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Pobre Ecatepec, con Edmundo Esquivel y la eterna política del diagnóstico y de los cero resultados

En Ecatepec abundan los funcionarios capaces de explicar los problemas. Lo que escasea son los funcionarios capaces de resolverlos. El caso de Edmundo Esquivel Fuentes ilustra una pregunta cada vez más frecuente en el debate público: ¿hasta qué punto la población puede aguantar la inexperiencia operativa cuando se trata de seguridad pública?

Edmundo Esquivel, un funcionario cuyo único merito es ser protegido político del ex director general de Seguridad Ciudadana del municipio de Nezahualcóyotl Jorge Amador Amador compadre político de la presidenta municipal Azucena Cisneros Coss, personaje que el propio gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum lo ha señalado por tener presuntos vínculos con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y que han tejido una red de extorsión y control territorial entre mandos policiales y miembros del crimen

La trayectoria de Esquivel es panista, conocida y de la cual presume. Ha ocupado distintos cargos dentro de la administración pública, participó en gobiernos municipales y desarrolló buena parte de su carrera dentro de estructuras vinculadas al Partido Acción Nacional. Fue regidor en Nezahualcóyotl y posteriormente transitó por diversas responsabilidades administrativas relacionadas con la seguridad y el gobierno municipal como en Cuautitlán Izcalli.

Sin embargo, una revisión de esa trayectoria deja una interrogante incómoda: ¿cuál es el resultado emblemático que justifica considerarlo en materia de seguridad pública?

La pregunta es pertinente porque su carrera ha estado construida principalmente al amparo político, no desde la operación policial. No proviene de una corporación de seguridad. No desarrolló una carrera profesional en campo. No es producto de la experiencia acumulada en labores operativas. Su formación institucional no ha sido la de servir y proteger no la del policía.

Y eso importa.

Porque la seguridad pública no es únicamente una cuestión de discursos, reuniones de gabinete o diagnósticos institucionales. Es una actividad que exige comprensión profunda de la realidad operativa, del funcionamiento cotidiano de las corporaciones y de las necesidades de quienes enfrentan directamente la delincuencia.

Paradójicamente, algunas de las declaraciones más difundidas de Esquivel han estado orientadas a describir problemas que la sociedad ya conoce demasiado bien.


Ha advertido sobre extorsiones telefónicas que afectan a familias y menores de edad, que se han incrementando en su gestión. Ha señalado que muchas de estas operaciones tendrían origen en centros penitenciarios. Ha hablado de estructuras criminales que continúan aprovechando debilidades institucionales para delinquir, las mismas que están siendo gobernadas por el gobierno estatal morenista que encabeza Delfina Gómez, en donde Edmundo Esquivel más de una ocasión sus declaraciones han sugerido los nulos resultados o control en los centros penitenciarios por parte del gobierno mexiquense. La ironía es que esos mismos delitos están vinculados a su padrino político Jorge Amador Amador.

Nadie discute la gravedad de esos fenómenos.

Si las extorsiones continúan ocurriendo, si los mecanismos criminales siguen operando y si los problemas estructurales permanecen vigentes, entonces la discusión inevitablemente regresa al su desempeño y su incapacidad como encargado de enfrentarlos.

Y en materia de seguridad, los resultados son el único lenguaje que realmente importa.

La pregunta que acompaña a Edmundo Esquivel sigue siendo la misma: ¿Dónde están los resultados concretos que le permitan pensar a la presidenta municipal de Ecatepec Azucena Cisneros afirmar que su paso por municipios hundidos en inseguridad es un personaje para considerar para encargase de la seguridad en ese municipio?