Amadeo Palliser Cifuentes

amadeopalliser@gmail.com
En el carpetovetónico reino español, es una tradición aferrarse a las respectivas poltronas, desde la monarquía impuesta por el dictador y asesino Franco, y no votada, hasta el funcionario de menor nivel. Y en estas vemos ahora a un Pedro Sánchez aplicando su manual de resistencia particular, para continuar en la Moncloa, contra viento y marea, como intento explicar.
El mote de culo de hierro se le atribuyó a Simón Bolívar (Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios, 1783 – 1830), debido a su legendaria resistencia cabalgando; según se dice, recorrió cerca de 120.000 kilómetros en sus campañas.
Asimismo, también Enrico Berlinguer (1922 – 1984), el histórico secretario general del Partido Comunista Italiano (PCI) se ganó el mote de ‘culo di ferro’ por su inmensa resistencia física y mental durante las reuniones y negociaciones. Era conocido por su paciencia inagotable y su capacidad para permanecer sentado en la mesa de diálogo durante horas sin levantarse ni perder la compostura.
Pero esos líderes no tienen nada en común con los personajes que, en la actualidad, medran en la política española. Por ejemplo, tenemos a Oriol Junqueras (ERC) que por no ‘perder’ su actual estatus ni sus perspectivas de llegar a ser president de la Generalitat, se mantiene firme en su partido, aunque, para ello, haya debido abandonar sus principios.
Asimismo, la mayor parte de políticos de la oposición, en las cortes de Madrid, o en el Parlament, también practican ese deporte de guardar la silla, pues saben que, al menor movimiento o discrepancia, les dirán que ‘el que se fue a Sevilla perdió su silla’, o, como el oscuro personaje Alfonso Guerra, diciendo que ‘el que se mueve no sale en la foto’. Y claro, fuera de la poltrona y de las moquetas, hace frío, se tiene que madrugar y … trabajar.
Y uno de los mayores especialistas en ese deporte de resistencia, es Pedro Sánchez, que hoy hace 8 años, del 31 de mayo de 2018, que ganó la moción de censura contra Mariano Rajoy. En su discurso de presentación, dijo:
‘(…) que la moción de censura era como consecuencia de hechos gravísimos, insisto, hechos gravísimos, que de forma reiterada en el tiempo han ido sacudiendo a la opinión pública a golpe de imágenes que provocan bochorno, incredulidad e indignación. Imágenes de descrédito político e institucional que exigen una respuesta contundente de esta cámara (…) para recuperar el valor y el sentido mismo de la política.
(…) Esta moción, nace de la incapacidad, señor Rajoy, de su incapacidad para asumir en primera persona las responsabilidades políticas que toda España y la mayoría de esta cámara le exigen, tras el conocimiento de la sentencia de la Gürtel. Responsabilidades políticas que serían automáticas en cualquier democracia homologable a la nuestra.
(…) Pero lo importante es el fondo también, y en el fondo, esta moción nace de la evidencia de que no queda otro camino para defender el prestigio de instituciones gravemente dañadas como consecuencia del pronunciamiento de la justicia la semana pasada. Empezando por la propia presidencia del gobierno de la nación. Un pronunciamiento judicial que incluye demoledoras afirmaciones en torno a la propia figura de quien ocupa hoy el cargo de presidente de gobierno.
Señorías, en este momento tan grave, de crisis institucional, de crisis económica, la mayor irresponsabilidad que se puede cometer sería la de no presentar esta moción de censura contra quien es merecedor de un evidente reproche político por parte de esta cámara.
No sólo supondría eludir nuestra propia responsabilidad, la del grupo parlamentario socialista, por no hacer uso de una herramienta que es absolutamente constitucional y en consecuencia legítima. Sino porque nunca antes en nuestra democracia una moción de censura (…) nunca antes una moción de censura como la que se debate hoy, había sido tan necesaria por higiene democrática.
(…) La corrupción actúa como un agente disolvente y profundamente nocivo para cualquier país. Disuelve la confianza de una sociedad en sus gobernantes y debilita en consecuencia a los poderes del estado.
