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La roja y la marca España

Amadeo Palliser Cifuentes

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Tradicionalmente, los políticos conservadores han defendido el mensaje de no mezclar la política con el deporte, para dejar, teóricamente, el deporte como un espacio neutral y evitar divisiones; pero sabemos que esa posición es falsa, ya que, para el estado, todo es política para potenciar y defender la ‘marca España’, por lo que es una coartada para invisibilizar las diferentes naciones: Catalunya, Euskadi y Galicia, como intento explicar.

En la antigua Grecia, los ‘juegos fúnebres’ formaban parte de los ritos funerarios para rememorar a los hombres caídos en las batallas. Solían consistir en prácticas deportivas y atletismo, y también en simulacros de combates’. Esos juegos fúnebres dieron origen a los ‘juegos olímpicos’ (siglo VIII a.C.). En diferentes culturas se realizaron esos rituales juegos funerarios, incluyendo el asesinato de los esclavos cautivos. Asimismo, en esa misma Grecia, se realizaban los ‘juegos hereos’ (ta Hêraia), organizados en Argos y en Olimpia, en honor de la diosa Hera, y estaban reservados a las mujeres. Otros juegos de esas épocas remotas fueron los juegos ístmicos, los nemeos, los panatenaicos, los panthelénicos, los Píticos, etc.

Y un aspecto relevante, era la denominada ‘tregua olímpica’ (ekecheiria, en gr., y indutiae olympicae, en lat.), y era un período conocido como la paz olímpica, en el que, temporalmente, se suspendían las guerras con el objetivo de que los deportistas pudieran desplazarse a Olimpia, que, ese tiempo, era considerada zona neutral. La primera tregua olímpica fue aprobada entre los reyes Licurgo de Esparta, Ífito de Élide y Cleóstenes, de Pisa.   

En la época moderna, es sabido que, tradicionalmente, los Juegos Olímpicos, los Mundiales y las ligas estatales, siempre han reflejado el contexto geopolítico de cada momento; solo hace falta ver la profusión de sus banderas y el honor patrio que se defienden sin vergüenza alguna, es más, orgullosamente.

El historiador y sociólogo Alan Tomlinson, especializado en investigar la industria del fútbol durante 30 años, es considerado ‘el azote de la FIFA’, a la pregunta si el deporte debe involucrarse en la política, en el 2018, respondió que: ‘a veces, el argumento de que el deporte y la política no deberían mezclarse, es la receta perfecta para la corrupción. Se dice, ‘esto no es política, es sólo deporte’ y, de esta forma, no hay que rendir cuentas frente a gobiernos u organismos deportivos. Todo es política, y no hay nada malo en eso’. 

Y, entre las múltiples irregularidades actuales, vemos que ni siquiera se cumple la ‘tregua olímpica’, ya que el gobierno de Donald Trump ha rechazado acoger a los deportistas iranís, para participar en el Mundial de fútbol, de este 2026, al considerar que ‘la presencia continuada del equipo de Irán, no es apropiada’; posiblemente, esa delegación se instalará en Tijuana (México), próximo a la frontera con California y, quizás, los deportistas puedan acceder puntualmente, para realizar cada uno de los partidos, y regresar acto seguido a Tijuana. Para aumentar la indignidad de los dirigentes, Paolo Zampolli, delegado de Trump, sugirió que Italia llegase a sustituir a Irán, en el Mundial; pero la FIFA descartó esa propuesta.

Demostrándose, una vez más, la estrecha relación geopolítica con el deporte; pues éste no puede mantenerse al margen del conflicto político.

Sabemos que los respectivos equipos, sus vestimentas, banderas e himnos, no dejan de ser símbolos de cada uno de los estados. 

Recordando a Carl von Clausewitz (1780 – 1831): ‘la diplomacia es la continuación de la guerra por otros medios’, o, mejor dicho, ‘la guerra no es más que la continuación de la política, con una mezcla de otros medios’. Y este militar y diplomático alemán, escribió, asimismo que: ‘aquel que afirma, como tantas veces se hace, que la política no debe interferir en el desarrollo de la guerra, no ha comprendido el abecedario de la gran estrategia’.

