ese guion, haciendo de lobby o consultorías, por más legal que sea, a mi modo de ver, no deja de ser amoral, falto de toda ética y de estética. Y ya estamos cansados, hartos, de tantos mentirosos compulsivos y de tantos corruptores, pues tan delincuentes son éstos, como los corruptos.