Pero también ataca de raíz a la cohesión social, en la que se fundamenta la convivencia de nuestra democracia, si a la sensación de impunidad y a la lógica por la envergadura de los hechos que están siendo investigados, la lógica respuesta lenta de la justicia, se une a la incapacidad de asumir las más mínimas responsabilidades políticas por los actores concernido.
La corrupción merma la fe en la vigencia del estado de derecho cuando campa a sus anchas o no hay una respuesta política acorde a la entidad del daño que se ocasiona.
Y en último término, la corrupción destruye la fe en las instituciones y más aún en la política, cuando no hay una reacción firme desde el terreno de la ejemplaridad.
(…)
Es usted, señor Rajoy, quien nos ha traído hasta aquí.
Pero señorías, este escenario puede cambiar en este preciso momento, señor Rajoy.
Este debate, en este mismo segundo, puede llegar a su fin. Le voy a hacer una pregunta, señor Rajoy:
¿Está usted dispuesto a dimitir?, ¿está dispuesto a dimitir hoy, aquí y ahora?
Dimita señor Rajoy, y todo terminará. Podrá salir de la presidencia del gobierno por decisión propia.
¿Va a dimitir, señor Rajoy, o va a continuar aferrado al cargo debilitando la democracia y debilitando y devaluando la calidad institucional de la presidencia del gobierno?
(…) Pero es usted, señor Rajoy, señor presidente del gobierno, es su obstinación de aferrarse al cargo hasta las últimas consecuencias, cueste lo que cueste, sufra quien sufra, nuestra democracia quien asume la auténtica autoría de esta moción, de la cual más que su destinatario, usted, señor Rajoy, es su auténtico proponente.
Así que dimita, señor Rajoy. Si tiempo acabó. Dimita.
Dimita y esta moción de censura habrá terminado hoy, aquí y ahora.
(…) Y es consecuencia de esta ausencia de la respuesta lo que motiva la censura que pido a los 350 diputados y diputadas que están en esta cámara, sobre un presidente que ha tomado la decisión, de nuevo, de ignorar el sentido común en lugar de marcharse por voluntad propia.
(…) Ante toda la cámara, persiste la imagen de un presidente que opta por la peor de las respuestas, que es atrincherarse en el cargo, aupado por el peso de una cámara fragmentada, con grupos parlamentarios cuyos intereses son difíciles y complejos de casar, eso es evidente, y que el propio gobierno de España ha tratado en ensanchar, precisamente para perpetuarse en el poder.
Pero señorías, señor Rajoy, aquí ha pasado mucho. Ha pasado tanto, que su sola permanencia en el cargo debilita a nuestra democracia.
En fin, usted hace preguntas, nosotros también. ¿Qué más tiene que pasar, señor Rajoy?
(…) ¿Qué más tiene que pasar, señor Rajoy, para que entienda que su permanencia al frente de la presidencia del gobierno es dañina y es un lastre no solamente para el país sino para su propio partido?
¿Se merece nuestro país estar pendiente de las sentencias que están al caer, por innumerables piezas de corrupción que supuestamente afectan al partido que usted lidera? (…)’
(Discurso de Pedro Sánchez en el debate de la moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy. Congreso de los diputados, 31 de mayo 2018; www.psoe.es)
Efectivamente, la situación del 2018 y la actual muestran diferencias, y, una de ellas, es que, por entonces, ya había alguna sentencia firme, mientras que ahora, las causas siguen abiertas.
Pero, aún así, la actuación de Pedro Sánchez, como si tuviera el ‘culo di ferro’, realmente, choca con las observaciones que vertió respecto a Mariano Rajoy, ya que el momento actual está igualmente crispado, y las instituciones, todas, desprestigiadas. Y por eso, a mi modo de ver, es precisa la regeneración a fondo, no la resistencia numantina en las poltronas, que lo único que hacen es emponzoñar, más si cabe, la situación actual.
Y si la población, engañada, desinformada, desmotivada y manipulada, acaba votando la derecha y la extrema derecha, la responsabilidad, evidentemente, será del PSOE, que, ha gobernado durante 29 años, es decir, el 61 % del tiempo desde la aprobación de la constitución, y ha sido incapaz, o no ha querido, regenerar las instituciones, pues, una vez en el poder, las han hecho suyas para mayor beneficio y gloria.