Y ahora, podríamos decir que el deporte es la continuación de la guerra por otros medios. Y esto el reino español lo tiene muy claro, ya que:

Consideran a la ‘roja’ como el mejor emblema de la marca España y, por eso, cualquier ataque a lo que simboliza esa camiseta, lo interpretan como un ataque, en toda regla, a la sacrosanta unidad española, basada en la premisa falangista – franquista: ‘una, grande y libre’.

Tenemos múltiples ejemplos de prohibición / robo de esteladas (bandera independentista calatana) en los estadios; censura de la misma en múltiples actos deportivos, como, la efectuada por TV3 el pasado domingo, censurando la estelada que ondeó Kika Nazareth, en la celebración de la Champions femenina, en Barcelona; o, escondiendo los gritos de independencia.

Y el gobierno más progresista de la galaxia, como lo autoconsidera Pedro Sánchez, aprobó la ley 39/2022, que entró en vigor el 1 de enero del 2023, endureciendo los requisitos para estar federados, y las obligaciones que eso comporta, en cuanto a sus obligaciones de representación, considerándose una infracción negarse a ir sin causa justificada.

El artículo 47 de la ley del deporte es concluyente: ‘Es obligación de los deportistas federados asistir a las convocatorias de las selecciones deportivas nacionales para la participación en competiciones de carácter internacional, o para la preparación de las mismas’. En su artículo 108, determina las sanciones pertinentes: multas entre los 3000 y los 30.000 euros, además de una inhabilitación que les impidiese ejercer su trabajo de dos a quince años; incluso el acceso a un estadio de fútbol durante un tiempo no superior a cinco años. 

España y Chipre son los únicos estados que por ley establecen la obligatoriedad de acudir a las convocatorios de sus federaciones.

La causa de ese retroceso legislativo, fue debido al caso excepcional, que todos recordamos, el de Oleguer Presas i Renom, del F. C. Barcelona, que, en el año 2005, rechazó asistir a la selección, argumentando que: ‘no me sentía con ese compromiso para una selección nacional que no me representa de ninguna manera. Al contrario, me genera rechazo y aversión’. El seleccionador nacional, José Luis Aragonés Suárez Martínez (1938 – 2014), aceptó la decisión del jugador, y dejó de contar con él. Pero, desgraciadamente, Aragonés fue una excepción, ya que el consejo superior de deportes, y todos los poderes del estado, no aceptaron esa postura, y de ahí viene el endurecimiento de la ley del deporte, siendo, por lo tanto, un nuevo ejemplo de ley de ‘patada en la puerta’, del infame ministro de interior, José Luis Corcuera, en los gobiernos del satánico Felipe González. Al que ha copiado Pedro Sánchez, rindiéndose, una vez más, al estado; mejor dicho, siendo una perfecta cuerda de transmisión de esos poderes cavernícolas, carpetovetónicos.

Sobre el particular, Vicent Partal, en su editorial del pasado 24 de este mes de mayo, titulada: ‘El españolismo indignado por un pequeño mapa en una camiseta’; en el que nos explicó que un pequeño dibujo de pocos centímetros en el cuello de una camiseta de fútbol ha provocado la indignación de la derecha española, hasta límites cómicos. El Athletic Club, presentó su nueva uniforme, denominada ‘Gure Nortasuna’ (nuestra identidad, en vasco), con un pequeño mapa de Euskal Herria, con los colores de la ikurriña, con siete franjas rojas representando los siete territorios de la nación (…) incluyendo: Iparralde (el País Vasco bajo dominación francesa), la Navarra española y la francesa.  (…) Partal nos recuerda que, en la actualidad, el único club deportivo con nombre en euskera es el Osasuna (que quiere decir salud, en vasco), mientras que los otros, utilizan la denominación inglesa ‘athletic’, o ‘real sociedad’, en castellano.

Como vemos, los poderes del estado español no pierden ocasión de perder ninguna ocasión para reprimir. Nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad para reprimir el menor simbolismo nacional que su constitución contempla.

Y en todo ese gran entuerto, estos días hemos visto la gran alegría de los futbolistas seleccionados para el próximo Mundial, demostrando, de ese modo, su nula identidad con el independentismo catalán. Una cosa es que no se puedan negar, y otra muy diferente, es que muestren su alegría; lo que nos demuestra que, en realidad, son mercenarios (que olvidan que, prioritariamente, se deben al club que les paga). No vale que después griten ‘visca el Barça i visca Catalunya’, eso es mera pose simplona.

El único jugador del Barça que mostró su compromiso, fue Lamine Yamal Lamid, en la rúa de celebración por la liga, ondeando la bandera palestina (símbolo de identidad y lucha por la autodeterminación palestina), de forma coherente con su religión musulmana; en su Instagram figura: ‘soy musulmán, alhamdulillah’ (alabado sea Dios; gracias a Dios). Obviamente, por ese acto recibió muchas críticas, pero, dado que el gobierno de Pedro Sánchez es declaradamente propalestino, por lo que manifestó: ‘Todavía estoy esperando a que la derecha se solidarice con Lamine Yamal, que por ondear la bandera de Palestina ha sido criticado por el gobierno de Netanyahu’. Y, este caso, claro, no fue censurado mediáticamente en el reino español.

Y siguiendo con la selección de la roja, hemos visto que, ‘curiosamente’, el seleccionador español, Luis de la Fuente, ha elegido a 8 jugadores del Barça (Joan García, Pau Cubarsí, Eric García, Pedri González, Pau Gavi, Dani Olmo, Lamine Yamal y Ferran Torres); que no catalanes, pues, por ejemplo, Pedri, es canario; mientras que también ha sido seleccionado el catalán Marc Cucurella (del Chelsea). Pero, NO HAN SELECCIONADO A NINGÚN JUGADOR DEL REAL MADRID, pues, técnicamente siempre han apostado por los fichajes internacionales, en detrimento de la cantera. Y eso les duele a los castellano–españolistas, pues verse representados por jugadores del Barça va contra su ADN.

Otro ejemplo de la politización del deporte, lo vemos, también estos días, con el largo brazo de Florentino Pérez, que ha impedido que el candidato Enrique Riquelme Vives (presidente ejecutivo del Grupo Cox), haya podido obtener los avales precisos de los bancos Santander y Bilbao (BBVA), por lo que ha debido acceder al Andbank España, que le avala al 100% en base a su patrimonio personal, como requiere el estatuto del Real Madrid (hecho a imagen y semblanza de Florentino).

En definitiva, todo es política, como bien dijo Aristóteles, ya que ‘politikós’ significa ‘de los ciudadanos’ (polis: ciudad).

Por eso, los que exigen separar la política y el deporte, únicamente se refieren a la política de los catalanes y vascos; pues consideran que la única aceptable es la suya, y esta suya sí que puede y debe mezclarse con el deporte. De ahí, las copas del rey y de la reina, y la presencia de la monarquía en los principales eventos, especialmente, en los internacionales, su himno y profusión de sus banderas.

Y no deja de ser sintomático, que el represor Salvador Illa, sea seguidor del C. F Español. Como también lo es cuando algún deportista catalán gana algún trofeo importante, es presentado, en todos los medios, como ‘el deportista español’, refiriéndose a Marc Márquez, a Aitana Bonmatí, etc. Y tampoco deja de ser paradigmático, que los partidos independentistas no reivindiquen las selecciones catalanas.   

Por todo lo expuesto, y recordando la frase ‘es la economía, estúpido’, acuñada por James Carville, asesor de Bill Clinton, durante la campaña de 1992. Ahora me parece que podríamos decir: ‘son los símbolos, estúpido’, pues esta es la gran batalla. Batalla que solo ganaremos al ser independientes.